Manuela Castañeira



Por la tarde de ayer lunes 3/10 se difundió la noticia sobre la recuperación del nieto número 121. Recién se están empezando a conocer los detalles, pero se trataría del hijo de un conocido militante de los años 70, que fue desaparecido junto a su esposa por la dictadura militar en el año 1976.

La aparición de un nuevo nieto es una conquista de las Abuelas de Plaza de Mayo y de la lucha popular por los Derechos Humanos, lucha que tuvo sus alzas y bajas, pero cuyos jalones principales estuvieron siempre vinculados a grandes movilizaciones democráticas en las últimas décadas.

A este aspecto me quiero dedicar en esta columna. En los últimos años se tendió a subrayar el terreno institucional de esta pelea, terreno en el que se han conseguido avances como son las condenas a importantes genocidas. Pero me gustaría insistir en que estas conquistas no fueron un gracioso regalo de ningún gobierno (y mucho menos de la Justicia, que fue cómplice de la dictadura). Fueron un subproducto de las luchas en las calles. Luchas como las grandes movilizaciones contra las leyes de Obediencia Debida y Punto Final bajo Alfonsín, contra la impunidad menemista en los 90, y también las grandes manifestaciones de 24 de marzo por Memoria, Verdad y Justicia, y por la aparición de Julio López, desaparecido bajo el gobierno kirchnerista.

Es importante insistir en este ángulo hoy cuando está al frente del país un gobierno reaccionario como el de Macri, que desconoce el número de desaparecidos por la dictadura asesina. Un gobierno que busca desacreditar la lucha por los Derechos Humanos (intentando encarcelar a referentes históricos de esta pelea), mientras le otorga la domiciliaria a genocidas como Etchecolatz.

Es que el gobierno de Macri tiene como uno de sus objetivos liquidar las conquistas que el pueblo argentino obtuvo en materia de Derechos Humanos, en la búsqueda de relegitimar a las Fuerzas Armadas. Quiere eliminar la conciencia democrática instalada en la sociedad, que mayoritariamente repudia el terrorismo de Estado y la represión.

Para defender estas banderas, para festejar nuevas apariciones de nietos recuperados, la lucha por los Derechos Humanos debe ser independiente de todo gobierno de los de arriba, tanto si es reaccionario como Macri, como si se viste de colores “progresistas” como el gobierno anterior: el camino para avanzar en el castigo a los genocidas y contra la impunidad macrista es la lucha en las calles.

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