Por Ale Kur



 

 

“Altamira, de todos modos, no dio por cerrada la posibilidad de un acuerdo en el frente antes de que cierren los plazos. ‘Recién una compañera de La Izquierda Diario me preguntaba si entonces no puede haber ningún tipo de acuerdo. Y yo le contesté que la palabra ultimatismo no existe en el lenguaje del PO, en referencia a compañeros y camaradas de lucha” (La Izquierda Diario, 13 de mayo del 2015).

El jueves 6 de mayo el periódico del Partido Obrero anunciaba que dicho partido iría a las PASO para dirimir las candidaturas del FIT. El PTS, por su parte, venía instalando esa idea para el caso de que “no se pusieran de acuerdo con la fórmula presidencial”, pero se vio sorprendido y desbordado por el anuncio, quizás porque su verdadera estrategia es lograr una nueva negociación en términos que considere favorables, no ir realmente a las internas.

De cualquier manera, dicho frente viene atravesado una importante crisis política que hunde sus raíces en las condiciones en las que se formó el FIT y que ha pegado un salto en los últimos tiempos.

Los problemas de fondo

Desde el Nuevo MAS siempre señalamos que el Frente de Izquierda, si bien tiene un carácter progresivo por ser un frente de independencia de clase, se formó como una especie de “cooperativa electoral” donde sus miembros se unieron alrededor de cálculos estrictamente “poroteros”. El principal y casi único criterio de medida que utilizan sus componentes es qué ganancias puede obtener cada uno (y a costa de los demás) en el terreno de visibilidad política, parlamentarios conseguidos, etc.

Este criterio se hizo evidente ya en el momento mismo de su fundación, cuando intentaron “borrar del mapa” al Nuevo MAS aprovechando la Ley Electoral proscriptiva del kirchnerismo. Especulando con la imposibilidad de que no podamos presentarnos por nuestra propia cuenta, impusieron a nuestro partido condiciones para ingresar al FIT que implicaban la negación de cualquier derecho político en su interior.

Es decir: querían que el Nuevo MAS hiciera campaña por el FIT pero sin ningún tipo de espacio propio para poder desarrollar nuestras posiciones (eso sería un “privilegio exclusivo” de las otras fuerzas, especialmente del PO y el PTS).

Este mismo método sin principios es el que atravesó la existencia del FIT en sus cuatro años de existencia, esta vez entre sus componentes principales. Se sucedieron las discusiones especialmente alrededor del problema de las candidaturas y de cómo apropiarse de las bancas conquistadas.

En todo ese tiempo, sin embargo, no se vio ninguna discusión pública seria acerca de qué orientación política tenía que seguir adelante el FIT en la campaña electoral (menos que menos en la lucha de clases, en la cual en el 2014 se mostraron con posiciones distintas en casi todo lo importante).

Así es como el Frente no intervino como tal en casi ninguno de los grandes hechos políticos de estos años. No fue capaz tampoco de intervenir en común en las luchas obreras, y ni siquiera de presentar listas en común en las elecciones sindicales contra la burocracia.

A estos motivos de fondo se suma la performance electoral más moderada que tuvo el FIT en la primera ronda de elecciones de 2015, las municipales y provinciales desdobladas. Aun considerando las dificultades objetivas que tienen las elecciones a cargos ejecutivos, las votaciones obtenidas señalaron una tendencia a cierto desinfle electoral, más allá que partiendo de un piso alto, que en conjunto con el mecanismo distorsivo de las PASO, no dejó de redundarles en algunas nuevas ganancias en materia de representación legislativa.   

El monopolio de la elección en manos de Scioli, Macri y Massa y la tranquilidad relativa con la que se está recorriendo el año electoral (mayor a lo acostumbrada en cualquier otra transición política en nuestro país) hacen caer por tierra, sin embargo, la especulación sobre todo del PO (que habla de que “la situación es revolucionaria”), de que el FIT sería una “alternativa de gobierno”: un factor de ruptura por izquierda de las masas obreras con el peronismo.

Sí es un hecho que ha habido un corrimiento de franjas de vanguardia del kirchnerismo hacia la izquierda y, sobre todo, para estas elecciones, que se vive un vaciamiento de la centroizquierda en nuestro país; un “espacio” electoral que es muy progresivo que esté acaparando la izquierda revolucionaria, pero que todavía no es orgánico y, mucho menos, no refleja aún un proceso de radicalización política.

En todo caso, para esa evolución serán necesarios desarrollos de la lucha de clases que podrían estar en el horizonte en el 2016. Pero de todo esto no se habla realmente en el FIT, sólo de candidaturas.

De eso no se habla

La crisis del FIT llevó entonces a sus dos componentes principales (PO y PTS) al borde de las PASO, pero como se ve en la cita que encabeza este artículo (¡y por declaraciones del propio PTS!), para el cierre de las listas “faltan aún 40 días” y cualquier cosa podría pasar…

El PO cita como argumento para lanzarse a las PASO del FIT con IS, la “necesidad de lanzar ya mismo la campaña presidencial” y la negativa del PTS a acordar listas en común. El PTS responde que los motivos de fondo son “la tendencia del PO a monopolizar las principales candidaturas” (aunque Altamira se cuidó muy bien en la conferencia de prensa donde lanzó su candidatura con Giordano de dejar sin cubrir el cargo a primer diputado en provincia de Buenos Aires).

En cualquier caso, ninguno cita como motivo para ir eventualmente a las PASO la existencia de diferencias políticas. En ninguno de los varios artículos publicados en Prensa Obrera, La Izquierda Diario, etc. se menciona que se discuta algo más que el orden de las candidaturas.

Esto quiere decir que no se está llamando al conjunto del activismo obrero, estudiantil, a los simpatizantes de la izquierda, etc., a participar de una gran discusión pública sobre qué orientación debe seguir el Frente de Izquierda en particular o la izquierda en general, sino solamente cómo se deben repartir los cargos en dicho frente.

Específicamente, no se conoce debate alguno sobre el tipo de campaña electoral que se debería encarar para enfrentar a los grandes candidatos del ajuste (como correctamente los ha llamado Altamira).

En esto los antecedentes del FIT son muy malos: tanto en 2011 como en 2013 y en la ronda de elecciones desdobladas de 2015 (ver, específicamente, las reciente PASO en CABA), el FIT llevó adelante una campaña electoral muy lavada, que no cuestionó ningún aspecto de fondo del régimen social, económico y político vigente.

En muchos casos ni siquiera se ligó la campaña a problemas populares sentidos por amplios sectores. Por ejemplo, en Capital Federal, la consigna de campaña fue “la izquierda en la ciudad”: pura autoproclamación sin ningún contenido en la cual coincidieron ambos partidos y que, para colmo, fue desmentida por los hechos (resulta ser que ahora Zamora figura en las encuestas para las elecciones definitivas del 5 de julio por encima de Bregman).

Y atención que nuestro partido no sostiene que sería progresivo que el FIT se dividiera: seguimos exigiendo ser integrados (de manera principista y en igualdad de condiciones) porque a pesar de su oportunismo político, está basado en la independencia de clase.

Además, tampoco rechazamos por principio a las PASO como tales (ir a una eventual interna bajo sus mecanismos), porque lamentablemente están ya instaladas como parte de los mecanismos de la campaña electoral (otra cosa es que seguimos considerando que deben ser denunciadas de manera principista como mecanismo proscriptivo).

Sí rechazamos el oportunismo que muestra el FIT con una discusión que es puramente de aparatos y que no le aporta nada al activismo obrero, estudiantil y del movimiento de mujeres. Nada que ver con las pretensiones que el mismo FIT autoproclama: ser un canal para una ruptura orgánica de sectores de los trabajadores con el peronismo.

Vamos por una campaña socialista

La campaña electoral de nuestro partido parte de otros presupuestos que los que está mostrando el FIT. Opinamos que la campaña de los revolucionarios hoy debe partir de un posicionamiento global sobre el “fin de ciclo” K que se está viviendo.

Tras doce años de kirchnerismo, los enormes problemas estructurales que atraviesa el país (crisis de deuda, inflación, colapso de la infraestructura, creciente miseria social, precarización laboral masiva, salarios a la baja, etc.) sólo pueden tener una salida si se va más allá del posibilismo, en la perspectiva de otra sociedad, de un gobierno de los que nunca gobernaron: los trabajadores. El kirchnerismo mostró todos los límites del “capitalismo serio”, “nacional y popular”.  Sólo con una perspectiva socialista se puede salir adelante.

Esta perspectiva global, obrera y socialista, debe estar en el centro de la campaña electoral de la izquierda. Debe servir para estructurar el conjunto de las demandas populares y darles una perspectiva política. Sin ella, la campaña electoral se reduce a mero electoralismo, vaciado de contenido.

Consideramos que esta es la perspectiva que debería llevar adelante el conjunto de la izquierda. Y por esa razón volvemos a reiterar el llamado al FIT de que permita la integración de nuestro partido con plenos derechos políticos y en condiciones igualitarias (aunque no nos hacemos ilusión alguna de que podamos recibir respuesta favorable a este planteo).

Por nuestra parte, en las próximas semanas lanzaremos con todo nuestra campaña electoral hacia las presidenciales PASO de agosto. Vamos a participar con Manuela Castañeira y Jorge Ayala, referentes socialistas de nuestro partido, del movimiento de mujeres y del movimiento obrero como presidente y vice y con las banderas de una alternativa socialista.

 

 

 

 

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