Luego del triunfo del Partido Acción Ciudadana (PAC) en las pasadas elecciones presidenciales, se abrió un debate en la izquierda y los movimientos sociales (sindicatos, federaciones estudiantiles, organizaciones LGBTI y feministas) en torno a qué ubicación asumir frente al nuevo gobierno de Luis Guillermo Solís, debido a que prevalece una caracterización del mismo como “progresista” y adversario del neoliberalismo rancio que impulsaron el PLN y el PUSC durante treinta dos años (1982-2014).

 

En este artículo vamos a polemizar con las posiciones de Jose María Villalta y Rodolfo Ulloa, ex candidato presidencial y Secretario General del Frente Amplio (FA) respectivamente. En el marco de la presentación del “Informe de los 100 días”, ambos cuadros del FA salieron a la defensa del gobierno “progresista” de LGS.

 

El PAC ¿Un gobierno progresista?

 

Villalta y Ulloa son claros representantes de la “teoría de los campos”, enfoque según el cual la realidad social debe comprenderse a partir del choque entre bloques progresivos y reaccionarios, antineoliberales contra neoliberales. Bajo esta perspectiva se diluyen las contradicciones entre las clases sociales (premisa central del materialismo histórico) y, por extensión, se deja de lado la independencia política de los sectores explotados y oprimidos ante cualquier partido o sector de la burguesía que se pinte de “progresista”.

 

Por ejemplo, Ulloa en su artículo “Los neoliberales al acecho del gobierno” (Extra, 21/08/14), salió en defensa de varios miembros del gobierno de Solís que estaban siendo cuestionados públicamente por sectores neoliberales, a los cuales se refirió en los siguientes términos: “Se trata de personas progresistas (…) reconocidas por su participación en la resistencia social y política contra el Combo ICE o contra el TLC con los Estados Unidos. De su cercanía con los sectores sociales alternativos y críticos no hay duda.”

 

Nótese como para Ulloa, cuadro de larga trayectoria en la izquierda (formado en la escuela estalinista del “comunismo a la tica”), la caracterización del gobierno y equipo de trabajo de LGS gira en torno a sus posturas “progresistas” por oponerse al Combo ICE y al TLC con los Estados Unidos. En ningún momento realiza alguna delimitación con ángulo de clase, pues la misma tendría que reconocer que dentro del denominado “arco progresista” hay burgueses explotadores, cuya oposición al TLC (y otros proyectos neoliberales específicos) se originó porque la apertura comercial afectaba sus intereses empresariales.

 

Por otra parte, Ulloa omite referirse a los otros miembros del gabinete de Solís que no provienen del “progresismo”y, por el contrario, son figuras políticas burguesas consolidadas y que hicieron parte de gobiernos anteriores del PLN y el PUSC. Nos referimos, por ejemplo, a Helio Fallas, Celso Gamboa, Víctor Morales y Ana H. Chacón (esta última fue acérrima defensora del SI al TLC).

 

Finalmente, Ulloa muy convenientemente se “brinca” la realidad para sostener su caracterización del gobierno del PAC. Por ejemplo, nada dice sobre la decisión de Solís por continuar con la muy neoliberal  concesión de la terminal de contenedores a la transnacional APM Terminals en Limón, tampoco hace algún señalamiento sobre los acuerdos legislativos del PAC con los partidos evangélicos, dentro de los cuales acordó impulsar una retrógrada “ley de libertada religiosa” que ampliará los privilegios para las iglesias protestantes, etc.

 

Esta forma de analizar la realidad política, sin ningún anclaje desde los intereses de la clase obrera, es un mecanismo efectivo para “embellecer” políticamente a gobiernos y partidos que representan a los empresarios, a los cuales se les coloca el adjetivo de “progresistas” y “aliados” por el simple hecho de no ser neoliberales, aunque sean explotadores de la clase obrera en sus fábricas.

 

El PAC ¿un gobierno en disputa?

 

Más adelante, Ulloa sostiene que los “neoliberales desde el Parlamento y desde los medios seguirán golpeando a la gente progresista del gobierno”, además reclama a los sectores progresistas que están realizando algún tipo de exigencia al gobierno del PAC: “existe una tendencia dentro del arco progresista un poco delirante que abandona la perspectiva estratégica de “juntar a los diferentes para derrotar a los antagónicos”, y le sirve de esa manera a los neoliberales”.

 

De esta forma Ulloa introduce un elemento recurrente en los análisis de los “campistas” reformistas: la teoría de las conspiraciones neoliberales como justificación para bloquear cualquier iniciativa de independencia de clase. Para efectos prácticos, esto se traduce en que la izquierda y los movimientos sociales no deben diferenciarse enfáticamente de los gobiernos o partidos burgueses “progresistas”, pues eso implica “hacerle el juego a la “derecha”.

 

Un argumento similar plantea Villalta en el artículo “100 días versus 30 años” (Extra, 26/08/14), donde señala que “el mundo ideal para la derecha que roba, si no pueden cooptar al nuevo Gobierno, es un gobierno débil y aislado. Con discurso de cambio pero incapaz de cambiar mayor cosa”. Si Ulloa utiliza un marco de “progresistas contra neoliberales”, Villalta es mucho menos riguroso en su identificación de los campos en disputa, pues termina reduciéndolo a un antagonismo contra la “derecha que roba”. Esto representa una licencia para calificar como “progresista” a cualquier bando burgués, a condición de que sus figuras políticas tengan una “hoja de delincuencia” limpia.

 

Ligado a esta “teoría de la conspiración neoliberal”, los “campistas” como Villalta y Ulloa insisten en señalar que los gobiernos de corte progresista se encuentran inmersos en un campo de disputa con los sectores neoliberales. La deriva táctica de esta valoración consiste en convertir a la izquierda en un “punto de apoyo” para sus facciones más progresistas o, lo que es lo mismo, ser la “pata izquierda” del gobierno. Al respecto Villalta sostiene que “los cambios que nuestro pueblo demanda requiere inevitablemente la constitución de una gran coalición popular que agrupe sin sectarismos a las fuerzas políticas del amplio arco progresista –desde la izquierda democrática hasta socialcristianos y socialdemócratas cansados de la robadera y dispuestos a volver a las raíces- así como movimientos sociales y ciudadanía consciente, con el claro objetivo de que nuestra patria despierte, por fin, de la larga noche neoliberal.”

 

En el imaginario político de Villalta la tarea de la izquierda se limita a salir de la “noche neoliberal”, para lo cual nos aconseja hacer una coalición con… ¡la derecha que no roba! Villalta reduce la izquierda a una alternativa estrictamente antineoliberal, en la cual no tiene cabida ningún tipo de planteamiento que apunte a romper con las relaciones de explotación y opresión que imperan en el capitalismo. Pero lo más absurdo del caso, es que incorpora en el campo progresista a los socialdemócratas “dispuestos a volver a las raíces”…Nos parece oportuno recordarle a Villalta que esos socialdemócratas de “primera generación” fueron acérrimos anti-comunistas, que ilegalizaron al Partido Comunista en 1948 (¡tradición que el FA dice reivindicar!), cometieron el asesinado de los mártires del Codo del Diablo e ilegalizaron al 80% de los sindicatos existentes en 1949.  ¡Si con Ulloa el contenido de la categoría progresista era ya contradictorio desde una postura de izquierda, en el caso de Villalta se transforma en un verdadero disparate que ni siquiera cuenta con alguna densidad histórica!

 

¿Qué posición sostener ante el gobierno del PAC?

 

Esta orientación explica que el FA sea actualmente la “oposición aliada” de Solís, levantando falsas expectativas de cambio en el gobierno del PAC entre los amplios sectores de la clase trabajadora, los sectores explotados y oprimidos que referencian al FA y su bancada legislativa como una alternativa de izquierda.

 

En 1904 Rosa Luxemburgo sintetizó brillantemente cómo debía comportarse un partido de oposición de izquierda en el parlamento: “La pelea de discursos es útil como método parlamentario sólo para un partido combativo que está buscando apoyo popular. Dar un discurso en el parlamento, esencialmente, es siempre hablar hacia afuera de la ventana”. Contrario a esto, los diputados y diputadas del FA, antes que asumirse como “tribunos de izquierda” que fomentan la movilización independiente del gobierno desde sus curules, se concentran en realizar discursos orientados al “lobby” político con las facciones “progresista” del PAC y el gobierno, apostando a conformar una alianza electoral de cara a las elecciones municipales del 2016.

 

Desde el NPS nos diferenciamos totalmente de esta perspectiva de Ulloa y Villalta, pues la misma solo conduce a transformar a la izquierda y los movimientos sociales en la “pata izquierda” del PAC. Por estos nos delimitamos enfáticamente por la independencia política ante el gobierno en todos los sectores y frentes donde intervenimos, partiendo de que la izquierda revolucionaria debe posicionarse ante un gobierno a partir de un ángulo de clase, es decir, desde los intereses históricos de la clase obrera y los sectores explotados y oprimidos.

 

Desde el NPS continuaremos exhortando a la clase trabajadora, los sectores explotados y oprimidos, para movilizarse de forma unificada y con independencia del gobierno del PAC en defensa de sus reivindicaciones. Además proseguiremos con la construcción de nuestro partido a nivel nacional, tarea para la cual invitamos a todos y todas nuestras lectoras a realizar una experiencia militante con el NPS.

 

Víctor Artavia

Nuevo Partido Socialista – SOB

 

 

 

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