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Socialismo o Barbarie, periódico nº 210, 30/09/11

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La tormenta de la economía mundial pone en problemas al gobierno K

Entre la crisis mundial, las presiones sobre el dólar, la inflación y el ajuste

Editorial

El gran debate que cruza hoy a la situación política nacional es, como mencionamos en números pasados de Socialismo o Barbarie, la economía que se viene en 2012 y qué tipo de ajuste va a llevar adelante el gobierno nacional luego de las elecciones del 23 de octubre, reducidas a una mero “trámite” más que otra cosa. La realidad es que los nubarrones que se acercaron bruscamente provenientes de la crisis de la economía mundial, podrían traer un escenario de adelantamiento de un estado de cosas que, en todo caso, si se esperaba, era para más adelante.

La crisis da pasos firmes para ser global: los problemas empiezan a llegar a China, Brasil y toda América Latina

La crisis económica mundial venía con una mecánica en la cual los principales problemas estaban focalizados, sobre todo, en EEUU y Europa, y el tercer centro de la economía mundial, el bloque asiático, terminaba actuando como mediador para que la crisis no se terminara de trasladar de manera directa a todo el resto del globo. América Latina había atado su suerte sobre todo a China, y esto le hizo tener un “veranito” económico, lejos del “hay que pasar el invierno” que recorrió, en distintos momentos, a Europa y EEUU.
De modificaciones estructurales para sacar adelante al conjunto de la economía mundial, nada se ha visto. Hasta el día de la fecha todas las “soluciones” de los gobiernos fueron salvar a los bancos y las empresas que estuvieron al borde del quebranto, trasladando las deudas privadas a los estados. Esto acompañado de brutales planes de ajuste para el resto de la población, que era la que tenía que “hacer el esfuerzo”. El efecto logrado con este remedio (debido a que ningún gobierno prestó atención a las contraindicaciones) fue provocar que los que se vieran ahora en bancarrota sean los mismos estados: muchos no pueden hacer frente a los pagos de las deudas contraídas, quedando algunos (Grecia, Portugal, España, Irlanda, Italia) al borde del abismo.
En estos últimos días hubo un episodio que resultó clave para comprender el nuevo tembladeral: con una Unión Europea que es un racimo de incertidumbres, es tan baja la confianza global que despierta el nuevo plan de rescate, que gran cantidad de inversores a nivel mundial salieron corriendo a comprar dólares. Es tan grande la crisis que fueron ¡por la moneda de unos EEUU que si bien sigue siendo la primera economía mundial, está amenazado por recaer nuevamente en recesión, y sólo semanas atrás dio vergüenza internacional cuando Demócratas y Republicanos, al no ponerse de acuerdo, casi llevan a que deba declararse en bancarrota!
Esta corrida al dólar hizo que la obtención de esta moneda, por una cuestión de exceso de demanda, se haga más cara de golpe, llevando a bruscas devaluaciones en distintos países. Esto es lo que explica la caída del real: para los grandes inversores ni siquiera “el gigante brasileño” es confiable y, la semana pasada, llevaron sus “bonos riesgosos en reales” a dólares.
Esta disparada hizo que la moneda brasilera, que en su momento de mejor valuación, llegó a cotizar a 1,54 respecto del dólar, esta vez rozara el “2 a 1”. Como una devaluación descontrolada puede llevar, entre otros efectos desastrosos, a fugas de capitales y picos inflacionarios, el gobierno de Dilma Rousseff salió desesperado a frenar la brusca devaluación, utilizando el mecanismo de vender dólares de su Banco Central para mantener el tipo de cambio más o menos controlado.
Este sacudón, de la economía mundial en general, y de la devaluación brasileña en particular, pegó muy fuerte en toda la región, y trajo una serie de dolores de cabeza al gobierno y el empresariado argentino: es que gran parte del “viento de cola” del que gozó la economía argentina en los últimos años, se debió tanto al alto precio de las commodities a nivel mundial (en particular soja, pero también petróleo y minería), como al alto valor del real que hacía competitiva a la producción local.
Con un real cada vez más cerca del dólar, la industria argentina (con una moneda devaluada a un poco más que 4 a 1 respecto del dólar) se hizo casi subsidiaria de Brasil. Un caso central es la industria automotriz, cuyo auge está determinado centralmente por la demanda brasileña, y que termina arrastrando a toda una serie de industrias anexadas (neumáticos, autopartes, etc.). Pero con un real devaluado, este nuevo tipo de cambio le hace perder esa competitividad relativa, ejerciendo una doble presión (junto a la disparada mundial hacia el dólar) para devaluar nuevamente el peso. De ahí que nuevamente en la Argentina se esté hablando de devaluación, una palabra que tan malos recuerdos trae a la clase trabajadora.
En ese contexto, el Banco Central argentino tuvo que profundizar la venta de dólares para evitar que acá también haya una disparada de la moneda estadounidense (disparada que multiplicaría las presiones inflacionarias ya de por sí elevadas). Un dato que expresa hasta dónde están llegando los problemas de la economía argentina, es que las reservas del Banco Central bajaron a menos de 49 mil millones de dólares, cuando el gobierno se jactaba de tener 50 mil millones “intocables” de respaldo.
Pero las malas noticias para el gobierno no terminan acá, ya que a los problemas económicos inmediatos, se le suma uno que en proyección le puede traer algo más que un dolor de cabeza, tanto a Argentina como el conjunto de la región: el crecimiento de China para 2012 se “enfriaría”, y de venir en un crecimiento anual de cerca del 12%, caería al 9% anual. Esto llevaría tanto a una rebaja en la demanda de soja como a una caída de su precio, y para el gobierno nacional implicaría que el ingreso por retenciones a las exportaciones se le reduzca en varios millones de dólares. Tal es el nerviosismo en los K, que pasaron de hablar una catarata de argumentos insostenibles de 2008 en adelante alrededor de estar “asegurados” frente a la crisis mundial, a decir en la propia voz de Aníbal Fernández, que la Argentina “no está blindada: no somos una isla, formamos parte del mundo, en el que seguramente la demanda que pueden tener determinados países que pueden verse impactados por esta situación pueden complicar la colocación de los productos argentinos” (La Nación, Economía, 27/09). ¡Menuda forma a abrir el paraguas ante la tormenta que se avecina!

Los límites estructurales de la economía K y el presupuesto 2012

En la editorial de nuestro número 208 hicimos referencias a cinco problemas estructurales que le ponen fuertes límites a la economía argentina: la escalada inflacionaria, el alto nivel de subsidios a las empresas de servicios públicos, la deficitaria provisión energética, la baja inversión en producción y la excesiva dependencia de la exportación de materias primas. De todos estos problemas, el presupuesto 2012 no resuelve casi ninguno y todo se mantiene relativamente igual.
El más escandaloso es la inflación: el plan presentado al Congreso por el kirchnerismo sostiene que la inflación será de apenas el 9,2%. Claro que esto se basa en los índices totalmente dibujados del INDEC, que el gobierno utiliza para tirar abajo la capacidad de compra del salario, entre otros menesteres [1]. Pero la verdad –que todo el mundo ve en el supermercado- es que la inflación real está muy por encima del 20%, lo que se termina comiendo todos los “aumentos” de las paritarias.
Y todo el paquete, si se profundiza la crisis mundial, y la presión hacia la devaluación del peso (como parece ser a estas horas), puede entrar en serias complicaciones. Es que de achicarse el ingreso de divisas proveniente de la balanza comercial, la cual depende en gran medida de las exportaciones de granos a China y de productos industriales a Brasil, habría menos fondos para subsidios y para la compra de combustibles en el mercado mundial, lo cual profundizaría los límites estructurales de la economía.
Pero es aquí donde aparece una novedad en el proyecto presupuestario, honestidad obliga. Por primera vez en muchos años, la estimación de los gastos es a la baja, mientras se mantienen al alza la de los ingresos: ¡en cualquier idioma esto significa ajuste económico! Incluso los editorialistas del oligárquico diario La Nación –opositor al gobierno- acaban de destacar favorablemente este matiz “ortodoxo” introducido en el nuevo presupuesto de Cristina.

El ajuste que se viene

Está claro entonces que en este escenario donde reina la incertidumbre sobre el futuro de la economía, tanto regional como nacional, sobre lo que cada vez hay menos dudas es que el kirchnerismo está pensando en algún tipo de ajuste, y que acá también –como en el resto del mundo- los candidatos a “hacer el esfuerzo” van a ser los trabajadores. Es que si todo continúa así, inevitablemente se va a achicar la “caja” del gobierno nacional, y de algún lado van a tener que sacar recursos: como lo que nunca se van a plantear, como gobierno capitalistas que son, es tocar lo sustancial de las superganancias a las patronales, lo que queda es ir centralmente contra la clase trabajadora.
El primer ajuste lo van a querer aplicar por la vía de ponerle un cepo al salario obrero. El titular de la UIA y defensor del gobierno nacional, José Ignacio de Mendiguren, ya abrió el paraguas de cara a una futura reunión con la cúpula de la CGT: piden “la necesidad de ser racionales en los pedidos de aumentos de salarios para no perder competitividad”, al tiempo que propone “establecer un acuerdo tácito antes de sentarse el año que viene a discutir, porque la economía no va a resistir un piso del 25 por ciento de aumento como este año”. Para la gran patronal el gobierno es un aliado de fierro, que también habla de “moderación”, e impulsa un acuerdo que tenga un techo del 18%.
Pero también están pensando otras vías de ajustar al salario: si llevan adelante el “descongelamiento” de las tarifas de servicios públicos y disminuyen los subsidios, se ensancha la billetera del gobierno, pero se achica la de los trabajadores, que son el grueso de los que utilizan el transporte público. Lo mismo ocurrirá si se dispararan los precios de la luz, el gas o el transporte, mientras queda retrasado el salario; los números van a “seguir cerrando”… para todos menos para los trabajadores.
Frente a los pedidos de moderación de la patronal y el gobierno, Moyano salió, como siempre, a posar de díscolo: “Si hay un tope, habrá que hablar de inflación y de muchas situaciones que tienen relación con el salario: el mínimo no imponible, el mínimo vital y móvil, de los topes para el cobro de las asignaciones familiares” (La Nación, 17/09). Pero toda la perorata de que “no tiene que haber techo” y su pose de “combativo” es puro papel mojado. Hace apenas semanas firmó un acuerdo (salario mínimo, vital y móvil en $ 2.400) que fue de rebaja salarial si uno toma en cuenta la inflación real. Y todos los años repite el mismo mecanismo: tensa un acuerdo que al gremio de Camioneros lo beneficia, a cambio de atar de pies y manos al resto de la clase trabajadora. No por nada es “la columna vertebral del proyecto nacional y popular”, y el gobierno lo necesita firme al pie del cañón. Y por el lado de Yasky y Micheli, de ambas CTAs, la mano no viene muy distinta y siempre terminan traicionando las luchas, firmando aumentos miserables y la pelea por un salario acorde a la canasta básica para los “días de fiesta”.

Prepararse para enfrentar los planes de ajuste del gobierno

En este escenario, las duras peleas que dieron los trabajadores del Neumático (que podrían volver a la pelea próximamente) y la que todavía están dando los choferes de la línea 60 (la patronal no parece estar acatando el acuerdo firmado), pueden ser una muestra de lo que se viene.
Es que ningún trabajador se deja arrebatar así porque sí lo que le pertenece; y luego de las elecciones van a venirse, inevitablemente, los anuncios antiobreros con salarios a la baja, aumentos por productividad (es decir, más explotación), ajustes para contener la disparada inflacionaria, devaluación para lograr mejorar la competitividad empresaria, y un largo etcétera.
Si la tendencia que marcamos de la economía mundial al estancamiento se profundiza, la industria automotriz se va a ver en serios problemas, y detrás de ellas, el Neumático, las metalúrgicas, el plástico; así como también podría sufrir el agro, las empresas de alimentación y el complejo aceitero, si China demanda menos soja. Es decir, las presiones para salir a la pelea van a aumentar.
Por eso el gobierno, por más que vuelva a arrasar electoralmente en octubre (como todo indicaría que volverá a suceder), se puede llevar una gran sorpresa si cree que con la reelección obtuvo un cheque en blanco para llevar adelante ajustes salariales, despidos o suspensiones. Un caso emblemático, y que podría funcionar como “espejo” para los gobiernos latinoamericanos que tomen medidas antipopulares, es el del pueblo boliviano, que en estos momentos está protagonizando una verdadera rebelión contra el gobierno de Evo Morales en defensa de los derechos del pueblo indígena.
Desde el Nuevo MAS llamamos a los trabajadores a no confiar en el gobierno de Cristina. Frente a la proscripción electoral de nuestro partido, llamamos a votar críticamente a Altamira y el Frente de Izquierda en el país, así como a apoyar la candidatura a Intendente de nuestro compañero Alcides Christiansen en Neuquén. Y, fundamentalmente, a apoyar con todo a los sectores que como FATE y la 60 están saliendo a lucha, no solamente por reivindicaciones económicas, sino en el fondo, en defensa de sus cuerpos de delegados independientes de la burocracia y que hacen parte de lo más revolucionario que está ocurriendo hoy en nuestro país: el amplio proceso de recomposición de la vanguardia obrera en curso. Este conjunto de tareas es la mejor manera de prepararse para un 2012 que seguramente no será la calma chicha electoral que fue este 2011.

Nota
1. Para ver hasta dónde llega el ridículo de las cifras del INDEC, en agosto del 2011 “era pobre una familia tipo (matrimonio y dos hijos), con ingresos inferiores a los $ 1.347,33” (Clarín, 27/09). También “el director de encuestas permanentes de hogares del INDEC, Claudio Comari, afirmó hoy que ‘una persona que declara que gana 197 pesos va a ser considerada pobre, pero si gana por encima de eso, va a ser considerada no pobre’”. http://www.lanacion.com.ar/1410023-para-el-indec-una-persona-que-recibe-197-mensuales-no-es-pobre. Con los números del INDEC y su manipulación kirchnerista, con sólo otorgarle un plan social a una persona alcanza para “sacarla” de la línea de pobreza. De esta manera resulta muy fácil bajar los índices, pero no la pobreza real.