Por Ale Kur



 

 

Siria / Kurdistán

 

Hace sólo 5 meses, los kurdos de Kobane (norte de Siria) conseguían derrotar el asedio del Estado Islámico y expulsarlo de la ciudad, en una gesta que saltó a la fama mundial[1]. La cadena de triunfos continuó hasta que, esta semana, ocurrió otra enorme victoria: la expulsión del EI de la ciudad de Tell Abyad. Esta ciudad, al igual que Kobane, se encuentra en la frontera sirio-turca. Pero el triunfo de Tell Abyad tiene todavía un mayor sentido estratégico, ya que permite a la coalición que enfrenta al EI establecer una franja continua de control  territorial a lo largo de la mayor parte de la frontera entre ambos países.

Esto significa por lo menos tres grandes cosas. En primer lugar, el Estado Islámico pierde la mayor parte de uno de sus grandes activos estratégicos, que es la frontera con Turquía. A través de esa frontera, el EI conseguía (con el apoyo del gobierno islamista turco de Erdogan) todo tipo de suministros y de refuerzos.  Luego de la caída de Tell Abyad, sólo queda al Estado Islámico el control sobre una última pequeña franja fronteriza, que puede caer próximamente en manos de la coalición.

En segundo lugar, significa que por primera vez los dos grandes cantones que forman el auto-gobierno de Rojava (Kobane y Jazira) se unifican territorialmente, con todas las implicancias políticas y militares que eso conlleva. Los cantones son estructuras de poder surgidas en 2012 en el norte de Siria, conformadas principalmente por los kurdos, pero también por otras minorías étnicas y algunas tribus árabes. En total existen tres grandes cantones: Efrin al oeste, Kobane en el centro y Jazira en el este. Los tres cantones estaban hasta el momento separados geográficamente entre sí: con el triunfo de Tell Abyad, se eliminaron los obstáculos que separaban al cantón central y al cantón del este, generando una continuidad territorial entre ambos.

En tercer lugar, el triunfo de Tell Abyad abre las rutas hacia la capital autoproclamada del Estado Islámico en Siria: la ciudad de Al Raqqa. Esto significa que en cualquier momento (cuando existan condiciones políticas y militares) podría comenzar una ofensiva sobre el corazón del EI en Siria. Si esta ofensiva fuera triunfante, sería prácticamente la expulsión del EI del país: un triunfo histórico de la humanidad contra la barbarie reaccionaria.

La coalición contra el Estado Islámico

La coalición que derrotó al EI en Tell Abyad es la misma que lo había derrotado en Kobane: en su corazón están las YPG-YPJ (milicias de autodefensa de los cantones de Rojava), incluyendo a gran cantidad de mujeres que protagonizan los combates en nombre de su propia auto-emancipación.

Aliadas a estas milicias participan también diversos grupos de autodefensa regionales (de varias minorías étnicas e inclusive árabes), y algunas brigadas del Ejército Sirio Libre (fuerza militar que lucha desde 2012 contra el dictador sirio Bashar Al Assad), que pelean bajo el nombre de Volcán del Éufrates.

Este conjunto de fuerzas militares son apoyadas a su vez por la aviación estadounidense: EEUU encontró en ellas un aliado firme en la lucha contra el jihadismo, que le permite cubrir -hasta cierto punto- el vacío provocado por su propia incapacidad de intervenir de manera directa sobre el terreno.

Esta coalición tripartita (YPG-YPJ, Volcán del Éufrates, aviación de EEUU) demostró una enorme efectividad militar, propinando derrota tras derrota al Estado Islámico: sólo en Kobane, le provocó al EI alrededor de 2.000 bajas, un enorme golpe a la moral de sus tropas y su aura de invencibilidad. De hecho, es la única combinación que hasta el momento se ha demostrado efectiva, porque ningún otro actor está logrando (ni en Siria ni en Irak) hacer retroceder al EI de manera duradera.

La clave de este éxito está en el componente político-social de las tropas del YPG-YPJ y de sus aliados. Al tratarse de fuerzas de auto-defensa, encabezadas por los propios sectores oprimidos de la región (las mujeres, las minorías étnicas, las poblaciones locales), generan una enorme simpatía y apoyo popular, tanto regional como internacional.

Pero por sobre todo, el elemento más decisivo es que se tratan quizás de las únicas fuerzas político-militares en toda la región que no parten de una perspectiva sectaria, ni de la defensa de una tiranía, ni de ser peones de tal o cual potencia regional.  Por lo contrario, las YPG-YPJ y sus aliados luchan por la coexistencia entre los diversos grupos étnicos y religiosos, por la autodeterminación de los pueblos, por una democracia participativa y contra la opresión religiosa y patriarcal. Se trata de una ubicación enormemente progresiva para su contexto, más allá de los límites políticos que pueda tener (la falta de una perspectiva socialista).

Estos son, de hecho, los principios que los cantones de Rojava vienen poniendo en práctica desde su formación en 2012. Principios que les han ganado el rechazo de gran parte de la oposición árabe siria y sus grupos militares islamistas, que se encuentran literalmente “comprados” por el dinero turco y de los países del Golfo. Pero pese al aislamiento[2] al que los somete ese sector, los cantones de Rojava forman una especie de gran “tercer polo político” en Siria, que alumbra una salida no sectaria y democrática a la sangrienta guerra civil en la que está sumida hace varios años.

Es justamente ese carácter independiente de la experiencia de Rojava el que le da toda su fortaleza política y militar, el que lo ubica en el centro de la lucha contra el Estado Islámico y con una enorme simpatía de grandes sectores a lo largo y ancho del mundo. Y por eso mismo es la única experiencia en la que se puede apoyar Estados Unidos para pelear de manera confiable contra el EI.

El apoyo de EEUU, sin embargo, abre profundas contradicciones. Al mismo tiempo que viabiliza la derrota del EI, siembra las condiciones para una posible cooptación política de la experiencia de Rojava, y por lo tanto, para su neutralización como factor transformador en Siria y en todo Medio Oriente.

La gesta de las YPG-YPJ y sus aliados tiene un enorme valor, pero para poder desarrollarse hasta el final necesita conservar su plena independencia política. Debe poder ganar también el apoyo de crecientes sectores árabes (la mayoría étnica en Siria), rompiendo el aislamiento y el localismo, para proyectarse efectivamente como una salida política a la guerra civil.

Si empalman la lucha por la autodeterminación de las minorías étnicas y religiosas, la lucha por la emancipación de las mujeres, la pelea de las masas contra la dictadura de Al Assad y por la democracia, y la batalla contra el jihadismo en todas su variantes, entonces se abriría realmente la puerta para una salida enormemente progresiva para el país y para toda la región.

 

[1] Para más información sobre el tema, ver el articulo “La batalla de Kobane y la experiencia comunal del Kurdistán sirio” publicado en la revista Socialismo o Barbarie N°29.

 

[2] La oposición árabe nucleada en el Consejo de la Oposición Siria y todo el espectro de brigadas islamistas a sueldo de Turquía y el Golfo, lanzaron inmediatamente todo tipo de campañas de difamación contra las YPG-YPJ, acusándolas de llevar a cabo una “limpieza étnica” contra los árabes. Esta acusación no tiene fundamentos, y es menos creíble por parte de grupos que levantan abiertamente una perspectiva sectaria contra las variantes chiitas o alawitas del Islam, a la que en muchos casos proponen masacrar apenas tengan la oportunidad.

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