Socialismo o Barbarie, periódico Nº 180, 08/07/10
 

 

 

 

 

 

España: la sociedad heredada del franquismo

El Pacto de La Moncloa

Por Oscar Alba

A fines de 1975, la dictadura franquista se precipitaba hacia una crisis final. El “generalísimo” Francisco Franco que había conducido la contrarrevolución burguesa durante la guerra civil española de 1936 a 1939, luego de la derrota de la clase obrera española consolidó el régimen durante más de treinta y cinco años a sangre y fuego, aplastando a las organizaciones obreras y toda oposición política. Pero a mediados de los años setenta la estantería franquista se había resquebrajado ante los embates de una creciente recuperación y ascenso de las luchas obreras y un giro a la izquierda de las clases medias.

En este marco político; capitalistas, curas y militares debieron hacer concesiones al movimiento de masas. “…Hubiera sido inconcebible en los años 40 la existencia de prensa opositora legal, la publicación y venta legal de literatura marxista, la realización de mítines opositores encubiertos bajo la denominación de ‘conferencias’ y/o ‘banquetes’, el funcionamiento semiclandestino de partidos de oposición con dirigentes públicamente conocidos y residentes en España (…) Y especialmente, más inconcebible habría sido en 1940 que los trabajadores pudieran elegir sus dirigentes a nivel de empresa (enlaces y jurados), doblemente inconcebible que se pudieran presentar listas opositoras de izquierda y triplemente inconcebible que estas listas ganaran en las fábricas, como en las elecciones sindicales de junio pasado”. (1)

Si bien estas concesiones fueron retaceadas y la represión siguió manifestándose en la clausura de prensa legal, persecución de opositores políticos y las cárceles seguían pobladas de presos políticos, era evidente que en el régimen dictatorial se abrían grietas por donde el movimiento obrero ganaba espacio.

En 1966, los trabajadores habían logrado imponer listas de oposición a la burocracia fascista de la Organización Sindical (OS) franquista. Fueron elecciones limitadas y los activistas, en general, luego fueron despedidos y reprimidos. Las elecciones sindicales del año 71 van a estar signadas por la abstención de los obreros. Pero en junio de 1975, con el ascenso obrero y la crisis final de la dictadura, las elecciones sindicales van a significar un salto cualitativo en la lucha antidictatorial. “…Los trabajadores concurrieron a votar masivamente (88,86% según Cambio 16 del 7/7/75) y en gran medida lo hicieron por la CDU (2) que fueron impulsadas por el Partido Comunista y corrientes sindicalistas). (3) Las Comisiones Obreras (CCOO), nacidas a principios de la década del 60, van a consolidarse como organismos obreros. Su desarrollo a lo largo de esos años se combina con otros organismos como las asociaciones de vecinos, de mujeres, etc., que jugaran un rol de primer orden en las movilizaciones contra el régimen. Por otra parte, las reivindicaciones obreras irán tomando cada vez más un carácter político. “Mientras hasta 1966 casi un 40% de las huelgas eran por mejoras salariales, en 1967, ocupan el primer lugar las motivaciones político-sociales con un 38,4% por sólo un 9,3% de las salariales. La solidaridad con despedidos o represaliados es otro motivo importante de conflicto”. (4)

Las luchas obreras complican la transición política

El 20 de noviembre de 1975 muere Franco y en enero del 76 las huelgas y movilizaciones obreras conmueven al régimen y al nuevo gobierno del rey Juan Carlos de Borbón, sucesor del “Generalísimo”. El 5 de ese mes los trabajadores del Metro (Subterráneo) de Madrid salen a una huelga por un aumento salarial del 50% en respuesta al alza del costo de vida. Esta lucha arrastra a otros sectores. “ La metalurgia se incorporaba encabezada por la Standard-ITT (15.000 trabajadores), Chrysler, Intelsa, Electromecánica de precisión, Pegaso, CASA, Kelvinator, Siemens, Jhonn Deere (…) más de veinte bancos parados; la Telefónica, los funcionarios de Correos, las compañías de Seguros, los de la construcción. Más de 150.000 trabajadores en lucha en Madrid utilizando todo tipo de medios”. (5)

Los mítines y movilizaciones levantaban las consignas de “¡Amnistía!” “¡Libertad” y “¡Todos en lucha contra la monarquía!”. En los primeros días de marzo de ese año caen asesinados en Vitoria cinco obreros que participaban de una manifestación, lo que provoca un recrudecimiento de las huelgas contra el gobierno monárquico. En esta situación ya no sólo preocupaba a la burguesía española sino también a los países de Europa central que veían que el ascenso obrero en la Península Ibérica podía contagiar a los trabajadores de sus países. Portugal también sufría el impacto de la lucha de liberación de sus colonias en África.

Hacia el Pacto de La Moncloa

El 5 de julio, el rey Juan Carlos nombra presidente a Adolfo Suárez, un ex funcionario franquista y dirigente de la Unión de Centro Democrático. Suárez llevó adelante una política tendiente a encauzar la situación política nacional hacia una salida democrática burguesa. El objetivo fue ir organizando los partidos burgueses, incluso integrando a este juego a los socialistas junto a democristianos, en una democracia restringida sin liquidar totalmente el aparato represivo del franquismo. Para esto era fundamental llegar a un acuerdo entre los distintos sectores políticos en pugna –de derecha a izquierda– junto a los sindicatos. El PC, que aún era ilegal, también será parte de este acuerdo. Santiago Carrillo, secretario general de dicho partido expresará: “Pero el día que haya democracia en España, el PCE, como los demás, incluso los de origen franquista, será legal”. (6)

El 15 de junio de 1977 se realizaron elecciones a las Cortes. La UCD de Suárez saldrá victoriosa con sólo el 34,65% de los votos y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se convertirá en la segunda fuerza electoral con el 29,3%, restándole votos al PC que sólo alcanzó el 9,4%.

Las elecciones fueron un paso para controlar al movimiento obrero aunque la profundidad de la crisis del régimen lo hacía insuficiente. Las masas obreras seguían en las calles, la exigencia de la disolución de los cuerpos represivos franquistas y el castigo a los torturadores y asesinos de la dictadura era uno de los problemas más sentido por las masas, y la crisis económica, el estancamiento de la producción, la disminución de las inversiones, el alza de precios (la inflación llegaba a un 44%) y un deficitario intercambio comercial externo requerían nuevas medidas económicas que sin duda comenzaban por echar sobre las espaldas de los trabajadores el costo de la recuperación económica capitalista. A dos meses de las elecciones, el gobierno se reúne con los sindicatos para llegar a un acuerdo. Y el 25 de agosto de 1977 se firma el Pacto de La Moncloa, suscripto por el gobierno, todas las fuerzas políticas parlamentarias y los sindicatos. “El pacto fue hijo de la necesidad. El gobierno de entonces había ganado las elecciones cuatro meses atrás con poco más del 35% de los votos. Con el electorado fragmentado y las calles llenas de manifestaciones, se vio obligado a llegar a algún tipo de acuerdo con la oposición. De alguna manera se trataba de pensar más allá de la identidad de un gobierno: se trataba de encontrar una nueva identidad de país, aceptada por el mundo exterior”, expresó la periodista Violeta Flores García. (7) El pacto significó para los trabajadores un techo de aumento salarial del 22% y “que no mejoren su nivel de vida durante ese año” para combatir la inflación, se estableció la contratación temporal para los jóvenes que nunca habían accedido a un puesto de trabajo y el estudio de gobierno y sindicatos para flexibilizar el mercado laboral. A cambio, el régimen, garantizaba el derecho de reunión y de expresión y penalizaba la tortura. Con los socialitas, el PC y demás fuerzas legales además se acordó un plan básico de devaluación de la peseta y una reforma impositiva para disminuir el entonces acuciante déficit público.

El Pacto de La Moncloa fue puesto como modelo de acuerdo nacional por escribas y analistas burgueses. Hoy, la realidad de la crisis económica nuevamente azotando a Europa y en particular a España, cuestiona sus alcances y deja la enseñanza de que los “acuerdos nacionales” no son más que acuerdos para hacer pagar al movimiento obrero el costo de las crisis capitalistas. Una vez más los trabajadores salen a las calles ante el ajuste que proponen los capitalistas para resolver la crisis. Y es bueno recordar que el pacto de La Moncloa tuvo en la socialdemocracia y el estalinismo español, la pata izquierda que necesitaba la burguesía para frenar la rebelión obrera. Junto a la lucha encarnizada que deben dar los trabajadores en el continente europeo se suma la necesidad de ir construyendo las organizaciones que encabecen la lucha revolucionaria contra el capitalismo.


Notas:

1- Roberto Ramírez, “Del garrote de Franco a la trampa monárquica”. Revista de América Nº 10, diciembre 1975.

2- Las listas opositoras se denominaban Candidatura Unitaria Obrera y Democrática.

3- Roberto Ramírez. Op. Cit.

4- Nicolás Sartorius, “El resurgir del movimiento obrero”. Editorial Laia, Barcelona 1976.

5- Segismundo Rega, “La lucha por las libertades políticas y sindicales toma expresión en la lucha por la República” Revista de América (R.A) Nº 12, febrero de 1976.

6- Citado en “Los primeros cien días de la monarquía” por Segismundo Rega en R.A.

7- La Nación.com, 8/9/09.