Una gran batalla política – 

 

Hasta ahora las próximas elecciones de la CTA ‘de los trabajadores’ no le mueven el amperímetro a nadie; los trabajadores que están afiliados a algún sindicato de base como SUTEBA o SUTNA ni enterados están que el 17 y 18 de noviembre próximos tienen que ir a votar.

Esto se debe, por un lado, a que la propia CTA es vista como algo lejano por los compañeros y, por otro lado, a que si la propia interesada que es la burocracia no mueve un dedo, es difícil que la gente se entere. Sin embargo, es evidente que este auto-boicot es funcional justamente a lo que quiere Yasky: que haya cero discusión política y ganar la elección ‘moviendo el aparato’, sin la participación de la base.

Que las preocupaciones de los compañeros pasen por los bajos salarios y cómo se llega a fin de mes, no quiere decir que las elecciones sean una cuestión de segundo o tercer orden. Hay que responder a las necesidades de la lucha y a las elecciones al mismo tiempo.

En realidad las elecciones tienen un gran valor político porque en la campaña se puede unir la denuncia a la burocracia porque boicotea la lucha, explicando que lo hace porque se subordina políticamente al gobierno K y plantear la necesidad de construir un nuevo movimiento obrero clasista independiente de la patronal y los gobiernos de turno.

Porque de fondo la pelea que se presenta en las elecciones es qué estrategia tienen las distintas corrientes políticas para intervenir en el proceso de recomposición el movimiento obrero que se encuentra en desarrollo, donde la pelea está dada entre las corrientes burocráticas como las de Yasky (y también Michelli) que pretenden con discursos ‘reformistas’ convencer a los activistas de que ‘hay que pelear por lo posible’ (y de esa manera seguir enfeudando al movimiento obrero a las variantes patronales), y las corrientes de izquierda que luchamos por que ese nuevo movimiento obrero pelee por sus propios intereses en forma independiente de los partidos patronales.

Para lograr eso el yaskismo se presenta como el defensor N°1 del gobierno K, sus políticas “anti-neoliberales” y los “logros” conseguidos bajo el “modelo”: “derechos humanos”, las paritarias, el “desendeudamiento”, la ley de medios, la “pelea contra el campo”, los ‘buitres’, la AUH, etcétera,   guardando debajo de la alfombra los problemas que se han agudizando en los últimos años: aumento de precios, inflación que come los salarios, precarización laboral, suspensiones y despidos, designación de Milani, arreglo con Chevron y un largo etcétera.

Yasky y cía la hacen fácil: hay que apoyar al gobierno porque “se viene la derecha” y el FMI; entonces hay que ser “prudentes” con los reclamos para no ser “funcionales” a la derecha. Aunque hay compañeros que todavía creen en estos argumentos, a muchos otros ya no los convencen y frente a los llamados a carnerear los paros generales, fueron miles de trabajadores docentes, del subte y aeronáuticos que no fueron a trabajar dejando a los dirigentes solos.

La respuesta de la izquierda ha tenido un sinnúmero de variantes. Tanto el MST como el PCR al ser parte orgánica de la otra CTA, están boicoteando la elección y llaman a no votar. El caso de Rompiendo Cadenas es similar porque gran parte de sus agrupaciones docentes (como las que dirigen Neuquén, Santa Cruz y Bahía Blanca) ya fueron parte de la elección de la CTA Micheli, así que sobre la próxima prácticamente no hablan.

El FIT como tal no existe, como sucede a nivel de la lucha de clases: cada uno anda por su lado, aunque hay que reconocer la “coherencia” de IS y el PTS ya que repiten su posición abstencionista. Cualquier activista que los escucha postularse como “la alternativa” le resulta inentendible que no se presenten. Lo que tienen que explicar es cómo pueden tener un ‘negocio’ permanente con el PO para las elecciones nacionales y no se pueden poner de acuerdo siquiera para una elección en la CTA.

En todo caso es más productivo debatir con los que se presentan en la izquierda como el PO, que es un caso muy particular teniendo en cuenta su interpretación de clasismo.

Lo primero que es polémico es su afirmación de que “si está el PO, su sola presencia garantiza que haya clasismo”. Eso dicen para defender sus alianzas con sectores de la burocracia en las elecciones pasadas de la CTA Micheli cuando fueron parte de frentes en Neuquén, Santa Cruz y Mendoza, o cuando arman colaterales con ellos mismos de las que participan burócratas desplazados como Grossi del SITRAIC, o cuando son parte de listas como la Negra del neumático que coquetea con la CTA Micheli o cuando prioriza acuerdos por arriba con los burócratas de esa misma central para engordarle las marchas, algunas problemáticas como cuando marcharon hasta el Congreso donde le hicieron la segunda a De Gennaro y Cía quedando ‘pegados’ al parlamentarismo burgués. Todo estaría perdonado porque ‘la garantía la da el PO’.

Pero esto no es así. La construcción de una alternativa clasista consecuente no permite sostener acuerdos con sectores que se dicen “clasistas” para una elección, pero luego en las luchas cotidianas van para otro lado. Tampoco hay forma de justificar que en el gremio del neumático comentan el crimen escandaloso de no apoyar a nuestro compañero Maxi Cisneros en su lucha contra la patronal de Firestone sólo porque si el compañero sale electo delegado eso fortalecería a la Marron del gremio del neumático, una agrupación clasista ligada a nuestro partido. Con una construcción desde arriba que no ha pasado la prueba de dirigir ningún gran conflicto, el PO se creen el “dueño de la oposición clasista del neumático” cuando no tomaron parte de las grandes luchas del 2007 y 2008 cuando en FATE la Marrón echó a la Bordó del Pollo y la Violeta de Wasiejko.

A diferencia del PO (ausente en las grandes luchas obreras del año) desde el Nuevo MAS tenemos como carta de presentación la enorme experiencia de la lucha de GESTAMP donde los protagonistas fueron los trabajadores, que tomaron en sus manos sus destinos, luchando contra la patronal la burocracia y  el gobierno y que con la ‘gesta del puente grúa’ dejaron grabada un ejemplo imborrable para toda la nueva generación obrera que esta haciendo sus primeras armas en el camino de poner en pié un  movimiento obrero clasista.

 

Héctor ‘Chino’ Heberling

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