Socialismo o Barbarie, periódico Nº 188, 28/10/10
 

 

 

 

 

 

Brasil: No estamos ante una lucha entre "derecha e izquierda," son dos proyectos de derecha

Ni Serra, ni Dilma

Sumar fuerzas para luchar contra los ataques a los derechos de los trabajadores

Praxis, 24/10/10

En un contexto internacional donde la crisis financiera sigue trayendo consecuencias nefastas para los trabajadores, la clase dominante en todo el mundo trata de imponer políticas que buscan atacar conquistas con el objetivo de transferir los costos de la crisis capitalista hacia los oprimidos. En varios países se desarrollan movimientos de resistencia con una clara tendencia a la radicalización. Después de la ola que azotó países de segundo orden de Europa como España, Irlanda y Grecia, ahora la nueva ola de ataques de la clase dominante europea empieza a golpear el núcleo de los países europeos como Francia.

En este último caso, el ataque pasa ahora por el proyecto de una reforma de las pensiones que incluye entre otras perversidades el aumento del tiempo de trabajo en dos años para obtener el derecho a jubilarse.

En Brasil y en otros países llamados "emergentes" la crisis se manifestó de una forma menos dramática para los capitalistas, pero no dejó de provocar una serie de ataques como la reducción de salarios, despidos masivos y reducción de las inversiones en los servicios públicos, pues el estado transfirió miles de millones de dólares a la economía a través de préstamos a un costo bajísimo, así como exención de impuestos para que los capitalistas no sufran el colapso de la economía internacional.  Como era previsible en este momento los partidos y las candidaturas que están en la segunda vuelta asumieron idéntica postura frente a la crisis, orientando las consecuencias (los ataques) a los trabajadores.

Para aquellos que tenían dudas sobre que carácter de clases tendría el gobierno del PT,  los dos mandatos de Lula dan suficiente evidencia empírica que lo clasifican como un gobierno de la clase dominante. No hubo durante casi una década ruptura con los ocho años que lo precedieron,  los dos mandatos de FHC.

Los llamados fundamentos macroeconómicos fueron mantenidos en su totalidad, no hubo avance algunos en las reformas básicas –Lula mantuvo la medida cautelar que prohíbe el INCRA iniciar el proceso de expropiación de tierras ocupadas–, en los sectores sociales (salud y educación) la política de privatización y los ataques a los servidores públicos se mantuvo, la relación con el capital financiero se mantuvo intacto, de hecho hubo un aumento significativo de dinero que el Estado asigna al pago de las deudas interna y externa.

Está claro que existen diferencias entre las dos candiaturas y los dos proyectos, pero no son diferencias que tornen a una u otra como progresista o que defienda el "proyecto popular."

No hay una disputa entre privatistas o estatistas, entre demócratas o autoritarios, entre éticos o corruptos, o entre nacionalistas o entreguistas como quieren hacer creer las campañas electorales de ambos lados.

Lula, por ejemplo, mantiene todas las privatizaciones del gobierno anterior, hizo licitaciones para la privatización y extracción de petróleo de grandes yacimientos. En la extracción del petróleo de la capa pre-sal, Petrobras (que ya tiene una participación mayoritaria en manos del capital privado) será propietaria de la mayoría de las inversiones para asegurar la rentabilidad a las petroleras extranjeras. Dilma mantendrá esta estrategia.

Así, a pesar de las diferencias puntuales, la elección de Serra (PSDB) o Dilma (PT) no traerá ningún cambio real en las condiciones de existencia de los trabajadores y la juventud. No estamos ante una lucha entre derecha e izquierda, son dos proyectos de derecha donde se quiere dominar y asegurar la rentabilidad a través del fortalecimiento de algunos sectores del Estado y la relación privilegiada con los aparatos sindicales y el otro a través de una mayor liberalización de los mercados.

En estos dos mandatos de Lula, el primero sirvió para contener la ola de descontento a las políticas del gobierno de Cardoso que podían convertirse en una rebelión generalizada como ocurrió en varios países de América Latina, a través de la continuidad y expansión de las políticas de compensación social iniciadas en el gobierno anterior y que sumado a la buena performance de las exportaciones –a expensas de una mayor primarización de la economía brasileña– ha generado una sensación de bienestar, lo que explica en gran medida, la gran popularidad del presidente Lula.

Sin embargo, estas medidas están empezando a agotarse como mecanismos de control social: esta visión es compartida por los analistas de las políticas sociales de diversas tendencias políticas. Cabe a la izquierda profundizar ese debate y dar la batalla política contra las ilusiones creadas por el gobierno, que en cierta medida, han contribuido para que no haya habido ascenso en el movimiento de masa en estos ocho años de gobierno petista.

Nuestra posición para la primera vuelta fue de voto crítico al PSTU, porque presentó un programa anti-capitalista. En ocasiones, lamentamos la política equivocada de los diversos sectores de la Izquierda (PSOL, PCB y PSTU) de no apostar por la construcción de un frente de izquierda. La posición nefasta de Heloisa Helena de no postularse como candidata a presidente llevó a que  por una "ironía del destino", tanto Heloisa y Luciana Genro (PSOL), sectores que sustentan una posición claramente oportunistas, no fueron elegidas.

Esta política llevó agua para el molino de Marina Silva (candidata de la derecha), que se encontró con buena parte de votos por izquierda. El caso del PSTU, que sólo obtuvo 0,08% de los votos, refuerza nuestra valoración del error de no haber apostado a un frente de izquierda. Esta posición ha llevado también a una mayor fragmentación de la izquierda que causó el fortalecimiento de la derecha en estas elecciones.

El próximo período probablemente no estará marcado por el "optimismo" vivido en los últimos años, principalmente porque, independientemente de quien gane, el ejemplo de los acontecimientos en toda Europa, muestran que los próximos pasos con Dilma o Serra serán de una nueva reforma de las pensiones que buscarán aumentar los años trabajados para obtener la jubilación y otras políticas de ajuste destinadas a reducir la deuda pública mediante el aumento de la transferencia de riqueza a los capitales privados.

Ninguna de las dos candidaturas vacilarán a la hora de atacar los derechos de los trabajadores para asegurar la rentabilidad de los grandes capitalistas. La crisis económica fue un ejemplo claro de lo que decimos, Lula no se movió ni un centímetro para garantizar el empleo de miles de trabajadores, por el contrario, sólo hizo gestiones para garantizar los intereses de los patrones. Serra, como era de esperar, no actuó de manera diferente. Por eso, estamos totalmente en contra de la posición adoptada por el PSOL y el PCB que a través del “voto contra Serra” contribuyen a crear ilusiones de que si Dilma sale electa,  la situación de los trabajadores en el próximo período será mejor. Esta es una posición que pasa la línea de defensa de la clase y desarma a los militantes obreros y jóvenes de las grandes batallas que se avecinan. Por lo tanto llamamos a votar nulo y a conformar un frente de clase para resistir a los próximos ataques que están programados, con Serra o con Dilma en el gobierno.

Desde Praxis Socialismo o Barbarie afirmamos nuestra posición de voto nulo en la segunda vuelta y hacemos un llamado para después de las elecciones para retomar la ofensiva, perdida en los últimos años, contra el capitalismo y sus males.