Las perspectivas electorales del gobierno con signos de interrogación

“Ellos dicen que invertirán cuando vean al país mejor. Pero si no lo hacen, no estará mejor y al gobierno no le irá tan bien. Es la profecía autocumplida. Nosotros ponemos la cancha en condiciones. Pero ellos no apuestan, no invierten [se quejó un funcionario oficialista]” (La Nación, 14/05/17)

Mientras Macri está de paseo por China y otros países del Oriente, en los últimos días la economía prendió todas las alarmas. La producción no se recupera; sin embargo, la inflación alcanzó el 2.6% en abril, lo que anualizado bordea un 30% de aumento de los precios para este año. Simultáneamente, se anunció que la mitad de los argentinos tienen ingresos por debajo de los 8.500 pesos mensuales, una miseria espantosa que junto con la disparada de la inflación y a pesar de las agachadas insignes de los caciques sindicales, mete presión sobre las paritarias que falta firmar.

¿Cómo seguirá la coyuntura? ¿En qué condiciones realmente llegará al gobierno para las elecciones? Nos dedicaremos a estas cuestiones en este editorial.

Sangre, sudor y lágrimas

La situación económica es muy grave; las cosas se potencian porque este año hay elecciones de medio término que, como todo el mundo sabe, son esenciales para las perspectivas del gobierno.

Macri viene del golpe de la derrota en las calles del 2×1; es verdad que en el Congreso se apresuró un acuerdo parlamentario entre Cambiemos y el Frente para la Victoria, y que en el acto en Plaza de Mayo los organismos de derechos humanos no nombraron a Macri.

Se pagó un importante costo político y no se logró escamotear que fue la movilización y el masivo repudio social lo que puso las cosas en su lugar. Las relaciones de fuerzas sobre todo en el terreno democrático siguen intactas y a la burguesía le va a costar muchísimo relegitimar a las fuerzas armadas frente a la sociedad; una conquista desde los de abajo que, como señalamos, viene desde el año 1983 y que caracteriza al país a diferencia de muchos otros del mundo y la región.

Sin embargo, en todo caso, este retroceso político en la agenda reaccionaria gubernamental no es lo que decide una elección. De ahí las alarmas encendidas justo cuando Macri subía al avión rumbo a China: el deterioro de la economía.

Ocurre que la escalada de los precios marcó el 2.6% en abril, algo que estaba por fuera de todo cálculo de parte del oficialismo. Ya parece un chiste que el gobierno haya colocado en el presupuesto un objetivo inflacionario para este año de entre el 12 y el 17%… Proyectando casi el 10% del primer cuatrimestre ya estaríamos en algo en torno al 30% en el año.

Mientras tanto, la producción sigue dando señales mixtas, esto en un contexto donde el FMI afirma que Latinoamérica como un  todo será posiblemente la región del mundo que peor le vaya este 2017 y cuando Brasil luego de caer casi un 8% los últimos dos años, este año se “recuperaría” por algo en torno al 0.5%: una miseria espantosa.

Si de miseria hablamos, apareció también el dato de los ingresos de los trabajadores argentinos. Sumado al dato de finales del año pasado de que un 30% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, ahora resulta que el 50% de los trabajadores del país ganan por debajo de los 8.500 pesos mensuales; mientras tanto el país se sigue endeudando a un ritmo imparable y no se ve ningún horizonte cierto de mejora: de la promesa del primer semestre se pasó al segundo, del segundo al tercero, y del tercero ya se estaría pasando al cuarto semestre del gobierno de Macri para que aparezca alguna “recuperación”…

Sin embargo, el problema se coloca en primer plano porque inmediatamente salió Sturzenegguer con el apoyo del propio Macri a aumentar las tasas de interés: el objetivo declarado es “detener la inflación” aun al costo de la recuperación económica…

Mientras tanto, además, los empresarios se quejan por lo bajo del “atraso del dólar”, el gobierno se queja por lo bajo de la “cobardía de los empresarios que no apuestan por el país”, y todos juntos se preparan para llevar adelante y apoyar el súper ajuste que se vendría después de las elecciones, que incluiría congelamiento de vacancias en el Estado, reducción brutal de los gastos fiscales y una nueva devaluación en regla de la moneda…

Casi que Macri podría parafrasear al Primer Ministro conservador de Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial cuando declaró que sólo tenía para ofrecerle a los británicos “sangre, sudor y lágrimas”, sólo que en ese caso tenía la “justificación” de una guerra colosal y en nuestro país siquiera se viene de una crisis económica general como la de los años 1989 o el 2001.

“Es la economía, estúpido”

Todo esto es muy lindo pero tiene un problema: si lo único que tiene para ofrecer, realmente, es sangre, sudor y lágrimas; ¿cómo logrará enfrentar el gobierno con éxito la ronda electoral de este año si la economía no se recupera?

La campaña electoral no termina de arrancar, entre otras cosas, porque ni el peronismo ni Cambiemos han terminado de resolver realmente sus candidatos. Como en una suerte de juego, al parecer cada uno de los actores quiere lanzarse una vez que esté claro el juego del oponente.

Por otra parte, el gobierno se muestra enfadado con los empresarios afirmando que deben pasar de las palabras a los hechos: apostar ahora si realmente apoyan al gobierno; jugárselas ahora no vaya a ser que mañana sea tarde.

Lo concreto es que una ley de la política electoral burguesa es que a los gobiernos se les hace mucho más cuesta arriba ganar elecciones con la economía en contra. De ahí viene la famosa frase que a comienzos de la década del 90 le espetara Clinton a papá Bush: “es la economía, estúpido”. Se refería a que la clave para ganar la elección era la situación de la economía, y que la misma no repuntaba en ese momento en los Estados Unidos (precisamente el momento en que Bush padre buscaba la reelección). La economía no se recuperó y Bill Clinton logró dos mandatos seguidos sobre la base del envión ascendente de la economía yanqui en los años 90 (todo el relato de la “nueva economía” basado en la tecnología que terminó viniéndose abajo cuando la crisis del 2008).

Un poco en el espejo de esta realidad debiera mirarse el gobierno; y en realidad, ya lo está haciendo, de ahí el tembladeral cuando aparecieron los datos de inflación. Ocurre que más allá de que todavía falte mucho tiempo para hacer cualquier previsión electoral seria, el gobierno no puede mentirse a sí mismo sobre la desventaja o los peligros de llegar a agosto y octubre con una economía que no da realmente visos de una recuperación; que podría alimentar tremendamente el malestar de una amplia capa de los votantes.

Obran en este sentido antecedentes en el país. Alfonsín ganó las elecciones de 1985 cuando parecía que la economía se recuperaba, pero las perdió en 1987 cuando la crisis se desató (el mandato presidencial todavía duraba seis años). Menem logró sobrevivir a sus dos primeros años en peligro logrando la reelección en 1994 con una economía que parecía ir para arriba. Pero Duhalde no lo pudo suceder en 1999 cuando la crisis que culminaría en el estallido del 2001 ya comenzaba a despuntar.

Es decir: en realidad ha habido todo tipo de combinaciones que no pueden apreciarse mecánicamente; son todo un conjunto de factores los que están por detrás de un triunfo o una derrota electoral. Sin embargo, nadie que tenga un mínimo de experiencia política pueda desconocer que llegar a las elecciones sin que se confirmen ninguna de las promesas económicas dadas a la población no es la mejor manera de afrontarlas.

En esto parece que al gobierno no le ha ayudado siquiera la enorme borrada de la CGT: su enorme traición a las expectativas del paro general. UPCN ha firmado un acuerdo entreguista por chirolas que incluso tiene la canallada de dar curso al presentismo, una medida abiertamente antisindical.

Independientemente de siquiera haber sido recibidos por Macri, de que ninguno de los reclamos del paro del 6 de abril haya sido respondido, no cuidando pudor alguno, los líderes cegetistas se han borrado olímpicamente haciéndole un inmenso favor a Macri.

Y sin embargo, de todas maneras hay paritarias que no se han cerrado en donde se tendrán que dibujar un poco más los números, dado lo ya casi “obsceno” que sería mostrarse tan arrastradamente entreguista cuando la escalada de los precios no para.

La prueba de las relaciones de fuerza

Es casi un hecho que la campaña electoral que se avecina se desarrollará no sólo con algún tipo de combinación de luchas sociales (de todas maneras, esto habrá que confirmarlo), sino a la vez bajo el signo de una economía que no se recupera.

De ahí que haya retornado en las últimas jornadas el debate alrededor del plan económico. La cosa es incluso peor: es que el gobierno promete que las medidas de ajuste brutal que sería de mal gusto continuar aplicando ahora camino ya a las elecciones, vendrían inmediatamente después de octubre.

Se habla de varias medidas. La primera, un achicamiento brutal en el Estado que congelaría vacantes (es decir, no reemplazar al personal que se jubile), lo que significaría un ahorro del gasto del 6% por año, al tiempo que una explotación del trabajo multiplicada para el resto del personal.

La segunda, se está hablando cada vez más a viva voz que el gobierno se jugaría por lo que resta del año a planchar el dólar de manera tal –junto con las altas tasas de interés- de aplacar los precios, pero que una vez finalizado el año, volvería a la carga con una nueva devaluación en regla del peso de manera tal de reponerle competitividad a los empresarios; una competitividad recuperada a costa de un saqueo brutal al salario real de los trabajadores.

Tercero, se habla de una reforma impositiva para bajar los costos patronales y “simplificar” el sistema impositivo; una reforma que dadas las características del gobierno de Macri será regresiva, seguramente buscando reemplazar “impuestos distorsivos” (como los llaman ellos) como el impuesto al cheque, por impuestos que no serían ninguna “distorsión”, como aumentar aún más los índices del IVA (que gravan de manera directa el consumo), al tiempo que se mantiene uno de los impuestos más verdaderamente distorsivos que hay, que es el impuesto a las “ganancias” de la cuarta categoría que es el impuesto al trabajo.

De ahí la importancia que tiene hacia las elecciones el presentar un programa de medidas de urgencia alternativo al ajuste permanente de macri. Venimos explorando la formulación de un Plan B para contraponer a la idea “thatcheriana” de Macri de que no habría alternativa: que es su ajuste o su ajuste, ninguna otra alternativa.

Esto recuerda otra circunstancia histórica en Inglaterra como lo fue el gobierno de Margaret Thatcher a comienzos de los años 80, gobierno pirata que no sólo nos declaró la guerra en las Malvinas, sino que simultáneamente había declarado una guerra en regla contra la clase obrera de dicho país.

La apodaban TINA, que en inglés son las iniciales de “There is no alternative” (no hay alternativas), que es justamente lo que ella afirmaba cuando se le cuestionaba su plan brutalmente antiobrero y antipopular. Tan odiada llegó a ser, que cuando falleció los trabajadores salieron a festejar su muerte a las calles al son de “la bruja está muerta”.

En cualquier caso, las relaciones de fuerzas en nuestro país no parecen dar para tanto. Ahí está el ejemplo de la derrota del 2×1, que si bien lo fue en el terreno democrático, y no es trasladable a otros terrenos como el económico-social, de todos modos tampoco se pueden establecer compartimientos estancos.

Si el gobierno sale airoso de las elecciones, quizás tenga la fuerza para volver a la carga e ir a una ofensiva más de fondo. Pero si llegara a perderlas, podría darse el escenario de una crisis política y económica en regla donde tendría que aplicar un brutal ajuste sin los atributos suficientes de poder para llevarlo adelante.

Hay una alternativa. ¡Vamos con la Izquierda al Frente a quebrar la ley proscriptiva!

En todo caso el debate sobre una alternativa desde la izquierda y los trabajadores, el Plan B, seguramente se pondrá sobre la palestra en las próximas elecciones.

Enormes tareas se nos vienen en las próximas semanas. Entre ellas, la realización de nuestro Plenario Nacional de Cuadros, la presentación de la Izquierda al Frente en todos los distritos, el acompañar las luchas que sigan marcando la coyuntura, al tiempo que poner en pie la campaña electoral con el objetivo de intentar quebrar la ley proscriptiva.

Invitamos a todos los nuevos compañeros y compañeras del partido a participar del plenario y a sumarse a las apasionantes tareas que se nos vienen en las próximas semanas y meses.

José Luis Rojo

Dejanos tu comentario!

  • Nuestra Prensa – SoB 449

  • Suscribite para recibir las novedades y comunicados del Nuevo MAS

  • en esta edicion