Temas: ,

 

La barbarie capitalista encerrada en “hogares de niños”

 

Centenares de niños alojados en el albergue La Gran Familia ubicado en Michoacán, México, se encontraron en deplorable situación física y psíquica, víctimas de abusos y de sometimiento a trabajo esclavo, siendo utilizados en la mendicidad pública, entre otras aberraciones. Muchos de ellos habían sido robados literalmente a sus familias e inscriptos como hijos de la titular de la institución. Eran arrojados allí voluntaria o involuntariamente por sus familiares acosados por la miseria extrema y con la expectativa de que allí tendrían una vida más digna. Se les obligaba a firmar un documento por el cual se comprometían a no reclamar a sus hijos hasta que cumplieran 18 años. Ni aun con papel de por medio, se les negaba luego que volvieran con su familia. Cargos que ni la misma Mamá Rosa, responsable del lugar, negó en sus declaraciones.

Gran estafa de los gobiernos y sus protectores. Bajo el paraguas de la beneficencia, se escondía un descomunal ataque a un sector de la población más vulnerable: los niños migrantes del país, de Centroamérica y sus familias.

Este “descubrimiento” es la revelación pública de una parte de la tragedia. Lo que siguió a él es aún peor. Los defensores de la existencia de semejante institución “benefactora”, escudándose en la honestidad y bondad demostrada durante años de Mamá Rosa, salieron a denunciar el allanamiento del lugar y a proteger a su titular. Titular que seguramente no es la máxima responsable, pero a través de su figura esconden su apoyo a la vejación y la prostitución infantil.

Después de todo, argumentan los defensores del hogar, eran chicos pobres que si estaban en la calle, iban a estar delinquiendo. Conclusión: mejor que fueran utilizados por el negocio capitalista de la trata y venta de niños, corrupción y prostitución. De esa forma, eran útiles al bolsillo de sus explotadores. Y posteriormente, si crecían dentro de ese lugar, se transformaban en adultos que seguían siendo útiles al mismo fin.

Destacadas personalidades de la cultura y de la ciencia salieron a respaldar a la responsable del lugar. Entre ellas, el escritor e historiador Enrique Krauze (que argumentó como prueba de decencia que la reina Isabel II había donado un gimnasio para la institución), el Premio Nobel de Literatura francés Jean-Marie Gustave Le Clézio y el Premio Cervantes, Elena Poniatowska. El ex presidente Vicente Fox fue otro de los encolerizados por la clausura efectuada por las fuerzas gubernamentales. Criticó duramente al gobierno federal y expresó que el allanamiento se debió a presiones de EEUU por el tráfico de migrantes a través de la frontera.

No quedó por fuera de los personajes que manifestaron su disgusto el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de la Ciudad de México.

Salieron en la defensa incondicional de Mamá Rosa pero ninguno dijo una palabra sobre los sufrimientos de los niños y adultos allí recluidos. Presiones mediante o no, la crítica al gobierno es por haber cerrado el lugar, no por haber permitido las atrocidades cometidas seis décadas de existencia de la institución.

El secretario de Gobernación anunció que se están revisando todos los albergues, porque el de Mamá Rosa no es una aguja en un pajar. Es parte de los innumerables edificios donde se refugian en condiciones infrahumanas las masas de migrantes que recorren el país en un tren de carga que tiene un nombre que no oculta su función: La Bestia.

Rosa Verduzco recuperó su libertad, seis de sus colaboradores quedaron detenidos. El ex presidente Fox está al frente de la campaña para reabrir el hogar de niños. La investigación de los hechos y el castigo a los responsables nunca existió para el gobierno, para los defensores del lugar, para los políticos patronales, para la Iglesia…

En nuestro país, aun con el padre Grassi preso, hay denuncias que desde el penal de Campana el padre seguía haciendo sus negocios y en este caso, desviaba fondos hacia allí desde la fundación Felices los niños. Hace horas, al gobierno de la Provincia de Buenos Aires no le quedó otra alternativa que intervenir el lugar, ya que desde ya, los únicos perjudicados por el desvío de fondos eran los menores allí alojados, que sufrían pésimas condiciones de vida.

Barbarie capitalista cotidiana. La lucha internacional de los explotados y oprimidos es la única que podrá erradicarla, construyendo sobre sus escombros una sociedad más justa y equitativa: una sociedad socialista.

Ana Vázquez

 

Dejanos tu comentario!

  • IzquierdaWeb