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Al filo del cierre de esta edición el país cayó en lo que se llama “default selectivo” de la deuda externa. Es decir, no una cesación masiva de pagos de toda la deuda, sino de una serie de pagos parciales con jurisdicción en los tribunales de Nueva York y que no pudieron ser concretados por el fallo del juez Griesa. Un fallo que embarga los fondos para hacer pagos a los tenedores de deuda que ingresaron en los canjes del 2005 y 2010 hasta tanto no se acuerde con los buitres.

 

Las tribulaciones de un pagador serial

 

Lo primero que hay que despejar de entre la confusión es cuál ha sido la verdadera orientación del gobierno en toda esta “novela”. El kirchnerismo ha sido hábil en presentar su política negociadora como una nueva “gesta nacional” enmarcada en su relato de “lucha contra los mercados”. En verdad se trató, más que nada, de una campaña mediática: en los tiempos posmodernos donde la realidad no contaría y casi lo único que importa es el “mundo de lo virtual”, el gobierno se limitó a escenificar discursos altisonantes pero no a convocar ninguna medida de movilización popular real (no pantomimas como el “Cabildo Abierto”) para sostener su posición “soberana”.

Esto viene ocurriendo no solamente en razón de que ningún gobierno patronal recurriría a una movilización real desencadenando un proceso antiimperialista. Existe un elemento mucho más menudo y sencillo que puede quedar opacado detrás de tanta verborragia: lo único que quiere Cristina es pagar; ésa es la realidad pura y simple. El problema es que no puede hacerlo en cualquier condición, porque eso pondría en riesgo las reestructuraciones de la deuda realizadas en los años 2005 y 2010, canjes en los que entraron el 93% de los acreedores y a los que se les viene pagando puntualmente desde entonces.

Es decir, lo que el gobierno y todos sus adláteres del Movimiento Evita, La Cámpora y demás agrupaciones “progresistas” que los secundan vienen escondiendo (detrás de la consigna de “patria o buitres”) es, simplemente, que se busca una condición negociadora más favorable pero siempre para pagar la deuda, nunca para no pagar.

Si esto es así, ¿por qué entonces no se pudo llegar a un acuerdo cuando, incluso, los mercados ya estaban en plena euforia descontando que era un hecho? Básicamente, el problema es que en la negociación el oficialismo tiene una limitación real: a finales de año vence la cláusula RUFO firmada en el 2005 y 2010, que señala que si algún acreedor logra un acuerdo más favorable que los que entraron en la reestructuración (que tuvo quitas en el reconocimiento de la deuda de hasta el 50% o más), todos los demás acreedores tendrían derecho a reclamar lo propio.

En estas condiciones, y a pesar de que el kirchnerismo ha hecho pagos en esta década por casi 200.000 millones de dólares, al gobierno se le vendría abajo todo lo actuado, se volvería a fojas cero y ahí sí que se volvería a decretar una cesación de pagos global, con cifras impagables fácticamente.

Desde el punto de vista político, en todo caso, las circunstancias muestran los límites del relato K del “desendeudamiento” y de “ganar soberanía pagando”… A propósito de la muerte del “Padrino” del fútbol argentino, Julio Grondona, un analista económico recordó su “todo pasa” para agregar que lo “único que no pasa es el endeudamiento del país”. Y, efectivamente, en la medida en que ese endeudamiento es un mecanismo de sometimiento estructural de la Argentina al mercado mundial dominado por el imperialismo, de ninguna manera podría ser resuelto pagando y debilitando aún más al país económicamente. Como ejemplo señalemos que la cantidad de fondos girados al exterior en materia de pago de la deuda externa, fuga de capitales, etcétera, en la última década ha sido sideral, y si no hubiera ocurrido, las reservas del Banco Central estarían en 200.000 millones de dólares o más, colocando al país, desde el punto de vista financiero, en una situación completamente distinta. La solución a esta subordinación histórica del país solamente puede venir de medidas de fondo como el no pago de la deuda, algo sobre lo que volveremos más abajo.

 

¿Cuánto durará la cesación de pagos?

 

A estas horas el principal interrogante es si la cesación de pagos parcial que acaba de ocurrir se extenderá en el tiempo o será cosa sólo de unas horas o días. Es difícil, realmente, hacer pronósticos ciertos en la medida en que hay una serie de factores e intereses cruzados… y que el juez Griesa opera con una racionalidad alejada de cualquier criterio político (y hasta parece gagá, como sugirió el New York Times). Por ejemplo, el FMI volvió a cuestionar su fallo porque pone en riesgo las demás reestructuraciones de deuda externa, un mecanismo habitual cuando hay crisis financieras en los países y se “reordenan” las cosas bajo la supervisión de ese organismo.

Sin embargo, en el subibaja de los mercados que alternan la euforia y la depresión en cuestión de horas y hasta minutos, parecen haber varios escenarios abiertos, sobre todo dos.

El primero es que en los próximos días la cosa se arregle por la vía de lo que se llama un “acuerdo privado” por intermedio del cual, a partir de determinadas garantías del gobierno, un sector de bancos privados del país le compre sus títulos a los buitres alcanzados por el fallo de Griesa, y luego el gobierno los recompre a partir del 2015, escapando así a la famosa cláusula RUFO. El problema de esta salida, entre otros, es que si el gobierno no da las suficientes garantías (del tipo que fuere), los privados se terminen echando atrás de manera definitiva.

El segundo es que el default se termine “consolidando” hasta fin de año, manteniendo negociaciones más o menos abiertas o en las sombras, manteniendo la pirotecnia verbal pero sin tomar ninguna otra medida que afecte el pago a los acreedores, y llegado enero de 2015 se enderecen las cosas hacia un acuerdo final.

En todo caso, lo que podemos descartar claramente, más allá de todas las frases gubernamentales, es que no se vaya a pagar; eso no va a ocurrir, y menos que menos acompañar esto con medidas de protección de la economía nacional para poder llevarla adelante sin que se hunda la economía del país.

 

Las consecuencias del actual default

 

Antes de explicar cómo sería realmente un no pago de la deuda externa, respondamos las preguntas que se están haciendo ahora muchos trabajadores acerca de las consecuencias de este nuevo default, el segundo en 13 años. Por un lado, la realidad es que de ninguna manera es tan dramático como el de una década atrás, cuando el país se encontraba en una lisa y llana catástrofe económica y la cesación de pagos se impuso sobre el total de la deuda, una de las suspensiones de pago de la deuda más grandes de la historia económica mundial.

Si, contradictoriamente al relato oficial (que cala entre amplios sectores), incluso esa cesación inconsecuente de los pagos tuvo efectos en lo inmediato beneficiosos (paró el chorro de esa sangría de recursos) y no se vinieron encima del país las siete plagas de Egipto que siempre se habían anticipado, de todas maneras fue un evento mayor que no es lo que se está viviendo actualmente.

En estos momentos lo que está ocurriendo es un “default selectivo” de algunos pagos de la deuda externa, pero que no abarca a toda la deuda. Recordemos, sin más, que dos días atrás se pagaron 600 millones de dólares de la primera obligación de pagos con el Club de Paris sin ningún problema.

Sin embargo, esto no quiere decir que un default “limitado” no vaya a tener consecuencias económicas. La economía argentina viene debilitada por efecto de una crisis simultánea inflacionaria y recesiva. La economía nacional perdió competitividad por el aumento de los precios contra el valor del dólar, y desde el verano el gobierno viene administrando la receta de un ajuste ortodoxo para recuperar esa competitividad perdida a costa del salario, el empleo y el nivel de vida de los trabajadores.

Parte de esta realidad son los durísimos conflictos que se están viviendo en la industria automotriz, como la gesta del puente-grúa en Gestamp, protagonizada por nueve trabajadores de esa planta a la cabeza de decenas de compañeros despedidos, o el caso ahora de Lear con sus bloqueos de accesos a la planta y movilizaciones al Ministerio de Trabajo, además de la ocupación por parte de los compañeros de la EmFer de su planta.

Pero, en cualquier caso, una cesación de pagos, aun parcial, si se consolida en los próximos días incrementará sus efectos negativos: disparada del dólar (a la que seguirá la de los precios) y encarecimiento del crédito nacional e internacional, lo que introduce un factor recesivo multiplicado en la economía.

 

Un programa para no pagar

 

Una cosa muy distinta y que el kirchnerismo no va a llevar a cabo es decretar políticamente un no pago de la deuda externa en regla, como decisión soberana del país para recuperar sus recursos.

Acá es importante establecer una diferenciación elemental entre el default y el no pago de la deuda externa. Un default es un hecho económico que se produce de hecho, cuando un país no puede afrontar sus pagos. Así ocurrió en medio de la crisis brutal del 2001. Y así vuelve a ocurrir hoy, aunque de otra manera, a partir del fallo del juez Griesa. Es verdad que el gobierno no está aceptando cualquier condición porque eso significaría poner en cuestión todo lo actuado desde el 2005. Pero eso no significa que esté cambiando su política y se oriente a no pagar la deuda externa como decisión soberana. Todo lo contrario: se trata, simplemente, de persistir en la estrategia K de pagar el 100% de la deuda como ha dicho Cristina, pero sin que se le venga abajo todo el andamiaje de “pagador serial” de la última década.

La superficial pátina progresista de los K nunca llega hasta tomar las medidas que un verdadero no pago de la deuda debería significar. Ya hemos señalado como, paradójicamente incluso para todos los relatos de los gurúes económicos, la cesación de pagos del 2001 tuvo efectos beneficiosos que impidieron transitoriamente el drenaje de fondos del país hacia el exterior, y sirvió en los hechos para la recuperación económica.

Pero la declaración de un no pago en serio tiene dos condiciones: a) llamar a una movilización popular por el no pago; poner en pie al país contra los buitres, los acreedores externos y los grandes capitalistas que se chupan el trabajo de la clase obrera argentina, y b) tomar medidas revolucionarias que acompañen esta declaración de no pago, evitando que se vuelva contra el país con las medidas de represalia que tomen los capitales imperialistas, sus instituciones y gobiernos por un curso así. Sin ir más lejos, podemos recordar aquí que México sufrió un bloqueo marítimo en 1938 por parte de EE.UU. cuando nacionalizó el petróleo. Si bien, evidentemente, los desarrollos hoy no tienen ni de cerca ese dramatismo, sirven de ilustración de las contrarréplicas imperialistas cuando se toman medidas contra sus intereses.

Hay medidas que son elementales y se pusieron en práctica en condiciones revolucionarias o, inclusive, bajo gobiernos nacionalistas burgueses en el siglo pasado.

La primera pasa por el monopolio del mercado de divisas: que ningún dólar pueda entrar o salir del país sin el control del Estado. La segunda refiere al monopolio del comercio exterior en general, lo que suma tanto los flujos financieros como comerciales en materia de divisas. La tercera pasa por la nacionalización de la banca, evitando así los movimientos especulativos de divisas, y que todos los depósitos pasen a estar controlados por el Estado. Desde ya que por el control de este Estado no pensamos en los tránsfugas K, sino que todas estas medidas se coloquen bajo control de los trabajadores.

Pero hay más: es probable que las multinacionales –y también los capitalistas “nacionales”, que muy patriotas no son– quieran amenazar con despedir trabajadores o cerrar sus plantas en un escenario así. Pues bien, a toda empresa que amenace con el vaciamiento de sus plantas hay que ponerla bajo control de los trabajadores y, llegado el caso, pasar a la expropiación.

 

Organicemos una gran marcha de Congreso a Plaza de Mayo por el no pago

 

Aquí entra el triste papel de la izquierda en la materia hasta el momento. El FIT no ha movido un dedo por el no pago de la deuda externa en este largo mes que ha pasado desde el fallo del juez Griesa; es más, ni siquiera ha sido capaz de sacar una declaración como frente al respecto. Como hemos señalado y más allá de honrosas excepciones como nuestro partido, no se ha salido a disputar la campaña del gobierno, ni se han hechos esfuerzos consecuentes para que amplios sectores de masas se politicen alrededor del tema y se transformen en una base social para una pelea por el no pago. En la opinión pública parece dominar la idea de que “pagarle a los buitres es injusto, pero no queda otra”. No sabemos si con los nuevos hechos esto podría cambiar. Pero es una realidad que si la izquierda sigue sin hacer nada, será imposible ayudar a un progreso en la conciencia o percepción del tema por parte de los más amplios sectores.

Llamamos a los compañeros del FIT y a los más amplios sectores que están en contra del pago de la deuda externa a reunirnos y poner en pie una verdadera campaña y una movilización nacional de Congreso a Plaza de Mayo por el no pago, en una amplia movilización obrera y popular que recoja, a la vez, la bandera del triunfo de los conflictos que están en curso. Nada revela más abiertamente el doble discurso K que ver cómo mientras hace pasos de esgrima contra los buitres, aplica a rajatabla el plan “normalizador” en las fábricas, imponiendo el ajuste para intentar “limpiarlas” del activismo y la izquierda.

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