Socialismo o Barbarie, periódico Nº 186, 30/09/10
 

 

 

 

 

 

CTA: después del fraude cruzado del 23/9

Se les cayó la careta democrática

“Tan repudiables son los métodos utilizados para el armado del fraude electoral y las abismales diferencias en votos que se adjudican Yasky-Baradel y Micheli-De Genaro, cada uno para sus listas, que esto difícilmente tenga una resolución matemática. Ni un comité de notables, conducidos por Adrián Paenza, podrá solucionar esta incógnita y si esto pasa con las listas oficialistas, ni hablar del resultado que dejarán para el resto de las listas opositoras. Es una elección que no sirve ni para contar votos. Con lo cual lo que venga de acá en más no es una cuestión de matemática electoral sino de la más pura y simple rosca” (Daniel Cadabón, Argenpress.info).

El pasado jueves 23 se realizaron las elecciones nacionales de la CTA. Debieron pasar cinco días para que comenzaran a aparecer los datos “oficiales”. En estos días el escenario estuvo ocupado por las denuncias cruzadas de fraude de Yasky y Micheli, aunque ahora parece ser que finalmente el primero ha reconocido el “triunfo” del segundo.

La realidad es que ha habido un fraude cruzado casi generalizado. Basta ver las voluminosas votaciones en Jujuy o Santa Fe para darse cuenta que tanto la lista 1 como la 10 inflaron los votos, abultando sus sufragios con afiliados que nunca concurrieron al comicio… Lo propio ocurrió, por ejemplo, en San Fernando, dónde para contrapesar el voto del Frente Clasista encabezado por los compañeros de FATE, la elección de las mesas docentes apareció curiosamente “hinchada” respecto de la baja votación de este gremio en todo el país (ver aparte).

La elección mostró una baja participación. De 1.400.000 afiliados que declara tener la CTA, sólo concurrieron a votar 200.000. Esto atestigua lo que ya se pudo verificar a lo largo de la campaña, que se trataba de una elección muy alejada de las necesidades e intereses de la base trabajadora, que ve a la dirección de la CTA como una burocracia no muy distinta a la de la CGT, el “strip tease” de las prácticas fraudulentas, parecidas a una interna del PJ, ha servido para quitarle los últimos elementos de pátina “democrática” que le quedaban a la CTA, dejándola para colmo al borde de la ruptura.

En un contexto de absoluto imperio de aparatos multimillonarios (hasta las barras de fútbol les pegaron carteles a la 10 y la 1), la elección de los sectores clasistas fue de vanguardia pero no despreciable. La crisis política en la que terminó sumida la CTA demostró la razón de los que, como nuestro partido, argumentamos que no estábamos frente a una elección sindical rutinaria más sino ante un evento político de importancia, en que la vanguardia obrera estaba llamada a intervenir presentando un polo de clase alternativo.

La elección del 23 como campo de batalla de los aparatos

“Visiblemente ofuscados, los dirigentes del entorno de Yasky se lamentaban por no haber anticipado la ‘posibilidad de fraude de los estatales’, en alusión al gremio de Micheli y De Gennaro” (La Nación, 29-09-10). Esta cita revela algunos rasgos de la elección propiamente dicha. Lo que terminó ocurriendo es paradójico: hecha a la medida de sus intereses, la elección del secretario general de la CTA con supuesto “voto universal” se transformó en un perfecto campo de batalla para una lucha de aparatos. Alejada de toda práctica de democracia obrera real, con voto de los trabajadores a mano alzada, la apelación al mecanismo burgués del “voto secreto” no hace más que alentar las prácticas de aparato. Esto era muy útil al proyecto de la CTA, porque a priori le permitía darse un aire “democrático”. Al mismo tiempo, era negocio puro porque garantiza el férreo control de la burocracia frente a cualquier intento opositor que venga desde abajo.

Sin embargo, en la elección actual lo que hizo crisis fue que estas mismas “reglas de juego” debieron ser usadas para dirimir una interna burocrática que se terminó transformando en un vale todo. No se trató solamente de la visible manipulación de los padrones (nunca se logró establecer un claro padrón oficial). O que se haya llevado a votar a la gente de las narices (parte del secreto de la altísima votación en Jujuy está seguramente allí). Se trata de que ambas fracciones burocráticas recurrieron de manera generalizada a otro de los clásicos métodos fraudulentos: meter en las urnas los votos de miles de afiliados que figuraban en el padrón… pero que nunca concurrieron a votar.

Las cifras de varios dígitos en Jujuy, Tucumán, Mendoza o Santa Fe –que contrastan con la pobreza franciscana de la elección en general– así lo atestiguan: “[En Santa Fe se observó] la aparición de mesas volantes (mesas 67, 68, 69 y 70) con votos adentro antes de la apertura del comicio. Y no pocos votos: en esas 4 urnas votó más del 99% del padrón correspondiente a cada urna y todos esos votos fueron a la lista 10. Por si esto fuera poco, hubo mesas en las que votó más del 100% del padrón (las mesas 44, 45, 46, 48 y 81 del departamento Capital) llegando al ridículo de votar en la mesa 81 el 261% del padrón asignado” (Indymedia, 28-9). Y no fue sólo la Lista 10: ¡ambas fracciones cometieron las mismas tropelías!

La deslegitimación de la CTA

Esta circunstancia es una muestra de los que podríamos llamar “la cegetización de la CTA”. Es que si la primera es la organización burocrática por antonomasia, la cobertura “democrática” de la CTA con la elección de su secretario general realizada mediante “el voto directo de los afiliados” ha quedado en el fango de las denuncias cruzadas como lo que es: una pura mascarada donde inevitablemente se imponen los aparatos, no la voluntad de los afiliados.

En el fondo, nunca se trató más que de una diferencia entre los métodos burocráticos más tradicionales y la introducción de prácticas de democracia patronal al interior de las organizaciones obreras. En ambos casos, lo que siempre estuvo excluido son los métodos de la democracia obrera: la elección directa mediante asambleas en los lugares de trabajo de los delegados a una verdadera instancia nacional que vote la conducción de la central.

Este “strip tease” ha servido para que la CTA se deslegitime frente a los ojos de amplios sectores como lo que realmente es: “Se puede presuponer que maniobras tan repudiables como las vividas en las elecciones del jueves 23 de septiembre harán que en un corto plazo la CTA se vuelva una central más confiable a los ojos de aquellos que todavía la creen de ‘izquierda’. Es que la CTA, decidió, el jueves pasado, bautizarse como una central burocrática que nada tiene que envidiarle a los Moyanos o Barrionuevos” (“¿Qué CTA, la CGT?”, Daniel Cadabón, Argenpress.info, 28-9).

Señalemos que la división de la CTA tiene una explicación obvia: se ha transformado en un coto privado de caza de las dos fracciones en las que está dividida la clase capitalista del país. La CTA nunca fue “autónoma”, como le gusta pregonar a las dos alas de la burocracia que la dirigen. Siempre fue detrás de uno u otro proyecto patronal. De allí que no sea casual que en su momento sus dirigentes hayan llamado a votar a Menem y luego a la Alianza de De la Rúa. La verdad es que jamás la CTA se fundó en principios de independencia política de clase de los trabajadores: solamente ha seguido como la sombra al cuerpo a uno u otro sector patronal.

Pero la novedad política más importante de los últimos años en el país es la división más o menos persistente entre los de arriba, algo que no ocurría prácticamente desde los años 70. Y es esta misma división la que ha “metido la cola” en la CTA: Yasky encolumnado incondicionalmente con los K, Micheli y De Gennaro con la Mesa de Enlace campestre y sus acólitos. Así las cosas, no había cómo evitar que las diferencias que dividen a los capitalistas se introdujeran de lleno en la CTA.

El Subte, Fate y la izquierda

La campaña en la CTA no fue fácil. No hubo fervor ni nada parecido. Para el común de los trabajadores afiliados a la CTA, su dirección es algo que está muy lejos de sus problemas y necesidades cotidianas. A eso se agrega el repudio extendido a lo que a fin de cuentas es una dirección burocrática cargadas de traiciones sobre sus espaldas (más allá del discurso “progre” con el que suele arroparse).

Sin embargo, aunque fue difícil, la campaña y la elección misma fueron un terreno de disputa esencialmente política, no reivindicativa. Lo que se puso en juego –en un terreno muy desfavorable para los sectores independiente y de la izquierda– no eran las reivindicaciones inmediatas, sino las coordenadas y perspectivas políticas que ordenan toda la actuación de la CTA.

Se trató así de una pelea muy desigual. Porque Yasky y Micheli responden a los aparatos burgueses de masas del kirchnerismo y la oposición patronal, y los hicieron valer mediante campañas millonarias.

Sin embargo, a nivel de los sectores de vanguardia, se procesó un importante debate político y se pensó a quién votar. Ese debate político tuvo dos andariveles. Por un lado, la necesaria independencia política de clase de la CTA. Por el otro, a cuál de las tres listas independientes votar en función de la representatividad real de cada una.

Ése es el contexto de las dos experiencias políticas más importantes a balancear como producto de la elección en lo que hace a la vanguardia obrera: los casos del subterráneo de Buenos Aires y de Fate y el neumático en su conjunto. En el caso del Subte, un amplio sector se encolumnó detrás de la candidatura de Beto Pianelli, que unió su suerte a Hugo Yasky. La idea sindicalista que salió a vender es que así se garantizaría “el reconocimiento del sindicato”. Ahora carga con el problema de que quedó completamente pegado a una fracción burocrática para colmo perdedora. Peor aún: la perspectiva de que el gobierno le haga concesiones a una CTA dirigida por el sojero Micheli no pueden menos que reducirse. Ése es siempre el límite de la “viveza” del oportunismo sindicalista: hipotecar la independencia política de una parte mayoritaria del actual cuerpo de delegados… a cambio de nada.

Los compañeros del SUTNA San Fernando dieron un paso en sentido absolutamente contrario, tuvieron la valentía de lanzarse a una pelea no meramente sindical sino política, llamando a construir un camino de independencia de clase.

Nuestra polémica con el resto de la izquierda (desde la CCC-MST hasta el PO y el PTS) respecto de la elección de la CTA en general y de sus experiencias de vanguardia en particular es que estuvo de espaldas a la exigencia que plantearon los compañeros de FATE.

De la CCC y el MST prácticamente no hace falta hablar, porque su desbarranque es completo: fueron los “che pibes” del sector degennarista, el mismo que a lo largo de años se dedicó a entregar las luchas de estatales y docentes; entre otras cosas, los une su seguidismo a la Sociedad Rural.

Por su parte, el PO y el PTS se dedicaron a dividir el espacio del clasismo con injustificables razones internistas y de aparato. Ante las exigencias de la realidad, se desesperaron ante la imposibilidad de presentar un frente común frente a Pianelli. No pretendemos negar que un sector del subte realmente se haya abstenido activamente en la elección del 23; sin embargo, declaraciones pomposas como las del PTS poco ayudan a un combate real, porque los 600 votos obtenidos por Pianelli no dejan de ser importantes.

Desde el punto de vista de los compañeros y compañeras de base, o de los activistas y delegados no organizados políticamente, la abstención pudo haber sido una opción. Nuestra crítica implacable al PO y al PTS es que esa decisión la tomaron como producto de haber socavado criminalmente la posibilidad de que frente a las dos fracciones de la CTA en su conjunto –y al pianellismo en el subte– se presentara una alternativa de conjunto del clasismo, algo que fue su exclusiva responsabilidad.[1]

Un camino opuesto fue el que siguieron los compañeros de FATE, a pesar de todas las dificultades: la Lista 5 obtuvo un nada despreciable 30% en el conjunto del neumático, aun en una elección vista como muy “política” y alejada de las necesidades cotidianas por parte de la base.

Por atraso, inexperiencia política o “centrismo”, muchos compañeros se quedan en las cuestiones menores o en las peleas mezquinas de sectores de izquierda. Pierden de vista así el paso político de gigante de que el SUTNA San Fernando haya encabezado una lista clasista para las elecciones de la CTA.

Sin embargo, a lo largo de la campaña se pudo escuchar a muchos compañeros de izquierda e independientes valorar el hecho que la Lista 5 fuera representativa de la experiencia de los compañeros de FATE, además de la calidad de sus “acompañantes”: los compañeros del Hospital Garrahan, los sectores clasistas de los judiciales bonaerenses, los docentes y no docentes de la zona sur del gran Buenos Aires entre otros. Sobre todo fue ampliamente valorado que Jorge Ayala haya sido electo en una asamblea con la participación de 500 compañeros, cualesquiera fueran las dificultades e idas y vueltas que toda experiencia que sea real y no de “laboratorio” –o de mini aparatos– pueda tener.

En síntesis: no hay cómo tapar el hecho que las opciones de los compañeros de FATE y de la mayoría del actual cuerpo de delegados del subterráneo –no de su base– expresan caminos opuestos que terminan, uno, hipotecando su experiencia en manos de la burocracia; el otro, haciendo el durísimo pero estratégico aprendizaje de poner en pie un polo de clase en nuestro país.

Se afirma la experiencia clasista en el neumático

La resultante más inmediata del 23 es que la CTA como tal ha quedado debilitada. Micheli festeja la elección como un “triunfo” porque Yasky se creía ganador por anticipado al ir con el “caballo del comisario” de los K.

Sin embargo, fraudes cruzados mediante, quedaron muy parejos según el último conteo de la Junta electoral. Es probable, incluso, que se esté frente a una partición de hecho de la CTA. Esta circunstancia no hace más que debilitar a la CTA en su conjunto como mediación burocrática. Y es la razón que explica la orientación que tuvimos desde el nuevo MAS para la elección: poner en pie un polo de clase que desde una perspectiva independiente intervenga en los procesos en curso de recomposición de los trabajadores, buscando construir un polo alternativo a la burocracia de la CGT y las dos fracciones de la CTA.

En este contexto, las tres listas independientes (3, 4 y 5) hicimos una elección que bordea –a pesar de la manipulación de nuestros resultados– el 10% del total. La conclusión que se impone es obvia: de haber participado en una lista común hoy seríamos un actor político en esta crisis, lo que por separado es más difícil.

En cualquier caso, esta situación debilita a la burocracia en sus dos expresiones y mejora las posibilidades del proceso de recomposición de la vanguardia independiente. Mientras que Pianelli acaba de arrastrar la experiencia del subte al fango de la mano de un burócrata fraudulento (y perdedor), el Frente Clasista encabezado por los compañeros de FATE hizo una elección destacable entre los sectores más politizados de la central, logrando una votación muy digna nacionalmente, y sobre todo en el Gran Buenos Aires, ratificando además que el clasismo es la alternativa en el SUTNA en su conjunto frente a Pedro Wasiejko.


Nota:

1. El llamado a la “abstención” fue un paso más en el errado camino que vienen recorriendo de nunca haber dado una pelea política al proyecto crecientemente burocrático de este. Si el PO nunca vio la exigencia de nuevo sindicato que hacía la base, el PTS llegó a sentar –con la evidente venia de Pianelli– a Dellacarbonara al lado de Yasky y Micheli para anunciar un “paro” que nunca existió y sólo sirvió para lavarles la cara a ambos burócratas. De paso, digamos que tanto el PO como el PTS presentaron listas –y no las retiraron– en San Fernando en particular y en el SUTNA en su conjunto, obteniendo votaciones irrisorias (de un dígito) en las tres plantas.