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La “espiral de retrocesos” de Tsipras frente a los verdugos de la UE llevó al país al borde del abismo

 

En momentos de cerrar esta edición, se registraban movilizaciones contra los vampiros de la Unión Europea y el FMI en Atenas y Tesalónica. Son unas de las primeras protestas, en los casi cinco meses del gobierno de Tsipras. Es que Tsipras ha tenido siempre un cuidado especial en hacer que las masas trabajadoras y populares de Grecia, víctimas desde hace cinco años de un verdadero genocidio social, se desmovilicen. Que sólo intervengan de vez en cuando… pero sólo para votar, no para luchar.

Fue así antes de asumir el gobierno a fines de enero. Luego, este cultivo de la desmovilización y pasividad redobló con las negociaciones del nuevo gobierno con la Unión Europea y el FMI. Esto se combinó paralelamente con la sarta de falsedades que vendió a las masas, comenzando por los acuerdos de capitulación a la Troika, firmados el 20 de febrero, que Tsipras anunció como un triunfo. Como “un paso decisivo, que deja atrás la austeridad, los rescates y la troika… Hicimos fracasar el plan de las fuerzas conservadoras en Grecia y en el extranjero para asfixiar a nuestro país y demostramos que Europa es un espacio para la negociación y los compromisos beneficiosos para las partes” [Tsipras, discurso por TV al otro día de firmar los “acuerdos” con el Eurogrupo, Agencia EFE, 21/03/2015].

En ese momento, Tsipras mentía descaradamente al pueblo griego que lo había votado. Es probable que pensara que los retrocesos y concesiones no iban a pasar de allí. Pero la Troika de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, ya le habían “tomado el tiempo” a Tsipras.

A partir de entonces, comenzaron más y más “aprietes” que hicieron entrar al gobierno griego en “una verdadera espiral de retrocesos, en los que una concesión lleva a la otra”. ¡En pocas palabras, esta definición de Stathis Kouvelakis –miembro del CC de Syriza– es la más exacta de lo sucedido en estos cinco meses!

A partir de allí, a cada vuelta de tuerca de los verdugos de la Troika, Tsipras respondió con más y más retrocesos y desmovilización. En el camino, no sólo quedaron los principales puntos del programa de Syriza, también se perdieron 1.800 millones de euros en pagos a los usureros internacionales, que hoy vendrían muy bien para hacer frente a un default.

A continuación, publicamos el texto de Kouvelakis¸ “En respuesta a Alexis Tsipras”. Allí Kouvelakis responde a un artículo de Tsipras publicado en el diario Le Monde (31/05/2015) –« Non à une zone euro à deux vitesses »–, donde trata de justificar su política capituladora. La traducción del texto de Kouvelakis es de Viento Sur, 02/06/2015.

 

 

En respuesta a Alexis Tsipras

“El gobierno griego ha entrado en una verdadera espiral de retrocesos, en los que una concesión lleva a la otra”

Por Stathis Kouvelakis, del CC de Syriza y miembro de la Plataforma de Izquierda

Desde muchos puntos de vista, el artículo de Alexis Tsipras es importante. Indica que en la situación griega se ha traspasado un umbral cualitativo. Y ello por varias razones.

La primera es que, por primera vez, el artículo de Tsipras permite, incluso para el lector/lectora griegos, listar las concesiones que ya ha aceptado el gobierno en el curso de las “negociaciones” con la Troika. Y la lista es impresionante: excedentes presupuestarios, abandono de la reivindicación de la anulación de la deuda (que ni siquiera se menciona en el texto), incremento del IVA, trasladar para más adelante el incremento del salario mínimo y el restablecimiento de los convenios colectivos de trabajo, reforma de las pensiones orientada a realizar ahorros, impuestos sobre la tierra, etc.

A todo ello hay que añadir un punto fundamental: como precisa la versión griega [del texto], el “fortalecimiento de la independencia de la agencias públicas” [respecto al gobierno y Estado griegos]. Esto no afecta sólo al Instituto de Estadísticas sino también a la secretaría del Estado encargada de la recaudación pública. Esto significa que el núcleo del aparato económico del Estado escapa al control de los gobiernos electos y funciona en realidad bajo supervisión directa de las “instituciones” de la UE.

Seamos claros: de entrada, esos pasos atrás, reconocidos por primera vez por Alexis Tsipras, jamás han sido discutidos públicamente a no importa qué nivel: ni en el partido, ni en el parlamento, ni siquiera en el seno del gobierno en el marco de una deliberación colectiva. Simplemente han sido impuestos tras haber sido acordados en la opacidad más grande de las “negociaciones” con la UE.

En segundo lugar, en este texto, Alexis Tsipras no retoma lo que declaró, por otra parte, numerosas veces; a saber, que desde febrero Grecia está sometida al chantaje de la liquidez ejercida por el Banco Central Europeo (BCE). Sólo se hace mención a la no concesión de préstamos, que ha obligado al gobierno griego a asumir el reembolso a los acreedores con sus propios recursos, lo que le ha conducido a la situación actual de carecer de fondos. De ese modo, se priva del argumento fundamental que le habría permitido desvelar de verdad el modus operandi de la Unión Europea. Pero esto le hubiera llevado también a admitir el debilitamiento de su posición y el carácter nefasto del acuerdo del 20 de febrero, del que aún continúa reclamándose.

En tercer lugar, está claro que cualquiera que sea la forma como se plantee la cuestión, el marco que propone Tsipras es el de la austeridad atenuada; en ningún caso, el de una ruptura con la austeridad. Se da continuidad al marco de los Memorándum, sólo que suavizándolo. En sentido opuesto, no queda mucho del “Programa de Tesalónica” que, no lo olvidemos, se presentó como un “programa de urgencia”, aplicable de forma inmediata e independientemente del resultado de las negociaciones. Peor aun: las cuatro “líneas rojas” [que no se iban a traspasar con concesiones] y que el propio Alexis Tsipras había puesto el 16 de abril durante una declaración solemne a la agencia Reuters (pensiones, IVA, privatizaciones y convenios colectivos) han sido, todas, superadas a distintos niveles.

A partir de ahí nos podemos preguntar dónde se encuentra el bloqueo y por qué Alexis Tsipras busca la dramatización, como lo indican el título del artículo y algunos de sus pasajes. Simplemente porque los responsables europeos no se contentan con el actual nivel de austeridad derivado de los memorándums. Exigen agravarlo mucho más, con el objetivo de quebrar Syriza.

Y Tsipras les devuelve la pelota diciendo: “Sois vosotros quienes buscáis la ruptura, no yo. Yo, ya lo véis, estoy dispuesto a gestionar la austeridad y retrasar sine die el programa por el que fui elegido. Pero, además de eso, vosotros me exigís ir más allá de lo que le exigisteis a Samaras [el anterior primer ministro conservador]”. Y ahí, Tsipras agita el espectro de la “división de Europa”, llamando a respetar sus valores. ¡Como si enterrar los compromisos de Syriza a cinco meses apenas de su elección, fuera un sacrificio aceptable para preservar esta “unidad” de Europa! ¡Como si la aceptación del “acuerdo” que él propone, pudiera representar un paso hacia “la Europa de la solidaridad, la igualdad y la democracia” de la que se reclama, que no es más que pura fraseología y que pocas veces ha sonado de forma tan siniestra!

Me abstendré de jugar a profeta y de predecir a lo que nos puede conducir todo esto. Simplemente voy a constatar donde están las cosas actualmente:

* El gobierno griego ha entrado en una verdadera espiral de retrocesos, en los que una concesión lleva a la otra. No hay ninguna razón para pensar que esto vaya a detenerse.

* Todo eso era perfectamente previsible en la medida en la que no se había preparado y adoptado una línea de confrontación (detesto citarme, pero todo esto figura en muchos de mis textos e intervenciones en los últimos meses y años).

*·Que tras todo ello, continuar hablando de una ruptura con la austeridad y las políticas neoliberales en el marco europeo actual, no puede deberse más que a la inconsciencia o al fraude.

Una última cuestión, más personal: milito desde hace 35 años en las filas de la izquierda radical en Grecia y en Francia. He luchado sin descanso contra las renuncias y la cobardía de la era Mitterrand, después Jospin, con o sin la participación en el gobierno del PCF (en el que milité en los años 80). Del mismo modo rechacé cualquier concesión al sistema del PASOK y al atolladero nauseabundo en el que se metió y arrastró a la sociedad griega.

No es probable que ahora cambie. Y no soy el único en Syriza en pensar así. Quienes piensan que todo esto se puede aceptar sin más, se equivocan. Aún no hemos dicho la última palabra.

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