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Socialismo o Barbarie, periódico nº 216, 23/12/11

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Gobierno K vs. Moyano - Round 2

Se profundiza el conflicto entre
el Gobierno K y Moyano

Por Nacho Vargas

“No conviene distraerse con enredos, aunque sean cautivantes. El problema central del conflicto entre la Presidenta y Hugo Moyano es que, en el mismo momento en que se propone estabilizar la economía, el Gobierno asiste a la ruptura de su alianza con el sindicato más dotado para la protesta pública” [1].

Afirmaciones de este tipo abundan en la prensa burguesa de estos días. Si bien, conociendo a la burocracia sindical, podría decirse que hablar de “ruptura” de la alianza del Gobierno con Moyano es apresurado, también es cierto que en los últimos días estamos asistiendo a una serie de hechos que, en el caso de prolongarse en el tiempo, podrían terminar de establecerse como un nuevo elemento de la política de la Argentina modelo 2012.

Legitimidad política vs. legitimidad reivindicativa

Si bien desde estas páginas hemos venido analizando y denunciando el rumbo reaccionario y antiobrero que ha encarado el Gobierno de Cristina K luego de alzarse con la victoria en las últimas elecciones, queremos ahora detenernos sobre un punto: la profundización de elementos bonapartistas en el Gobierno K.
El Gobierno busca ponerse por “encima de los intereses sectoriales” (o de las “corporaciones”, que serían “particulares”, como le gusta decir a Cristina), como “representante general y único” de la vida política para poder administrar la Argentina que se viene. Es por eso que Cristina repite en cuanta tribuna puede, que ella es “la representante de los 40 millones de argentinos”. Desde esta ubicación política, intenta alinear (por la vía que sea necesaria) al resto de las expresiones políticas, sociales y sindicales detrás del proyecto “nacional y popular”.
El problema es que, con Moyano, este planteo tiene por lo menos dos escollos a superar. El primero tiene que ver con la naturaleza del proyecto. Moyano viene agitando y haciendo campaña por la famosa “profundización del modelo”, que desde su óptica implicaba que el Gobierno tomara en cuenta por lo menos alguna de las siguientes medidas: más espacios en la listas para la burocracia (llegó a reclamar la vicepresidencia y el 33% en las listas); ley de reparto de las ganancias de las empresas entre los trabajadores; intangibilidad de las cajas de los sindicatos; paritarias con cierto grado de “autonomía” y aumentos salariales con números “tragables”; suba del mínimo no imponible para impuestos a las ganancias o su directa eliminación; eliminación del tope salarial para percibir la asignación familiar.
Lo cierto es que, a días de haber ganado las elecciones, el Gobierno puso en marcha el operativo “sinceramiento económico” y tiró por la borda todas las expectativas moyanistas: del 33% que pedía Moyano... Cristina le concedió un solo lugar (que ocupó su hijo Facundo) y de vice puso al “progresista” del CEMA Amado Boudou; a los pocos días enterró (con ironía y frente a todos los empresarios) el proyecto de reparto de las ganancias; en cuanto a las cajas sindicales, de los rumores de estatización el Gobierno pasó a la acción, al sancionar el nuevo Estatuto del Peón Rural, que le quita a la UATRE el manejo de unos 800 millones de pesos por año y los pasa a la órbita del Ministerio de Trabajo; en cuanto a las paritarias, ya viene anunciando la voluntad de que los aumentos salariales no superen el 18%. A esto hay que sumarle el impacto que va a tener en los bolsillos de los trabajadores el tarifazo en los servicios y el evidente traslado a los precios de los bienes de consumo que harán (más bien ya están haciendo) los empresarios. Y por si fuera poco, la voluntad del Gobierno de imponer una nueva cúpula en la CGT, más moderada y acorde con los tiempos que se vienen.
El segundo escollo tiene que ver con que Cristina quiere imponer unilateralmente su legitimidad, llamémosle “política” (surgida del voto secreto), por sobre el conjunto de la sociedad para aplicar su programa. Este acto de tramposa “democracia burguesa radical” entra en evidente conflicto dado que en la sociedad coexisten distintos tipos de actores sociales e instituciones cuya legitimidad no brota exclusivamente de las urnas. De esta forma, para los K la legitimidad política es patrimonio exclusivo del Ejecutivo y el resto están llamados a obedecer, dado que son representantes de reivindicaciones “parciales y corporativas”.
Es el caso de Moyano en particular y la burocracia sindical en general. Es por eso que en su discurso del Día del Camionero, Moyano salió al cruce: “Cuando se habla del 54% que sacó la Presidenta, que recuerden que más del 50% de ese porcentaje es de ustedes. Que no se equivoquen, no son sólo de los chicos bien, son de los trabajadores” [2], buscando hacer mella en la retórica bonapartista K. En el mismo sentido debe interpretarse la renuncia de Moyano a sus cargos en el PJ. Al decir que “no tiene vocación de bufón” está discutiendo el rol que Cristina pretende darle al movimiento obrero en general y la burocracia sindical, como supuesto “representante” suyo, en particular.

Fisuras y reacomodamientos en la burocracia sindical

El problema es que este juego es potencialmente peligroso para la “plancha” que pretende el Gobierno en el 2012, porque puede generar (y parece que estaría ocurriendo) fisuras, grietas y reacomodamientos en la burocracia, uno de los pilares fundamentales del modelo K. La combinación de los elementos arriba mencionados, el programa y el método K, han movido el avispero de la burocracia sindical.
Producto del giro reaccionario del Gobierno, parecen vislumbrarse dos tendencias que de sostenerse podrían cambiar sensiblemente la coyuntura política. Por un lado, parece asomar todo un sector de la burocracia cegetista que se postula como recambio “ultrakirchnerista” de Moyano y con intenciones de avanzar en las paritarias con techo que quiere Cristina: “La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Antonio Caló y Naldo Brunelli, el sindicato de mecánicos (Smata) de Ricardo Pignanelli y la Asociación Bancaria de Sergio Palazzo, son los gremios que harían punta en las negociaciones del 18% pautadas desde el Poder Ejecutivo. Pero sólo una vez que se compruebe la evolución de los precios del primer trimestre o cuatrimestre se fijarían las subas que compensen la pérdida del poder adquisitivo de la canasta familiar”. [3]
Esta es, si se quiere, una novedad, dado que representantes burocráticos de gremios pertenecientes a ramas centrales de la producción industrial de la Argentina, aparecen como queriendo “patear el tablero” y desplazar al líder camionero de la conducción, pactando paritarias bien a la baja ahora y luego dejando abierta una “compensación”...
Por el otro lado, pareciera que Moyano empieza a operar como una suerte de articulador de una oposición al Gobierno K. Con la oposición política en cuarteles de invierno luego del vapuleo electoral, ha quedado una suerte de lugar vacío en el escenario de la política vernácula. Ni lerdo ni perezoso, Moyano se ha dado cuenta de que en su giro derechista, Cristina ha dejado “olvidadas” algunas banderas que él podría eventualmente recoger, y comienza a articular a su alrededor una suerte de “oposición burocrática”. A los gremios aliados (taxistas, judiciales, canillitas) se le podrían sumar nuevos socios provenientes de sectores que hasta hace no mucho era antimoyanistas. Empezando por el gastronómico Luis Barrionuevo, pasando por Gerónimo “Momo” Venegas de la UATRE hasta llegar a la CTA de Pablo Micheli, uno tras otro han salido a hacer pública su novedosa simpatía con el camionero.
Por el lado de Barrionuevo, los lazos se estrecharon ya cuando Moyano defendió a Ricardo Cirielli, líder de los areonáuticos, cuando el conflicto de Aerolíneas. A Venegas lo había “bancado” cuando fue detenido hace unos meses y recientemente acompañó sus reclamos contra la aprobación del Estatuto del Peón Rural, retirando a los tres diputados que le responden del recinto; por último, con Micheli planean trabajar en una “agenda común”. [4]

Perspectivas y tareas de la izquierda

De confirmarse estas tendencias (que hoy están inscriptas en el proceso pero aún no se han desarrollado plenamente) y sumadas a las complicaciones económicas que se avecinan, se preanuncia un 2012 muy distinto del año que se está terminando. Un escenario de fragmentación en la burocracia sindical, con una posible fractura de la CGT en puertas, complejizaría los planes de imponer un pacto social que vienen anunciando los K junto con los empresarios. De ahí la preocupación galopante que manifiesta últimamente el “industrialista” De Mendiguren: “Para nosotros, lo que más nos puede preocupar es que no haya un interlocutor, que el movimiento obrero termine fracturado. Para un año como el que se avecina, es importante tener enfrente un único referente. Lo peor sería un escenario atomizado”. [5] El problema es que si no está garantizada la “obediencia” de por lo menos una buena parte de los sectores sindicales, es muy difícil cerrar un acuerdo general. El riesgo que se corre es que la atomización genere un efecto de “sálvese quien pueda”, en el sentido de que cada sector negocie por su cuenta.
Planteadas estas potenciales tendencias, es fundamental recordar siempre y no perder nunca de vista que estamos hablando de la burocracia sindical. Es por eso que todo el tiempo salen los acólitos del Moyano a tratar de bajar los decibeles y tender puentes de diálogo con el Gobierno. Es que, como varios de sus exponentes se han encargado de advertir en estos agitados días, por regla general la sangre no llega al río.
Desde el punto de vista de la izquierda, este potencial escenario sería claramente favorable en el terreno de la lucha de clases, ya que se abre la posibilidad de aprovechar todas las contradicciones que surjan. Sin embargo, es central no confundirse: más allá de cualquier tipo de táctica que pueda utilizarse aquí o allá, la tarea estratégica sigue siendo apostar al desborde de las burocracias de todo tipo y color, denunciando sus traiciones y entregas y jugarse con todo por el desarrollo independiente de la nueva generación obrera, sobre todo teniendo en cuenta que si 2011 fue, en términos generales, un carnaval electoral de principio a fin, el 2012 pinta para ser un año lleno de lucha en las calles.

Notas
1. Editorial Carlos Pagni en La Nación, 19-12-2011
2. Discurso Hugo Moyano, en Clarín 15-12
3. La Nación, 18-12
4. Clarin, 19-12
5. De Mendiguren en La Nación, 16-12