“´Macri necesita un Metrobus nacional para las próximas elecciones´, dice un encuestador. Algo distinto, visible y disruptivo. No hay un Metrobus a la vista, porque las propias obras públicas se demoran. (…) Macri tendrá que inventar un Metrobus político y metafórico. Lo aguarda un año clave para su destino de presidente.”

(Joaquín Morales Solá, La Nación, 20 de noviembre)

Macri se apresta a cumplir su primer año de gobierno. Sin embargo, lejos de poder festejar, hay un conjunto de interrogantes que signan su futuro. En la editorial pasada de Socialismo o Barbarie, hablábamos de la incertidumbre que genera en la economía y la política del país la llegada al poder de Trump en Estados Unidos. A eso, se suma un conjunto de problemas domésticos que vienen de arrastre, centralmente referidos a la economía, que no está claro cómo piensan ser resueltos por el gobierno.

Sin embargo, en estas condiciones, cabe preguntarse porque aún Macri posee un determinado control sobre la coyuntura. En este punto, hay que subrayar el inmenso trabajo que hacen las fuerzas políticas patronales, y en particular, la propia CGT, para no hacer olas.

 

Un plan que no prospera, en un mundo que no es lo que era

 

Sin lugar a dudas, el factor de mayor conmoción para los planes del gobierno, ha sido la elección yanqui. Como explicamos en nuestro periódico, el esquema de aflojar el ajuste para el año próximo y embestir con toda la furia en el 2018, ha quedado como mínimo puesto en cuestión. Es que todos los supuestos sobre los que se apoyaba, están tambaleando. En primer y exclusivo lugar, la posibilidad del endeudamiento. Es sabido que en el trascurso de este año, se ha tomado deuda por un monto de 30.000 millones de dólares, y que lo estipulado en el presupuesto 2017 se ubica alrededor de los 40.000 millones de dólares, esto si consideramos exclusivamente la deuda del Estado nacional.

Los esbozos de Trump de ir hacia una economía más cerrada y proteccionista chocan de frente con la orientación macrista de “apertura al mundo”. La primera señal de Trump ha sido anunciar que apenas asuma su gobierno, retirará a Estados Unidos del TPP[i], y un llamado a reconstruir la industria y los empleos en el propio país. Esto podría generar una fuerte corriente de capitales hacia el país imperialista, capitales que desde la crisis desatada en el 2008, tendieron a aflorar a los emergentes, si bien más en términos financieros que realmente productivos.

Si de por sí esto genera una gran incertidumbre, debe sumarse que en estos días se han manifestado señales de descontento en los pilares de sustentación del propio gobierno.  A un año vista de mandato, Macri no puede aún ofrecer un camino realista para poner la economía sobre sus pies. Las previsiones más optimistas hablan de que recién podría verse un repunte en el segundo semestre… del 2017! Así fue que en la 22ª Conferencia Industrial de la Unión Industrial Argentina, su titular, Adrián Kaufmann, le espetó sin vueltas que “este ha sido un año muy malo”. Y se quejó de las “altas tasas de interés, la presión tributaria, los elevados costos logísticos y la falta de competitividad”. La burguesía argentina, que reconoce en Macri a su gobierno, y que hasta el momento se mantenía cauta, comienza a vociferar algunas dudas, principalmente en términos de crecimiento industrial, y una profunda preocupación sobre la apertura de importaciones.

Este cúmulo de problemas despiertan una serie de interrogantes: el gobierno debe ingresar a un año electoral con una economía en recesión, con un plan económico que se muestra como mínimo endeble debido a la posibilidad de cambio de las condiciones internacionales, mientras prepara un nuevo ataque a las condiciones de vida y empleo de las masas trabajadoras.

 

Todos trabajan para el gobierno

 

Sin lugar a dudas, el otro elemento determinante a lo largo del año, ha sido la unidad burguesa para garantizarle la gobernabilidad al gobierno. En el terreno parlamentario, prácticamente todas las fuerzas políticas patronales, con mayores o menores oscilaciones, han pasado acuerdos con el oficialismo para votar tal o cual ley, colaborando así en los planes gubernamentales.

Sin embargo, si hay alguien que ha hecho sostenidos y tenaces esfuerzos por no mover el amperímetro, ha sido la CGT. Si se quiere, su balance a un año del gobierno de Macri, ha sido el de un sendero plagado de traiciones, una más escandalosa que la otra.

El viernes 18 escenificó, junto a los movimientos sociales, un acto frente al Congreso para pedir por la “Ley de Emergencia Social”. Como tal, esa movilización fue utilizada por los popes de la CGT como medio para evitar llamar a un paro general y un plan de lucha que deberían convocar para derrotar el ajuste del gobierno. Aunque con algunos discursos encendidos alrededor de que al gobierno “se le termina el tiempo”, nuevamente demostró que es incapaz de pasar a los hechos. Así fue que esta semana se sentó con el gobierno y los empresarios en el segundo “Diálogo por la Producción y el Trabajo”. Mientras el gobierno presenta un proyecto de ley de modificación del Impuesto a las ganancias que es una trampa absoluta[ii], plantea revisar los convenios colectivos de trabajo, vocifera que la estrella polar de su mandato es la productividad, el único acuerdo que le logró arrancar fue un compromiso para suspender los despidos hasta marzo del 2017.

Recordemos que un acuerdo de este tipo fue implementado por el gobierno en mayo, como respuesta al veto de la ley antidespidos, y que rigió hasta septiembre. Sin embargo, bajo ningún punto de vista esto significó que realmente parara la sangría de despidos. Como ha dicho el propio Roberto Lavagna en estos días, se estipula que la pérdida de empleos en lo que va del año, fue de alrededor de 120.000 para el trabajo formal, y otro tanto (o más) para el empleo en negro. ¿Qué haría suponer que ahora no se seguirá el mismo derrotero?

Por el lado de los movimientos sociales, la marcha del 18 fue utilizada en el mismo sentido: en las últimas horas llegaron a un acuerdo con el gobierno para modificar la ley que tenía media sanción en Diputados, decretando una emergencia social por el lapso de tres años, y “generando” 300.000 “puestos de trabajo” de la economía informal en el marco de las cooperativas ya existentes, contra el millón que se pedía originariamente. Cada vez queda más claro cómo opera este sector: toda su pelea se reduce al fortalecimiento del propio aparato, por la vía de negociar concesiones con el gobierno.

 

Para derrotar el ajuste de Macri, hay que fortalecer una alternativa de la izquierda socialista

 

Por todo lo dicho hasta aquí, los trabajadores cumplimos un año del gobierno de Macri sufriendo un importante recorte de nuestro poder adquisitivo, un incremento del costo de vida por la vía de los tarifazos y la inflación, con la realidad de un miserable bono de fin de año que abarca a un pequeño sector, sufriendo una tras otra las traiciones de la burocracia sindical, y con la promesa que el año entrante nos encontrará con un redoblado ataque del gobierno y las patronales.

Es preciso prepararse para esto. Es en esta perspectiva que hemos puesto en pie, con los compañeros del MST, un nuevo Frente de la Izquierda Socialista para intervenir en este escenario, mientras levantamos las banderas de la reapertura de paritarias, la exigencia de trabajo asalariado y genuino para los desocupados, peleamos por la unidad de clase y la independencia de los movimientos sociales.

 

Maxi Tasán

[i] Acuerdo del Transpacífico: es una alianza de libre comercio entre doce países con cuenca en el Océano Pacifico, desplegada como una estrategia de Obama para frenar el avance de China en la región. Trump manifestó que ese acuerdo es completamente insano para la economía yanqui.

[ii] El mismo plantea una elevación del mínimo no imponible del 15%, inclusive inferior a la inflación proyectada por el propio gobierno para el 2017, con lo cual se ensancha la base de contribuyentes, siendo cada vez más los trabajadores involucrados en esta aberrante confiscación del salario.

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