Socialismo o Barbarie, periódico Nº 178, 11/06/10
 

 

 

 

 

 

La crisis mundial y la economía argentina

Señal de acople, ¿señal de ajuste?

Por Marcelo Yunes

Está terminando el tan meneado canje de bonos de la deuda externa argentina, en medio de una nueva y más dura oleada de incertidumbre y malas noticias desde los países desarrollados, especialmente europeos. Los resultados no son los que esperaba el gobierno, pero es posible que los vaivenes de la crisis traigan todavía más dañinas consecuencias para un "modelo" que pierde de a poco sus puntos de apoyo mientras se hacen más visibles sus debilidades.

Pasaron infinitas negociaciones, gestiones ante los tribunales yanquis, giras del ministro de Economía por todo el mundo para convencer a bonistas grandes, medianos y pequeños, aplazamientos varios y cambios sobre la marcha. Las cifras finales, al cierre de esta edición, están pendientes, pero todo indica que en el mejor de los casos el gobierno logrará que se canjee un 60% de los bonos en default que quedaron fuera del canje anterior (los llamados holdouts). El kirchnerismo seguramente dirá que su objetivo siempre fue llegar a esa cifra. Una media verdad que es una mentira del todo: al principio del proceso se conformaban con ese 60%, pero luego se agrandaron y especulaban con renegociar el 80 y hasta el 90% de los bonos. Con la crisis internacional en pleno curso amenazando arrasar la construcción de la Unión Europea (en lo político, económico y financiero), que el gobierno se haya animado a estirar la fecha tope da una idea de lo mal que venía el canje.

Repasemos los números: los bonos en cuestión sumaban 18.800 millones de dólares de capital (con los intereses, casi 28.000 millones). Tal como pinta la cosa, entrarán al canje no más de 12.000. El problema no es tanto el monto de deuda que queda (en manos de fondos buitres e inversores asustados por todo lo que pasa) sino que el gobierno no puede terminar de anunciar la "normalización" y la "vuelta a los mercados internacionales" con bombos y platillos, como era su deseo.

La estampida del ajuste europeo

La crisis siempre fue mundial y ahora es con más fuerza europea. Pero las voces interesadas del capital querían convencer a todos de que la "enfermedad" era sólo griega. Y mientras no salía de esos límites, el kirchnerismo podía sacar pecho: "Miren qué bien que nos va a nosotros, y miren qué desastre que están haciendo en Grecia. Ajuste neoliberal, medidas antipopulares... algo que nosotros no haremos nunca". Inclusive, Cristina podía darse el lujo de dar lecciones en foros internacionales de cómo salir de la crisis, o de cómo evitar caer en ella. Total, es Grecia, cuya incidencia económica en la Argentina es cero; hacer comparaciones políticas era ganancia pura.

El panorama cambia radicalmente cuando las medidas de ajuste se suceden como reguero de pólvora por toda Europa. Rodríguez Zapatero anuncia en España un plan de ahorro fiscal leonino, y mientras negocia con la burocracia sindical, le dice en la cara que va a haber ajuste de todos modos. Paro general (por ahora, al estilo burocracia). Sócrates, el socialdemócrata portugués, sigue los pasos. Italia se suma al ajuste con sonrisa berlusconiana. El recién electo gobierno británico primero dice que va a apretar los tornillos, y después aclara: "Perdón, nos equivocamos. La situación es peor de lo que creíamos, así que les vamos a dar todavía más duro". Alemania, la supuesta "locomotora" europea que iba a ayudar a los hermanitos caídos en desgracia, anuncia un ajuste de 85.000 millones de euros. Blanco número uno: ¡los subsidios de desempleo! Sarkozy en Francia también suscribe la misma receta, y hasta se lanzó la idea de que Dominique Strauss-Kahn, presidente del FMI, sea candidato a presidente. ¡Ajuste gestionado por sus propios dueños! En el medio, corrió el rumor de que las estadísticas de Hungría eran como las griegas o las del INDEK, y que cuando se destapara la olla se venía un patatús allá al estilo Letonia o Islandia.

Así las cosas, al gobierno se le deben estar yendo las ganas de "confrontar modelos". Una cosa es compararse con Grecia; otra muy distinta es señalar con el dedo a toda Europa. Después de todo, es el destino de más de un 20% de las exportaciones argentinas, con un euro más barato. Ni hablar si la mancha venenosa llega a China. De modo que la teoría del "desacople" de la economía argentina respecto de la crisis, teoría agitada por el gobierno para presentarse como abanderado de una política distinta, está a punto de sufrir un desafío muy serio. Lo que nos conduce al tema de cuáles son las bases reales de la economía local, así como los límites de esa "independencia".

La economía del Bicentenario: ¿dos siglos igual?

No serán los cinco siglos de la canción, pero para este país ya pasaron dos y hay realidades que se niegan a morir. Por ejemplo, que la inserción argentina en el mercado mundial sigue siendo periférica y vía la exportación de commodities o materias primas, mientras que el renglón importaciones muestra una terrorífica dependencia de los bienes de capital y la teconología extranjera. Las últimas cifras del comercio exterior son lapidarias: éste sigue siendo el país de la soja en poroto, en harina o en aceite, pero soja. En cuanto al famoso "30% de exportaciones de manufacturas de origen industrial" de que se jacta el gobierno, la historia es simple: es el mismo porcentaje de la década menemista, y con la misma composición esencial. Porque el gran rubro exportador "industrial" son autopartes para el mercado brasileño, con régimen especial y con escaso valor agregado, ya que aquí se ensamblan partes que se importan, en vez de fabricarse localmente.

Es verdad que la Argentina (como por otra parte buena parte de América Latina) disfrutó de un cierto "desacople" en lo financiero. Justamente por haber mejorado su perfil de deuda (con varios defaults) y aumentado sus ingresos fiscales y de comercio exterior, toda la región vivió un "veranito" de más de un lustro en el que la exposición a los préstamos financieros fue más baja que en los 90. Claro que en nuestro continente esa vulnerabilidad a los flujos financieros se había vuelto explosiva y de hecho explotó a fines de los 90, con las consecuencias políticas, sociales y económicas conocidas por todos. Se trata de la misma vulnerabilidad que ahora sufren países europeos sobreexpuestos al flujo financiero, que ahora les explota a ellos.

A partir de constatar estos contrastes, algunos sectores oficialistas (minoritarios) acarician la vieja idea de seguir cortando amarras y "vivir con lo nuestro", como una manera de seguir distanciándose del desbarajuste económico mundial. Pero la realidad es que la economía capitalista argentina, en varios sentidos, no da para eso, como tampoco ninguna de las economías del continente. Los Kirchner son los primeros en decirlo y lo dejaron muy claro: todo el proceso del nuevo canje, así como resolver la deuda con el Club de París, es para "volver a los mercados". Sí, a esos mismos mercados en los que ahora se enorgullecen de no estar...

¿Por qué volver a ese lugar del que se abomina en público y para la tribuna? Por la simple razón de que el "modelo" iniciado en 2002-2003, así como está, ya no tiene mucha nafta en el tanque en materia de ciclo de desarrollo capitalista. El factor soja y los precios altos le dieron a la economía K una sobrevida de la que no se puede abusar. Tarde o temprano, habrá que recurrir al financiamiento internacional para conseguir ese combustible que el capitalismo argentino no puede generar; esto es, divisas que sostengan el ciclo económico. Y esas divisas deben llegar vía inversiones o vía préstamos. Ambos canales hoy están bastante estrangulados, y el objetivo del canje era, justamente, empezar a desobstruir uno de ellos, mientras que se hace lo que se puede para seducir inversores. Pero la suerte, esta vez, les falló a los Kirchner, y el horno inversor internacional no está para bollos. Eso es lo que muestra el desinflado interés por el canje, que en otro contexto podría haberle salido mejor al oficialismo.

La realidad es que, por más que bramen los "nacionales y populares", la economía argentina sencillamente no puede vivir ni seis meses "con lo nuestro". La dependencia en materia de bienes terminados, máquinas-herramienta y repuestos industriales recuerda a la del Centenario. Sí, a 1910.

Ajuste por inflación o ajuste por las malas

Como hemos señalado en otras oportunidades, el gobierno ha elegido el camino de atar con alambre un esquema altamente inestable que, sin generar crisis en lo inmediato, no termina de conformar a nadie: ni a la burguesía, ni a los trabajadores, ni a los acreedores, ni a los que gestionan las arcas estatales. La manera de mantener bajo control esa "puja distributiva" es fugando hacia adelante: con inflación. El fisco recauda más y el ingreso de los asalariados se deteriora en términos reales, aunque el gobierno puede cacarear que defiende a los trabajadores y al empleo, que "incluye" a los pobres y Kirchner hasta delira con volver a la distribución "50-50" del ingreso nacional que caracterizó al primer peronismo. Claro, ese supuesto 1 a 1 es hoy un 2 a 1 en favor de la patronal.

Más allá de la demagogia electoral del oficialismo, lo que conviene retener es que el famoso desacople ha sido parcial, relativo y limitado, tanto en el tiempo como en extensión (apreciable en las finanzas, inexistente en el comercio exterior). Y como el rumbo de la política económica en el plano externo parece encaminado (de buen grado o a la fuerza, poco importa) al regreso a los mercados, una cosa es segura. Si en Europa y en el resto del mundo (especialmente China) la campana del ajuste empieza a sonar más fuerte que la resistencia de los trabajadores, el gobierno se guardará los discursos actuales donde no da el sol y pondrá en marcha el mismo apriete de tuercas del que hoy se burla.