Socialismo o Barbarie, periódico Nº 182, 06/08/10
 

 

 

 

 

 

La pelea Gobierno – “campo”

Asoma un nuevo round por las retenciones

Por Marcelo Yunes

En una coyuntura de fortalecimiento relativo del gobierno, los sojeros y el Grupo A(gro) pretenden volver a la carga .

Se avecina en el Parlamento otra batalla “institucional”: la discusión de quién se queda con miles de millones de dólares que hoy recibe el gobierno por derechos de exportación al agro. Los Kirchner quieren que sigan en sus manos; los oligarcas, con el apoyo de la amplia oposición sojera, dicen que son de ellos. Mientras se dirime la disputa, convendría poner la mirada en cuestiones que este debate pone sobre la mesa pero que los partidos patronales no suelen querer ventilar.

Biolcati, abanderado de los humildes… y del Grupo A(gro)[1]

La Exposición Rural en Palermo, tradicional evento donde la oligarquía agroganadera planteaba sus exigencias al gobierno de turno, volvió a ocupar el centro de la escena política, pero por razones ligeramente diferentes. Como el gobierno en cuestión, el de los Kirchner, sigue peleado con lo más granado de las entidades ruralistas (y no tan monolíticamente unidas, como se verá), la Sociedad Rural cambió un poco el sentido del encuentro. En vez de reclamar al Poder Ejecutivo, ha decidido tomar las riendas del Poder Legislativo, dictándole a la oposición de derecha –primera fuerza parlamentaria– las leyes que debe votar. De paso, Hugo Biolcati, titular de la SRA, hasta se presentó como el nuevo abanderado de los humildes, haciendo conmovedoras alusiones al combate a la pobreza…

La impaciencia de la patronal se explica porque el gobierno pasa por una especie de primavera política después de haber soportado el invierno post 28 de junio del 2009 (las últimas elecciones). Se las ingenió para desbaratar el intento de imponerles a Redrado, de bocharles a Marcó del Pont y de bloquear el pago con reservas; en el medio, se anotó la organización de los festejos del 25 de mayo y se subió a la ley de matrimonio igualitario. Con eso, hoy, le alcanza para encabezar las encuestas… aunque el rechazo sigue alto. La oposición de derecha sigue huérfana de victorias políticas. Pero si lograran vaciarles a los Kirchner la “madre de todas las cajas”, los ingresos por retenciones de exportaciones de soja, se acabarían las tribulaciones de Macri, Duhalde, Carrió y Cía.

Los marxistas siempre hemos dicho que los políticos de los partidos patronales eran un instrumento más o menos mediado de la clase capitalista y sus fracciones. Pero que la patronal agraria lo declare a voz en cuello y a la vista de todo el mundo no deja de ser asombroso. Pruebas al canto: antes de largar la exposición, la Rural organizó un “foro” sobre las retenciones, con un ojo en el calendario político. Resulta que el 24 de agosto vence la facultad que tiene el Poder Ejecutivo de implementar ciertas medidas sin pasar por el Congreso. Entre ellas, las retenciones a las exportaciones. Hay un aburrido debate entre especialistas sobre si eso significa que las retenciones desaparecen y hay que votarlas de nuevo (problema mayúsculo para el gobierno) o si siguen vigentes pero el gobierno no puede cambiarlas sin decisión parlamentaria. Por supuesto, la respuesta la dará la relación de fuerzas política, y a eso apuntó la Sociedad Rural con ese foro, donde abrió Biolcati, moderó Morales Solá y habló prácticamente todo el llamado Grupo A (debe ser por Grupo Agro). Todos están de acuerdo en una sola cosa: impedir que los Kirchner sigan recibiendo millonadas en concepto de retenciones. A partir de ahí, las divergencias son serias, justamente por lo que está en juego son miles de millones.

Así lo dijo clarito uno de los “agrodiputados” de la Federación Agraria, el radical Forte: “No voy a apoyar una propuesta de retenciones cero a todos los cultivos, salvo la soja. Por ahora el único consenso que hay es que debe haber consenso” (en Página 12, 28-7). Y otro de la FAA, Orsolini, le puso números al “disenso”: “Si se bajan 10 puntos a la soja, el Estado dejaría de percibir 8.200 millones de pesos, y 6.000 millones irían a parar a sólo 2.000 grandes productores, fomentando la concentración. Por eso nuestra propuesta deja las retenciones para los grandes en niveles similares e introduce la segmentación. De ese modo, se favorece al 90 por ciento de los productores y el Estado seguiría recaudando el 80 por ciento de lo que le ingresa ahora”.

¿Qué dijo Biolcati? “No es lo que hablamos con Buzzi”. Es por eso que un cartel inmenso en la entrada de la Rural advierte: “El campo unido, no segmentado”. Y es por eso que los opositores más rabiosamente sojeros (como Solá y Carrió) dicen que “hay que aprender de la unidad del campo en 2008”. Claro, esa unidad fue un gran negocio para los grandes productores y mucho menos para los menores (algunos incluso reconocen por lo bajo que con la famosa 125 les hubiera ido mejor).

Por supuesto, los patrones del campo siguen siendo eso, y no los humildes y “pequeñísimos” productores “antioligárquicos” con los que hacían demagogia el PCR o el MST. Las diferencias son entre patrones. Pero existen. Y es por eso que el sector capitalista más moderno, concentrado y competitivo de la Argentina busca imponer su hegemonía no sólo entre sus pares sino entre el conjunto de la oposición burguesa.

Lo llamativo y casi obsceno, como señalamos, es la docilidad con que ésta se deja arrear como si fueran vaquitas. Pareciera que la gran patronal sojera, harta de la inoperancia de sus “mediadores” (la clase política burguesa no K), quiere tomar el toro por las astas: “¡Hagan ya lo que necesitamos, manga de inútiles!”, fue el contenido del discurso de Biolcati en la Rural. “¡Enseguida, patroncito!”, fue la respuesta de casi todos. Sólo Alfonsín (no casualmente, el candidato más firme que hoy tiene el principal partido opositor) esbozó una tímida diferenciación. Claro, los radicales, que huelen la posibilidad de ser gobierno en 2011, no quieren cortar la rama donde está sentado el fisco. Y menos para que la plata se la lleven otros.

El “modelo desarrollista” de los Kirchner y la República Sojantina

A pesar de los riesgos que corre, el gobierno se relame políticamente ante la perspectiva de confrontar con una oposición que, como aprovechó para decir la propia Cristina, es Robin Hood al revés, ya que busca sacarle a los pobres para darle a los ricos. Lo que los voceros oficialistas tratan de soslayar es qué relación tiene el actual esquema económico con el supuesto modelo “pro-industrial” que encarnaría su gestión. La verdad es la que la propia presidenta admitió frente a los chinos en su último viaje (ver número anterior): la “inserción competitiva” de la Argentina en el mercado mundial pasa hoy esencialmente por los productos primarios. Sí, el mismo “granero del mundo” del Centenario que Biolcati añoró en su discurso en la Rural. Mal pueden los Kirchner burlarse de la nostalgia oligárquica de la Sociedad Rural cuando hoy el “modelo” que tienen para ofrecer es “granero del mundo” pero con “inclusión”, asignación universal por hijo y sin la Ley de Residencia contra inmigrantes revoltosos de 1910... mientras garantiza al mismo tiempo la súper explotación de los obreros en “blanco”, “negro” y precarizados.

Veamos cómo de manera muy sintética lo admiten los propios economistas cercanos al oficialismo: es la actual abundancia de dólares (basada en exportaciones, no en préstamos como ocurrió en los 90) la que permite mantener a la vez al Estado y a la industria, cuyo raquitismo fue crónico en la historia argentina. ¿Cómo mantiene al Estado? Pues vía los impuestos a las exportaciones, como vimos (y, de paso, evitándole endeudarse por falta de divisas). ¿Cómo sostiene a la industria? De manera indirecta, al mantener el flujo de divisas gracias precisamente a la abundancia de dólares. Según el economista Miguel Bein, eso “permite que Argentina pueda tener una industria automotriz de 700.000 autos con 7.500 millones de dólares de déficit comercial. La revolución agrícola permite este alto nivel de actividad industrial. La soja no crea empleo directo cuando se mira un campo, pero crea todos los empleos industriales. Hoy la economía argentina es viable gracias a la soja” (IEco, 26-7). Tal vez exagere, pero hay datos irrefutables: la mayor industria argentina, la automotriz, sólo tiene un 20% de insumos nacionales. Sin ingreso de divisas, no se mantendría en pie.

Por eso Aldo Ferrer, de línea cepaliano-desarrollista, dice que las retenciones no son un impuesto sino una política: establecen tipos de cambio (paridad peso-dólar) distintos para el agro y para la industria, única manera de evitar que la industria local desaparezca sustituida por las importaciones (BAE, 29-7).

Ahora bien, esa industria tan frágil y necesitada de protección cambiaria, la que los Kirchner dicen impulsar, es justamente la que no ha modificado su estructura en lo esencial. Veamos algunos datos: “Actualmente, sólo cinco ramas industriales reúnen más del 60% la producción, una magnitud aún mayor a la que existía en los años 90.  Y las ventas de las empresas transnacionales “puras” representan alrededor del 43% del total, contra el 27% que había en 2002 (..) hoy la participación del PBI fabril en el PBI global es casi la misma que había en 2002” (A. Oña en Clarín, 27-7).

Como siempre, el problema es la inversión, o, dicho en términos marxistas, la insuficiente acumulación de capital. Las bondades del campo argentino y cierta tecnificación del agro alcanzan para sostener un crecimiento moderado (mientras los precios de los commodities sigan altos), pero en modo alguno para un verdadero “modelo de desarrollo” capitalista. Como admite Bein, al vivir atados a la dinámica del agro, “la velocidad a la que se mueve la economía es más una velocidad de recuperación climática. La lluvia le pone 2,5% al PBI de este año. No es una velocidad de largo plazo. Este año se crece al 7,6%. Pero no quiere decir que se pueda crecer a esas tasas durante dos años seguidos. Se necesitan tasas de inversión chinas. El principal problema es cómo se organiza el país para crecer 5,5% a largo plazo. (…) No es una economía que se vaya a caer, le sobran dólares estructurales. Hubo una fuga de capitales de 45.000 millones de dólares en los últimos tres años y las reservas del Central están iguales. Pero para pensar a 20 años se necesita otra agenda. Con una inversión de 21,5% del PBI no se crece al 5,5%, sino 3,5%. (…) Y no se trata de la inversión residencial en la que los argentinos son capaces de batir récords, sino de equipos orientados a la productividad y a industrias que pueden vender en el mundo para mantener la posición superavitaria de dólares” (IEco, 26-7).

Ese superávit de dólares es el nudo de todo. Pero el capitalismo argentino no está preparado para sostenerlo con “industrias y productividad”, porque, como dice Oña, “cuando la demanda interna crece, se tiende a reemplazar producción nacional por producción extranjera, entre otros motivos porque traer de afuera es una apuesta menos riesgosa. No implica embarcarse en grandes deudas, ni salir a buscar mano de obra calificada que escasea o lidiar con el cuello de botella de la energía. Es un juego de puro corto plazo. Y los empresarios conocen de sobra este paño. La contracara sería invertir, comprometer dinero. Eso agregaría valor y empleo nuevo, pero exige un horizonte de certidumbre política y económica que según ellos está ausente” (Clarín, 27-7).

Si dejamos de lado el hipócrita plañido de los capitalistas argentinos (del que el periodista se hace eco) sobre la “certidumbre”, lo que tenemos es el histórico modus operandi de las burguesías locales: ganar lo máximo arriesgando lo mínimo. Un mecanismo que ya describiera Milcíades Peña en los 60, y que no ha cambiado en lo esencial.

Lo que nos trae de nuevo a la soja. Ambrosetti, el economista de la SRA ya citado, asegura que eliminando las retenciones se favorecería la diversificación agrícola. La verdad es que ante la elección de trigo, girasol o soja en igualdad de condiciones impositivas, va a ocurrir lo que viene ocurriendo: expansión de la soja en detrimento del resto, porque es lo “menos riesgoso” y lo que ofrece ganancias más altas debido a su gran demanda y cotización en el mercado mundial. Tal es el “modelo productivo” que los Kirchner supieron conseguir: un país que sigue dependiendo de la “producción” primaria.


[1] En la jerga periodística se llama “Grupo A” a los parlamentarios de la oposición patronal.