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Socialismo o Barbarie, periódico nº 231, 25/08/12

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LA CAMPAÑA CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO K

Propaganda progre y la hipocresía más cruel

El gobierno se dispone a cerrar el tema de los derechos de la mujer sin romper con la Iglesia, sin gastar mucha plata y sin molestar a las patronales, o sea, sin cambiar nada de fondo en la situación de las mujeres. Para ello ha lanzado una batería de políticas ordenadas al más puro estilo K: medidas archirreaccionarias en el centro, rodeadas de un círculo de tibias concesiones menores, todo envuelto en primorosa y abundante propaganda progre, sin olvidar el condimento de la hipocresía más cruel. Las analizamos a continuación.

Reforma del Código Civil

En medio de leyes progresivas como otorgar a las “uniones convivenciales” los derechos del matrimonio, o la posibilidad de establecer una relación legal de hermanos para los hijos de los cónyuges con parejas anteriores, aparece flotando la mosca en la leche: el nuevo Código declara que el comienzo de la vida humana se considera a partir de la gestación. En lo que hace a derechos de familia, las famosas reformas son un reconocimiento legal de situaciones de hecho, reunidas para envolver la prohibición definitiva, renovada y explícita del derecho al aborto.

La teoría de las dos víctimas

A las protestas porque Favale (uno de los asesinos de Mariano Ferreyra) y Vásquez (asesino de su esposa Wanda Taddei) están saliendo de la cárcel a realizar actividades con militantes K, el gobierno respondió que “todos los presos tienen el mismo derecho a la reinserción social”. Pero Favale no es un pibe chorro: es el brazo armado de la patronal y de la burocracia mafiosa del ferrocarril, ligadas al Estado; un ejecutor de la represión de los explotadores contra los explotados, y mató a un pibe que luchaba contra esa explotación. En esencia, su crimen no es distinto de los crímenes de la dictadura.
Un femicida o un violador, aunque ningún patrón ni funcionario les haya pagado para matar o violar a una mujer, también son ejecutores y beneficiarios de la represión social, en este caso la represión de género. No atacan a un igual; al contrario, utilizan contra sus víctimas un poder que les da el Estado. En principio, el poder de la impunidad, ya que todas las víctimas de violencia o sus allegados cuentan la infinidad de denuncias que nadie escuchó. Y sobre todo, el poder económico sobre las mujeres que les otorga el capitalismo semicolonial, y el poder de la cultura machista de sometimiento de la mujer al varón. Puede que muchos de estos tipos sean explotados fuera de su casa, pero frente a la mujer, frente a su víctima, son parte de un poder socialmente opresor.
Pero hay algo más: los que matan a trabajadores en lucha, los femicidas y violadores, cuando van a la cárcel no es porque “el sistema” los condena, como a los demás presos; son agentes del sistema, y los condena la lucha y la acción popular. Simétrica de la teoría de los dos demonios con que en los 90 se quiso justificar el indulto a los genocidas, esta “teoría de las dos víctimas” que el kirchnerismo empieza a instalar, además de la captación de nuevos matones a su servicio, se dirige a defender de la bronca popular a estos ejecutores de la represión social y política actual. Y en el terreno de la opresión a las mujeres, esta concepción puede hacer un daño incalculable. Hicieron falta muchos años, mucha inteligencia y mucha pelea para que la violencia de género deje de ser vista como cosa personal y como parte indiferenciada de la violencia general, y empiece a ser percibida por sectores importantes de la sociedad como síntoma de una opresión social funcional al sistema. Esta brillante idea del gobierno, si se instala, puede hacer retroceder décadas la conciencia social sobre el tema.
La centroizquierda “crítica” como La Mella y cía., lo único que tuvo para decir de la movida K en las cárceles es que en realidad los presos están peor de como el gobierno lo pinta. Incluso en la preparación de la marcha contra la violencia hacia las mujeres del 24/8 llamada por la CTA Micheli, Las Rojas y otras agrupaciones tuvimos que dar una larga discusión contra esas corrientes para que en el acto se denuncien los paseos “culturales” de Vásquez.
Y supimos en estos días que en la Universidad de La Plata, uno de esos vergonzosos forros del parnaso académico K está escribiendo con el ceño fruncido sobre “feminismo punitivo”, llamando así a las que luchamos por meter en la cárcel a los golpeadores, femicidas y violadores. Según este sabiondo de tres al cuarto, eso está mal, porque el sistema penitenciario es patriarcal…
En fin: lo que estamos presenciando es la lucha K por disolver la condena social a los golpeadores, la conciencia de la especificidad de esta opresión, la conciencia de su funcionalidad con el capitalismo. Avanzamos hacia esa conciencia por la ruta del Argentinazo; retrocedemos por la colectora K.

Gran catarsis nacional sobre violencia de género

Pero el kirchnerismo es muy cool, y sabe que cada porquería clerical que perpetra en el terreno de lo real puede ser “contrapesada” haciendo mucho ruido en el terreno virtual. Así que desde hace unos días, y creemos que por muchos más, los medios K baten el parche con los casos de violencia, y Aníbal Fernández propone una ley.
La “ley Fernández” no es muy novedosa ni superadora de la que ya existe desde el 2009. Los puntos novedosos que propone Fernández podrían perfectamente incluirse como parte de la reglamentación y puesta en práctica de la ley del 2009. Pero, ¡justamente!, la maniobra consiste en no volver a hablar de la ley de 2009, porque para aplicarla hay que poner plata. La marcha del 24/9 es para reclamar que se declare la emergencia y se destine presupuesto para aplicar esa ley. Si el gobierno realmente “dijo basta” (Aníbal Fernández dixit), ¿por qué no hace justamente eso que reclama el movimiento, a saber, poner plata para refugios y protección económica y policial de las víctimas, medidas todas ya incluidas en la ley vigente y que no se hacen por falta de presupuesto? No. Mejor hacer un nuevo proyecto de ley, así pasan tres años más hasta que alguien reclame el dinero para aplicarla.
La clase obrera es una clase moderna, más dada a resolver problemas prácticos que a venganzas sangrientas. Por eso, en caso de revolución socialista, la mayoría de los burgueses sólo pierden sus propiedades y privilegios, y cuando la justicia popular se aplica, suele ser para que no jodan, mirando hacia el futuro. Pero hay algunos burgueses que te despiertan ese deseo atávico, medieval, de quemar el palacio con el señor adentro y bailar alrededor oliendo la carne chamuscada. Fernández es uno de estos. El cinismo de este tipo hace que no nos olvidemos ni por un ratito que es uno de los asesinos de Darío y Maxi. La anterior “ley Fernández”, promocionada como ley contra la trata, le quitó el carácter de delito al proxenetismo. Ahora, la nueva “ley Fernández” se dispone a retrasar varios años más la puesta en práctica de alguna acción real para frenar el genocidio, la tortura, la hoguera.

Hay que parar esto con el movimiento en la calle, y hablando claro

Hay varias corrientes del movimiento a las que el gobierno no ha cooptado. Es con ellas con quienes organizamos la marcha del 24, y esperamos acordar acciones comunes en el ENM y después. Pero el gobierno tiene los medios y el Estado. Si no hablamos claro, si andamos con melindres por no ofender a tal o cual, estamos listas por más que hagamos 20 marchas por mes. Lo que se está jugando es la existencia o desaparición del movimiento de mujeres en la Argentina, el más grande y activo de Latinoamérica. El 54% no hace que tengamos que hablar más bajito: al contrario, hay que ser más claro, porque estamos hablando de parar un genocidio, no de votar a tal o cual. Respetuosamente, nos parece que los “cuidados” de corrientes como La Mella y sus asociados en el FPDS ya se pasaron demasiado de rosca. ¿De qué tienen miedo? ¿Si denunciamos al Vatayón Militante Repsol va a volver a YPF o los fondos buitre a las AFJP? El modo de “no hacerle el juego a la derecha” es no regalarle la representación de la protesta social. La bronca llega sí o sí, y si no la “agarra” la izquierda, la agarra la derecha. Así de sencillo. Entonces, hagámonos dignas de representar desde la izquierda, desde el movimiento, el asco general por la situación de las mujeres. Y eso se hace explicando con toda claridad y paciencia la repugnante hipocresía del gobierno en este terreno, y proponiendo las medidas que sirven para salir de esta situación, aparezcan como “posibles” o no; eso se decide en le lucha, no de antemano. Aquí va, como aporte, el programa de Las Rojas contra la violencia.

- Trabajo genuino. La dependencia económica es la base material del sometimiento de la mujer al varón. La violencia es posible porque el varón provee o se espera que lo haga, y porque la mujer no tiene cómo mantenerse sola. Hay que reemplazar la AUH por un subsidio a todas (madres o no) que permita capacitarse para trabajar en condiciones dignas. Ley de cupo femenino en las empresas. Obligar a los patrones a tomar mujeres y adaptar las plantas y régimen de trabajo a la existencia de trabajadoras.
- Vivienda. Reemplazo de los actuales planes de vivienda del Estado, que son para parejas, por otro donde se dé prioridad a mujeres sin marido, y entre ellas a las que son o fueron víctimas de violencia. Inmediato otorgamiento de vivienda a las víctimas.
- Prevención y justicia. Inmediato encarcelamiento ante amenazas o golpes. Ningún beneficio dentro de la cárcel para los femicidas, violadores y abusadores de niños. Libertad inmediata a las que están presas por matar al golpeador o abusador. Destitución y prohibición para ejercer cargos públicos a los funcionarios que no den curso a denuncias o que liberen a violadores, femicidas o abusadores.
- Derecho al propio cuerpo. Aborto legal, libre y gratuito en el hospital público. Programa de anticoncepción real. Educación sexual laica y feminista. Fuera la iglesia del Estado, escuelas y hospitales. Destitución del ministro Manzur, miembro del Opus Dei, y de los funcionarios que no apliquen el fallo de la Corte sobre aborto no punible.
- Por un movimiento de mujeres independiente del gobierno, de lucha y aliado al movimiento obrero y popular.

Patricia López, Las Rojas