Noticias de Macrilandia XXV

 

“La principal incógnita de quienes en algún momento tienen en su horizonte realizar inversiones en la Argentina no es precisamente la preocupación sobre cuál es el giro que Macri le dará a la economía argentina, sino la capacidad que pueda tener el gobierno de Cambiemos de sostener políticamente los cambios en el futuro. La expectativa de los empresarios sobre el gobierno de Macri gira netamente sobre la política y no sobre la economía” (R. Rabanal, Ámbito Financiero, 21-9-16).

 

 

El gobierno recibió a la burocracia de la CGT para pedirle que no haga paro y ofrecerle a) no impulsar (por ahora) medidas de flexibilización laboral, y b) impedir una apertura indiscriminada de importaciones. Ministros y secretarios le dejaron su teléfono a los nenes cegetistas. ¿Respuesta? Habla Omar Maturano, de La Fraternidad: “Hasta fines de octubre debemos esperar. Vamos a apostar a una convocatoria al diálogo social”. Más que pies de plomo, pies de uranio enriquecido. Y cara de piedra.

 

La política macrista sobre la relación con el Reino Unido y el tema Malvinas le gana en cipayismo a la de Menem, lo que no es poco decir. La declaración que firmaron ambos gobiernos es pura ganancia para los británicos: abre las puertas para la explotación de hidrocarburos y pesca sin obstáculos, no se reclama desmilitarización y se habla de reanudar los vuelos hacia las islas. ¿Qué recibe la Argentina? Permiso para que la Cruz Roja colabore en la identificación de veinte cadáveres de soldados argentinos. Punto. La idea de una empresa conjunta argentino-británica para explorar petróleo es una mera fachada para habilitar actividades económicas que hasta ahora estaban bloqueadas. Es todo tan escandaloso que hasta los aliados del PRO en Cambiemos pidieron que la canciller Malcorra dé explicaciones. Y las dio, pero para desmentir la increíble torpeza de Macri en la reunión de la ONU. Allí, nuestro inefable presidente dijo que se cruzó en una mesa con la primera ministra británica, Theresa May, y que ella “estaba de acuerdo” en hablar del tema soberanía, lo que significaba un giro total en la política del Reino Unido. Era la noticia del año o el blooper político del año. Adivinen en qué quedoó. En fin, son los riesgos del “regreso al mundo” de un presidente con reflejos provincianos y obligado a sobreactuar tras un acuerdo cipayo.

 

Llegó la misión del FMI para revisar las cuentas argentinas, en el marco de las inspecciones del artículo IV que el kirchnerismo había vetado sistemáticamente. Lo gracioso del caso es que tanto el gobierno como el Fondo saben que, aunque hay amor mutuo infinito, la relación debe ir despacio, por razones políticas. Por ejemplo, no se hablará de créditos de parte del FMI, al menos hasta 2018. ¿Qué va a decir el FMI entonces? Aplausos por levantar el cepo y arreglar con los buitres, bendición a los números del INDEC y críticas constructivas a la inflación, el alto déficit fiscal y el relativo atraso cambiario (o sea, dólar barato). Sigue el revival de los 90.

 

Menos contemplativos fueron los economistas y garcas varios que asistieron a las jornadas monetarias organizadas por el Banco Central. Un ex gerente de la entidad, Julio Piekarz, calcula que la emisión de deuda para 2017 rondaría los 45.000 millones de dólares. Es lo que contempla el Presupuesto 2017: una autorización al Poder Ejecutivo a tomar hasta 44.500 millones de dólares. No muy distinta es la estimación de la consultora IDESA: un incremento de la deuda pública de 37.000 millones de dólares (de los cuales sólo la tercera parte ir+ia a la inversión; el resto, a financiar el déficit). Al respecto, el conocido gurú neoliberal Miguel Ángel Broda advierte que como el déficit fiscal no baja, “es muy arriesgado que todo el programa dependa del financiamiento externo”. Y Guillermo Calvo, otro hipergarca, pintó un panorama externo preocupante que podría impactar en la Argentina y en el esquema macrista de endeudarse alegremente. Sostuvo que Europa y EE.UU. “no están logrando salir de sus problemas”, habló de un “contexto global complejo” y terminó en tono amenazante: “Hay que estar listos para un shock externo”, esto es, para un coletazo de la crisis originado en el Primer Mundo. Y si eso sucede, todo ese mega endeudamiento con el que el gobierno piensa financiarse queda en el aire.

 

Justamente, entre las fuentes de financiamiento a las que piensa acudir el macrismo están el Banco Mundial y el Eximbank. Sobre el BM, la idea es pasar de los 1.000 millones de dólares que el organismo le presta al país a no menos de 5.000 millones. Y el Eximbank, banco estatal yanqui que da financimiento para comercio exterior con empresas de ese país, vuelve después de 15 años a ofrecer créditos “sin límite de monto y hasta 7 años de plazo para adquirir productos fabricados en EE.UU.” Pero antes que los macristas salgan a desparramar euforia, escuchemos al presidente de la institución, Fred Hochberg. Empieza diciendo que el banco “está preparado para fnanciar y facilitar asociaciones mutuamente beneficiosas”, pero luego se le escapó la verdad: “Nuestro mandato está en proteger el empleo de Estados Unidos”. La pregunta que uno se hace es qué institución o funcionario tiene hoy el mandato de proteger el empleo argentino.

 

Terminó el Davos de cabotaje y llegaron las inversiones. Bueno, lluvia no, pero al menos Siemens anunció que va a traer 5.000 millones de euros… en cuatro años. Creación de empleo: 1.000 puestos de trabajo. Digamos que en el CCK el mayor interés inversor estaba en los salones donde se discutía gas, petróleo y minería, casualmente los sectores que producen más divisas, más ganancias… y menos empleo. Pero el lamento generalizado entre los asistentes era “la falta de sindicalistas”. Porque el punto clave que puede decidir o no si las inversiones extranjeras serán un diluvio o un goteo es si habrá o no reforma laboral a favor de los empresarios.

 

De hecho, ése fue el eje de las preguntas de los empresarios reunidos en la Bolsa neoyorquina para escuchar a Macri. El propio director de YOF, Miguel Ángel Gutiérrez, había defendido la idea de una “nueva ley de contrato de trabajo en lugar de los actuales” como requisito para atraer inversiones. Un garconomista de la Universidad Austral, Luis Fracchia, había contado que en el micro Davos criollo los empresarios se impacientaban con los funcionarios que repetían la cantinela de “salimos del cepo, etc.”, y hablaban de esperar a que Macri gane las elecciones de 2017 porque “desde la inversión extranjera también quieren ver si el modelo se asienta”. Como dice el citado artículo de Rabanal (sin desperdicio), los inversores “le preguntan a Macri si va a tener fuerza para enfrentar las crisis políticas que pueden llegar a afectar a su gobierno cuando avance con reformas que no tendrán que ver solamente con los impuestos, [sino] con la necesidad de avanzar en una reforma en el plano laboral para garantizar un mejoramiento de la competitividad. (…) Ése es quizá el saldo más crudo que el gobierno se lleva de Nueva York (…). El centro del problema es netamente político y no económico, nadie duda en el mundo de los negocios de las intenciones de Macri de liberalizar la economía. (…) Lo que los empresarios quieren saber es si Cambiemos (…) o los peronistas que le vienen garantizando la gobernabilidad a Macri (…) van a sostener los debates amargos que vendrán cuando esa reforma de la que tanto se habla empiece a tomar cuerpo” (Ámbito Financiero, 21-9-16). Se entendió, ¿no? Es fácil: “Ya sabemos que sos de los nuestros, lo que no sabemos es si te da el cuero”. No es la economía, estúpido, es la política. Es la relación de fuerzas entre las clases. O, en lenguaje marxista: el eventual talón de Aquiles de Macri no son sus impecables intenciones, sino la lucha de clases.

 

Frase PROtuda de la semana: no sólo regresamos al mundo, sino que ahora le damos cátedra. Al menos, a ese nivel de megalomanía chauvinista parece haber llegado uno de los cerebros políticos del PRO (perdón por el oxímoron).

“Creemos que la experiencia de cambio de la Argentina puede ser una luz para otros países” (Marcos Peña, jefe de gabinete y asesor gratuito de naciones en problemas. Total, acá tenemos todo resuelto y, como decía un personaje de Voltaire, el Dr. Pangloss, vivimos en el mejor de los mundos posibles).

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