por Roberto Sáenz

Estaban todos unificados en contra nuestro: el gobierno, el sindicato y la fábrica en contra de nosotros, siempre es así, sigue siendo así y va a seguir siendo así”

10 días atrás falleció el “Topo”, un compañero obrero de enorme trayectoria que fue militante del Viejo MAS en la época de la ocupación histórica de la Ford en 1985, y que también colaboró en las etapas previas de la puesta en pie del Nuevo MAS.

El “Topo” era un dirigente obrero socialista revolucionario de enorme calidad humana y política. Se puede decir que en la Zona Norte del Gran Buenos Aires, fue una figura que perduró por muchos años, aun estando despedido de la Ford luego de la ocupación.

Como él mismo cuenta en el reportaje de estas páginas, el “Topo” era un gran jugador de fútbol que llegó a jugar unos años a finales de los años 70 en la Primera División en Canadá. El hecho que fuera un jugador fuera de serie hizo a los primeros elementos de popularidad entre sus compañeros, más allá que era un gran activista y luchador que había llegado a la izquierda por inspiración de la figura del Che Guevara (como el mismo me contó una vez).

Personalmente, la realidad es que conocí al “Topo” luego de toda esta experiencia, cuando ya estaba despedido de la Ford y trabajando, como lo hizo por muchos años, en negro en una fábrica de zapatos en Belgrano.

El “Topo” que conocí ayudó muchísimo a sacar conclusiones de la crisis del Viejo MAS y, más en general, a intentar pensar con la cabeza abierta el por qué de la caída del estalinismo, en el balance de la degeneración del Estado obrero.

Militamos juntos durante mucho tiempo en el mismo equipo obrero de la proto-regional norte del Nuevo MAS durante gran parte de los años 90, de los duros años 90, así como a comienzos de los años 2000. Sacando orientaciones para la etapa final de la Corni fundiciones de Pacheco, para la Armetal (hoy Metalsa, en la que no hicimos pie en esos años pero atendíamos), sosteniendo volanteos sobre la Ford (a los que el “Topo”, comprensiblemente, nunca quiso asistir), ayudando en algunos núcleos iniciales en la orientación para el movimiento de desocupados FTC (movimiento vinculado al Nuevo MAS); en fin, intentando formar una camada de compañeros obreros que ya eran relativamente grandes pero más jóvenes de todos modos que el propio “Topo”.

Incluso personalmente hice mi escuela política en el seno de la clase en ese equipo y al lado del “Topo” que, políticamente, era de una gran generosidad, muy inteligente, dirigente, fraternal, político, nada subjetivo, un compañero muy capaz.

El “Topo” era una figura en Los Polvorines y toda la Zona Norte: lleno de amigos por aquí y por allá, de viejos compañeros militantes del Viejo MAS y de la izquierda, de viejos compañeros de sus equipos de fútbol, de viejos compañeros obreros de la Ford, de viejos compañeros por todos lados.

El “Topo” se negó prácticamente a ir al médico, algo típico en compañeros trabajadores de su generación. Murió joven: a los 67 años de edad y hace varios años que personalmente no lo veía.

Y murió como obrero que era; esto en el sentido de que de alguna manera las estrecheces económicas lo acompañaron toda la vida; quizás más que a otros compañeros trabajadores, aunque también podía darse sus gustos (como tener siempre coche por más venido abajo que él mismo estuviera).

El “Topo” resume como hay toda una vida obrera no contada; resume la vida de un viejo dirigente y luchador obrero de la izquierda que peleó siempre contra la burocracia y la burguesía; que tenía una convicción profunda de su lugar en el seno de la clase obrera, que hasta podría afirmar que tenía un inmenso orgullo alrededor de esa pertenencia.

Cuando fallece un compañero como el “Topo” uno siempre se siente en falta en el sentido del dolor que produce que la tarea de la revolución y el socialismo no estén resueltas; pero la historia y la lucha de clases son así: una historia abierta: una tarea colectiva de generaciones, de compañeros y compañeras provenientes de distintas clases sociales, una tarea colectiva en la cual el “Topo” dejó muchísimas enseñanzas y en la cual nos formamos muchos compañeros junto con él, aprendiendo de él.

Así que nada, desde estas líneas te despido con un enorme abrazo socialista y revolucionario; así como también aprovecho para mandarle un cándido abrazo a toda su familia en este difícil momento. Como aconsejaba Marx: la cosa es luchar, siempre luchar, luchar y trabajar para seguir delante de esa perspectiva y este sueño colectivo que es el socialismo y la emancipación de la clase obrera: ¡hasta el socialismo siempre querido “Topo”!

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