BOLIVIA: POLÉMICA EN LA IZQUIERDA

El chantaje policial

“Hoy estamos en la segunda etapa del proceso golpista (…) Quieren provocar muertos y no los van a tener; ellos quieren muertos y el Gobierno quiere la paz y el diálogo (…) Hay malos policías que quieren ensangrentar el país”. (Álvaro García Linera)

Con el motín policial se abrió un debate en Bolivia. Las posiciones fueron desde el apoyo al motín de la policía por la reivindicación salarial hasta los que caracterizaron el chantaje policial como una suerte de “golpe de estado”, tal cual la posición del gobierno. Socialismo o Barbarie de Bolivia sostiene que no se trató de una dinámica golpista tipo la de Ecuador de dos años atrás, pero que no por eso consideramos a los policías como “trabajadores” pasibles de ser apoyados en sus conflictos desde la izquierda revolucionaria

El antecedente histórico de la Revolución del 52

La protesta se inició por las esposas de los policías de bajo rango por aumento salarial: lo que se pedía era la nivelación con los sueldos de los militares. Eran cuatro las demandas que se pedían: nivelación salarial, jubilación con el 100% de la renta, anulación de la Ley 101 y la creación del defensor del policía.
Pero antes de proseguir queremos hacer un aparte para explicar las disputas que se vivieron en este país entre las FFAA y la policía, algo bastante característico en Bolivia y que puede confundir en uno u otro sentido. Esto viene desde la Revolución de 1952 cuando la policía se pone de parte de la población y se enfrenta con el ejército (revistieron bajo la dirección del MNR, no de los contingentes mineros).
Después vendrán otros enfrentamientos como en febrero del 2003 , cuando el gobierno neoliberal de Sánchez de Losada manda a reprimir a la policía sublevada contra el ajuste económico con el ejercito. Como dice correctamente Raúl Prada Alcoreza, se trató de “una guerra intestina dentro del Estado, entre policías y militares, en el 2003; en aquel entonces el hecho mostraba la intensidad y profundidad de la crisis de Estado, pues el Estado se enfrentaba consigo mismo”.
El gobierno del MAS también tomó parte de esto para hacer más diferencias, dando privilegios a unos y relegando a otros. Se trata de una disputa entre dos fuerzas represivas e institucionales del Estado que en Bolivia tiene sus antecedentes. Sin embargo, dato no menor para la caracterización de los hechos, en este caso no fue esa la dinámica. El gobierno enfrentó con otros recursos la huelga policial y no se dio ningún enfrentamiento “progresivo” de la policía con el ejército en el contexto de una rebelión o revolución.

Ni apoyo a la huelga policial, ni creerse el verso de que se trataba de un golpe de estado

 

La reivindicación policial tuvo el apoyo de la Federación de Mineros y la Federación del Magisterio de La Paz. También otros sectores han apoyado, lo que consideramos un grave error. A nuestro modo de ver se trató de un chantaje policial que no había que apoyar, más allá que rechazáramos también el discurso del gobierno llamando a justificar su política en aras de un supuesto “golpismo” que no estuvo por ningún lado.
La posición de los socialistas revolucionarios es que no consideramos a los policías como “trabajadores asalariados” que deben ser apoyados como tales sino como cuerpos represivos del Estado. Esto solamente varía en las condiciones de situaciones revolucionarias o rebeliones populares cuando el cuerpo represivo puede ser dividido, y se trata de apoyar o sostener a la tropa o la suboficialidad que se revela ante los mandos. Pero esto ocurre sólo en casos de revolución, rebelión o guerras civiles, donde la lucha de clases es tan radicalizada que la policía o el ejército se pueden dividir y un sector quedar del lado popular combatiendo contra el Estado. Acá los casos son claros: sectores del ejército se pasan de parte de la población o renuncian a seguir reprimiendo.
La cuestión que determina una estrategia para estas instituciones es para tender un puente para que pasen a luchar del lado de la clase obrera, lo que ocurre sólo en condiciones determinadas. En el caso de la policía boliviana, no es casual que cuando se enfrentó al ejército, esto ocurrió en oportunidad de la Revolución de 1952 o, aunque fuera más contradictorio, en febrero del 2003 en plena efervescencia hacia el levantamiento popular de octubre de ese mismo año, donde, sin embargo, no se puede decir que la policía –y mucho menos el ejército- hayan estado del lado del pueblo...
En esa perspectiva, una de las consignas que se cantan en las diferentes manifestaciones cuando se choca con la policía en Bolivia es la siguiente: “A la policía le quedan dos caminos, unirse a su pueblo o ser sus asesinos” .
Otra cosa muy diferente es el apoyo a la policía en cualquier tiempo y lugar tal cual hace siempre y en todos los países y condiciones la LITCI y repitió su pequeño grupo en Bolivia en julio pasado. También se equivocó la LORCI, que sí correctamente rechazó apoyar la huelga policial, erró por demás al caracterizar la situación como una coyuntura “reaccionaria” marcada, entre otros elementos, por un giro “semi-bonapartista” de parte del gobierno. No señor: lo que hay es un intento por parte del mismo de recuperar el terreno perdido en el último período, en una historia que seguramente tendrá nuevos capítulos.

En el 2003 la policía amotinada saqueó y quemó documentación. Se tomaron algunas instituciones como Dirección General de Investigación Policial Interna (DiGIPI) de las ciudades de La Paz y Cochabamba; también se tomó el Comando General de la Policía en un claro síntoma de desobediencia hacia la autoridad de la alta oficialidad de la propia institución.

Esto merece una explicación, cuestión que no se ve habitualmente en otros países. Es parte de la convivencia de las luchas que se tienen o se tuvieron en Bolivia. Por ejemplo: las esposas de los policías que reprimieron la XIII marcha por el TIPNIS, tiempo después de la represión fueron personalmente a pedir perdón por la acción de sus esposos, a los propios marchistas del TIPNIS.

M.C.