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Durísimo conflicto en la Línea 60
5 días de paro que hacen retroceder
a la patronal y su patota
Por Héctor "Chino" Heberling
En plena primavera electoral, copada por la campaña de Cristina que no se cansa de alabar las supuestas bondades del “modelo K”, estalló una verdadera rebelión obrera en la línea de colectivos más importante del país. Parece que los choferes de la 60 no perciben que la Argentina es un paraíso para los trabajadores, la realidad es bien distinta a la que pintan por televisión. Desde el año pasado se hizo cargo de la quiebra de la 60 el Grupo DOTA, que se ha transformado en un verdadero monopolio del transporte que lleva “compradas” alrededor de 40 líneas; todo gracias a los beneficios de los jugosos “subsidios oficiales”. El método de esta patronal mafiosa y negrera para acrecentar las ganancias, es el mismo en todas las líneas que compró: barrer el convenio y las viejas conquistas, echar a los “viejos”, imponer la “vuelta completa” y el pago en negro, el que se queja ¡afuera! y si seguís molestando te mandan la patota. Por supuesto todo avalado y apoyado por los traidores de la UTA y la complicidad de Tomada y Schiavi.
Los trabajadores de la 60 le pusieron un freno
Pero en la 60 les salió un grano. Las malas liquidaciones en las vacaciones, los cambios de tareas para los enfermos y el desconocimiento del cuerpo de delegados como representante del personal, entre otros reclamos, llevó a los trabajadores al enfrentamiento con la patronal. Hicieron paros en abril y junio, también cortaron la Panamericana, las medidas se levantaron en dos oportunidades después que la patronal firmaba en el Ministerio de Trabajo que cumpliría con los reclamos. ¡Mentiras! Firmaba sólo para que los trabajadores levantaran las medidas, enfriar un poco la bronca y después seguir apretando. Tomada, bien gracias, miraba para otro lado. En agosto hubo elecciones de delegados, y para desbancar a la actual comisión, la patronal (al estilo del asesino Pedraza en el Roca) “incorporó” más de 200 personas: DOTA con la complicidad de la UTA trataron de organizar una fuerza de choque para ganar las elecciones. Pero se llevaron una sorpresa, los trabajadores ratificaron al actual cuerpo de delegados con un contundente triunfo de 1.032 votos contra 360 votos de la lista apoyada por la burocracia y la patronal. Pasadas las elecciones se comienza a retomar la discusión de los reclamos pendientes, es así que para el lunes 19 de septiembre estaban programadas asambleas en las cabeceras de Maschwitz y Constitución para organizar un quite de colaboración y presionar por el reiterado incumplimiento patronal. La empresa DOTA y la UTA tramaron una contraofensiva brutal. Por la madrugada “manos anónimas” le prendieron fuego al auto del delegado Néstor Marcolín de Constitución y cuando ya se estaba largando la medida en la cabecera de Maschwitz, apareció una patota que estaba integrada por varios de los “nuevos empleados”, los que a punta de revolver y elementos contundentes trataron de quebrar la medida. Realmente les salió el tiro por la culata, no sólo porque se comieron una paliza y los echaron del predio, sino que a partir de las agresiones los trabajadores votaron en ambas cabeceras un paro por tiempo indeterminado por todos los reclamos y la ocupación y control de las cabeceras para que se vaya la patota. Más tarde también se echó a la patota de Constitución.
Un paro contundente
El paro salió con una fuerza tremenda, muchos compañeros repetían “esta vez no hay que levantar” o “esta vez vamos por todo”, inmediatamente los delegados junto con los activistas y la “Agrupación al volante” comenzaron a organizar la medida con la idea de que la lucha podía ser larga, y no le erraron. Prácticamente fueron 5 días que la línea 60 estuvo paralizada: de lunes a viernes 300.000 personas por día tuvieron que buscar otro medio de transporte, “un verdadero caos”, titularon los medios. Se comenzó por organizar los turnos de permanencia y las distintas tareas, la cocina, la seguridad, la prensa, la difusión. Mientras Maschwitz cortaba la colectora, en Constitución se llamó a todas las organizaciones a conformar un Comité de Apoyo a la huelga. El conflicto tomó de sorpresa al gobierno, dedicado a otros menesteres más agradables. Una vez más Tomada intentó maniobrar y engañar a los compañeros prometiendo el mismo arreglo de siempre: levantar la medida a cambio que el Ministerio obligue a la empresa a cumplir, las primeras reuniones terminaron con un rechazo contundente de la parte obrera. Pasaban los días y el apoyo a la lucha se empezaba a notar, cantidad de delegados, comisiones internas, agrupaciones y partidos se hicieron presentes para brindar su solidaridad. Desde el primer día el Nuevo MAS se puso a disposición de lo que necesitaran los trabajadores, le imprimimos dos volantes para difundir la lucha. El primero dirigido a los colectiveros y el segundo para repartir a sectores de trabajadores y estudiantes, también le hicimos los bonos para el Fondo de Huelga, todas tareas acordadas en la reunión del Comité de Apoyo. Los compañeros del Frente de Trabajadores Combativos, organización que agrupa a trabajadores desocupados, de la que son parte compañeros del MAS, como es su costumbre de apoyar la lucha obrera, colaboraron con alrededor de 500 kilos de mercadería para la “olla”. Como parte de las tareas de recaudar fondos y difundir la lucha, los compañeros de la juventud recorrieron junto a trabajadores de la 60 decenas de cursos de la Facultad de Sociales, del CBC Avellaneda y del IUNA, denunciando la agresión de la patota patronal y explicando los motivos de los reclamos a los estudiantes, que se identificaron con la lucha colaborando con un aporte en las cajas que se pasaban. Para el miércoles 21 el gobierno larga por los medios que “decretaba la conciliación obligatoria” y prometía la solución a los reclamos, la mayoría de los compañeros recordaron lo que había ocurrido en las anteriores oportunidades y después de discutir en asambleas de cabecera ganó por mayoría la posición de rechazar la conciliación y exigir más garantías para suspender la medida, empezando porque la empresa deposite lo que adeuda. Si bien hasta ese momento el paro se mantenía a rajatabla en ambas cabeceras, la votación de la asamblea de Constitución por un contundente 86 a 3 garantizó en un momento crucial la continuidad del paro, obligando al gobierno a poner las barbas en remojo y cambiar de táctica. Ya entrado el jueves los compañeros empezaron a considerar “profundizar la lucha” programando cortar el viernes la Panamericana y el Puente Pueyrredón y el lunes “una acción masiva en la Capital”. Con la presión que metía el paro de tener todos los días un caos para miles de pasajeros de la zona Norte, el gobierno saca de la galera la mediación de la CGT y la CTA, que se ofrecen como “garantía del acuerdo”, por los medios se “filtra” la posibilidad de un acuerdo. El viernes temprano los compañeros de Constitución cortaron el Puente Pueyrredón y luego caminaron por la Autopista obstaculizando durante horas el tránsito que entra a la Capital desde la zona Sur. Cerca del mediodía en la cabecera de Maschwitz los delegados llamaron a asamblea donde presentaron el ofrecimiento del gobierno: depósito de una suma a cuenta de las malas liquidaciones, reconocimiento de los delegados y el pago de sus salarios, la formación de una comisión entre Trabajo y Transporte para intervenir la administración de la empresa que verifique las liquidaciones y el pago de los días de paro. Todo esto avalado por la CGT y la CTA; la mayoría de los delegados dijeron “ganamos” y se propuso levantar la medida, la asamblea apoyó la moción y se comunicó a los medios que el paro estaba levantado. Esta decisión cayó mal entre muchos compañeros de Constitución ya que se enteraron del levantamiento mientras estaban cortando las calles de Plaza Constitución, enseguida se fueron a la cabecera y aunque hubo mucha discusión y críticas para los delegados que “se cortaron y apuraron la asamblea” rompiendo la tradición de realizarlas al mismo tiempo, la mayoría también decidió el levantamiento, aunque con mucha desconfianza en que la empresa cumpla, por eso aclararon que ante el menor problema se volvía al paro.
Las provocaciones patronales frente al triunfo de los trabajadores
Se comenzó a trabajar el sábado a las 0 hs. y la empresa arrancó con la provocación de enviar las planillas con un horario de “vuelta completa”, que fue nuevamente rechazado por los compañeros. El mismo día la empresa depositó $ 300 por compañero, el lunes apareció la patota por la terminal de Rincón de Milberg, lo que desencadenó un inmediato paro hasta que se retiraron, lo mismo ocurrió el martes pero en Constitución. También sucedió que cuando se hizo presente la comisión ministerial no sólo no había nadie de la empresa sino que el colmo fué ¡que se habían llevado todos las CPU de las computadoras! para evitar que sean revisadas las liquidaciones. Al cierre de esta edición la situación tiende a normalizarse y aparentemente la empresa estaría cumpliendo el acuerdo, los inspectores rehacen el horario descartando la vuelta completa, fueron recibidos por la empresa los funcionarios y los delegados, también les pagaron lo que debían a los delegados. El saldo hasta ahora es positivo, aunque cuesta hablar de un triunfo en toda la línea porque si bien la empresa ahora está cumpliendo el acuerdo, la realidad es que provocó y trató de no cumplir, pero viendo que los compañeros se mantenían firmes optó por cambiar de táctica. Influye también que al gobierno no le conviene un conflicto de tanta magnitud en un momento electoral y de hecho también prefirió ponerle paños fríos antes de que se desboque, “dibujando para la tribuna” que es imparcial al “ponerle los puntos a la patronal con la intervención”. La empresa ha recibido un gran golpe, pese a que insiste con sus bravuconeadas no ha logrado consolidar ningún avance a su favor y encima al apelar a la “patota” desencadenó una reacción que posiblemente no previó y que dejó como resultado el fortalecimiento de las filas obreras y el balance que con lucha, organización y decisión se le puede torcer el brazo a la patronal y a los traidores de la UTA. Hacía tiempo que no había un conflicto tan largo y duro, los trabajadores y el activismo debemos tomarlo como un anuncio de los conflictos que vengan pasado el tiempo electoral, cuando el gobierno de Cristina no tenga que disimular más y comience a dar las malas noticias de ajustes de tarifas, paritarias a la baja y aumentos a cambio de mayor productividad para “que los efectos de la crisis que viene de afuera sean distribuidos entre todos”, forma elegante de decir que los platos rotos los vamos a pagar los trabajadores.
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