Socialismo o Barbarie, periódico Nº 182, 06/08/10
 

 

 

 

 

 

Como se reparte el trabajo no pagado de los obreros rurales (e industriales)

Soja, ingresos del Estado e inflación

Por Marcelo Yunes

Es una pena que tanta alharaca político-electoral tape otros temas que son en sí mucho más importantes e interesantes. Por ejemplo, cuál es el lugar de las retenciones en las arcas del Estado. Esto es, a quién le saca (y a quién le da) dinero el Estado, cuánto le saca y en concepto de qué. En suma, cuál es la estructura impositiva del país. Este tema, que parece “técnico”, dice mucho sobre de qué clase de sociedad –hoy, qué clase de capitalismo– se trata en cada caso. Por ejemplo, los estados capitalistas relativamente menos desiguales son aquellos en los que el Estado recauda cerca del 50% del producto bruto en impuestos. Y a su vez, estos impuestos se aplican, en esos países, sobre todo a las ganancias empresariales. El Estado argentino recauda alrededor del 30% del PBI en concepto de impuestos, pero en esa masa tienen casi más peso los impuestos al consumo popular, como el IVA, que los impuestos a la renta, como Ganancias. La renta financiera paga 0%, por ejemplo.

¿Y las retenciones? No existían hasta 2002, cuando se impusieron en plena emergencia. Desde entonces, aportan, según estudio de Ieral-Fundación Mediterránea, entre el 10 y el 17% de todos los ingresos del Estado nacional; para este año, se estima el 13% (La Nación, 2-8). Así, Marcelo Capello, director de FM, reconoce que “una eliminación completa de las retenciones sobre el campo es inviable a corto plazo. La recaudación por esos derechos osciló entre el 60 y el 287% del superávit primario (antes del pago de deuda) desde 2002 hasta ahora, y de allí la dificultad de erradicarlas totalmente". Por si alguien no lo recuerda, la FM ha sido siempre bastión neoliberal, financiado por Arcor y cuna de Domingo Cavallo.

La SRA calcula que el total de retenciones será este año de más de 7.500 millones de dólares, el 85% de ellos derivados del complejo sojero. Ernesto Ambrosetti, economista de la SRA, estimó que el Estado podría arreglárselas sin la plata de la soja “si gastara con mayor eficiencia, efectividad y economía”. Por ejemplo, “quitando los subsidios a empresas de servicios públicos” (La Nación, 2-8). Para que se entienda, lo que propone es que los sojeros recuperen sus millones de dólares y que el Estado tape el agujero haciéndole pagar a millones de personas mucho más caro el gas, la luz y el transporte.

Claro, como el garca en cuestión es economista de la Sociedad Rural, que no necesita votos, puede decir esta canallada sin sonrojarse. Pero no menos canallas son los garcas del Grupo A, que proponen hacer exactamente lo mismo, sólo que no se atreven a decirlo con la ejemplar claridad de su aliado campestre. Intentan disimular hablando de “canjear retenciones por anticipos de Impuesto a las Ganancias” (idea del PRO), pero saben muy bien que eso no resuelve nada. Y todos ellos son enemigos del “gasto público en subsidios”.

Por otra parte, si se caen las retenciones el problema no sólo será el agujero en las arcas del Estado nacional. El gobierno, en su momento, un poco a los cachetazos y otro poco por cálculo, aceptó redistribuir un 30% de los ingresos de la soja a provincias y municipios. Así, resignaba parte de los ingresos del Tesoro pero ganaba aliados que hoy pueden ser muy útiles, si no hay más ingresos por retenciones, también van a crujir las finanzas de intendentes y gobernadores, que ya están murmurando que el asunto no les gusta nada.

Por último, digamos que la embestida de los oligarcas liberales apunta también a socavar aun más los salarios que lo que lo hacen los K, esto vía el aumento exponencial de los precios internos. En efecto, las retenciones, además de darle recursos al Estado, significan una baja del precio local de los productos que se exportan. Si desaparece el impuesto y los “productores” reciben íntegro el precio internacional por sus granos y oleaginosas, esto se traslada de manera inmediata al consumidor local. Las cámaras de la harina y de los productores de pollos y cerdos (los grano son insumo fundamental para ellos) ya avisaron, si vuelan las retenciones, se disparan los costos… y los precios. Los mismos garcas que adjudican la inflación al “gasto público”... guardan cauto silencio sobre esta amenaza al bolsillo de los trabajadores y sectores populares.