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Socialismo o Barbarie, periódico nº 216, 23/12/11

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Informe sobre situación nacional y tareas

“La gran herencia del Argentinazo
es la recomposición obrera”

Por Roberto Sáenz

Los pasados días 8, 9 y 10 de diciembre, el nuevo MAS realizó su Congreso anual en el local central partidario. Con la asistencia de más de cien delegados de todo el país y una "barra" compuesta por otro tanto de compañeros y compañeras, se abordó la crisis económica internacional, la coyuntura nacional luego de la reelección de Cristina Kirchner y las tareas de la izquierda para el próximo año. Las sesiones fueron realizadas en un ambiente de entusiasmo militante por los desafíos que tiene por delante la izquierda revolucionaria en general, y nuestro partido y corriente internacional en particular, en el período que se está iniciando. A continuación presentamos un extracto del informe del compañero Roberto Sáenz en el punto nacional y tareas. 

Hola a todos. Voy a tratar de no repetir el escrito, tratar determinados temas, dando algunas definiciones para poder abrir el debate.

El marco más general, además de la caracterización de la situación internacional, que tiene un valor simbólico, pero además tiene un reflejo en la realidad, es que se cumplen 10 años del Argentinazo. El Argentinazo abrió un ciclo político que sigue, en sus trazos más gruesos, abierto todavía. Como experiencia histórica revolucionaria de los explotados y oprimidos del país, el Argentinazo fue la mayor experiencia después del Cordobazo. Cuando se escriban los análisis históricos de la lucha de clases en la Argentina, el Argentinazo va a figurar como una de las experiencias estratégicas, con todos sus alcances y con todos sus límites, de la clase obrera argentina.

Con sus alcances y límites, efectivamente, en el proceso de rebelión popular latinoamericano el Argentinazo tiene un lugar particular. En cierto modo, fue un acto “anticipatorio” del ciclo de la rebelión más o menos mundial en curso hoy: la rebelión-revolución del mundo árabe, en Grecia, en España, en el movimiento “Ocuppy” en los EE.UU., en las huelgas obreras en China; América Latina se anticipó, Argentina se anticipó.

Hay que decir también que como rebelión popular, el Argentinazo evidentemente fue reabsorbido; como proceso revolucionario también. Pero como signo político más de conjunto, como relaciones de fuerza entre las clases, no. Por eso todavía el gobierno que tenemos, 100% burgués, se inclina todavía hacia un mix de recetas ortodoxas y heterodoxas (aunque en la coyuntura dominan las ortodoxas, veremos eso más adelante).
Eso sigue siendo un tributo a la rebelión popular. Ese ciclo general no se ha clausurado, ni en la Argentina, ni en la región. Más bien lo que está ocurriendo en Latinoamérica es que países que venían mucho más atrás, como Chile o Colombia, se están poniendo “a tono”.
El Argentinazo impactó profundamente en la clase obrera: literalmente parió el proceso de recomposición en curso. Quizás muchos compañeros no recuerden, o más bien no sepan (hay muchísimos jóvenes delegados aquí), que cuando se echa a Wasiejko de FATE en el 2007 los compañeros no cantaban el clásico “se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical”; cantaban: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Ejemplo de que el Argentinazo está vivo en la recomposición del movimiento obrero argentino. Es increíble.
Es lo que argumenta Morales Solá en el editorial de La Nación del domingo pasado cuando defiende a Moyano. Plantea que la burocracia sindical está preocupada por el avance de la izquierda en las comisiones internas y que Cristina “no entiende esto”. Como escucharon: ¡el archirreaccionario Joaquín Morales Solá sale a defender a la burocracia frente al gobierno!

Hay efectivamente un lío por el avance de la izquierda en la amplia vanguardia obrera. Después vamos a explicarlo mejor. Pero en todo caso, el Argentinazo está muy vivo en este proceso. No como rebelión popular, no como proceso revolucionario; hay estabilidad política, es obvio, el gobierno se acaba de alzar con el 54% de los votos y no hay un ascenso. Pero el hecho es que las relaciones de fuerzas más generales no han cambiado y que uno de los datos más importantes de la realidad es el proceso de recomposición obrera, aunque siga siendo este todavía de amplia vanguardia.

Entonces ese debate no es una efemérides, sino que el debate del Argentinazo tiene inmensa actualidad. Eso es lo número uno.

Sin solución  de continuidad, otro eje. Ayer se habló muchísimo, lo habíamos puesto en el documento, que si la crisis se profundizaba y eso impactaba también en China y Brasil, el país sería “un barquito en la tormenta de la crisis económica mundial”. No sufrió dramáticamente en el 2008/9 porque los mercados fundamentales de la exportación argentina no se hundieron. Hubo un “circuito secundario”, hubo una desigualdad, un elemento de cierto “desacople”, una transformación “estructural” (hay que ver sus alcances y límites) con la emergencia en China.

En todo caso, el hecho es que China y Brasil no cayeron demasiado. Y aunque la UE sigue siendo un mercado importante para el país, ese “circuito secundario” de la economía mundial permitió que Argentina tuviera una caída muy limitada y que se recuperara enseguida.

Pero el hecho es que ahora, los mecanismos de transmisión de la crisis por la vía del comercio exterior se están activando en la medida en que China está en un cierto aterrizaje y va a demandar menos soja, hay que ver. Y Brasil también se está “enfriando”, por lo que la industria automotriz también podría caer.

El deterioro de la balanza comercial ya está impactando sobre el dólar, comienzan a faltar dólares en el país. Y a esto se le agrega el problema de que la Argentina en el 2001, con la devaluación, por la trampa de hacer la moneda mucho más barata, recuperó competitividad. Con la creciente inflación y también, en parte, por la recuperación salarial de los últimos años, la Argentina perdió competitividad. Ya ha perdido capacidad de ingresar divisas, ha perdido capacidad de generar superávits, en el terreno fiscal, en el terreno comercial y en la balanza de pagos y ha perdido, o más bien amenaza con perder también competitividad, amenaza con perder ganancias.

La suma de esas circunstancias: el no ingreso de divisas, el déficit mayor del Estado, el déficit de la balanza comercial y de pagos, la amenaza de la pérdida de las superganancias, son las que han llevado a un ajuste económico en regla de Cristina. No me voy a detener en la parte “técnica”; pero lo que hay es un ataque al salario directo e indirecto brutal. Esto es lo que hay de contenido.

Primero, porque en la Argentina lo que hubo como tributo “económico” a la rebelión popular, y como ayuda a los propios capitalistas para que no tuvieran que hacerse cargo de eso, fue subsidiar parte fundamental del salario. Se subsidió la luz, los ventiladores, el aire acondicionado en el verano, el gas para la estufa en el invierno. Y se podía viajar como “manada”, pero “gratis”.

Esos subsidios significaron que no haya inversiones, destruyeron, hicieron pelota la infraestructura de los servicios, hipotecando el país hacia futuro. Pero el boleto, para muchos trabajadores, el boleto es fundamental. Si está lejos del trabajo, le cuesta mucho más, se hace carísimo ir a trabajar. Recuerdo muchos momentos cuando muchos compañeros me decían “me caga el boleto, ese laburo no me conviene porque es muy lejos”. O el problema de la luz, el gas, el agua; son elementos fundamentales en el salario. Esto en los últimos años no fue así, fueron el 5 o 10% del salario. Pero si se multiplican por cuatro las tarifas, si se multiplica por cuatro el boleto, se transforman en el 25% del salario, y se reduce el salario. Los tipos del gobierno lo que hacen es decir: “ya hay suficiente paz, es hora de sacar ese tributo a la rebelión popular. Acá se van a pagar tarifas como en todas partes”. 

Tras cartón, lo que dice Noemí Rial, que es la segunda de Tomada: el salario real está “recuperado”. ¿Qué está diciendo?: “Bueno, muchachos, ahora la pelea no es por el salario, sino por defender los puestos de trabajo, el salario ya está”. El obvio objetivo del gobierno es contener la inflación.

El mazazo al salario y las condiciones de vida van a ser muy duros. Pero pretenden administrarlo para confundir. Te van a preguntar si podés pagar, pero todo el mundo sabe que a ningún compañero o compañera le gusta que le expidan un “certificado de pobreza”, aducir que vive en un “rancho”, que tiene un piso de “barro” y cosas por el estilo.
En el fondo, todo esto no es más que una “escenificación” por parte del gobierno: el ajuste sigue exactamente la tónica internacional. ¿Por qué? Porque Argentina es parte evidentemente de ese mundo. Entonces, los elementos de relación entre la economía argentina y la economía mundial, que se han hecho más desfavorables, los quieren “solucionar” por la vía del ajuste.

Sin ninguna duda, se trata de un giro ortodoxo del gobierno.

Hay otro costado que es político, que es tratar de entender por qué el gobierno da un giro ortodoxo de esta naturaleza. Se trata de la naturaleza de clase del gobierno, de eso se trata, esa es la explicación de fondo. Sirve a modo de ilustración un viejo discurso de Perón en la Bolsa de Comercio, creo que en 1947. Perón decía algo así: “El gobierno es capitalista, no se confundan. Muchachos, acá somos todos de la misma clase social, no sean idiotas. Lo que pasa es que, a veces, hay que ceder un poquito si no se quiere perder todo”.

Es decir, Perón les dice claramente “somos todos del mismo palo”. ¿Se entiende? Solo que a veces hay que ceder, y otras ir a la ofensiva por todo; eso es todo, es el arte de la política burguesa, maniobrar para un lado y para el otro para preservar el sistema; y esa preservación del sistema, en definitiva, es lo que hace a la verdadera naturaleza social de los gobiernos patronales, sean más progresistas o no.

Ahora, cuando el gobierno considera ya aquietadas las aguas del 2001 y cuando hay que enfrentar la crisis mundial, bueno, ya está, hace un giro ortodoxo brutal. Y a eso le agrega otra cosa: el mecanismo bonapartista, el ponerse aparentemente “por encima” de la sociedad con el 54% de los votos obtenidos. Cristina dice: “Acá mando yo” y además este país es capitalista, nunca dijimos otra cosa, y por ahí viene el ajuste.

De contenido es eso; porque efectivamente el kirchnerismo le sacó las papas del fuego a la burguesía. Eso está vinculado a cómo funcionan las reformas: hay reformas cuando hay lucha de clases; cuando se reabsorbió la lucha, se acaban las reformas. Ese es el problema de las reformas: no son en función de la economía, son en función de la relación de fuerzas, y si la economía no da, se “inventa”, con guerras o con lo que sea, para mantener la dominación de clase.

“Yo soy el gobierno que soy, no sean idiotas”, repite Cristina, “cómo se nos va a ocurrir tocar las ganancias por ley”, les dice a los empresarios.

Hay idiotas que están en los medios, como Brienza en Radio América, que hablan del “ajuste redistributivo”. Ayer un compañero lo explicaba muy bien: el anunciado con bombos y platillos retiro de subsidios a determinadas empresas, simplemente significa que ellas inmediatamente trasladarán sus mayores costos a los precios; simplemente eso.
Es que en la Argentina no hay control de precios, Moreno “ladra” para negociar políticamente, “aumenta la semana próxima, no esta”, pero es solo eso, una sugerencia y nada más; en la Argentina K hay libertad de mercado. Control de precios es poner un techo oficial a los precios, por decreto, por una ley; eso no hay.

En el mismo sentido dijo también Cristina, “¿A quién se le puede ocurrir que prohibamos el giro de las ganancias al exterior?”. No, el kirchnerismo no es eso. Lo que ha hecho, sí, es recuperar cierto papel de “arbitraje” de los representantes políticos de la burguesía, representantes políticos que no se superponen directamente con los empresarios (de ahí la crítica a Macri que anula ese papel mediador de la política patronal).

Y en ese arbitraje, muchas veces hay discusiones o “presiones” a determinados empresarios, cosas así, pero nada por ley, todo oral, todo político: “Esta semana que no hay dólares en el mercado, por favor, no giren al exterior; pero la semana que viene llévense todo”.

En todo caso, para jugar ese papel “bonapartista”, para aparecer como “por encima de la sociedad”, una vez saca de un lado y otra del otro en función de “los intereses de la nación”, de los “40 millones de argentinos”; o se elige un enemigo emblemático como Clarín, se le pega a este (en general sin mayores consecuencias prácticas) pero en función de salvar y defender los intereses del conjunto de la clase capitalista como tal. 

Claro que no es como en los 90, en el sentido de que en los 90 la economía y la política aparecían como “compartimientos estancos” (obvio que el Estado se metía en la economía, pero para garantizar las condiciones del libre mercado). Ahora no hay ninguna prohibición; pero el Estado “sugiere”, “administra la vida política”, administra la recuperación de la economía, “arbitra”: “Bueno, afloja un poquito, dame acá, dame allá”, y así aparece como un gobierno de todos.

Tercer punto: la relación entre las masas, el gobierno y la burocracia.

Se prepara un lío para el 2012, porque Cristina hizo campaña con eso de que la Argentina estaba “blindada”. El país estaba “blindado” y tenemos “un gobierno nacional y popular”… El movimiento de masas ahora va a hacer las compras para Navidad y Nochebuena, y va a ver que todo está para arriba.

Lo que pegó del kirchnerismo entre los trabajadores fue la recuperación del empleo. Con un desempleo de masas del 40% se “acababa la economía”. Lo digo así, exageradamente, el país no funcionaba, no se podía “reproducir”. Esa creación de empleo súper explotado fue un poco la forma bastardamente burguesa de resolver la demanda central del Argentinazo, que era la de trabajo. Al mismo tiempo, con la creación de empleo con salarios bajísimos en términos internacionales, las patronales se hicieron la América sacando ganancias como nunca.

Bueno, ahora Cristina logró la reelección. Muchos dicen que “no es un cheque en blanco”; aunque a decir verdad fue un voto fue bastante ingenuo (ni siquiera desde la izquierda, el FIT, con todos los medios que tuvo a su disposición, logró alertar nada).

El kirchnerismo hace política y es visualizado por la clase obrera como “la mejor gestión gubernamental en las últimas décadas”. “Bueno, es el mejor gobierno desde hace 50 años” dicen muchos. De ahí que más bien lo que haya que esperar es un brutal choque de expectativas; efectivamente no hay o no había un alerta; pero en todo caso, paradójicamente, el choque entre las expectativas y la realidad pueda ser peor todavía que si el votante lo hubiera hecho con desconfianza (desconfianza que, insistimos, el FIT no logró predicar de ningún modo con su política, manual de oportunismo, de corte de boleta).

Porque en algún punto va a entrar en crisis la ingenuidad. Habrá un choque si en Argentina la crisis pega fuerte y además empieza a haber un poco menos de trabajo, si hay suspensiones (aunque no despidan) y además aumentan las tarifas y el transporte, y se plantea el problema de las paritarias. Entonces, ahí ya empieza la cosa a ponerse fea.

Y esto me lleva a otro elemento dentro de este punto: hay crisis en la burocracia. Y su naturaleza es esencialmente política. Porque el moyanismo, factor central de la estabilidad en todos estos años, tiene una crisis con el gobierno: el gobierno da un giro ortodoxo, pero Moyano habla de la “profundización del modelo”.

Por ejemplo la discusión sobre el “reparto de las ganancias”. Aun siendo un reclamo más formal que sustancial, pour la gallerie, se instala como una cuestión “desagradable”. A los tipos de la UIA no les gusta, tampoco a los capitalistas agrarios, o a los bancos: ¿para qué abrir el debate sobre las ganancias? Es algo demasiado delicado, y aunque la ley que presentó la CGT en el Congreso sea completamente inofensiva, abre una discusión que no lo es tanto y que nadie quiere abrir.

Debatir en la sociedad sobre qué hacer con las ganancias de los capitalistas, eso es demasiado. Cristina dijo: “si se ponen de acuerdo entre los empresarios y los dirigentes de determinado gremio, muy bien”, pero “establecer por ley la participación en las ganancias, ya no, es demasiado, cómo el Estado va a legislar sobre esto”.

Moyano está también planteando cosas que tienen que ver con la base social específica del moyanismo, determinados sectores de los ocupados, comenzando por los camioneros: el impuesto a las ganancias que afecta a los asalariados a partir de determinado piso (a decir verdad, a cada vez más compañeros y compañeras), está el tema del salario familiar, que llega a la gente que gana muy poco, menos de 3.000 pesos.

Pero más en general, está el problema de las paritarias: eso afecta al menos a todos los compañeros en blanco. Las paritarias tienen una “doble naturaleza” o un “doble carácter”. Es un mecanismo que, por un lado, aparece como involucrando colectivamente a la clase obrera, luego de que en la década del 90 la negociación estuviera fragmentada casi fábrica por fábrica o sector por sector. 

Pero por el otro lado, los que negocian son los burócratas, arrogándose el ser “el movimiento obrero argentino”; es decir, la clase obrera aparece representada (y enchalecada) por interpósita persona (que hace mucho no es obrera).

Las paritarias significan para la burocracia un margen de maniobra: algunas industrias pueden dar más que otras, etcétera; las paritarias implican (o escenifican) algún tipo de negociación, que también les da a los burócratas un margen de maniobras frente a la base obrera, un “margen” que nunca va a afectar el grueso de la ganancia capitalista.

Si el gobierno se planta en el 18% para abajo, entonces no hay ninguna discusión, no parece quedar mucho margen de maniobra para los burócratas. La CGT aparece dividiéndose y ahí aparece Pignanelli del SMATA, que parece que es un lumpen remachado. Lo conocen los compañeros del gremio, es un burócrata que hace 30 años que está en el SMATA. Asume ahora y dice: “Ah, no, estamos dispuestos a discutir, pactemos algo primero y a los seis meses revisemos”. Es decir, una línea opuesta a la de Moyano.

Es obvio, es uno de los que se está candidateando para la CGT. “A Moyano lo quieren; pero hay otros que estamos dispuestos”.

Porque Moyano tiene ese lío: el gobierno lo quiere desplazar. Entonces dice: “no, un momento, hasta acá llegamos”, y se pinta la cara.

Pero hay una contradicción. ¿Podemos confiar en la burocracia? No, para nada, es una capa social hostil a la clase obrera; pero eso no quita que tenga contradicciones, a veces serias contradicciones. Hay que tener en cuenta esas contradicciones en la táctica, pero sin confundir la estrategia, que es la lucha implacable contra todas las alas de la burocracia y el impulso al desborde y la recomposición.

Acá también hay como una pelea de “legitimidades” entre Cristina y Moyano. Cristina dice: “Tengo el aval del 54% y no negocio con nadie, este no es un gobierno de ninguna corporación, es el gobierno de 40 millones de argentinos”.

Pero el hecho es que existe otro tipo de “instituciones” en el país, no solamente la electoral-representativa del voto secreto.  Por ejemplo, la burocracia sindical es una de las principales instituciones del régimen e, incluso, del Estado capitalista (ojo, hablamos de la burocracia, no de los sindicatos como tales).

¿Figura como institución? No, es una institución de hecho que usurpa la representación de los sindicatos y se ampara en determinada “legalidad” (la Ley de Asociaciones Profesionales). Es un elemento fundamentalísimo de la estabilidad capitalista y Moyano obviamente lo sabe. De ahí el choque de “legitimidades”.

O sea, acá hubo en los últimos años casi un “partido único”: el peronismo. Pero existen otras fuerzas. Existe la burocracia sindical, fundamental para la estabilidad del régimen y el sistema. Hay que recordar el famoso “paro del segundo” el 20 de diciembre del 2001 (había convocado a uno el 13 de diciembre anterior, pero todavía la rebelión no había estallado).

El 20 de diciembre estábamos con el partido recién “refundado” en Avenida de Mayo; había bastantes compañeros jóvenes, tuvimos una cabecera conjunta un ratito con el PO y el PTS, la CCC nunca llegó y el MST se había ido corriendo, y cinco minutos antes de que renunciara De la Rúa, creo que eran Moyano y De Gennaro, aparecen anunciando un paro general… A los cinco minutos se levantó porque De la Rúa ya se había ido en su helicóptero. ¡Después de eso, en los últimos diez años, la CGT jamás convocó siquiera a un paro general pasivo!

Cuarto elemento. Las luchas que vienen.

Digámoslo claramente: el 2012 no va a tener nada que ver con la calma chicha electoral del año que termina, y al cual cierta izquierda no hizo más que adaptarse. Lo que viene es una coyuntura de crisis, contradicciones crecientes y duras luchas. 

Un escenario marcado por la profundización de la crisis económica que viene desde el mundo, por contradicciones como las que me acabo de referir y por el señalado choque en las expectativas que va a desatar bronca entre amplios sectores de la clase obrera y por lo tanto presiones reivindicativas por el salario, las condiciones de trabajo y el empleo en condiciones en que el gobierno va a administrar la receta de un duro ajuste.

Está claro que, seguramente, donde primero o más agudamente se va a hacer sentir esto, aunque no sea mecánico, es en los lugares donde hay direcciones independientes. De ahí también que  no sea casual el ataque que viene habiendo a la vanguardia obrera (y la vergonzosa ley “antiterrorista” que el oficialismo se apresta a votar en el Congreso).

Está el tema de Mariano Ferreyra, los impunes asesinatos a integrantes del MOCASE y los Qom en Formosa; y les recuerdo que la detención del “Pollo” Sobrero pocos días antes de las elecciones fue muy provocativa, muy horrible: lo metieron preso delante de su hija; traumatizaron a la piba, dejaron preso al padre delante de ella.

Obvio, lo dejan preso, no lo van a “desaparecer”; pero hay que tener claro que la lucha va a ser más dura. No hay que exagerar, pero va a ser más dura. Lo cual, por otra parte, no viene mal para que se foguee un poco la izquierda revolucionaria, porque tenemos un lío terrible, somos una izquierda “ultra-light”, descremada. Tenemos que utilizar todo lo posible las posibilidades que da la democracia burguesa, pero no para adaptarnos a ella; un poco nos fogueamos con el Argentinazo, pero no fue suficiente, ya pasaron demasiados años de sus momentos más álgidos, y en los últimos años pesó demasiado la “democracia” (de esto también son un indicativo los pocos reflejos de la campaña del FIT).

Ser conscientes de ello, porque mucha de la militancia joven de la izquierda se la pasa en el face book; y ya nos han sacado 70 millones de fotos de perfil, de frente, en las marchas, todo eso. Somos todos a partir de los 80 de generaciones bastante “imberbes”. Somos la “ingenuidad”, casi damos lástima. Todos. 

La década del 70 fue otra cosa, otra escuela. En eso el PST fue heroico más allá de sus inercias, tuvo 100 desaparecidos. La izquierda hoy, en ese sentido, es casi “descremada total”. Hay que ser conscientes de que se está a años luz de ser organizaciones realmente revolucionarias, con pruebas en grandes luchas de masas.

Atención que esto no se resuelve tampoco por el atajo de las sectas, de manera sectaria, ridícula: no nos vamos a empezar a cuidar hasta de las sombras; pero es un lío. No se pueden tomar tareas desligadas de la realidad, o vivir una experiencia que no se ha hecho, pero hay que ser conscientes de que somos hijos de un período de 40 años sin revolución, o 30.

En fin, en el 2012 no va a pasar nada tan dramático, pero posiblemente las cosas se vayan a poner más duras el año que viene; hay que prepararse para eso, tanto la izquierda en general que se dice revolucionaria, como el partido en particular. 

Para el partido, la primera tarea será esa: el vuelco a los duros conflictos que están por venir. No hay manera de educar a un joven partido como es realmente el nuestro en la clase obrera, si el partido no se vuelca a los conflictos (amén de otras medidas que hay que tomar).

Quinto problema: el proceso de recomposición y la izquierda revolucionaria
En el 2011, año muy electoral, hubo pocas novedades. La gran prueba fue la del Roca, y la burocracia ganó sin atenuantes. Claro, es el Roca, el principal ferrocarril; si pierde la burocracia ahí es una revolución. Pero eso no quita que más allá del “sindicalismo perro” de Izquierda Socialista, lo del Sarmiento no sea una inmensa conquista. Lo del Subte es otra “mega-conquista”, aunque ahora esté metida la mayoría de su cuerpo de delegados y sindicato en la CTA; pero el proceso de la base es más global y puede dar un giro en cualquier momento.

La cuestión es que más allá de que no haya habido grandes novedades en el 2011, la burocracia tiene un problema real que no logra resolver: que la izquierda, si bien aún no dirige ningún sindicato nacional, empieza a disputarle las comisiones internas, algo histórico. Si vas al ferrocarril, el Belgrano Norte o el Sarmiento; si vas a la Alimentación, Kraft; si vas al Neumático, Fate.

Nadie le cuestiona todavía la dominación global a la burocracia, pero la cosa ya es “desagradable” para ellos. A la burocracia le gusta hacerse la “panzada” tranquila; pero ahora tiene esa cosa “desagradable”, persistente, que crece y no se detiene: el ingreso de la izquierda en las comisiones internas.

De ahí los discursos contra “la zurda” que se comienzan a escuchar más seguido en la burocracia. Recuerden el gorila ese, Belén, que estaba de vocero de Moyano en la CGT un par de años atrás, luego parece que lo sacaron porque era impresentable (era de la UOM). Le atribuía la culpa casi abiertamente al kirchnerismo por el avance de la izquierda en la vanguardia obrera.

Otra cosa era la burocracia de los 70: hay que recordar los métodos de Hugo Curto, hoy día intendente casi “vitalicio” de Tres de Febrero, y ex dirigente de la interna de la FIAT; se caracterizaba por colgar a los activistas del alambrado (obvio que muertos) como para darles un mensaje “subliminal” a todos aquellos que quisieran hacerse los “loquitos”…

Claro, son otras condiciones, pero la burocracia argentina, igualmente, es de las más capaces y fuertes del mundo, con más “tradición”, a pesar de la crisis estructural que vive.
Pero esto se combina con otra cosa todavía: la tradición que tiene el trotskismo en nuestro país, como subproductos de varias cosas: la estructura social “moderna” del país, el peso de la clase obrera en ella, su “nivel cultural” relativo, y al mismo tiempo no deja de ser un país semicolonial, que vive de crisis en crisis, muy dinámico. 

Es un país que sembrás una flor y sale un trotskista (digo algo exageradamente, se entiende). Porque es un país “especial” para el trotskismo, una de sus capitales mundiales. Vas a Honduras, sembrás una flor, y sale otra cosa. Pero Francia es igual, algo muy parecido a Argentina. Las dos principales capitales del trotskismo mundial son Francia y Argentina.

En fin, las luchas que vienen van a ser más duras; va a haber pruebas en la recomposición y ahí también se probará el partido. Va a servir para educar al conjunto del partido, que insisto, hoy es un partido muy joven.

Es ahí donde entra el neumático; la posibilidad siempre latente (pero nada fácil) de disputarle el gremio nacional a Wasiejko. Pero todo es difícil. El proceso de recomposición no es “químicamente puro”, hay de todo, hay lucha de tendencias, hay compañeros centristas, los hay reformistas, hay “forros” de la CTA, hay autonomistas, hay sectas trotskistas que solo gustan de contemplar sus ombligos…

En fin, en la amplia vanguardia obrera en el país hay un estratégico proceso de recomposición que debe ser el centro de las tareas de la izquierda revolucionaria y más aún del partido, a pesar de su debilidad orgánica todavía. Pero el inmenso capital humano y político que ya somos, la fuerza que comienza a tener de manera creciente el partido y la nueva generación que lo integra, la gran tarea de este Congreso y del período por venir, en lo que tenemos que rompernos la cabeza, es en cómo lo “invertimos” para educar al partido y pegar un salto en nuestra influencia en este proceso, que es el proceso estratégico y el central de los revolucionarios en nuestro país.