Socialismo o Barbarie, periódico Nº 185, 16/09/10
 

 

 

 

 

 

Macri y los Kirchner son responsables del estado de la educación

La rebelión estudiantil amenaza con profundizarse

“Los militantes de la FUBA no sólo sumaron a la escena los problemas de las aulas universitarias; también llamaron la atención sobre el estado de muchas escuelas en el resto del país. Al margen de sacar momentáneamente del foco del conflicto al gobierno porteño –que sigue apareciendo impotente ante la crisis–, este nuevo argumento con base firme en la realidad escolar podría favorecer la ‘nacionalización’ de la protesta, que ya temen los ministros de Educación de las provincias.” (La Nación, 09/09/2010)

La rebelión estudiantil de la Capital Federal ha cumplido un mes. En el momento en que cerramos esta edición apresta a realizarse la marcha en conmemoración de La Noche de los Lápices –el secuestro y asesinato de una docena de estudiantes secundarios platenses durante la dictadura– más importante en años. En las cuatro semanas de conflicto, ha ido escalando y mantiene su curva ascendente. Comenzó con la revuelta de los secundarios contra las dramáticas condiciones edilicias, lo que sigue siendo el “núcleo duro” de la protesta. Pero con el correr de las semanas se fue extendiendo mucho más en el ámbito de la ciudad. Las tomas de las facultades de Ciencias Sociales y Filosofía y Letras por cientos de estudiantes son otro de los puntales de la lucha. A esto se agrega la masividad del reclamo en las sedes del IUNA y otras escuelas de enseñanza terciaria. Y en estos momentos la pugna hace a la posibilidad del traslado de la pelea al ámbito nacional donde las condiciones de enseñanza son iguales o aun peores que en la Capital. Esa eventual nacionalización ya le daría características de despertar histórico del movimiento estudiantil, una verdadera primavera estudiantil sin antecedentes en los últimos años.

Que florezcan cien flores

El levantamiento del estudiantado de la Capital no ocurre en cualquier contexto. La coyuntura política del país se ha corrido en cierta forma hacia la izquierda. 

Las coordenadas generales siguen siendo las de 2008, con sus divisiones y enfrentamientos en las alturas entre el oficialismo y la oposición campestre. Sin embargo, las relaciones de fuerza relativas entre ambas fracciones patronales han variado considerablemente en los últimos meses. En estos momentos, la iniciativa la tienen los Kirchner, y los campestres están a la defensiva. 

La embestida alrededor de Papel Prensa y la evidente complicidad de las patronales de Clarín y La Nación con la dictadura militar sigue tiñendo el clima nacional. El debilitamiento de Macri, al que nos referiremos más abajo, es parte de esto. A eso se le suma la aprobación en julio del matrimonio entre personas del mismo sexo, una conquista democrática de importancia que ha puesto sobre la palestra la lucha por otros derechos de las mujeres y las minorías sexuales. 

Se trata entonces de una coyuntura en que las reivindicaciones democráticas están puestas a la orden del día, y en la cual parte importante de la “opinión pública” está sensibilizada a este tipo de reclamos y los ve con simpatía. Sobre este contexto está operando la lucha estudiantil, con su toma de colegios y facultades, cortes de calles, marchas multitudinarias, organismos de lucha independientes y asamblearios, coordinadoras… En suma, un clima favorable al desarrollo de la lucha.

La pelea por la extensión del “estudiantazo”

En la Capital Federal la lucha estudiantil ocurre en un  momento de crisis política larvada del gobierno de Macri. En pleno proceso por las escuchas ilegales, con una ciudad que no está nada “buena”, donde acaban de morir aplastadas dos jóvenes en un boliche que no debería haber estado habilitado, el gobierno macrista está colocado a la defensiva, mostrando nulos reflejos políticos que no sean mostrar muecas gorilas y represivas.

Por ejemplo, cuando se desató la rebelión estudiantil capitalina, la primera respuesta del gobierno porteño fue pretender la confección de listas negras a ser entregadas en las comisarías donde las autoridades “denunciaran” a los estudiantes que estaban ocupando los colegios… Obviamente que el tiro no podía hacer más que salir por la culata. La lucha estudiantil secundaria no solamente se redobló –llegan a unos 30 colegios ocupados, más allá de idas y venidas–, sino que se extendió solidariamente primero y luego por sus propios reclamos a las facultades más combativas de la UBA, al IUNA y al terciario Joaquín V. González, entre otros.

Si bien el ministro de Educación capitalino Esteban Bullrich recibió inicialmente a los estudiantes nucleados en la CUES para una “negociación”, la pretensión de dividir y quebrar la lucha negociando por separado llevó a una vía muerta este curso de acción. En estos momentos, el gobierno macrista solamente parece apostar al desgaste de la pelea y no mucho más, redoblando la campaña represiva con un Macri que apenas bajó del avión de un reciente viaje a Europa sale a pedir “sanciones para los estudiantes ocupantes”. Se ve que no tiene mucha lectura política del clima democrático que se vive, sobre todo en la Capital Federal.

Mientras tanto, el gobierno nacional ha venido intentando “seducir” al estudiantado en lucha mediante, entre otras cosas, la reciente convocatoria a un muy promocionado “acto de la juventud” en el Luna Park realizado el pasado martes 14.

Así las cosas, en un comienzo parecieron regodearse con una pelea que creían solamente dirigida contra un opositor político. Cristina incluso habló “apoyando” la lucha estudiantil en la Capital… Sin embargo, las cosas comenzaron a tomar rápidamente un color distinto cuando se sumaron las facultades de Sociales y Filosofía de la UBA. En ellas, lo primero que se hizo es ubicar políticamente el reclamo indicando, de manera absolutamente correcta, que tanto Macri como los Kirchner son responsables del desastre de la educación.

Así las cosas, ahora el kirchnerismo está girando en redondo: esta semana comenzó con la multiplicación de intentos de confinar la lucha a los secundarios capitalinos, buscando quebrar incluso mediante provocaciones la toma y asambleas de los estudiantes de Sociales y Filosofía, a los que pretendió presentar como “agentes de la derecha”.

Este trabajo sucio lo está encarando en persona el decano de Filosofía y Letras: “Esto no es un partido de truco y la falta de reflexión sobre el tipo de juego que algunos están jugando preocupa. Y preocupa aún más cuando de la mano de un conflicto cuyo origen era denunciar al gobierno privatista de la Ciudad se permite que los medios que concentran la información se paseen por los edificios de la universidad pública regodeándose con notas amarillistas sobre los edificios. Sólo deseo que la alegría y capacidad transformadora de la juventud universitaria no queden atrapadas en este triste truco que con cartas prestadas le guiña el ojo a la privatización educativa pretendida por el poder económico y el desgobierno de la ciudad” (Página 12, 14–9). Un verdadero caradura que, con la excusa de que los estudiantes de Filosofía y Letras serían “agentes de Macri”, organizó a casi 150 rompehuelgas para quebrar una asamblea de más de 800 jóvenes.

Esto no es otra cosa que una típica provocación del “gobierno nacional y popular” que está jugado a aplastar a todo lo que florece a su izquierda. Un gobierno de la misma naturaleza burguesa y patronal que Macri, ahora jugado –aunque por arriba lo disimule– a quebrar la pelea en la medida en que ésta madura su carácter independiente de ambos bandos patronales. 

En síntesis: estamos frente a un creciente operativo tendiente a evitar la nacionalización de conflicto, tendencia que de desarrollarse no podría ocultar la responsabilidad K en el desastre educativo nacional.

Todos por todos

El proceso en curso podría significar una bisagra en la lucha estudiantil del último período. La realidad es que el movimiento estudiantil no ha tenido un rol de vanguardia en largo tiempo. En un sentido, las consecuencias nefastas de la dictadura militar se han hecho sentir en este terreno más todavía que en otros hasta nuestros días. Para recordar un ascenso en regla de los estudiantes hay que remontarse a los años 70.

Sin embargo, al calor de los acontecimientos del 2001 –cuyas tendencias más generales siguen condicionando la realidad del país una década después– se produjo un proceso nacional de renovación en las organizaciones del movimiento estudiantil. También se puso sobre la palestra la consigna de democratización de las instancias de gobierno de las universidades. El triunfo de la izquierda en federaciones estudiantiles como la FUBA, la FULP de La Plata, el Comahue y otras así lo indicaron.

Esta tendencia fue luego debilitándose sin que se lograran avances sustanciales en materia de democratización. Sin embargo ahora parece emerger un movimiento cuyas tendencias podrían ser más profundas que el proceso de la primera mitad de la década pasada.

Aquí hay varias características a potenciar y profundizar. Por un lado, el carácter independiente del movimiento: no responde ni está siendo instrumentalizado por ninguno de los dos bandos patronales, y a su frente está mayormente la izquierda en sentido amplio. Sumado a esto, el elemento o fermento de irrupción de las bases estudiantiles es muy importante: se trata de la masividad de las asambleas, la amplísima participación en las tomas de los establecimientos, el surgimiento de nuevos organismos de coordinación y lucha o la “vivificación” de otros ya existentes, como la experiencia de la CUES –una verdadera coordinadora de colegios secundarios en lucha–, la Interestudiantil de Sociales y Filo de la UBA, la eventualidad de que se lleve a cabo un verdadero Encuentro Estudiantil de Base con amplia participación muy superior a los acostumbrados congresos de la FUBA, etcétera.

Éstos son algunos de los rasgos de la aparición de un nuevo movimiento estudiantil, caracterizado por la amplia participación de una nueva generación que está haciendo sus primeras armas en esta pelea, y que llama a su profundización y maduración política. 

En ese marco, el proceso de la lucha tiene un doble carácter. Por un lado están los reclamos muy concretos, que se concentran en el desastre de las condiciones edilicias de colegios y facultades. Es claro que de institución a institución hay reclamos específicos. Sin embargo, son agrupables en un pliego único, porque el mismo carácter de la pelea reclama una solución conjunta y no lugar por lugar, lo que solamente serviría para fragmentar y debilitar el movimiento. 

Porque además, y este es el segundo problema puesto sobre la palestra, se juegan más cosas que los reclamos edilicios. Se está procesando al calor de la lucha una verdadera experiencia política que amenaza “correr por izquierda” no solamente a Macri sino al gobierno K. De ahí el creciente, aunque todavía disimulado, malestar de éste. Porque si esta experiencia se profundiza y consolida podría dar lugar a un nuevo movimiento estudiantil independiente y democrático.

Dado el carácter de la lucha, hay que plantear una consigna que refleje una pelea de conjunto y evite la fragmentación: “Todos con todos” quiere resumir esta necesidad de levantar un pliego único y dar satisfacción conjunta a los reclamos, ante la posibilidad real de obtener triunfos y conquistas. 

De ahí también el planteo, que viene cobrando fuerza, de realizar un Encuentro Estudiantil de Bases en el camino de extender la lucha a los colegios y facultades que todavía no se han sumado, en primer lugar en la Capital Federal, pero también en todo el país. En esta tarea, es evidente que la actual dirección de la FUBA tiene una enorme responsabilidad.

Por el camino de la unidad obrero–estudiantil

Desde las perspectivas más generales de la clase trabajadora de nuestro país, este conflicto es de enorme importancia potencial. Se trata del problema de los aliados de nuestra clase en la lucha. Hace muchos años que la vanguardia obrera no asiste a un movimiento estudiantil puesto de pie. Esta alianza es “natural” –entre otras cosas– en la medida que la mayoría de los estudiantes tienen un futuro de asalariados.

Esta potencial unidad obrero–estudiantil es otro rasgo de inmensa importancia estratégica que hay que alentar en la actual rebelión: que las experiencias de la vanguardia obrera y estudiantil se nutran mutuamente al calor de esta pelea.

Por ejemplo, días atrás estuvo la experiencia de la participación de los compañeros de FATE en la CUES. Que recordemos, es prácticamente la primera vez que de un organismo de los estudiantes secundarios como la CUES participa una delegación obrera para llevar su solidaridad. Alentar esta tendencia es otro de los desafíos de esta pelea. Aunque sea algo todavía muy incipiente, hace a la necesidad de recuperar la tradición de la unidad obrero–estudiantil. En el mismo sentido fue la visita votada en la interestudiantil y realizada el pasado domingo de una delegación de la UBA a los compañeros en lucha de Paraná Metal.

En suma, desde la izquierda y la vanguardia obrera hay que poner entonces toda la fuerza para el triunfo de la rebelión estudiantil contra Macri y los “nac & pop” K:

• ¡Satisfacción ya de los justos reclamos de los estudiantes!

• ¡Vamos por un nuevo movimiento estudiantil!

• ¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!