Recordando, 20/05/09
 

 

 

 

 

 

Murió Mario Benedetti

Por Jorge Terracota

Te quiero

Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

El domingo 18 de mayo murió en Montevideo el poeta uruguayo Mario Benedetti. Deja tras de si una obra que lo convierte en un referente clave de la literatura latinoamericana, en la que sus más de 80 novelas, ensayos, cuentos y poemarios muestran el compromiso social y la coherencia de alguien que creyó "en la vida y en el amor, en la ética y en todas esas cosas tan fuera de moda".

"Él siempre dijo que se sentía más poeta que otra cosa", señaló la biógrafa del escritor, Hortensia Campanella, cuando presentó hace unos meses el libro “Mario Benedetti. Un mito discretísimo”, con el que trazó la trayectoria de uno de los mitos de la literatura hispanoamericana del siglo XX y quizá la conciencia poética de todo un continente.

Esa poesía se convirtió en el único consuelo para afrontar sus últimos años, tras la muerte en 2006 de su esposa, Luz López, su compañera desde hacía más de seis décadas y su mejor crítico.

Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Pedro Guerra, Rosa León, Juan Diego o Nacha Guevara son solo algunos de los cantautores que han puesto música a los versos de Benedetti.

La poesía, decía Benedetti, es "un altillo de almas", un "tragaluz para la utopía" y "un drenaje de la vida/ que enseña a no temer a la muerte".

Fue también el martillo que le permitió forjar una carrera literaria compaginada con las profesiones más diversas: obrero en un taller de automóviles, taquígrafo, cajero, vendedor, contable, funcionario público, traductor y periodista, antes de dedicarse a lo que más quería.

"Cuando tengo una preocupación, un dolor o un amor tengo la suerte de poder transformarlo en poesía", afirmaba.

Títulos como aquel primerizo “La víspera indeleble”, sus “Poemas de la oficina”, el oriental y tan uruguayo “Rincón de Haikus”, los grandiosos “Tres Inventarios” o “Las Canciones del que no canta” se vieron coronados el año pasado con su último poemario, “Testigo de uno mismo”.En esta obra presentía ya el final de sus días, sin tapujos, a la vez que insistía en la soledad sin su amada Luz y con un mundo reducido: "Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo".

La poesía dejó también mucho espacio para la prosa en la obra de Benedetti y así su principal novela,”La tregua”, llevada al cine por

Sergio Renán, es uno de los faros de la literatura del continente, con más de 140 ediciones en 20 idiomas desde su publicación en 1960.

También dedicó tiempo a los cuentos, en los que "cada palabra tiene valor por sí misma" y, sobre todo, "tienen que ver con los sentimientos", como explicó en 1998 en Madrid.

El cuento "es el género más gratificante, tanto para el autor como para el lector", pues "desde tiempo inmemorial a las personas les gusta que les cuentes cosas, y a algunos nos gusta contarlas", decía el autor de “Geografía”,” La vecina orilla” o “Montevideanos”.

Tanto la prosa como la poesía de Benedetti fueron reconocidas con amplitud y así lo corroboraron galardones como el Premio Reino Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Iberoamericano José Martí (2001) y el Menéndez Pelayo (2005).

"La conciencia es la única religión", llegó a decir este crítico de la "gran hipocresía que rige toda la vida política" y de la globalización, a la que llamó "una dictadura indiscriminada, que cada vez conduce más al suicidio de la humanidad".

La popular y delicada fineza de su poética avivó las pasiones de toda una generación de jóvenes rebeldes latinoamericanos que en los “70”acunamos en sus versos nuestros primeros amores, y en su compromiso que horadada la guerrera armadura de los milicos rioplatenses, el aliento para la pelea cotidiana. Poemas como “Te quiero” se convirtieron en íconos de la juventud de los setenta al punto que en formato de póster llegaron a ser casi de posesión obligatoria.

.Pero su compromiso trascendió las letras, en su actividad política. Liderará el Movimiento de los independientes del 26 de Marzo, brazo político de Tupamaros, que luego integrará el Frente Amplio (alternativa a los dos clásicos partidos: el blanco y el colorado). El golpe de estado le exiliará por multitud de países: Argentina, Perú, Cuba, España, aunque seguirá escribiendo desde fuera. No fueron buenos tiempos éstos y entre los múltiples lugares destaca Cuba donde realizó trabajos agrícolas, además de su colaboración en la Casa de las Américas, con gente tan ilustre como Cortázar, García Márquez, Galeano,... con los que intercambiará proyectos, novedades, utopías.

Extenso como obituario, demasiado breve para bocetar  la inmensa geografía de un hombre integro, que llega al fin de la novela de su propia vida, como vivió, con su luminosa frente en alto, quizás este póstumo  homenaje  aliente la llama de  las nuevas generaciones de artistas que transitan el camino en la búsqueda de un arte verdadero, es decir, el arte para la revolución.

Hasta la victoria compañero poeta,… y gracias por el fuego.