Por Ale Kur

El calendario británico está fijado en una fecha muy precisa: el 29 de marzo de 2019. En ese momento, el Reino Unido quedaría oficialmente afuera de la Unión Europea, cumpliendo así el mandato del Brexit votado en el referéndum de junio de 2016. O por lo menos, este es el escenario que viene planteando el gobierno británico desde fines del año pasado, si los acontecimientos no siguen un curso inesperado.

Según estos plazos, a la clase política británica le restan alrededor de 9 meses para terminar de negociar con la Unión Europea los términos de la ruptura –o posiblemente menos, dada la impaciencia de los negociadores de la UE que quieren definiciones para mediados de octubre. En caso de fallar todas las negociaciones, se iría a una ruptura sin acuerdo, lo que los medios caracterizan como un “escenario apocalíptico”. Se caerían en el acto todas las regulaciones sobre comercio y transporte que rigen las relaciones entre ambas partes. Según las versiones más amarillistas, esto implicaría un desabastecimiento en pocos días de buena parte del país, el impedimento de que los aviones británicos puedan despegar del suelo, etc.

Más allá de la realidad o no de estas suposiciones, lo cierto es que el gobierno encabezado por Theresa May (Primera Ministra británica, del Partido Conservador o Tories) se encuentra fuertemente presionado a llegar a un entendimiento con la UE. En este marco, el gobierno presentó a comienzos de julio una propuesta de acuerdo, conocido como plan de Chequers. Éste estaría enmarcado en lo que algunos denominan “Brexit blando”: el Reino Unido saldría formalmente de la Unión Europea, pero se mantendría en los hechos en su mercado común evitando fronteras físicas (lo que evitaría, entre otras cosas, una separación dura entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda). A cambio obtendría autonomía para establecer tarifas propias hacia países no europeos, así como para firmar con ellos acuerdos comerciales propios. Por otro lado, el acuerdo acabaría con la libre circulación de personas de la UE hacia Reino Unido, una de las principales demandas de los partidarios del Brexit.

Esta propuesta de acuerdo se encuentra de entrada con enormes dificultades. Entre ellas, que el negociador jefe de la Unión Europea, Michel Barnier, rechazó algunos de sus elementos claves, al considerar que la UE no puede delegar en un país externo funciones de control y recaudación de aduanas.

Pero las mayores dificultades son las que May enfrenta en la política interior: la presentación de la propuesta provocó una crisis política entre las filas del gobierno. Renunciaron inmediatamente dos funcionarios clave: David Davis, responsable de las negociaciones con la UE, y Boris Johnson, ministro de Exterior y principal adalid de un “Brexit duro”. Entre las bases pro-Brexit del Partido Conservador se desató una auténtica rebelión: las encuestas señalan que la mayoría de ellos se sienten “traicionados” por el gobierno, y la mitad consideran que Theresa May debería renunciar. La popularidad de la primera ministra cayó a mínimos históricos. La razón de toda esta furia es que en los últimos años vino avanzando, entre esos sectores conservadores, un sentimiento cada vez más nacionalista, con rasgos xenófobos, racistas y pro-imperialistas.

El Brexit desde su comienzo fue agitado por demagogos de ultraderecha, como el partido UKIP de Nigel Farage. Estos personajes lograron capitalizar un fuerte descontento entre amplios sectores de la sociedad británica, en especial del interior del país, entre los menos educados y entre la clase trabajadora “cuello azul” (es decir, de la manufactura). Sectores golpeados por la larga crisis iniciada en 2008 y por las políticas de austeridad que implementaron los gobiernos, pero también por los efectos de décadas de globalización neoliberal (que produjo una fuerte deslocalización industrial) y por el declive estructural del imperialismo británico a lo largo de todo el siglo XX y XXI. Pero la agitación de los derechistas se aprovechó de este descontento para canalizarlo contra los inmigrantes, contra los árabes y musulmanes, así como contra los valores multiculturales y progresistas en general. De esta manera, se desvió la atención de los verdaderos responsables de la crisis: los grandes capitalistas del Reino Unido, de Europa y del mundo, así como sus agentes políticos y sociales.

Estos sectores conservadores fueron azuzados aún más por una serie de atentados sobre el suelo británico, adjudicados al jihadismo (terrorismo religioso de origen islámico). Estos ataques les sirvieron de pretexto para señalar como responsables al conjunto de la comunidad árabe y de los refugiados de guerra de Medio Oriente. Se vigorizaron también con el triunfo y el gobierno de Trump en Estados Unidos, así como con los éxitos políticos y electorales de la ultraderecha europea (Front National en Francia, partidos derechistas en Austria, Alemania, etc.). De esta manera, se produjo una fuerte radicalización hacia la derecha, por lo que amplios sectores del conservadurismo pro-Brexit no están dispuestos a aceptar ninguna variante “suave” del mismo: quieren una ruptura profunda, que deje planteada una agenda nacional-imperialista al estilo de Trump y su “América Primero”.

También crece el cuestionamiento desde la izquierda

Pero al mismo tiempo que el gobierno de May se encuentra asediado desde la derecha, crece también la perspectiva opuesta.

En primer lugar, es necesario resaltar la movilización de más de 100 mil personas (algunos sostienen hasta 250 mil) que se realizó recientemente en varias ciudades del Reino Unido contra la visita de Donald Trump[1]. El contenido de la protesta fue el rechazo a la xenofobia, el racismo y el machismo que predica el mandatario norteamericano. Por elevación, fue un golpe también contra las tendencias derechistas que vienen adquiriendo un lugar cada vez más visible en la política del propio Reino Unido, y contra las políticas de austeridad del gobierno Tory.

Por otra parte, en estas semanas se fortaleció más que nunca el liderazgo de Jeremy Corbyn, dirigente de izquierda (reformista) del Partido Laborista que se opone a las medidas de austeridad y plantea una redistribución progresiva de la riqueza. Aparece en las encuestas con una cierta ventaja sobre los conservadores: en caso de realizarse elecciones adelantadas, su partido podría ganarlas y designarlo como Primer Ministro. Esto profundiza la tendencia que se pudo observar en las últimas elecciones, en las que el laborismo de Corbyn obtuvo un resultado mejor de lo que todos esperaban.

El propio Brexit se encuentra cuestionado por sectores cada vez mayores de la población. Según encuestas, por lo menos la mitad de los ciudadanos del Reino Unido consideran que es necesario convocar a un nuevo referéndum una vez que se conozcan los términos del posible acuerdo. Allí se consultaría entre tres opciones: 1) aprobar el plan acordado entre el gobierno y la UE para un “Brexit suave”, 2) salir de la UE sin acuerdo, o 3) permanecer en la UE. En ese escenario hipotético, el diario español El País adelanta la siguiente tendencia: “preguntados sobre cuál de las tres opciones apoyarían, el 48% dice que preferiría seguir en la UE, el 27% optaría por salir sin acuerdo y sólo el 13% optaría por el plan de May.”[2]. Es decir, los partidarios de evitar toda forma de Brexit serían prácticamente la mitad de los ciudadanos del Reino Unido, por lejos la primera minoría entre todas las opciones.

El auge de la ultraderecha en las calles

El panorama de fuerte polarización política se completa con otro elemento: el auge de los grupos ultraderechistas que toman las calles enarbolando sus banderas racistas y xenófobas.

En los últimos tiempos se formaron varias organizaciones de este tipo, como los llamados “Democratic Football Lads Alliance’s”. Esta organización (formada en gran parte por hooligans, equivalentes británicos a los barrabravas), junto a grupos neonazis, el UKIP, etc., realizaron movilizaciones de varios miles de personas (se habla de hasta 15 mil), bajo la supuesta consigna de “combatir al extremismo”. Sólo que bajo esa formulación inocua se esconde algo mucho más siniestro: el odio visceral a toda la comunidad árabe e islámica, a la que se le atribuye una naturaleza “extremista”.

Estos grupos se pusieron nuevamente de pie en una campaña para liberar a Tommy Robinson, uno de sus referentes que se encuentra actualmente en prisión. La situación se agrava fuertemente debido a que esta campaña recibió el apoyo de cientos de miles de personas, que firmaron una solicitada exigiendo la liberación del dirigente fascista. Aparentemente existe una amplia caja de resonancia para las corrientes de ultraderecha entre las bases pro-Brexit del Partido Conservador. Amplios sectores estarían inclusive dispuestos a votar a un partido abiertamente racista e islamófobo, según señalan encuestas.

Pero el peligro más acuciante es que estos grupos ultraderechistas pueden no limitarse a realizar manifestaciones, sino emprender acciones de choque directo contra la izquierda, los inmigrantes y los explotados y oprimidos en general. El partido trotskista británico Socialist Workers Party denuncia en su prensa que esto es exactamente lo que ocurrió hace algunas semanas[3]: los fascistas atacaron violentamente a un grupo de militantes sindicales luego de una movilización contra el racismo.

En síntesis, el Reino Unido atraviesa una importante crisis política, en gran parte derivada o agravada por el Brexit y sus complicaciones. Esta crisis provoca una polarización cada vez mayor: el “centro político” se debilita y crecen las corrientes que cuestionan el decadente “statu quo”, tanto desde la derecha como desde la izquierda. En la próxima etapa, se irá a una pelea cada vez mayor entre ambas tendencias por la hegemonía política, y también por el control de las calles. La evolución política del Reino Unido y el destino del “Brexit” dependen en gran parte de cómo resulte esa disputa. Es necesario derrotar al racismo y la xenofobia, conquistando una salida de los trabajadores, las mujeres, la juventud, los inmigrantes y todos los grupos sociales oprimidos.

[1] Ver al respecto: “Masivas protestas en Reino Unido contra la visita de Trump”, Por Fernando Klaus, SoB 478, 19/7/18. http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=11498

[2] “La mitad de los británicos apoyaría un segundo referéndum del Brexit”, Pablo Guimón, 30 jul 2018 https://elpais.com/internacional/2018/07/30/actualidad/1532977890_552753.html

[3] « Nazi attack on anti-racists and trade unionists shows threat of far right », by Tomáš Tengely-Evans. Tue 17 Jul 2018 https://socialistworker.co.uk/art/46908/Nazi+attack+on+anti+racists+and+trade+unionists+shows+threat+of+far+right

 

Dejanos tu comentario!

  • Nuestra Prensa – SoB 480

  • Suscribite para recibir las novedades y comunicados del Nuevo MAS

  • en esta edicion