Socialismo o Barbarie, periódico Nº 208, 02/09/11

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La elección de la izquierda en Tucumán

Los votos van y vienen

Por José Luis Rojo

“(…) dentro cuatro o cinco días se vota en Tucumán, elecciones provinciales muy difíciles (…) Pero a raíz del resultado que hemos obtenido el 14, a varios periodistas de ‘La Gaceta’ de Tucumán, que es el principal diario de la provincia, se les ocurrió formar un comité y lanzar la campaña ‘un milagro para Daniel Blanco’. El primer periodista no tucumano que se añadió a este emprendimiento fue Jorge Rial y lo está fogoneando” (Jorge Altamira, Prensa Obrera n°1191).

El pasado domingo se realizaron las elecciones en Tucumán. Siguiendo las tendencias nacionales –o multiplicándolas aun más si se quiere- Aleperovich, radical K, se alzó con la friolera del 70% de los votos. Las razones de esta inmensa votación evidentemente están, entre otras cosas, en el peso aun mayor proporcionalmente de los mecanismos clientelares en todo el NOA respecto de los centros urbanos e industriales más importantes del país. Efectivamente, parece evidente que esto ha multiplicado el voto K en dicha provincia.

Las especificidades tucumanas

Sin embargo, a lo que nos queremos referir aquí es a las lecciones que deja la votación de la izquierda. Tanto el PO como el PTS esperaban una elección sustancialmente más alta. En oportunidad de las primarias del 14, el FIT alcanzó en Tucumán a la categoría de candidato presidencial, algo más del 2%. A partir de allí, el PTS planteó que las elecciones tucumanas configuraban “una nueva prueba para el FIT”. Mientras tanto, Altamira, explícitamente planteó su confianza en la posibilidad de un nuevo “milagro” ahora en favor del candidato a gobernador del PO, Daniel Blanco. El hecho es que no hubo milagro alguno. Blanco obtuvo un 0.47%, la cuarta parte de la votación de solo dos semanas atrás.
¿Qué es lo que explica este fenómeno? Varias cosas. Primero, es de un criterio de honestidad intelectual elemental señalar que, evidentemente, el escenario para las elecciones a gobernadora no podía ser el mismo el del 14.
No solamente porque hubo más “ofertas” a gobernador que fórmulas presidenciales el 14, sino fundamentalmente porque cada votación tiene sus especificidades. Por ejemplo, el domingo pasado se votó en Tucumán a cargos ejecutivos “efectivos” mientras que dos semanas atrás la votación, en definitiva, fue –por decirlo de alguna manera- de “fantasía”.
Si evidentemente no puede haber dos elecciones que se parezcan, además, Tucumán es una provincia que tiene sus especificidades, que son muy distintas a las de los distritos del centro del país con mucho más peso de clase obrera y juventud estudiantil politizada.
En todo caso, la elección pareció expresar un retorno al “patrón” pre jornadas del 14, dónde la izquierda, incluso haciendo buenas elecciones, apenas si llegaba a sumar los votos del 2009. Con eso le alcanzó para lograr un legislador provincial en Neuquén y hacer lo propio reeligiendo a Liliana Olivero en Córdoba.

El peso del voto democrático

En todo caso, lo menos que se puede decir es que la elección tucumana configura un alerta contra el triunfalismo de los integrantes del FIT. Estamos prácticamente seguros que en la elección del próximo 23 de octubre el FIT seguirá recogiendo –incluso en Tucumán- una parte quizás no menor de la votación del 14 dado el grado de “instalación” que logró la figura de Altamira, las circunstancias de crisis mundial (que facilita la denuncia anticapitalista) y la dramática fragmentación de las distintas alternativas patronales al gobierno K, lo que ha terminando configurando -en los hechos- un escenario de elección parlamentaria y no presidencial (lo que no dejará de beneficiar a la izquierda).
Sin embargo, el alerta es que no será menor lo que haga o deje de hacer el FIT. En el resultado tucumano resulta obvio el peso que tuvo el voto democrático el 14. Y por esto mismo, no será menor el peso que tendrá el resolver correctamente -o no- como transformar este voto democrático general en un voto político de clase hacia la izquierda.
Una campaña electoral reivindicativa mínima, oportunista, o meramente sindicalista, podría dejar sin el pan y sin la torta: haber desperdiciado una inédita situación de visibilidad electoral de la izquierda para hacer una política electoral revolucionaria quedando por detrás de las posibilidades colocadas a partir del resultado del 14.