No al ajuste de la educación pública
El gobierno nacional y provincial han comenzado desde principios de año un ajuste a la educación, que cada vez es más duro. La idea es que frente a la crisis internacional, que está haciendo estragos en Europa, que de a poco golpea a Brasil (nuestro principal socio) y al resto de América, es necesario “sanear” los gastos. Es así como Cristina Fernández primero intentó aplicar el ajuste (aumento del transporte, quita de subsidios, etc.), y ahora presiona para que el ajuste lo realicen los gobernadores. Esta tercerización del ajuste la podemos ver en la pelea alrededor del subte, al cual Macri quiere ajustar pero no solo.
En nuestra provincia podemos ver estos ataques desde comienzos de año. La Presidenta arrancó el año criticando a los docentes por “vagos”, que trabajan 4 horas con buenos salarios y alto ausentismo. Luego vino la lucha en torno al aumento, el cual fue mucho menos de lo que pedíamos y menor que la inflación (aceptado gracias a la complicidad de la Celeste de SUTEBA y Yasky). Para continuar tuvimos el intento de pagar los aguinaldos en 4 cuotas (finalmente pagado en 2), el cual se presentó como una pelea entre la Nación y la Provincia; la realidad es que había plata para pagar la deuda externa y ninguno de los dos gobiernos quiso poner la plata para que se cobrara el aguinaldo.
Para continuar, desde la Provincia se quiso aplicar una ley de ajuste en la cual, la culpa de los problemas de la educación es de los docentes, por eso hay que ajustar el tema de las licencias y de los suplentes; o sea trabajar como sea y no dar licencias (lo cual se traduce en menos trabajo para los jóvenes que recién arrancan). En estos últimos días vimos la renuncia de la ministra de Educación Gvirtz, la cual se negó a aplicar un ajuste así, aunque reconoció que de alguna forma hay que ajustar.
¿Qué significan estas medidas? Si es más difícil acceder a licencias, significa profesores trabajando en malas condiciones físicas, y si logran acceder a una licencia significa que los que estén en la escuela se tienen que hacer cargo de cursos enteros (pensemos durante las mesas que los profesores faltamos por los exámenes). La “escuela inclusiva” sin fondos para educación se tradujo en escuelas saturadas por falta de aulas, falta de personal y además se transformó en una caja de resonancia de todos los problemas sociales (mala nutrición, violencia, drogas, docentes golpeados, etc.). La escuela hoy en día es una gran guardería, para lo cual no está preparada, lo cual genera mucha de las licencias por stress, violencia, etc.
El ajuste es claro, todos adentro de la escuela, como sea y haciendo lo que sea (lo cual no es educación). Se traduce en sobrecarga de trabajo y los mismos bajos sueldos, con menos suplentes (para ellos menos gastos). Un ajuste en regla, apoyado desde Nación y Provincia.
Una cosa queda en claro: mientras para la Presidenta somos vagos, y para los gobiernos representamos un gasto, lo real es que somos los que trabajamos en las escuelas los que mantenemos este sistema educativo, los que sostenemos las cooperadoras, los que ayudamos a nuestros alumnos de muchas maneras, los que buscamos como arreglárnoslas para dar clases en escuelas que se vienen abajo o están saturadas.
Hay que enfrentar este ajuste con la lucha de todos, juntos con todos los que hacemos posible que las escuelas funcionen como se pueda. Es hora de luchar por nosotros, nuestros sueldos y la educación pública.
No al ajuste
Mejores condiciones laborales
Salario igual a la canasta familiar
No al Impuesto a las Ganancias
No al tope a las asignaciones familiares
Más presupuesto para educación y salud







