Socialismo o Barbarie, periódico Nº 182, 06/08/10
 

 

 

 

 

 

Primeras luchas del proletariado chino en el contexto de la crisis mundial

El despertar de un gigante

Por Luis Barth

En los últimos meses una de las noticias más importantes ha sido el comienzo de luchas obreras en algunas grandes fábricas -sobre todo multinacionales- de China. El reclamo obrero se organiza, básicamente, alrededor de dos puntos: la exigencia de aumentos salariales y el derecho a la sindicalización independiente. La importancia del acontecimiento acaba de llegar a la tapa de la revista inglesa The Economist: esta titula “El creciente poder de los obreros chinos” como marcando la importancia al fenómeno.

En todo caso, lo que podemos decir desde estas páginas, es que incluso a pesar de que en esta primer etapa la burocracia del PCCH ha dejado correr estas luchas… las mismas están marcando un punto de inflexión que apunta a ser histórico: el comienzo de entrada en escena de la nueva y joven clase obrera china en el contexto de la crisis mundial.

En fin, un fenómeno que las corrientes socialistas revolucionarias debemos seguir con atención, tratando de poner sobre la palestra –en el terreno más propagandístico- la inicial tradición obrera y socialista que encarnó Che Du Xiu[1] en oposición a lo que fue el carácter burocrático y realmente “antisocialista” del maoismo.

Introducción: China, el “Paraíso Capitalista” y el “Infierno Obrero”

Lo que CFK y la “Santa Alianza” global de políticos y patrones admira y envidia de China, su relativamente rápido y sostenido desarrollo económico capitalista, no tiene un “pulcro” origen “milagroso” sino una “lodosa” historia. Las reformas económicas estructurales que la burocracia “comunista” gobernante ha introducido (no pacíficamente) desde fines de la década del 70 convirtieron a China en lo que hoy, más allá de matices que le imprimen singularidad, es: un “paraíso capitalista”. La grandiosa irrupción presente de la clase obrera china contra las cadenas de opresión y explotación burócratico-patronales, cuya trascendencia histórica y perspectiva posible trataremos de precisar, demuestra (por si alguien necesitaba una “señal”) que la producción de este “paraíso” requiere necesariamente de un “infierno obrero”, es su sostén y fundamento.

Reformas Estructurales Capitalistas y (con) Formación de la Nueva Clase Obrera China

Desde hace al menos 30 años, y con el “desarrollo (capitalista) como regla de hierro”, las reformas impulsadas por la burocracia provocaron la disolución de la propiedad comunal en el campo y su reemplazo por las pequeñas propiedades familiares, la privatización o semi-privatización de empresas estatales y la apertura (política de “puertas abiertas” según Deng Xiaoping) de la economía a la inversión de capital extranjero. El campo, antes reino de la “igualdad de la miseria material”, se transformó en un espacio geográfico devastado ambientalmente por el desarrollo “a cualquier precio” y en un negocio altamente rentable para los funcionarios locales (cuyo poder creció notablemente por la descentralización de la administración en la década del 80), quienes, valiéndose de su guanxi[i], lograron apropiarse de las tierras más lucrativas, a veces comprándoselas a precios módicos a los campesinos, otras veces simplemente robándolas, pero siempre en función de la acumulación privada y la miseria social. La vida del campesino en el campo, ahora sin protección comunal o estatal, puede transcurrir en la pequeña tierra arrendada al Estado, poco fértil (la que “sobró”), difícil de “hacer valer” en el “libre mercado”, o como mano de obra en las tierras de los burócratas-patrones o de los patrones amigos (o cómplices) de los burócratas. Pero el grueso de las masas campesinas (más de 100 millones de personas) se transformó en una “población flotante” que se dirige a las ciudades en busca de trabajo, es decir, en un enorme “ejercito de reserva” de “trabajadores migrantes”.

El sector estatal industrial urbano, antes “pilar” de la economía china y garantía de seguridad social vital para sus millones de trabajadores, fue “reestructurado”, o, mejor dicho, achicado, privatizado o semi-privatizado. Las empresas que se mantienen estatales (refinerías, petróleo, metalurgia, militares y otras pocas) fueron “achicadas” y reorientadas en función de la rentabilidad y la eficiencia dictada por el mercado capitalista. Otras empresas fueron directamente vendidas a inversores privados (“nacionales” o “extranjeros”) y muchas son administradas en común por funcionarios estatales, autoridades del partido y empresarios privados. También hay empresas “estatales”, pequeñas (pero rentables) y ubicadas en las provincias, en dónde el burócrata local opera de hecho como propietario, con todo lo que eso (con)lleva. En la ciudad, como en el campo, los funcionarios hacen valer sus “influencias” para llevarse su “parte”. Todo este proceso[ii] (achicamientos, privatizaciones, semi-privatizaciones) expulso a más de 50 millones de trabajadores de sus empleos, masa que (ya sin la seguridad social asegurada por el Estado, sin su “tazón de arroz de hierro”) se suma al “ejército” disponible. Y esta “disponibilidad” tenía su razón de ser.

La Esencia del “Milagro Chino” y su Integración al Mercado Mundial Capitalista: La Superexplotación Obrera como Regla de Hierro

La “apertura” de la economía china a las inversiones de capital “extranjero”, combinada con la orientación hacia la “industria manufacturera”, generó la rápida integración estratégica del país al mercado mundial capitalista como la “fábrica (o el taller manufacturero) del mundo”. Productos textiles, electrónicos, autos y un largo etcétera recorren el mundo con su “Made In China”. La clave de este éxito, que representa un enorme sostén al “milagro” de las “tasas chinas”, es fácil de explicar. La “ventaja comparativa” de China respecto a casi cualquier otro país del mundo es su “ejército disponible” de trabajadores (cientos de millones) desesperados (sin su acostumbrado “tazón de arroz de hierro” o su porción de tierra rentable), baratos y (eso se creía hasta ahora) sumisos. El gobierno chino fue muy meticuloso en preparar una a una todas las condiciones necesarias para crear un ambiente paradisíaco para las inversiones de capitalistas extranjeros. La materialización de este ambiente es, sin lugar a dudas, la creación de “zonas económicas especiales” (ciudades enteras) en donde las empresas tienen de hecho, en complicidad con los funcionarios (políticos y sindicales) locales, “vía libre” (más allá de toda ley) para decidir el régimen laboral (extensión de la jornada laboral, otorgamiento o no de seguros médicos, sociales, etc.) y “... contratar y despedir de acuerdo a las condiciones de mercado y a los criterios de eficiencia económica”[iii]. Con este terreno preparado para explotar cómo y cuánto se necesite para obtener altas y rápidas ganancias, no es difícil encontrar el “secreto terrenal” del “milagro” chino.

La “regla de hierro” esencial que se impuso, oculta tras la retórica acerca del “desarrollo”, la “eficiencia” y la “modernización de las fuerzas productivas atrasadas”, fue, como estamos viendo, la de la subordinación absoluta del trabajo al capital (o de los trabajadores a los capitalistas). Y durante estos años la “regla” operó con éxito. La proporción del PBI que se utiliza para los salarios de los trabajadores disminuyó año tras año durante 22 años pasando del 56,5 % (1983) al 36,7 % (2005)[iv] mientras que la productividad laboral no para de crecer, en los últimos 5 años creció al 9% anual[v]. Está claro, para los burócratas y capitalistas es todo un éxito. Pero no existe plan perfecto. La clase obrera, ya sin “tazones”, no tiene nada que perder en esta situación, sólo sus cadenas. Y empezó a removerlas.

Honda, Foxconn, sus “Réplicas” y el Despertar de un Nuevo Movimiento Obrero en China (o “Este es un Punto de Inflexión. Ya no podemos Contar con la Mano de Obra Barata China”[vi])

Durante todo el transcurso del 2010 hasta hoy sectores cada vez más amplios de la clase obrera china ha entrado en acción contra esta realidad opresiva que los reduce a simples “cuerpos disponibles para la explotación”. Burgueses de todo el mundo, sus representantes políticos y voceros en la prensa, están asustados por el “infierno obrero” que irrumpe (al que llaman inocentemente “malestar laboral”) y amenaza su “fábrica del mundo”[vii]. Tienen razones para temer. Desde las reformas estructurales que impulsaron la “corta marcha” de China al capitalismo nunca la clase obrera había actuado tan masivamente y por un tiempo tan prolongado. Las últimas grandes luchas las habían protagonizado en el 2002 los trabajadores de algunas industrias pesadas por la defensa de su empleo y pensiones amenazados por más “achicamientos” y privatizaciones. Actualmente las luchas se centran en la industria manufacturera y el sector exportador (motor de la “fábrica del mundo”), muchas localizadas en las “zonas económicas especiales”, y con una fuerza de trabajo, como vimos, principalmente migrante del campo o expulsada de alguna empresa estatal.

El conflicto en Foxconn Technology (subcontratista de multinacionales como Dell, Apple y Hewlett-Packard, Nintendo, etc.) es un ejemplo trágico de la situación de la clase obrera en China. Ubicada en la “zona económica especial” de Shenzhen (muy cerca de Hong Kong), que en pocos años pasó de ser un “pueblo de pescadores” a un centro industrial y de producción “atractivo” para los jóvenes[viii] de familias campesinas en busca “desesperada” de empleo, Foxconn es una “fábrica-ciudad” de más de 400.000 obreros que viven y trabajan bajo un régimen militar. 96 horas semanales de trabajo, sueldos de 150 dólares por mes, ritmos de trabajo desquiciantes, imposibilidad de hablar entre los trabajadores, de salir de la “ciudad-fábrica-prisión” para “recrearse”, en fin, el mismo infierno. En lo que va del año 12 trabajadores se suicidaron. Otros 4 lo intentaron pero sobrevivieron y 20 fueron detenidos por la empresa. Todos los muertos tenían entre 18 y 24 años. Luego de la trascendencia de los suicidios en la prensa mundial y de las protestas de los mismos obreros en la fábrica y de familiares de las víctimas fuera de la fábrica, sumado a acciones de solidaridad en Hong Kong y Taiwán, los patrones se “sensibilizaron” y otorgaron un aumento salarial al mismo tiempo que, por las dudas, construyen redes (¿?) en torno a los pisos de los dormitorios de los trabajadores para que el que salte al menos no se lastime (¿?). Lamentablemente, estos “suicidios”, en realidad asesinatos patronales, muestran, en un sentido negativo, la situación límite, desesperante de una joven clase obrera que ante el extrañamiento respecto de su propio cuerpo y de su vida en función de intereses ajenos, decide, en un último acto, (re)apropiarse de la vida para perderla.

Pero el desarrollo desigual de la conciencia de una joven clase obrera también tiene ejemplos positivos de (re)apropiación de la vida a través de la lucha contra las condiciones que la denigran. Por ejemplo, el triunfo de la huelga en la fábrica de autopartes de la empresa japonesa Honda en la ciudad de Foshan provocó (como si se tocara un nervio) una formidable ola de huelgas porque demostró que se podía ganar, más o menos, pero ganar. Recordemos brevemente que los trabajadores de esta fábrica (unos 2000), luego de 2 semanas de huelga, choques con la policía y con la burocracia sindical estatal (la única representación sindical permitida), lograron un aumento de sueldos de casi el 30 %[ix]. Aunque se haya firmado un acuerdo, la lucha, en realidad, no terminó.

Como parte del acuerdo, la empresa pidió 2 meses para “examinar” las demandas de los trabajadores, que exceden largamente lo económico, por ejemplo, el derecho a celebrar elecciones para reemplazar a los burócratas sindicales de la rama local del sindicato único nacional que actúa como “títere” de los patrones[x]. Lo que tanto o, mejor dicho, lo que más teme la burocracia capitalista china: que los trabajadores comiencen a organizarse desde abajo en sindicatos independientes. Los trabajadores de Honda perciben el acuerdo como un simple “alto el fuego” porque saben que tanto ésta como otras demandas sindicales y políticas (no económicas) serán difíciles de arrancar porque atacaría un fuerte sostén del régimen y, sobre todo, desataría la fuerza organizada de las masas obreras chinas. Para que el ejemplo no se propague el gobierno ha tratado de “convencer” a las empresas para que concedan aumentos salariales “preventivos” (antes de que se active una protesta).

Pero la clase obrera reaccionó más rápido. En la fábrica de componentes de audio Merry Electronics, localizada en la “ciudad de la juventud”, 1000 trabajadores lograron luego de varios días de huelga un aumento de salario del 10% y la modificación de los cambios de turno. El jefe de la empresa dijo que hacía tiempo que había decidido aumentar los salarios pero que “no se lo había anunciado a su plantilla”[xi] (¿?). En Yacheng Electronics, otra empresa electrónica de la misma provincia, 2000 trabajadores iniciaron una huelga por aumentos salariales y menos horas extra. El desenlace de este conflicto está abierto. Cerca de Shangai también los trabajadores han entrado en acción. En la provincia de Xi’an, 900 obreros de Brother (un fabricante japonés de máquinas de coser industriales) entraron en huelga por 1 semana en reclamo de un incremento salarial y mejoras en las condiciones de trabajo. Volvieron a trabajar pero siguen negociando con los patrones. En la provincia de Jiangsu, 2000 trabajadores de KOK International (empresa taiwanesa de componentes para motos y autos) iniciaron una huelga por aumentos salariales, por pago de horas extras y contra la ausencia de seguridad social y seguro contra accidentes. Luego de un violento choque con la policía, los trabajadores llegaron a un acuerdo. También se produjeron, aunque muy pocas todavía, algunas huelgas en empresas estatales con iguales demandas que frente a las privadas: aumentos salariales, reducción de la jornada laboral, seguros médicos, etc. Todas estas luchas que hemos mencionado, y que cubren una parte de la totalidad de las luchas, se desarrollaron (y se siguen desarrollando) solamente en los últimos 2 meses.

Es importante remarcar que los protagonistas de todas estas luchas, con todo su desarrollo desigual, tienen algo muy importante en común. La enorme mayoría son jóvenes trabajadores migrantes (no tanto trabajadores estatales despedidos) que ya no consideran a la ciudad como un hogar temporal, no tienen como perspectiva regresar al campo sino (chocando contra el ahora más “relajado” sistema hukou de residencia temporal que les impedía, como a los negros en los township sudafricanos durante el Apartheid, enraizarse urbanamente) asentarse en la ciudad con una perspectiva vital ajena a la explotación y al maltrato. En las fábricas, estos jóvenes han demostrado una gran audacia táctica (huelgas relámpago, carteles en las paredes de la fábrica, quedarse en la puerta sin ingresar, etc.) que combinada con la utilización de las nuevas tecnologías (comunicación entre los trabajadores de una misma fábrica o de otras a través de SMS´s) resulta efectiva para combatir las dificultades que tienen para (auto)organizarse. Todavía la lucha tiene muchos limites, como el prejuicio remanente entre los trabajadores de origen rural y los urbanos estatales, también el contenido económico de la mayoría de las demandas, pero la potencialidad del despertar de cientos de millones de trabajadores, su entrenamiento en la lucha, el seguro “descubrimiento” (como ya lo hicieron los trabajadores de Honda) del trasfondo político (aún sin ver, lo que resultará más complejo, un horizonte socialista auténticamente obrero) de las demandas económicas, representa, indudablemente, un hecho de enorme trascendencia y repercusión para la clase obrera mundial.

Hace pocos días, el gobierno chino declaró, ante las “infamias” acerca de que “el entorno de inversión en China está empeorando”, que “las inversiones extranjeras están seguras en su país”[xii]. Claro, cuentan con el ejército, la policía, y los burócratas sindicales oficiales, pero no cuentan (quizás estos “comunistas” no lo recuerden) con que el capitalismo crea en su desarrollo a sus propios sepultureros y la clase obrera china empieza a mostrar que ya no quiere vivir para producir “paraísos” o “milagros” ajenos. La historia recién comienza.


[1] Chen Du Xiu fue el fundador del PCCH a comienzos de los años 20 y lo dirigió mientras este fue una corriente revolucionaria, obrera y socialista. Luego fue barrido por el estalinismo-maoismo y llegó a simpatizar con el trotskismo. Para más información ver “La revolución china de 1949” en la revista Socialismo o Barbarie nª19.

[i] En su sentido más amplio es una red personal de influencias que deriva en relaciones clientelares o incluso de tipo mafioso, clave para entender el rol político y económico de los burócratas regionales. Ver Au Loong Yu, “China: ¿Final de un modelo o nacimiento de un nuevo modelo?”, Revista Transversales Número 17 invierno 2009-2010.

[ii] Que está explicado fragmentariamente en Lin Chun, “Lecciones de China: Reflexiones Tentativas sobre los 30 Años de Reformas Económicas”, Revista “Herramienta” Edición Web Nº2; también en Robert Weil, “Conditions Of The Working Classes in China”, Abril 2006, Edición Digital de “Monthly Review”.

[iii] Maurice Meisner, “La China de Mao y Después. Una Historia de la República Popular”, Pág.528, Editorial Comunicarte.

[iv] “Proporción del PBI de China destinada a Salarios sigue Disminuyendo”, Spanish News China, 12/5/2010.

[v] Vincent Kolo, “Honda Strike: A Turning Point for Nascent Worker´s Movement”, chinaworker.info, 12/6/2010.

[vi] Frase dicha por Terry Gou, el multimillonario taiwanés dueño de Foxconn. En Andrew Batson / Norihiko Shirouzu, “Chinese Workers Win Wave of Raises”, Wall Street Journal, 7/6/2010.

[vii] Por ejemplo, algunos títulos encontrados al azar en la prensa mundial son “El Final Próximo del Modelo de Fábrica de China” (periódico indio “The Hindu”, 13/6/2010), “Fin del Modelo de la Fábrica Mundial” (periódico malayo “The Star”, 5/6/2010).

[viii] De hecho se la conoce como la “ciudad de la juventud” ya que el promedio de vida de su población es de 27 años. Robert Weil, “Shenzhen: City of Youth”, Junio 2008, Edición Digital de “Monthly Review”.

[ix] El porcentaje parece importante pero en realidad “pone al día” (y quizás ni llega a eso) salarios congelados desde hace, al menos, 2 años.

[x] Rumores que circulaban durante el conflicto entre los trabajadores indicaban que al principal burócrata sindical de la fábrica los patrones le habían pagado 600.000 yuanes para romper la huelga. Vale aclarar que el salario mensual de los trabajadores antes de la huelga era de menos de 1.000 yuanes. Dato en Vincent Kolo, Op.Cit.

[xi] Ibid.

[xii] “Primer Ministro Chino Asegura que la Inversión Extranjera en su País está Segura”, 19/7/2010, Agencia EFE.