Recuperando la historia de nuestros desaparecidos y con la movilización

Para “darle vuelta la tortilla” al gobierno de Macri que intenta falsear la historia, Y para el conocimiento de las nuevas generaciones, presentamos parte del testimonio de la hija mayor de una pareja de detenidos-desaparecidos del PST (Partido Socialista de los Trabajadores, antecesor, entre otras organizaciones de izquierda, del Nuevo MAS), Federico Álvarez Rojas e Hilda Leikis. Él era un reconocido físico de la Comisión Nacional de Energía Atómica, delegado gremial de sus compañeros del Departamento de Materiales del Centro Atómico Constituyente perteneciente al partido de San Martín, Provincia de Buenos Aires. Ella, analista de sistemas, trabajaba en ese momento en la empresa Bairesco, luego de que a los pocos días del golpe cívico militar la echaran del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria). Ambos, de 34 y 37 años, se habían graduado en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, donde tenían activa militancia y fueron dirigentes estudiantiles. Federico luego de recibirse militaba en el equipo de profesionales, intentando desde su ubicación sindical fundar el sindicato de los trabajadores de la CNEA, dando la pelea para que los científicos se asuman como trabajadores. Su desaparición fue parte de un plan orquestado desde el poder contra los trabajadores, también contra los trabajadores de la ciencia y la investigación. (1)

El gobierno reaccionario de Macri no sólo quiere borrarlos de la memoria colectiva, sino también ataca a jóvenes estudiantes, profesionales, científicos, que, como ellos, luchan por sus compañeros y por una sociedad sin explotación ni opresión. En nuestro homenaje militante, para sumar en lucha y movilización este próximo 24 de Marzo, transcribimos el relato de Alejandra, a quien agradecemos, así como a otros familiares, que aportaron datos para ayudar a reconstruir su historia.

“Me acuerdo de la militancia de mis viejos. Yo tenía 13 años cuando se los llevaron de mi casa. Me acuerdo que se reunían con varias personas del partido (PST) en mi casa y en los últimos tiempos los compañeros iba a pedirles que se fueran del país. Ya en aquel momento estaban desapareciendo muchos compañeros del partido y muchas personas conocidas de ellos. (…) Hubo una vez un encuentro del partido en un lugar grande, había mucha gente. Y mi viejo subió a un palco y empezó a hablar y todas las personas pararon para escucharlo.

“Sobre la militancia de mi viejo era todo muy claro para mí, sobre la de mi mamá sabía que pensaban igual, pero sólo ahora después de 40 años descubrí que ella era tan conocida y querida por todos en la facultad de Exactas, incluso para los compañeros de mi viejo. Ella era la que hacía copias del material para estudiar, y como era del Centro de Estudiantes en la Facultad de Exactas, los conocía a todos.

“En realidad, nunca recibieron amenazas, pero todos los días pasaba por mi casa algún conocido del partido diciendo que ellos debían irse de la Argentina, que mucha gente estaba desapareciendo, etc. Pero también tenían planes de irse a Canadá donde mi viejo iba a hacer doctorado, entonces estábamos planeando ese viaje.

“La noche anterior a que entraran en mi casa, se habían llevado una persona del segundo piso. (…) Estábamos todos en casa, mi mamá, mi papá, mis dos hermanos, Fernanda (10 años) y Emiliano (2 años y 11 meses) y yo (13 años). Llegaron después que nos habíamos ido a la cama, mis padres y yo, mis hermanos ya estaban durmiendo. Era casi media noche. Tocaron el timbre y mi viejo fue a preguntar quién era. Pidieron que abriera la puerta, que era una investigación. Yo siempre muy curiosa, fui a ver lo que pasaba. Cuando mi papá abrió la puerta, eran como 15 hombres vestidos con ropas civiles y armados con ametralladoras.

“(…) Después que entraron en mi casa, me dijeron que me fuera para mi cuarto y llevaron a mi hermano chiquito para mi cama. Revisaron todos los armarios, tiraban todas las cosas (ropas, libros, etc.) y echaban al piso. Al mismo tiempo me preguntaban cosas como ¿dónde trabajaban mis viejos? ¿dónde yo estudiaba?, varias cosas, y les hacían las mismas preguntas a ellos en el living. Después escuché a mi mamá llorando y uno de los tipos que estaba en mi pieza, mandó que alguien la hiciera parar sino le darían un tiro ahí mismo.

“(…) Antes de ir para la casa de mi vecina, encontré en el cuarto de mis viejos, una sábana cortada al medio. Se los llevaron encapuchados y después supe que se los llevaron en nuestro auto. Se llevaron también una joya de familia, que la madrina de mi papá ya se la había dado a él para que cuando yo cumpliera los 15 años él me la regalara. Hace poco supe también que se llevaron la escritura del departamento, pero como ya había sido registrada en nombre de ellos no consiguieron robarlo.

“(…) Un año después, todas las semanas mi abuela, junto con otras madres, era recibida por un padre católico (no me acuerdo el nombre) que daba noticias de personas desaparecidas. Ese padre le dijo a mi abuela que los dos estaban vivos, pero que él no podía decir dónde estaban porque no sabía. La información que le había llegado era que estaban vivos.

“En la época que se cumplieron 30 años supimos que estuvieron por algunos meses en el Vesubio. Hubo el testimonio de varias personas que sobrevivieron y estuvieron con ellos. Uno de los testigos, yo no estuve con esa persona, pero por lo que supe mi mamá lo ayudó llevando comida a las escondidas (habían prohibido que se alimentara) y ella cuidaba de la cocina. Y también contó que ella armó un plan de fuga, pero que como ella no estaba presente cuando finalmente consiguieron realizar la fuga, mi mamá no pudo huir. Es decir, de acuerdo con lo que esta persona contó, ella le salvó la vida dos veces.

“Después de eso, nunca más tuvimos algún tipo de información, ni reconocimiento de los cuerpos. Nada, absolutamente nada. (2)

La memoria y la lucha siguen presentes

“(…) La actitud de Macri con respecto a los crímenes realizados durante la dictadura me dejó, aparte de triste, bastante enojada. Parece mentira que después de toda la historia pasada en nuestro país, exista gente que les dé libertad a los genocidas. Para mí que estén en sus domicilios es imperdonable. A mi familia la destruyeron, nunca tuvimos ni siquiera la identificación de los cuerpos, no pudimos darle un entierro decente y estos tipos están en sus casas y la llaman prisión domiciliaria, mientras que yo pienso que en realidad están en libertad domiciliaria.

“Las manifestaciones me emocionan, ya que a pesar de todo lo que el gobierno de Macri está tratando de impedir con represión de la policía, la gente no está dejando de defender sus posiciones.

“Acompaño todo de lejos, ya que vivo en Brasil, y me hace bien saber que mucha gente trabaja para que nadie se olvide de lo que ocurrió.

“Estuve en Buenos Aires el 1° de Octubre, cuando completó 40 años de la desaparición de mis viejos, y una vez más comprobé que los argentinos no dejamos de mantener nuestra memoria siempre fresca. Hay comisiones de memoria en cada lugar donde hay gente que desapareció. Eso significa, en todos lados. Me tranquiliza saber que no vamos a dejar que las generaciones futuras se olviden de lo que ocurrió, cómo fue ese período de represión.

“Por suerte las nuevas generaciones siguen luchando contra los gobiernos reaccionarios y siguen defendiendo causas nuevas. El feminismo, los movimientos antirracistas, etc.

“La juventud, en general, está demostrando fuerza y claridad de ideología. Este testimonio es una demostración de eso. Mantener la memoria de nuestra historia es la única forma de evitar que se repitan atrocidades como esas”.

 

Ana Vàzquez

 

  • Quince científicos y trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica fueron desaparecidos y otros once, secuestrados y luego liberados durante la última dictadura cívico militar. A muchos de ellos se los secuestró desde sus mismos lugares de trabajo. La supresión física de cerebros argentinos se articuló con la nefasta Ley de Prescindibilidad, con la que se despidió sin indemnización a 107 trabajadores y se cesanteó a 120. Otros 370 se vieron obligados a renunciar, por el peligro que corrían sus vidas. Y un número no determinado de científicos abandonó el país para nunca más regresar. Crimen de cerebros y fuga de cerebros, durante la intervención naval dictatorial en la Comisión Nacional de Energía Atómica. (Télam, 29/7/12)
  • Sus abuelos paternos que vivían en Mendoza, viajaron a Buenos Aires para hacerse cargo de sus nietos y presentaron pedidos de hábeas corpus, audiencia con el contralmirante Castro Madero, a cargo de la dirección de la CNEA. Su abuela, Mimí, fue parte de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, llegando a ser su vicepresidenta e incansable luchadora y colaboradora del equipo de Madres del PST.

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