Socialismo o Barbarie, periódico Nº 178, 11/06/10
 

 

 

 

 

 

La reapertura del Colón: fachada limpia, negocios sucios

De Caruso a Ricky Fort

Por César Rojas
Frente de Artistas del Nuevo MAS
frentedeartistas@yahoo.com.ar

La reapertura del Teatro Colón puso una vez más de manifiesto el tipo de política cultural llevada adelante por el macrismo. La burguesía en su rostro más decadente se hizo presente en una ceremonia de apertura que tuvo mucho más de “show” hollywoodense con cámaras y paparazzi detrás de figurones mediáticos que de concierto-apertura de un teatro lírico de nivel mundial. Hasta el programa elegido, inconexo y ecléctico y que casi por casualidad contaba con una obra de un compositor nacional (en el marco de los festejos del tan meneado “Bicentenario” argentino). Esta demostración elitista cayó muy mal en quienes habitualmente concurren al teatro o tuvieron la sana inquietud de entrar y conocerlo por primera vez, y se encontraron con un teatro vallado para que personajones de la farándula tilinga como Ricardo Fort tuvieran su minuto de cámara en las primeras butacas del teatro, mientras artistas de reconocida trayectoria que contribuyeron a cimentar el prestigio del Colón con su trabajo se los ubicó en las últimas localidades del “gallinero” y la inmensa mayoría quedó fuera tratando de seguir lo que se podía desde las pantallas ubicadas en la calle. Pero el colmo de todo esto llegaría a la indignación días después cuando el propio Jefe de gobierno cediera el teatro a Mirtha Legrand para que realizara uno de sus almuerzos televisivos desde allí.

Luego del escándalo del alquiler del Teatro San Martín a un particular (un empresario que decidió festejar su cumpleaños en el teatro público), la privatización del museo del Instituto Bernasconi y un largo etcétera, el gobierno macrista que viene sumando un bochorno tras otro, pero sin muestras de querer retroceder en su avanzada contra la cultura, la salud  y la educación pública, montó el pasado 24 la farsa de la reinauguración tan esperada del Colón, corazón de la actividad lírica, el ballet y la actividad sinfónica en nuestro país. Pero la esperada reapertura del Teatro, seguida con tanta expectativa por el incierto destino que tendrían sus valores más apreciados como la acústica única en el mundo, sólo pudo ser apreciado por el pueblo a través de dos insignificantes pantallas ubicadas en el  frente y dada la masividad impresionante de gente que se congregaba para los festejos del Bicentenario, hacían imposible ver ni escuchar nada. Sin embargo en el interior de un teatro vallado y cercado por los tres costados (incluso toda la Plaza Lavalle estaba cercada) se abrió para fantoches y fachos de la más baja estofa, ninguno por supuesto con la más mínima idea del contenido artístico de lo que se mostraba allí, pero sí atento ya ni siquiera a la “significación social” de estar en una velada como esa, sino exclusivamente a su repercusión mediática. Lo que brilló por su ausencia fue, como viene siendo la tónica, la voz de los trabajadores del Teatro, sus músicos y sus Cuerpos Estables que vienen resistiendo los embates privatistas del PRO.

Un poco de historia

La fama de la acústica del Colón, elogiada en todo el siglo XX por cantantes y directores de orquesta, se debe a que entre otras cosas hay pocos teatros en el mundo que posean ese nivel de excelencia acústica en relación a una sala tan grande. Por ejemplo, otro teatro como Alla Scala de Milán (la más importante de Italia, y uno de los de más peso mundial en materia de ópera) sólo tiene 2.000 localidades, mientras que el Colón puede albergar alrededor de 3.000 espectadores. Recordemos que ni en ópera o teatro de texto clásico, ni en música sinfónica se usan micrófonos ni otro sistema de  amplificación, por lo que es esencial que la acústica del recinto esté preparada para tal fin y, claro está, por lo mismo siempre que hablamos de teatro de texto o de ópera estamos hablando de salas construidas a escala humana. Pese a sus enormes dimensiones, el Colón históricamente poseía una “homogeneidad” notable en su acústica que hacía que de cualquier punto del teatro se escuchara bien. Vale esta aclaración ya que por la moderna amplificación estamos acostumbrados a que se pueda cantar en un estadio de fútbol o en un gran espacio abierto, con lo cual lógicamente perdemos noción de estos recintos “a escala humana”.

¿Teatro factoría o teatro de alquiler?

Pero la fama mundial del Colón, además de su trayectoria artística, sus valores arquitectónicos y su acústica, estuvo siempre cimentada en su estructura y sistema de producción. Sobreviviente, entre otros pocos tantos en el mundo, el Colón fue creado como un teatro factoría en el cual se realizaba todo lo necesario para sus montajes y producciones. De allí que el corazón del teatro estuvo siempre en sus cuerpos estables de músicos, bailarines, cantantes, coreutas y en particular en sus talleres de realización escenográfica, vestuario, zapatería, peluquería, etc. Lugares en los que se volcaba la experiencia y las tradiciones a las jóvenes generaciones. Es decir, que se realizaba de lo primero a lo último. Esto además se complementaba con un Instituto de formación para bailarines, cantantes y directores musicales y de escena: El Instituto Superior de Arte. Aunque el teatro actual data de 1908, los cuerpos estables son conquistas de los años 30, épocas en que cierto “proteccionismo” o concesiones de tipo “keynesianas” dieron origen a los cuerpos estables en varios teatros del mundo y que luego se consolidaron en la posguerra, muchas veces por el aislamiento internacional o las crisis económicas que orientaron a sus direcciones artísticas a apostar a sus propios artistas y lugares de formación, sin depender tanto de las compañías extranjeras en gira o los grandes artistas de fama mundial.

Pero son esas conquistas las que gestiones neoliberales rabiosas como las del empresario Macri quieren terminar de  desmantelar. Para ello en estas “reformas” en el segundo y tercer subsuelo del Colón donde funcionaban los talleres se están haciendo salas VIP de alquiler, tiendas y cafeterías, etc. Al mismo tiempo, los músicos fueron despojados de sus sitios de ensayo como la tradicional “rotonda” y deben compartir un solo baño para decenas o usar los propios pasillos como camarines. A la par de esto, destruyendo una de las paredes laterales, se ha instalado un enorme montacargas, según dice Macri para “mejorar la eficacia de los traslados escenográficos”, pero está más que claro que por allí se introducirán las escenografías y producciones alquiladas para cambiar por completo la naturaleza productiva del teatro: pasar de teatro factoría con producciones integrales propias a teatro de alquiler donde se importan las producciones y se tercerizan todos los requerimientos escenográficos, técnicos, etc.

Si comparamos aquella burguesía  que dio origen del teatro, tan explotadora y feroz como todas, claro está, veremos que mientras la del pasado creía que debía dar lugar a las expresiones más altas del arte mundial y rodearse de éstas, aunque sólo fuese por señal de reconocimiento, de figuración social, o como bien suntuario que como clase dominante debe exhibir, la actual burguesía encabezada por el grupo Macri, muestra su cara más descompuesta y profundamente ignorante de lo que puede ser el patrimonio artístico de dominio público y ve sólo en ello lo que ve en todo lados: negocios.

Mientras tanto, quienes sostenemos económicamente los lugares públicos no podemos disfrutar del acceso a esas expresiones artísticas que continúan en manos de unos pocos expropiadores o de sus funcionarios a sueldo, en este caso de baja calaña y de una completa ignorancia y desprecio, que sólo buscan hacer negocios con los espacios públicos o abrir desde sus gestiones de gobierno la puerta para sus grupos empresarios amigos.

Por eso quienes tuvimos oportunidad de trabajar en el Colón o formarnos en su Instituto de Arte sabemos que es en los trabajadores y en sus cuerpos estables en quienes debemos apoyarnos para recuperar el teatro y su proyecto artístico. Ellos son los únicos autorizados y capacitados por derecho propio para decir y evaluar hasta qué punto fue tocada o modificada la acústica, etcétera, y cuáles son las reales necesidades del complejo cultural y productivo que es el Colón. Es en la lucha de ellos que debemos apoyarnos para que vuelvan los 400 trabajadores “relocalizados” en otras dependencias del Gobierno de la Ciudad,  ya que según Marci “estaban de más” para sus planes vaciadores y privatistas.

Aunque silenciados durante los festejos y la reapertura, los trabajadores  vienen enfrentado la complicidad de la burocracia sindical, el vaciamiento, la tercerización y la completa mercantilización macrista de un bien cultural de la comunidad y de un proyecto de producción artística de características únicas en el mundo. No son los valores de la productividad y las ganancias los que deben regir la cultura ni la educación pública. No son los tecnócratas contratados por los mercaderes quienes deben decidir sobre los destinos y los proyectos artísticos del teatro, sino que éste debe volver a sus legítimas manos: sus trabajadores, artistas, técnicos y profesores, para que sus producciones puedan ser disfrutadas por todos y el conjunto de la comunidad pueda reapropiarse del invalorable legado cultural que es nuestro Teatro Colón.