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Después del triunfo de Larreta

 

“No tengamos miedo, vayamos a la Argentina del siglo XXI” (Mauricio Macri)

 

Finalmente, ganó Larreta en las elecciones del pasado domingo en la Capital Federal. Se impuso la lógica: Macri es el candidato a presidente, él es el que puede “hacerle fuerza” al kirchnerismo en octubre; por lo tanto, la votación se ordenó a partir de ahí. Eso es lo que explica la derrota de Michetti, a pesar de tener mejor imagen en la opinión pública y haber arrancado la campaña con mejor intención de voto (Micheti se quejó, amargamente, de que la decisión de voto del ingeniero por su contrincante y los recursos volcados en la campaña de este fueron los factores que inclinaron la compulsa).

En lo que sigue nos dedicaremos a analizar el impacto del resultado de las PASO en la Ciudad sobre la coyuntura nacional.

 

El ascenso de Macri

 

Es evidente que con el triunfo y la segura elección de Larreta al frente de la Ciudad (se verá si con balotaje o no), el PRO se acaba de alzar con un triunfo de importancia que posiciona a Macri cada vez mejor para la ronda presidencial.

Macri ha venido hilvanando varios triunfos en las últimas semanas. Hace quince días obtuvo dos simultáneos: uno directo en Santa Fe con Del Sel (elección que, de todos modos, está recurrida y cuyo resultado final dependerá del conteo de votos); otro indirecto, por así decirlo, de sus aliados radicales en Mendoza. Sumando ahora la Capital, se puede decir que el macrismo y sus aliados se han adjudicado triunfos en tres de los cinco principales distritos electorales del país.

Es verdad que en los otros dos la situación no es tan favorable. En provincia de Buenos Aires está el talón de Aquiles del PRO; ahí están primero Scioli y el FPV (como a nivel nacional) y el PRO ni siquiera tiene un candidato de peso. Además, junto con Scioli, la provincia es el terruño de Massa, donde aún conserva predicamento, votantes y la esperanza de armar una interna atractiva. Massa está cerrando además un acuerdo en Córdoba (y más nacionalmente) con De la Sota, que con la candidatura de Schiaretti se encaminaría a retener la provincia.

Así las cosas, no es todo tan fácil para el PRO; a pesar de su papelón en CABA, Massa sigue dando pelea.

Pero los logros que viene acumulando el PRO, junto con lo “posicionado” que están el FPV y Scioli (primer lugar en las encuestas presidenciales), son los que contribuyen a dar forma a un escenario de creciente polarización electoral; lo más probable hoy es que Macri y Scioli sean los que polaricen la elección en octubre, abriéndose incluso la posibilidad de una segunda vuelta.

De todos modos, un triunfo de Macri significaría un giro a la centroderecha quizás demasiado pronunciado para lo que es la realidad del país; por ahora, no son mayoría los analistas que se inclinan por ese escenario. Pagni, de La Nación, diario al cual le encantaría un triunfo del ingeniero, habla de que, a priori, la “presunción” es que Macri no ganaría la presidencial, y Morales Solá (del mismo diario) señala un triunfo del PRO como un “cambio drástico”, como indicando el nivel de dificultad para un escenario así.

De todas maneras, el dato que dejan las elecciones en capital es que el PRO viene en alza; para tener una certeza de sus perspectivas, habrá que esperar y ver.

No es casual que Macri y la mayoría de los presidenciables escondan sus planes para cuando asuman el gobierno; todos se cuidan como de hacerse pis en la cama de hablar del ajuste que viene; Macri ha dicho que quiere “construir la Argentina del siglo XXI”, que no significa nada concreto. Como decía Trotsky para Francia, cuando se habla de cualquier país capitalista no se trata de una nación sino de dos: la de la burguesía y la de los trabajadores, y son excluyentes.

 

Campañas millonarias

 

Vayamos a los resultados electorales propiamente dichos. Hay que señalar que no expresan mecánicamente las tendencias de conjunto. Un 47% del PRO (entre Larreta y Michetti) no es algo que se pueda esperar nacionalmente.

Se trata de una elección corrida a la centroderecha desde el punto de vista del panorama nacional (no olvidar que el que figura primero en las encuestas es Scioli). Si a esto se le agregan los votos de Lousteau y el ECO en general (obtuvieron el 22%), y se tiene presente que la UCR y la Coalición Cívica forman filas en el acuerdo con Macri, se obtiene un resultado del 70% de los votos que no representan la tendencia nacional (como algunos grupos presentan de manera impresionista).

El resultado en Capital explica que al kirchnerismo se le haya frustrado el festejo que esperaba: Recalde obtuvo algo más del 12% y el FPV en su conjunto arañó el 18%; un tercer puesto que tuvo sabor a poco, fracasando el intento de recuperar su lugar como principal oposición en la Ciudad.

Por su parte, la izquierda en general tuvo una baja performance, arañando entre todas sus expresiones un seis o siete por ciento (dependiendo a quién se incluya en esta contabilidad), muy lejos de algunas de sus jornadas electorales históricas en la Ciudad (en algún momento entre el 2001 y el 2003 llegó a arañar el 30%) e incluso de las últimas performances importantes como las PASO y la generales del 2013. En artículo aparte nos dedicaremos específicamente a esto.

¿Cuál fue el fenómeno electoral que se dio en relación a los votantes? Hubo una suerte de transferencia de los votos de un “espacio” a otro: hubo votos del ex UNEN que sin duda fueron a parar a alguna de las variantes del PRO, así como votos K que fueron a parar a Michetti para que no ganara Larreta. También la izquierda transfirió votos, pero en este caso mayormente al kirchnerismo (quizás algo también a ECO).

Todo esto ocurrió en el contexto de una elección corrida a la derecha. Acá tallan varios problemas simultáneamente. El primero y principal: la estabilidad total en el terreno de la lucha de clases (y una situación económica deteriorada pero estable).

Este es un problema porque las cosas lucen como para que sigan más o menos así en lo inmediato. Un año electoral de “pizarrón” marcado por un bajón en las luchas de los trabajadores y una situación transitoriamente estabilizada en materia económica. Así las cosas, todo el foco está puesto en los dimes y diretes electorales, esto en las condiciones de un festival de elecciones todo a lo largo del año.

Pero a esto se le agrega un condimento más, que se agiganta por las circunstancias: el enorme peso de los aparatos en la votación (¡algo de lo que se quejó hasta Michetti!), es decir, el hecho de que se estén dando campañas millonarias (de derecha a izquierda) en las condiciones distorsionadas, para colmo, del manejo a gusto y piaccere por parte de los gobiernos locales de la ley electoral proscriptiva: “Las primarias obligatorias, uno de los legados de Kirchner, todavía son misteriosas” (Pagni, La Nación).

Es verdad que, como dice el PO, esto puede dar lugar a “consecuencias no queridas”. Pero esto no le quita ni un milímetro a la realidad de que el contenido principal de este nuevo mecanismo electoral es reaccionario y más temprano que tarde se terminará volviendo, con toda su fuerza, contra la izquierda (que lamentará no haberlo combatido de manera principista, sólo circunstancialmente de acuerdo a los intereses de cada miniaparato).

Por último está el problema de la despolitización de la elección. Fue transformada en una gran interna PRO donde, en el fondo, lo que se votó fue la relación de Larreta y Michetti con Macri. Esta circunstancia es lo que le dio el tono a una elección circunscripta a los debates acerca de la gestión municipal, aunque en realidad se estuviera votando con la mente puesta en otra cosa: la elección presidencial; de ahí el voto a Larreta para darle el triunfo a Macri y golpear a los K.

 

1º de Mayo obrero y socialista 

 

La propia izquierda se adaptó a esta realidad; una cosa es partir de la realidad para hacer política revolucionaria (¡y una campaña electoral también debe ser un escenario para esto aunque adaptando las formas al dirigirse a más amplios sectores!) y otra muy distinta es rebajar pasivamente el contenido de la política electoral, no yendo ni un milímetro más allá de lo que la realidad impone: el FIT se gastó millones de pesos para demostrar que son “LA izquierda en la Ciudad” y resultó que al menos hay dos “izquierdas”, porque Zamora sacó otros tantos votos…

Dentro de un retroceso generalizado de la izquierda, nuestro partido obtuvo una magra cosecha de votos, para la que estábamos preparados en ausencia de propaganda gratuita y por el peso de aparatos descomunal de la campaña.

De todos modos, llevamos adelante una enorme campaña electoral, fogueamos a nuestra juventud en esta actividad, ensayamos una elaboración de la política electoral que en algunos aspectos podrá contribuir para la nacional, además de que avanzamos muchísimo en la instalación de Manuela Castañeira como una de las jóvenes figuras emergentes de la izquierda en nuestro país.

En todo caso, cerradas las PASO de la Capital se vienen nuevas peleas. En lo inmediato, el desafío es poner en pie un 1º de Mayo obrero y socialista en FATE ante la negativa del FIT de hacer un acto unitario. Pero en las próximas semanas comenzaremos a diseñar la campaña local de Córdoba y La Rioja (distrito este último donde será la primera vez que nos presentemos) y, sobre todo, las PASO presidenciales de agosto, que se jugarán en condiciones distintas para nuestro partido dada la existencia de espacios gratuitos en los medios masivos.

Pasó una elección, se vienen otras. Todas terrenos para presentar la política revolucionaria de nuestro partido, cuyo punto de mira está, de todos modos, más allá: en el terreno de la lucha directa entre las clases, que es el decisivo y siempre da nuevas oportunidades para los revolucionarios.

 

Nuestro balance de actividades

J.L.R.

 

Queremos señalar aquí una serie de consideraciones acerca de la campañaelectoral de nuestro partido en la Ciudad.

Primero: de ninguna manera pueden ser considerados los votos obtenidos el pasado domingo 26 como un antecedente para lo que vaya a ocurrir en agosto próximo. Esas serán otras elecciones, en otras condiciones. Políticamente, nunca es igual una elección local (como está dicho, en general a la izquierda le ha ido mal en las elecciones de la Ciudad) que una nacional, general, más política.

Pero segundo y fundamental: las condiciones leoninas de las PASO de Macri no son exactamente iguales en las PASO nacionales; las unifica el criterio proscriptivo del 1,5%, que distorsiona la elección. Pero para fuerzas de izquierda como la nuestra es cualitativo que exista propaganda gratuita. El papel de los medios de comunicación de masas es decisivo hoy para toda campaña electoral: tanto por lo que potencialmente posibilitan en materia de “visibilidad”, como en la condena a la “invisibilidad” en que quedan las listas que no pueden acceder a ellos. Esto es lo que ocurrió en esta campaña, cuando sistemáticamente nos enfrentamos al intento de cerrarle el paso a la participación de Manuela en los programas de TV. Lo que tuvo, evidentemente, un enorme impacto en nuestra baja votación.

 

Nuestra política electoral

 

Veamos ahora un somero balance del perfil político de nuestra campaña. Lo reivindicamos cien por ciento. Nos parece que en gran medida fue una escuela de cómo hacer campaña electoral. Porque partiendo de las condiciones reales de la elección (no de elucubraciones en nuestra cabeza), del esfuerzo por llegar a más amplios sectores que los habituales, por hablar con un lenguaje asequible, no rebajamos el contenido de nuestra campaña.

Teníamos un desafío específico vinculado a cómo hacer que Manuela, como figura cuyo origen es ser luchadora del movimiento de mujeres, vaya más allá que está sola identificación. Es decir: lograr que comenzara a expresar un programa más de conjunto.

Esto, que es fácil decirlo, no es tanto concretarlo, porque con la política electoral de hoy (tan encarnada en las “figuras” de los candidatos) eso no puede hacerse de manera artificial: es todo un esfuerzo y una maduración del propio candidato o candidata que logre encarnar un programa cada vez más de conjunto; sobre todo cuando se trata de figuras que provienen de las nuevas generaciones militantes, sin gran tradición política, expresando una necesaria renovación en los representantes del partido revolucionario.

A diferencia del FIT, que como hemos visto no dijo gran cosa en la campaña (Bregman aburrió repitiendo el libreto de lo grandes que son Del Caño y el FIT, un ángulo puramente autorreferencial), Manuela llegó a plantear incluso la necesidad del socialismo, sin por esto abandonar ni por un minuto la lucha por el derecho al aborto, la denuncia de la precarización laboral que campea entre empleados estatales y privados en la Ciudad, así como el planteamiento de un programa de medidas de emergencia para sus más acuciantes problemas (salario, empelo, mujer, salud, educación y vivienda).

Así las cosas, logramos globalizar políticamente una campaña en la que, además, en cada segundo que tuvimos en radio y TV colocamos de conjunto estos problemas, como lo puede apreciar cualquiera que se mire los videos de la participación de Manuela en A dos voces, TN, o en C5N en el programa de Silvestre, así como en infinidad de programas radiales.

 

Una campaña militante

 

Pero además de sostener una campaña con un perfil revolucionario adecuado a las condiciones de la elección, el otro aspecto a destacar es la campaña militante que desarrolló la juventud de nuestro partido. Seguramente un balance más a fondo lo podrán desarrollar los compañeros y compañeras que militan en CABA. Pero queremos destacar aquí la experiencia que significa una campaña electoral para la joven generación partidaria.

Para un partido todavía caracterizado por esta composición, el solo hecho de salir de los centros de estudio e ir a las calles a realizar agitación ya es un enorme avance: sumergirse en la realidad.

Claro que no hay nada más educativo que luchas obreras como la de Gestamp, la experiencia del neumático y tantas otras, así como la participación en los piquetes de los paros generales y cualquier otra acción directa de la lucha de clases.

También está el hecho de que una campaña electoral de ninguna manera debe reducirse a las tareas de agitación política (aunque no puede haber campaña sin ella): ¡lo esencial de una campaña electoral de los revolucionarios es que sirva como vehículo para la construcción del partido!

Pero de todos modos, salir a dialogar durante la campaña con más amplios sectores de los trabajadores, la juventud y los vecinos en general hace a la acumulación de experiencias en un diálogo menos de “laboratorio” de la militancia, más real, nos saca de la “burbuja” de la vanguardia.  

A lo largo de un intenso mes, nuestro partido realizó una campaña militante en la Ciudad (y en la provincia de Neuquén, ver balance específico en esta misma edición), una experiencia que se debe medir mucho más allá de los votos obtenidos en la maduración política del partido en su conjunto.

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