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El Neumático muestra lo que se viene
El ejemplo de FATE
Aunque no trascendió en los medios, los días pasados mostraron una “prueba piloto” de las políticas que el gobierno y la burocracia sindical pretenderán aplicar a los trabajadores después del 23 de octubre, y, sobre todo, de la respuesta que los mismos deberán llevar adelante frente al intento de hacerles pagar la cuenta de la crisis que se viene.
Lo concreto es que Pedro Wasiejko, secretario general del Neumático, gremio enrolado en la CTA oficialista de Yasky, está pretendiendo imponer un acuerdo a gusto y piaccere de los empresarios: un aumento salarial a la baja por sólo el 14% no remunerativo este año, que se complementaría con un 10% en enero y el blanqueo del total. Además se ratificaría y se le daría una vuelta de rosca más al convenio esclavista vigente, que garantiza enormes ganancias de productividad a Madanes. Todo esto ratificado mediante un plebiscito donde los obreros del gremio voten sus designios.
La explotación como receta frente a la crisis
Veamos primero su propuesta a la luz de las perspectivas que vienen para después del 23. La cosa es sencilla: Cristina, la UIA, Moyano y Yasky ya están discutiendo cómo administrarán las relaciones obrero-patronales en el 2012. Las perspectivas de la economía mundial han vuelto a oscurecerse, e inevitablemente, de una u otra forma, la crisis va a tocar al país. En este contexto, la preocupación más grande trasmitida por el empresariado al gobierno es que el país no pierda “competitividad”: que los costos de la producción argentina en dólares les permita seguir compitiendo en los mercados internacionales.
Mantener la susodicha competitividad tiene sus dificultades. Existen una serie de restricciones respecto de las medidas a tomar (descartando que nunca se les va a ocurrir bajar sus ganancias para mantener la competitividad de los precios de los productos). El camino más simple para mantener la misma sería decretar una lisa y llana devaluación del peso. Sin embargo, ni el gobierno ni la mayoría de la patronal se inclina por esa variante. Entre otras cosas, porque multiplicaría la actual escalada inflacionaria, la que existe más allá de que los índices del INDEC no la registren.
Además, una medida así alimentaría la ya nada despreciable fuga de capitales que podría alcanzar este año la cifra de 15.000 a 20.000 millones de dólares. El hecho es que el gobierno “nacional y popular” no ha logrado impedir que los empresarios fuguen al exterior las superganancias que vienen obteniendo. En los últimos años K, las mismas han alcanzado los 70.000 millones de dólares, sino más. ¿Puede haber muestra más contundente de la vacuidad de la apuesta a la conformación de una “burguesía nacional”, que esta actitud expoliadora y parásita de una patronal que de “nacional” sólo tiene el que hace sus negocios en tierras argentinas para luego apresurarse a sacar sus ganancias al exterior?
En fin, volviendo a nuestro argumento, descartada la opción devaluatoria (que, al mismo tiempo, tiene el elemento contraproducente para los oficialismos, de significar un indisimulable ataque directo al salario) se están afinando las recetas que tienen que ver con llegar al mismo resultado pero vía “indirecta”. Los mecanismos clásicos son dos: pactar paritarias a la baja y postular beneméritos “aumentos” o “premios” por productividad.
El primer mecanismo no hace falta explicarlo mucho: simplemente que los salarios queden por detrás del aumento de los precios. Ahí se coloca el creciente discurso K en el sentido de que para el 2012 se pedirá “mesura” y “racionalidad” en los reclamos, y la respuesta de la CGT y la CTA señalando que atento al “contexto” de crisis internacional, y a los “votos” que acaba de sacar Cristina, habrá que “moderar” los reclamos.
El verso de los aumentos por productividad
Veamos el tema de la productividad. Mayor productividad significa simplemente que por cada hora hombre de trabajo aumenta la cantidad de productos rendidos. Por supuesto que para lograr este resultado no puede haber magia o apelarse a algún mecanismo “sobrenatural”: o el trabajador se ve obligado a trabajar más intensamente; o producto de alguna nueva inversión empresaria, se logra que su trabajo rinda más al operar una máquina -o proceso productivo- más moderno y eficiente. Al caso uno Carlos Marx lo llamó, clásicamente, plusvalor absoluto, al caso dos, plusvalor relativo.
En definitiva, en ambos casos lo que se logra es un aumento de la explotación del obrero. En el caso uno, la explotación aumenta simplemente porque si en igual cantidad de tiempo de trabajo (digamos una hora) el trabajador rinde más productos es, evidentemente, porque su trabajo es más intenso; y una mayor intensidad de trabajo con un salario igual significa, lisa y llanamente, en la Argentina como en la China o cualquier otro lugar, más explotación.
El caso dos es más complejo, pero en definitiva conduce al mismo lugar. Lo que pasa es que cuando las modificaciones técnicas se generalizan al conjunto de la producción, lo que termina ocurriendo es que, en definitiva, el valor (salario) de la fuerza de trabajo, es decir, lo que se le paga al obrero para que vuelva al otro día a trabajar (sus gastos y los de la reproducción de su familia), se terminan abaratando justamente porque mayor cantidad de los productos de primera necesidad se producen en menor tiempo. En estas condiciones, si los productos necesarios se abaratan, entonces el salario es menor, el trabajo no pagado mayor (porque no por ello el trabajador trabaja menos tiempo, su jornada no se reduce), lo que conduce al mismo lugar: un aumento de la explotación de los trabajadores, de su trabajo no pagado.
En una editorial pasada recordábamos los famosos Congresos de la Productividad de Perón en los años 50 cuando anunciaba que se había “acabado la fiesta” y llegaba el momento de “ahorrar”. La cosa, en el fondo, se apoyaba en los mecanismos arriba descriptos. Y lo mismo apunta a ocurrir en el 2012 bajo Cristina: lograr una recuperación –o, al menos, un sostenimiento- de la “competitividad” de la economía argentina como mecanismo de “defensa” (de las ganancias empresarias) frente a la crisis, obteniendo esto sobre la base, esencialmente, de alguna combinación de los mecanismos de plusvalor absoluto y relativo –este último, seguramente, en una medida seguramente menor: nadie espera un gran salto inversor-, avanzando así en una mayor explotación del trabajo, aunque esto se haga bajo las disimuladas fórmulas K, sea mediante un “acuerdo” o “pacto social”, o como se pretenda vender la cosa.
Cuando los obreros dicen: Basta!
Lo que acaba de ocurrir estos días en FATE tiene que ver con lo que venimos tratando de explicar. Pedro Wasiejko logró cerrar un nuevo acuerdo antiobrero con las patronales. Ante la calma reinante en el país en medio de esta coyuntura de primavera electoral, y sintiéndose fuerte por su abroquelamiento con el oficialismo, salió muy suelto de cuerpo a intentar hacer pasar su arreglo entre los obreros del gremio. Concretamente, un 14% no remunerativo hasta fin de año (es decir, que no se utiliza este aumento para calcular los aguinaldos, las vacaciones, el multiplicador de la antigüedad, etcétera; una verdadera estafa), y recién en enero del año que viene un 10% más blanqueando ahí todo.
Junto con lo anterior, una ratificación del convenio de flexibilización laboral del 2006, convenio que legalizó todas las modificaciones antiobreras de los años 90 y que podemos resumir –para no abundar demasiado aquí en ello– en el sistema esclavista de los turnos continuos y la polivalencia funcional: los trabajadores se quedan sin el descanso de los fines de semana, desaparecen las horas al 200%, los siete días de la semana son iguales. A lo que hay que sumarle que la planta es tomada como un ámbito de trabajo “homogéneo”, donde el trabajador puede ser enviado a cualquier lugar de la misma a cumplir cualquier función por igual salario (desaparece mucho de lo que tiene que ver con los oficios, categorías, especializaciones, etcétera). Y como “dulce” se les da lo que se ha venido en llamar un “premio celular” (un jeroglífico que nadie sabe cómo se calcula) y que “mide” la productividad general de todo el turno, planta o sección de compañeros en general –o sea, indiferenciadamente– a modo de “recompensa” por un aumento general de la producción (una producción medida de manera “independiente” de cualquier puesto de trabajo, dado que estamos hablando de trabajadores “polifuncionales” que hacen su tarea en cualquier puesto al que los mande la patronal). Está claro que un convenio así sólo puede beneficiar a las empresas, dejando a los trabajadores con poco o nada que no sea la sistemática rotura de sus espaldas por un tipo de trabajo de por sí ya muy pesado: ¡los compañeros manipulan cotidianamente cubiertas de 100 kilogramos o más!
Con esas grandes “conquistas” en la mano, Wasiejko pretendió recorrer el fin de semana la planta de FATE. Creyó que entraba “por la puerta grande” y se llevó una desagradable sorpresa: no solamente que la mayoría de los compañeros le dijeron el sábado y domingo pasado en la cara qué opinaban del acuerdo que les quería vender, sino que el lunes votaron un contundente paro de 64 horas en repudio al mismo.
Un parazo de casi 3 días
Pero, a la vez, en la pelea hay un elemento que incluso va más allá de lo acostumbrado. El mecanismo por excelencia de Wasiejko para venderse como “democrático” es organizar plebiscitos en las plantas para hacer pasar sus acuerdos con las patronales. ¿Cuál es la trampa aquí? Es astuta aunque ya los compañeros en FATE (y, en parte, también en Firestone, no así en Pirelli, que viene mucho más atrás) ya saben de la perfidia de la misma. La CTA a la cual pertenece Wasiejko siempre se jactó de ser “democrática” a diferencia de las prácticas habituales de la CGT. Su “democracia” se reduce al engaño de llevar al seno del movimiento obrero los métodos de la “democracia” patronal. Wasiejko es un cruzado contra las asambleas obreras y busca siempre las mil y una maneras para socavarlas. ¿Cuál es la mejor manera para lograr eso y, al mismo tiempo, mostrarse como “democrático”? Muy simple: disolver el peso del activismo, de los compañeros que van más al frente, del debate y elaboración común de la base en la asamblea por el “voto secreto”, la decisión individual y aislada de cada compañero, alrededor de una opción de A o B. Además, el que invariablemente formula las preguntas es el secretario general; sólo se puede resolver por sí o por no y no otra cosa; y, mediante este mecanismo, se les da una subrepresentación a los obreros más atrasados, a los que no se elevan a ningún interés general, a los que nunca participan del debate del conjunto en las asambleas.
El hecho es que los obreros de FATE repudiaron el lunes 12 en asamblea las tres cosas: el acuerdo salarial, el “nuevo” convenio y el plebiscito, y votaron parar hasta las 6 am de este jueves –y lo hicieron de manera contundente– a modo de repudio para impedir que el tramposo y antidemocrático plebiscito se lleve adelante. Así las cosas, no sólo el paro ha sido contundente como hace mucho no se lograba, sino que cuando el gremio, contra la voluntad expresada en asamblea de la base obrera, pretendió colocar las urnas en la planta, un grupo de unos 200 obreros le pidieron amablemente que se retiraran, lo que debieron realizar urgentemente…
Y no se trató solamente de FATE. También en Firestone se manifestó un amplio repudio a lo acordado por Wasiejko con los empresarios y al plebiscito. Claro, la situación en esta planta es más difícil, porque es el lugar de origen del propio secretario general, y la seccional y el cuerpo de delegados lo sigue dirigiendo su gente. Sin embargo, no dejó de ser un toque de atención que frente a una asamblea de 400 compañeros como hace años no se veía, se vieran obligados a maniobrar a lo largo de casi cuatro horas para lograr sus designios y que aun así los compañeros de base no se fueran satisfechos. Sólo en Pirelli les fue mejor porque en aquella planta –la más atrasada del gremio– la burocracia y la empresa lograron barrer todo el activismo en el 2008, y en el marco de condiciones de recontraesclavitud laboral –un sistema de jornadas de trabajo de 12 horas continuas– la recuperación del activismo viene siendo todavía muy difícil.
La clase obrera tiene memoria
Hay todavía otra dimensión en los hechos ocurridos en FATE y el Neumático. Cuando Wasiejko pretendió recorrer la planta -luego de que años atrás los obreros lo hubieran echado a los cachetazos- seguramente lo hizo en la creencia que ya había pasado “suficiente tiempo” y que ya era hora de “volver”. Esta creencia es parte de una política sistemática para intentar barrer -o cooptar- parte de lo dirección obrera independiente de FATE –la Lista Marrón– que viene dirigiendo la seccional y el cuerpo de delegados desde hace cuatro años. La Marrón es una expresión dinámica, un conjunto diferenciado de compañeros que se han visto sometidos a muchas presiones; en los últimos años más bien conservadoras porque no hubo grandes luchas, dado que si por un lado fueron “catapultados” a la dirección por las históricas peleas de los años 2007-2008, la segunda parte de la experiencia estuvo marcada por la derrota a finales del mismo año 2008, derrota que dejó a lo mejor del activismo de FATE y del gremio afuera.
Pero en el cálculo de Wasiejko hubo dos errores. Primero, que la experiencia independiente de la Marrón sigue en pie a pesar de todos los contratiempos. Segundo, y esto es lo fundamental, que esta experiencia sigue en pie no por la calidad individual de uno u otro compañero “directivo”, sino porque un amplísimo sector de la base obrera tiene memoria, no se siente derrotado, sino más bien, recuperado, y sabe a la perfección de los 20 años de historias de traiciones del dirigente de la Violeta. La contundencia del paro por 64 horas es como que los trabajadores de base le han dicho a Wasiejko: “tenemos memoria, no nos olvidamos de tus traiciones y entregadas, no queremos saber nada con vos, quién te creés que sos para venir a recorrer la planta cuando hace cuatro años te echamos a los cachetazos”.
Pero hay algo más. En el conflicto del 2008, FATE hizo punta y fue acompañado por los compañeros de Pirelli, que luego del mismo salieron muy derrotados. La fábrica que operó de base de sustentación de Wasiejko fue justamente Firestone, de donde el mismo se origina. Bien, la novedad es que en la mismísima Firestone crece el repudio a la Violeta.
Izquierda revolucionaria
¿Qué de universal tiene todo esto en este año electoral? Es evidente: marca que, por abajo, el proceso de recomposición de la amplia vanguardia obrera sigue en pie, y que es a eseproceso al que la izquierda que se dice revolucionaria debe apostar sus mejores esfuerzos. Esto es lo que tratamos de hacer cotidianamente desde el Nuevo MAS, incluso en la campaña electoral donde llevamos de candidato a Senador Nacional por provincia de Buenos Aires a Jorge Ayala, delegado de FATE. Hicimos esto con un discurso claro de denuncia de la burocracia sindical y sus relaciones con el gobierno K. Y lo hicimos con la convicción de que no hay tarea estratégica más importante en nuestro país que promover la experiencia de la nueva generación obrera.
Esto fue así a diferencia de otras expresiones de la izquierda como Altamira y el FIT, que no han atinado a nada más que a desarrollar un discurso vacío, puramente electoralista, que en lo que pesa realmente –carteles, spots de campaña, etcétera, no la prensa de los partidos que sólo lee una minoría– no han atinado a identificar realmente los enemigos de los trabajadores, desenmascarando al gobierno K y la burocracia.
En definitiva, la recomposición obrera está abierta, la pelea en el Neumático está abierta, y tendrá seguramente en los próximos meses y en el 2012 nuevos capítulos de importancia en las condiciones donde la conflictividad obrera tenderá a aumentar. Para esas tareas se prepara el Nuevo MAS.
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