Socialismo o Barbarie, periódico Nº 188, 28/10/10
 

 

 

 

 

 

Después del asesinato de Mariano

La organización del movimiento obrero
como debate nacional

“El ferroviario José Pedraza es un dirigente importante desde hace 40 años, aunque alcanzó la jefatura de su gremio hace 25 años. Pedraza forma parte de una generación de burócratas que se siente amenazada ahora por el crecimiento de la izquierda sindical, a la que aquella generación odió siempre. El ascenso de la izquierda es proporcional a la vetustez de la antigua dirigencia. Los Kirchner no han hecho nunca nada para promover una renovación pacífica de la jerarquía sindical” (Joaquín Morales Solá, La Nación, 24-10-10).

La crisis política desatada alrededor del asesinato de Mariano Ferreyra volvió a poner sobre la palestra nacional el problema de la organización sindical de la clase obrera argentina. Se trata de una de las cuatro o cinco grandes cuestiones que están planteadas en la agenda política nacional.

Un poco de historia

Esto tiene varias particularidades. La primera es que desde la década del 40 del siglo pasado la representación obrera ha estado monopolizada por la burocracia sindical peronista. En los años 70, esta “asfixia” burocrática fue cuestionada. Pero en un sentido general la burocracia sindical peronista era –en tanto que aparato– mucho más fuerte de lo que es hoy día. Si en esos años el proceso fue de todos modos más radicalizado que el actual, hoy en día la descomposición del conjunto de la burocracia sindical es mayor.

Esta realidad tiene varias aristas. Aquí queremos destacar solamente dos. Por un lado, nunca como hoy la burocracia sindical estuvo tan deslegitimada frente al conjunto de la sociedad y la base de los trabajadores. Se trata este de un hecho histórico: la burocracia es lisa y llanamente odiada.

Por el otro lado, a pesar de la riquísima experiencia de los años 70, tampoco nunca como en la actualidad la izquierda independiente de inspiración socialista revolucionaria (el trotskismo) tuvo la posibilidad de impulsar y capitalizar en primera fila un proceso general de reorganización de la clase obrera. Este también es un hecho potencialmente histórico, porque se trata de un acontecimiento que sólo ocurre cada tantas décadas y del que podría emerger un nuevo movimiento obrero clasista y revolucionario.

De la CGT a la CTA

Lo anterior es lo que explica que desde lo diversos sectores patronales-burocráticos se hayan venido adelantando proyectos para intentar abortar y/o desviar este proceso. Se trata de un terreno en el cual hay varios actores.

En primer lugar, está el caso de Hugo Moyano. Éste viene cumpliendo el tradicional rol de contención de la burocracia peronista: a lo largo de los dos gobiernos K no convocó a una sola medida de fuerza de alcance nacional. Para hacerlo, se valió de la pátina “combativa” que le dio su posicionamiento antineoliberal de los años 90 (incluso buscando ocultar su origen en la tradicional derecha peronista de las JTP de los años 70). Si no impulsó medidas nacionales, le alcanzó con llevar adelante “conflictos de bolsillo” como los de encuadramiento sindical, mediante el bloqueo de acceso a las plantas, los que tienen mucha prensa y causan cierto disgusto a la patronal.

Sin embargo, esto no debe llevar a engaño: el suyo ha sido siempre un proyecto conservador de la estructura sindical existente defendiendo el monopolio de la burocracia sindical peronista en el férreo control del movimiento obrero argentino.

Su diferencia con los “gordos” tipo Pedraza es en todo caso simplemente política: con más “reflejo” de los aires que se respiraban en la Argentina, Moyano se alineó con los K; los gordos, por su parte, sueñan con un retorno más o menos “aggiornado” a las condiciones de los años 90 (donde fueron amos y señores de las privatizaciones y los negocios que los transformaron casi en empresarios).

Veamos ahora el caso de la CTA. Su proyecto original ha sido la introducción de elementos de la democracia burguesa en las filas sindicales, esto en oposición al tradicional modelo encarnado por la CGT. Es decir, frente a los anquilosados mecanismos “bonapartistas” de la burocracia sindical cegetista tradicional (modelo común desde Moyano hasta Barrionuevo), donde las autoridades se eligen a dedo desde arriba, la CTA buscó como proyecto la legitimación “democrática” de la elección de la conducción por el voto directo de los afiliados. La reciente elección de la CTA acaba de mostrar el verdadero rostro fraudulento de este operativo: transformó la votación en una donde lo que define las cosas es el peso que una u otra fracción burocrática puede hacer valer a su aparato, cual interna burguesa.

Además, su rol entregador en las luchas obreras no ha sido muy distinto a la de la CGT, lo que no quita que se trate de una burocracia más débil, que al levantar reclamos como el de la “libertad sindical” abra otro tipo de brechas para la emergencia de una alternativa clasista de conjunto.

La discusión burguesa del modelo sindical

Es en el contexto anterior donde se colocan los intentos de reforma burguesa del movimiento sindical. Capas lúcidas de la misma se interrogan acerca del peligro de que no haya una “reforma” del modelo sindical. Está claro que una de sus preocupaciones tiene que ver con la deslegitimación de la vieja burocracia. También les molesta el poder de “chantaje” político de una burocracia que sigue monopolizando la representación del movimiento obrero.

Parte de esto mismo son los fallos de la Corte en el sentido de habilitar elementos de “libertad sindical”; fallos que sin embargo no terminan de ir hasta el final ni modificar el panorama de conjunto. Mientras tanto, la simple inscripción del sindicato del subterráneo sigue sin salir, y tampoco sale el reconocimiento de la CTA.

¿Qué es lo que está en juego en esta disputa? El kirchnerismo –más aún ahora luego de la muerte de Néstor K-, los sectores más tradicionales del PJ, los radicales, el PRO y la mayoría de los empresarios, prefieren solamente una operación de puro “maquillaje”: se interrogan simplemente acerca de si mantener o sacar a Moyano. Es decir, un mero recambio de figuritas dejando toda la conservadora estructura sindical tal cual está, no vaya a ser que “abriendo el juego” de la representación sindical se vaya a “colar” la izquierda.

Terciando, hay un proyecto de corte más “reformista”. Éste combina dos ingredientes: por un lado, echar el lastre de la deslegitimación de la CGT por la vía del reconocimiento de la CTA, y de principios de “libertad sindical”. Pero por el otro, esto tiene a priori un contrapeso que seduce a sectores patronales: la apuesta a una mayor atomización y fragmentación del movimiento obrero quitándole poder de negociación al tiempo que por esta vía reformista cerrarle el camino a la izquierda dura.

Sin embargo, este camino también tiene su peligro: en determinadas condiciones, la fragmentación de ese monopolio sindical sólo puede favorecer el proceso en curso de recomposición independiente del movimiento obrero.

La emergencia de un nuevo clasismo

Desde la izquierda, aun con todas las diferencias en su seno y confusamente, lo que se viene expresando es una suerte de búsqueda –si se quiere a tientas– de puesta en pie de un tercer polo alternativo a los proyectos burocráticos. Si la capitulación de Pianelli a la burocracia ceteísta de Yasky podría restarle fuerzas a esta tercera alternativa, los recientes acontecimientos en el Roca muestran que no es así: se trata de una tendencia de fondo la emergencia de un nuevo clasismo independiente de todo sector patronal y burocrático.

Dentro de la misma izquierda hay varios posicionamientos. Mientras que sectores como Pianelli han sido cooptados por Yasky, la CCC y el MST se han subordinado a los proyectos de De Gennaro y Micheli abandonando toda perspectiva independiente.

Sin embargo, otras corrientes, entre ellas nuestro partido, apostamos justamente al tipo de proceso que en los hechos expresan los tercerizados del Roca: la creciente emergencia de un nuevo clasismo que dé lugar a un nuevo movimiento obrero en nuestro país. Un nuevo movimiento obrero independiente y clasista que de lograr cristalizar y ponerse en pie, se tratará de un acontecimiento histórico que abrirá nuevas perspectivas en la pelea por la transformación social de la Argentina.