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Proyecto de ley sobre el papel de diario
Verdades y mentiras
sobre la libertad de prensa
Por Marcelo Yunes
El gobierno continúa la ofensiva contra el Grupo Clarín en varios frentes. Carga contra Cablevisión (con la ayuda de otros empresarios damnificados, como el Grupo Vila), avanza con la causa por la apropiación de Papel Prensa (los acusados son Clarín y La Nación, y hasta se pide ahora que Magnetto comparezca ante el juzgado) y propone una ley que regule la fabricación, venta y distribución de papel de diario. El misil va directo contra la administración de Papel Prensa, donde pese a la participación minoritaria del Estado, las decisiones las toman los directivos que responden a los accionistas que juntos tienen mayoría: Clarín (49% de las acciones) y La Nación (22%).
Desde ya, ambos diarios largaron una profusa campaña (en el caso de Clarín, otra vez recurriendo a la tapa blanca, sólo con el texto del artículo 32 de la Constitución), que replica en los numerosos medios del grupo y los no menos numerosos periodistas y políticos que deben sus carreras, en todo o en parte, a las atenciones del multimedios. La Nación cita el Pacto de San José de Costa Rica, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (¡¡!!); le faltó el tratado intergaláctico de la democracia. Algunos felpudos de Clarín ya pecan de exceso de celo: por ejemplo, la senadora Norma Morandini (del FAP de Binner y ex periodista del diario) se quejó de que “en nombre de la democracia se limita lo que define a la democracia, que es la libertad de prensa (¡sic!)” (El Cronista Comercial, 19/12). Según parece, el control absoluto de Papel Prensa es estalinismo puro si lo ejerce el gobierno K, pero es un dechado de virtudes democráticas si está a cargo del Grupo Clarín.
Curiosamente, los medios oficialistas citaron casi exactamente los mismos textos en respaldo de la iniciativa kirchnerista (Tiempo Argentino en particular, en su tapa del 19/12 puso el artículo 42 de la Constitución), haciendo énfasis en el “control de los monopolios”.
¿En qué consiste la nueva catástrofe institucional del kirchnerismo devorador de libertades democráticas? Empecemos diciendo que el proyecto de ley es incluso más timorato que el que había presentado en 2010 la diputada Merchán, de Libres del Sur, que limitaba más estrictamente la propiedad del paquete accionario (nadie podía superar el 33%, tampoco el Estado). La ley en debate, cuyo texto es brevísimo, sólo establece en general la provisión de papel a precio igual a todos los que lo requieran, propone una comisión bicameral de seguimiento y deja el marco regulatorio definitivo en manos de un “Consejo Consultivo Federal” que integrarán los representantes de todos los diarios del país (es decir, sus dueños).
El resultado probable de todo esto: se acaban los privilegios comerciales de Clarín y La Nación en cuanto al precio del papel de diario. Habrá provisión de papel a precio similar para todos los medios gráficos. El Estado (y el gobierno) tendrán más control de las decisiones empresarias en Papel Prensa. Esto implicará seguramente que se terminen abusos como mantener deliberadamente capacidad productiva ociosa para obligar a la competencia a comprar papel importado, o sueldos de 6 millones de pesos anuales para sólo seis directivos del sector privado. No se prevén cambios en la composición del paquete accionario de Papel Prensa, donde Clarín y La Nación seguirán teniendo mayoría. No habrá estatización, como se encargó de aclarar el jefe del bloque K en Diputados, Agustín Rossi. Punto.
Libertad de prensa, libertad de empresa y los límites K
Los términos del debate no son difíciles. Toda defensa de los “principios de la libertad de prensa” por parte de Clarín y La Nación está irremediablemente viciada de nulidad por la falta de credibilidad del emisor del mensaje. Ninguno de los dos diarios hizo la menor defensa de la libertad burguesa de prensa cuando ésta estaba realmente comprometida, bajo la dictadura militar. Lo que es más, medraron con esa misma dictadura y sus métodos para quedarse con la fábrica que monopoliza la producción del principal insumo del diario, el papel. La componenda siniestra entre ambos diarios y la dictadura no ofrece la menor duda, más allá de que la causa avance o no. Que ahora pretendan aparecer como apóstoles de la libertad amenazada por la “dictadura kirchnerista” sólo da la medida de su cinismo.
Lo notable es que el kirchnerismo, supuesto enemigo jurado de “la corpo” y “los monopolios”, propone un cambio sumamente light incluso para los intereses de los multimedios. La “guerra” tiene límites precisos, y no sólo no está en contradicción con la vocación capitalista exhibida por Cristina Fernández últimamente, sino que la refuerza.
El kirchnerismo pretende un comportamiento capitalista “normal” de la empresa que tiene el monopolio de la producción del papel de diario, en vez de uno distorsionado por intereses privados. En eso consiste, justamente, lo de declarar a esa producción “de interés público”. La intervención estatal, lejos de los delirios clarinistas, será muy limitada. Es cierto que un insumo más barato y a precio de mercado “justo” permitirá la aparición y desarrollo de más medios gráficos, y no hay por qué dudar que unos cuantos de ellos serán de línea oficialista. [1] De ahí a suponer que el panorama de la prensa será el de la Corea del Norte de Kim Il Sung o… la Argentina de Videla (bajo la cual prosperaron y mucho los actuales apóstoles de la libertad), hay un mundo de distancia.
El punto que, una vez más, está fuera de la agenda cada vez que se habla de “libertad de prensa” son los trabajadores de prensa. Tanto los actuales controladores de Papel Prensa como el gobierno debaten en términos de los diarios como empresas. Los que recolectan, escriben, analizan y presentan las noticias están ausentes, así como sus problemas, que, ellos sí, atañen a la verdadera libertad de prensa.
Porque es cierto que una parte esencial de esas libertades tienen su base material en el costo del insumo principal, el papel de diario. Pero la cuestión no se agota ahí: tan o incluso más importante es que los periodistas y demás trabajadores de prensa no vean coartada su libertad de expresión y pensamiento por los dueños de los diarios, a quienes el proyecto oficial propone conceder la potestad de fijar el “marco regulatorio”.
Y este tema no es un principio abstracto, sino un conflicto actual y tangible en todos los diarios, sean de línea opositora gorila o sean voceros del kirchnerismo. Los despidos, presiones y formas sutiles y no tanto de censura contra los periodistas están a la orden del día en todas las redacciones. Hubo un caso reciente de censura flagrante contra un periodista en Página 12, una rebelión en Tiempo Argentino contra una tapa antiobrera, el despido de un periodista ¡de espectáculos! de La Nación por una reseña de una obra de teatro, y muchos otros casos menos groseros y conocidos, pero cotidianos. El telón de fondo de esta situación es la cerrada negativa de todas las patronales, “gorilas” o “del proyecto nacional”, a permitir la extensión de la democracia sindical y los derechos de los trabajadores. Para no hablar de la paritaria de prensa, sistemáticamente boicoteada por los dueños de diarios en lo que hace a salarios y condiciones de trabajo.
En suma, la verdadera libertad de prensa y expresión son una cuestión demasiado seria y profunda para dejarla en manos de los empresarios de prensa argentinos. Que se dividen en: a) delincuentes cómplices de la dictadura, y b) advenedizos con mentalidad de almacenero que buscan medrar a partir de su adhesión al oficialismo; no queda mucho espacio para una eventual categoría c).
Por lo tanto, este debate debe bajar del Olimpo de los sacrosantos principios democráticos, la Constitución, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU o la Magna Carta inglesa de 1215, y pasar a versar sobre cuestiones mucho más terrenales. Como ya hemos señalado en otras oportunidades, nuestra posición es que Papel Prensa debe ser expropiada sin indemnización alguna a sus criminales apropiadores, debe pasar a ser de propiedad estatal y, cuestión fundamental, debe haber verdadero control sobre su nivel de producción, precios y distribución. Pero ese control no puede estar, justamente, en manos de las patronales de prensa ni del Estado o gobierno de turno: ésa es la receta para reemplazar los abusos y negociados de Clarín y La Nación por otros nuevos. El control debe ser de los más interesados en defender la real libertad de prensa y expresión: los que hacen y escriben los diarios todos los días, los trabajadores de prensa.
Nota
1. Clarín y La Nación vaticinan una avalancha de medios oficialistas porque “quien controla el papel, controla los diarios”, según la imprudente confesión de Magnetto. Es muy cierto que la relación material con el gobierno (vía insumos, publicidad, etc.) influye en la línea editorial de un diario. Nadie sabe esto mejor que Clarín y La Nación: un informe de la Sociedad Interamericana de Prensa de 1978, comentando el negociado entre la dictadura y esos diarios sobre Papel Prensa, expresa “graves reservas sobre el proyecto”, que implica “un generoso crédito ofrecido por el gobierno militar. Semejante situación encierra muchos peligros. No es el menor de ellos que esto imponga no antagonizar con el gobierno”. En efecto, cuentan los redactores de la SIP que los sorprendió el grado en que la prensa aceptaba la censura de Videla y Cía. Y cada vez que los hombres de la SIP querían avanzar en algún tipo de denuncia de la situación de la prensa bajo la dictadura, “nuestra misión chocó a cada paso con la opinión de que ‘la Argentina’, por citar a un editor, ‘goza de absoluta libertad de prensa dadas las circunstancias’” (proyecto de ley, folios 19 y 20).
De modo que nuestros aguerridos defensores de la libertad no deben desesperar. Aun si el kirchnerismo se sale con la suya, todavía es posible que quede en la Argentina algo que pueda llamarse libertad de prensa… “dadas las circunstancias”.
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