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Murió
Mario Benedetti
Por
Jorge
Terracota
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Te quiero
Tus
manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.
Si
te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice, y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Tus
ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
Tu
boca que es tuya y mía,
Tu boca no se equivoca;
te quiero por que tu boca
sabe gritar rebeldía.
Si
te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos
mucho más que dos.
Y
por tu rostro sincero.
Y tu paso vagabundo.
Y tu llanto por el mundo.
Porque sos pueblo te quiero.
Y
porque amor no es aurora,
ni cándida moraleja,
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.
Te
quiero en mi paraíso;
es decir, que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.
Si
te quiero es por que sos
mi amor, mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
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El
domingo 18 de mayo murió en Montevideo el poeta uruguayo
Mario Benedetti. Deja tras de si una obra que lo convierte
en un referente clave de la literatura latinoamericana, en
la que sus más de 80 novelas, ensayos, cuentos y poemarios
muestran el compromiso social y la coherencia de alguien que
creyó "en la vida y en el amor, en la ética y en
todas esas cosas tan fuera de moda".
"Él
siempre dijo que se sentía más poeta que otra cosa",
señaló la biógrafa del escritor, Hortensia Campanella,
cuando presentó hace unos meses el libro “Mario
Benedetti. Un mito discretísimo”, con el
que trazó la trayectoria de uno de los mitos de la
literatura hispanoamericana del siglo XX y quizá la
conciencia poética de todo un continente.
Esa
poesía se convirtió en el único consuelo para afrontar
sus últimos años, tras la muerte en 2006 de su esposa, Luz
López, su compañera desde hacía más de seis décadas y
su mejor crítico.
Joan Manuel Serrat, Daniel
Viglietti, Pedro Guerra, Rosa León, Juan Diego o Nacha
Guevara son solo algunos de los cantautores que han puesto música
a los versos de Benedetti.
La
poesía, decía Benedetti, es "un altillo de
almas", un "tragaluz para la utopía" y
"un drenaje de la vida/ que enseña a no temer a la
muerte".
Fue
también el martillo que le permitió forjar una carrera
literaria compaginada con las profesiones más diversas:
obrero en un taller de automóviles, taquígrafo, cajero,
vendedor, contable, funcionario público, traductor y
periodista, antes de dedicarse a lo que más quería.
"Cuando
tengo una preocupación, un dolor o un amor tengo la suerte
de poder transformarlo en poesía", afirmaba.
Títulos
como aquel primerizo “La
víspera indeleble”, sus “Poemas
de la oficina”, el oriental y tan uruguayo “Rincón
de Haikus”, los grandiosos “Tres
Inventarios” o “Las
Canciones del que no canta” se vieron coronados el año
pasado con su último poemario, “Testigo
de uno mismo”.En esta obra presentía ya el final de
sus días, sin tapujos, a la vez que insistía en la soledad
sin su amada Luz y con un mundo reducido: "Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al
buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién
seguir viviendo".
La
poesía dejó también mucho espacio para la prosa en la
obra de Benedetti y así su principal novela,”La
tregua”, llevada al cine por
Sergio
Renán, es uno de los faros de la literatura del continente,
con más de 140 ediciones en 20 idiomas desde su publicación
en 1960.
También
dedicó tiempo a los cuentos, en los que "cada palabra
tiene valor por sí misma" y, sobre todo, "tienen
que ver con los sentimientos", como explicó en 1998 en
Madrid.
El
cuento "es el género más gratificante, tanto para el
autor como para el lector", pues "desde tiempo
inmemorial a las personas les gusta que les cuentes cosas, y
a algunos nos gusta contarlas", decía el autor de “Geografía”,”
La vecina orilla” o
“Montevideanos”.
Tanto
la prosa como la poesía de Benedetti fueron reconocidas con
amplitud y así lo corroboraron galardones como el Premio Reino Sofía de Poesía Iberoamericana
(1999), el Iberoamericano José Martí (2001)
y el Menéndez Pelayo (2005).
"La
conciencia es la única religión", llegó a decir este
crítico de la "gran hipocresía que rige toda la vida
política" y de la globalización, a la que llamó
"una dictadura indiscriminada, que cada vez conduce más
al suicidio de la humanidad".
La
popular y delicada fineza de su poética avivó las pasiones
de toda una generación de jóvenes rebeldes
latinoamericanos que en los “70”acunamos en sus versos
nuestros primeros amores, y en su compromiso que horadada la
guerrera armadura de los milicos rioplatenses, el aliento
para la pelea cotidiana. Poemas como “Te
quiero” se convirtieron en íconos de la juventud de
los setenta al punto que en formato de póster llegaron a
ser casi de posesión obligatoria.
.Pero
su compromiso trascendió las letras, en su actividad
política. Liderará el Movimiento de los independientes del
26 de Marzo, brazo político de Tupamaros, que luego
integrará el Frente Amplio (alternativa a los dos clásicos
partidos: el blanco y el colorado). El golpe de estado le
exiliará por multitud de países: Argentina, Perú, Cuba,
España, aunque seguirá escribiendo desde fuera. No fueron
buenos tiempos éstos y entre los múltiples lugares destaca
Cuba donde realizó trabajos agrícolas, además de su
colaboración en la Casa de las Américas, con gente tan
ilustre como Cortázar, García Márquez, Galeano,... con
los que intercambiará proyectos, novedades, utopías.
Extenso
como obituario, demasiado breve para bocetar la inmensa geografía de un hombre integro, que llega al fin
de la novela de su propia vida, como vivió, con su luminosa
frente en alto, quizás este póstumo
homenaje aliente
la llama de las
nuevas generaciones de artistas que transitan el camino en
la búsqueda de un arte verdadero, es decir, el arte para la
revolución.
Hasta
la victoria compañero poeta,… y gracias por el fuego.
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