Socialismo o Barbarie, periódico Nº 187, 15/10/10
 

 

 

 

 

 

Acto de Moyano en la cancha de River y la ley de reparto de ganancias

¿Compartiendo el capital?

El proyecto presentado por Moyano y Recalde

¿Participación en las ganancias o
zanahoria para producir más?

El proyecto dice que se repartirá el 10% de las ganancias netas en las empresas con más de 300 trabajadores al año siguiente de aprobada la ley, y para empresas con más de 100 trabajadores dos años después de su eventual aprobación.

Primera aclaración: las ganancias netas son aquéllas que quedan una vez pagados todos los costos de producción, todos los impuestos, incluidas las cargas sociales, y éstas se calculan según la declaración hecha por cada empresa en la AFIP… Es decir, donde las empresas permanentemente evaden, mienten, no pagan ganancias y encima presentan balances en “rojo”. Como si esto fuese poco, si se “reinvierten” en la producción, no se reparte nada…

Es decir, está hecha para que la patronal pueda hacer un “dibujo” de sus ganancias donde lo que quede de las mismas no sea más que algo puramente simbólico!

El objetivo confeso, según Recalde, el autor del proyecto de ley, es que los obreros se “comprometan” y se “involucren” con la empresa para producir más y ganar más. Es decir, es más un premio de productividad que un real reparto de ganancias.

“La hora de los trabajadores”, “que se repartan la ganancias”, dicen los carteles de la CGT invitando al acto de este viernes 15 de octubre. Seguramente la cancha estará llena. A partir de las 12 hs. muchas fábricas y lugares de trabajo “cesan” sus actividades, la mayoría con la venia de los empresarios. En la puerta estarán los micros y delegados de la burocracia escrachando a los que no vayan a River. En las terminales automotrices, por ejemplo, la Verde salió a convocar con todo: se “para y se va al acto” dijeron los secuaces de Manrique (secretario general del SMATA).

Algunos compañeros ven con simpatía el acto porque se lo presenta como para “presionar por la sanción de la ley de reparto de las ganancias”. Pero, en realidad, en la cancha de River se hablará del proyecto de ley, se dirán muchas cosas bonitas sobre “el reparto de las ganancias”, y “la redistribución del ingreso”, se dirá que hay que “volver a la época de Perón cuando la torta del PIB se repartía 50 y 50” [1]; palabras habrá un montón: hechos concretos para redistribuir el ingreso, ninguno.

Lo concreto es que será un acto donde se desplegará todo el aparato de la CGT: un acto político de la burocracia sindical, del sector moyanista y sus aliados, en apoyo al gobierno de Néstor y Cristina y al “proyecto nacional” y no una jornada de lucha para garantizar mayores ingresos a los trabajadores.

Un acto donde se predicará la conciliación entre las clases sociales (los patrones chupa sangre, y los obreros exprimidos todos los días en sus lugares de trabajo), donde a los trabajadores se los pone como furgón de cola del “proyecto nacional” de las patronales amigas de los Kirchner, que incluyen unas cuantas multinacionales imperialistas.

Pero, además, tiene el objetivo de fortalecer a la burocracia sindical, sobre todo en las grandes estructuras industriales, para hacer un “cordón sanitario” para evitar la emergencia del proceso de recomposición y el surgimiento del nuevo clasismo en las grandes concentraciones.

La burocracia se quiere curar en salud de los ejemplos de FATE, Kraft o el Subte, que son un espejo donde los burócratas no quieren mirarse. Moyano, con sus bravuconadas –muchas veces “condenadas” por determinados empresarios– en realidad ha servido muy bien a la clase de los capitalistas y al gobierno en estos 8 años de mandato K, donde no ha convocado a una sola medida de lucha nacional.

Por el contrario, ha sido el garante de la “paz social” y las esclavistas condiciones de trabajo a las que está sometida la mayoría de la clase obrera.

Moyano y la distribución del ingreso

¿Cuántos paros hizo Moyano para que el mínimo vital y móvil cubra la canasta familiar que está en más de $ 4.000? Ninguno. Por el contrario, meses atrás firmó en el Consejo del Salario un mínimo de $ 1.750 y $ 1.840 a partir de enero del 2011.

En todos estos años de alianza Kirchner–Moyano, a pesar de tanto “cacareo” progre, la distribución del ingreso no mejoró. Los propios defensores oficialistas del proyecto de ley de “participación en las ganancias” reconocen que a pesar de las paritarias la distribución empeoró: “(...) cuando se mide la evolución de los costos laborales tomando en cuenta el aumento de la productividad de las empresas y las subas de precios de los bienes y servicios que comercializan, la caída promedio real unitaria en pesos desde la salida de la convertibilidad es del 18,5 por ciento”. Y a continuación se agrega: “Estos datos demuestran que los aumentos de sueldos de los últimos siete años no fueron suficientes ni siquiera para mantener la distribución de los ingresos entre empresarios y trabajadores” (Página 12, lunes 11 de octubre, “El mito de la suba de costos laborales”, Roberto Navarro).

Lo anterior no es casual. Durante estos largos años de Kirchner-Moyano lo que aumentó fue la explotación obrera, de ahí que haya sido noticia –año tras año– que los empresarios vienen obteniendo niveles de ganancias records.

Es que si bajo los K se dio un proceso de recuperación de las fuentes de trabajo –devaluación del peso mediante– por el otro, el aumento en los ritmos de producción y la flexibilización laboral, hicieron las mieles de la felicidad empresaria. Así las patronales quedaron en el mejor de los mundos: el mayor empleo de trabajadores –fuente de sus ganancias– no redundó en aumento de los salarios reales. Es que en ningún momento Moyano cuestionó la precarización laboral, la fragmentación de los trabajadores entre contratados, por agencia, monotributistas, tercerizados, etcétera. Es decir: el mundo del trabajo heredado de los 90 se mantuvo sin cambios sustanciales.

Donde hubo recomposición salarial, y se consiguió una mejor distribución del ingreso, es donde se luchó. Y estas luchas fueron en contra de los burócratas de la CGT o de la CTA, como hicieron los compañeros de Arcor y la alimentación en Córdoba, o los compañeros de FATE años atrás.

Una ley para la tribuna

Conociendo esta realidad es que Moyano y Recalde han salido al ruedo con este proyecto de ley: pretenden cubrirse las espaldas. El mismo toca dos puntos sensibles, íntimamente vinculados: las super ganancias empresarias… y el retraso salarial.

Es lógico que los trabajadores vean con simpatía que se plantee “repartir” las ganancias. A qué obrero no le gustaría al menos eso. En realidad, más que repartirlas, las ganancias deberían estar, como tales, en manos de los trabajadores: son ellos las que las producen con su trabajo [2].

Más allá de esto último, el hecho es que este proyecto de ley ni siquiera busca un real reparto de las ganancias: se parece más a un gesto para la tribuna que otra cosa. Porque una participación real en las ganancias requeriría cuestionar la propiedad privada capitalista. Sólo basta mirar cuánto se recauda del Impuesto a las Ganancias para darse cuenta que los empresarios declaran cualquier cosa acerca de las mismas: la más de las veces se dedican a llorar lágrimas de cocodrilo afirmando que “pierden plata”…

Sin embargo, en un primer momento las cámaras empresariales pusieron el grito en el cielo. Esto se debe a que el solo hecho de poner en discusión un tema tan sensible como éste, aunque no tenga ninguna consecuencia práctica, no les gusta nada. Es que según las reglas del libre mercado capitalista, la ganancia empresaria es intocable.

Una vez más, el kirchnerismo hace el juego de tomar una reivindicación sentida, colocarla en el escenario de la discusión, pero –a priori– para no concretarla. Y si lo hiciera, sería tan vaciada de contenido, que no serviría para casi nada.

Ahí está, por ejemplo, la experiencia de la fábrica Brigstone-Firestone, donde los compañeros tienen un acuerdo de “participación en las ganancias” con la patronal que no redunda en nada sustancial en materia de salarios; esto a pesar de que la producción de neumáticos viene obteniendo record tras record acompañando la bonanza de la producción automotriz.

Estamos así frente a una típica maniobra kirchnerista: mucho ruido y muy pocas nueces. De ahí también que haya que subrayar que si las cámaras empresariales comenzaron poniendo el grito en el cielo, luego pasaron a tomar la cuestión con calma y a decir que se podía “discutir”...

Por último, no está claro que se convierta en ley el proyecto cegetista. Por ahora, sólo se presentó en el Congreso. Ahora se debe discutir en las comisiones legislativas, luego pasará al recinto, se debe conseguir quórum, tener mayoría y votarlo, y de ahí pasa al Senado donde se repite el procedimiento.

Además, en el medio se le pueden incorporar más trampas todavía que las que ya contiene. Por ejemplo, atando la supuesta “participación” en las ganancias a objetivos de productividad: es decir, de aumento de la explotación obrera.

Las conquistas se obtienen con la lucha

En todo caso: del dicho al hecho hay mucho trecho. Y si el moyanismo quisiera en serio impulsar incluso una muy moderada ley como la que está anunciando, en vez de realizar actos en River para posicionarse en la interna del PJ, debería impulsar medidas de lucha…

En todo caso no será por la vía del moyanismo mediante la cual los trabajadores obtendrán conquistas. Como lo ha demostrado largamente la experiencia de todos estos últimos años, las conquistas se obtienen mediante el logro de direcciones independientes de la CGT y la CTA, las que apoyándose en la democracia obrera, y en medidas de lucha reales contra los empresarios y el gobierno, han logrado obtener la jornada de seis horas de trabajo o la reinstalación de compañeros despedidos. Ésta ha venido siendo la experiencia del Subte, FATE y Kraft, y por ese camino, de puesta en pie de un “nuevo clasismo”, hay que seguir.


Notas:

1.-En honor a la verdad, en la época de Perón en todo el mundo –y no solamente en la Argentina– la distribución de los ingresos era más “equilibrada”, en gran medida debido al terror de los capitalistas por la Revolución Rusa que los había expropiado en ese país a comienzos del siglo pasado. Sin embargo, no por eso el peronismo dejó de garantizar que el país siguiera perteneciendo al “orden occidental y cristiano”: es decir, al sistema capitalista. La propia consigna “ni yanquis ni marxistas” estuvo colocada al servicio de esa trampa: mostrarse como “pro-obreros” cuando en realidad se servía a los empresarios. Cualquier pálida similitud con el rol de los K y Moyano hoy es “mera coincidencia”…

2.- Sencillamente, las ganancias empresarias no son más que la parte no pagada del trabajo de la clase obrera. Parte no pagada que es apropiada en virtud de que estos capitalistas son los que tienen el control de las herramientas, máquinas y fábricas mediante los cuales se hace la producción, “instrumentos” que adquirieron en un momento anterior de su desarrollo como capitalistas no pagando la totalidad de su trabajo a una generación previa de trabajadores.