Socialismo o Barbarie, periódico Nº 178, 11/06/10
 

 

 

 

 

 

El gobierno y sus medios de comunicación le lavan la cara a las instituciones represivas

Ninguna “reconciliación” con las Fuerzas Armadas

Por Ana Vázquez

“Que la gente aplaudiera a los granaderos y cantara la Marcha de San Lorenzo, y al mismo tiempo aplaudiera con tanto respeto la alegoría a las Madres, demuestra que diferencia con claridad una cosa de la otra. Que el juicio a los represores es a los asesinos y no a la institución. En todo caso rechaza la forma golpista en que fue instrumentada la institución, pero puede diferenciar una cosa de la otra” (Luis Bruschtein, Página 12, 29/05/10).

Esta cita es una de las tantas frases de “unidad nacional” que recorren los medios oficialistas post Bicentenario, que cuentan con el total apoyo de personajes como Duhalde y de los medios de la oposición de derecha, Clarín y La Nación. La nueva bajada de línea de la Casa Rosada es la relegitimación de las Fuerzas Armadas, institución que salió profundamente castigada en la sociedad post dictadura. También “6-7-8” se sumó a la campaña oficialista de “reconciliación” con los boinas verdes, con el discurso que “las nuevas FF.AA son ‘otra cosa’ que las del proceso militar”. Desde estas páginas repudiamos esta campaña reaccionaria con discurso “progresista”, al tiempo que denunciamos que nunca las fuerzas armadas de la burguesía van a defender a los trabajadores y el pueblo y seguimos exigiendo el desmantelamiento del aparato represivo.

En este momento se están desarrollando dos juicios emblemáticos en el marco del terrorismo de Estado. Son el de la Masacre de Margarita Belén en Chaco y el de Automotores Orletti en los tribunales de Comodoro Py en la Ciudad de Buenos Aires. En ambos se está juzgando a reconocidos responsables de la represión, como Guglielminetti.

Al mismo tiempo, desde los discursos oficiales y los medios del Estado se ha largado una furiosa campaña ideológica de relegitimación de las FF.AA.

La Presidenta y el teniente general Luis Alberto Pozzi, jefe del Estado Mayor General del Ejército, dirigieron sendos mensajes en la ceremonia en la que se conmemoró el Bicentenario de la fuerza.

Aquélla expresó: “Pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue por sobre todas las cosas pueblo, dirigida también por quienes tenían el honor de ser su brazo armado. Cada vez que ese brazo armado confundió su rol y se separó de su pueblo, hubo amargas derrotas. Creo que es el aprendizaje que todos debemos hacer en estos 200 años de historia.”

Éste “admitió que la historia alterna ‘luces y sombras’ pero aseguró que la institución celebra ‘el reencuentro con nuestro pueblo’ y que ha internalizado ‘que el único camino posible es respetar la Constitución Nacional y los derechos humanos’.” (Página 12, 29/5/10). Trazan una línea divisoria entre las que integraron el Proceso y las actuales, profesionales y defensoras de la democracia.

¿Qué es y a quién defiende esta institución?

Si desde el surgimiento de las modernas clases sociales, el Estado resume y representa el poder de la burguesía sobre la clase obrera, son las FF.AA. su principal sostén institucional.

“El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del poder del Estado”. (El Estado y la revolución, V.I. Lenin)

¿De qué le sirven a la burguesía los presidentes, primeros ministros, diputados, senadores, concejales, Corte Suprema, si no tienen un aparato represivo que, ante el desborde y descrédito de estas instituciones, defienda su poder?

Que desde la caída de la dictadura los mecanismos democrático-burgueses sean los que imperen y los que actúen cotidianamente y les conozcamos las caras a políticos y funcionarios y no sepamos ni quiénes son los jefes de la Armada, Aeronáutica o Ejército, no significa que no sigan siendo la columna vertebral del orden burgués.

Hoy defienden la Constitución burguesa y respetan “los derechos humanos” porque la situación política del país no les permite tener otro rol, pero no significa ni que son “distintas” ni que dejaron de ser represivas, porque esa es la razón de su existencia.

¿Son distintas porque hubo recambio generacional?

Es cierto que las cúpulas que actuaron durante el golpe no tienen relevancia política actualmente. Pero eso no significa que no tengan influencia en algunos sectores y que cuenten con el encubrimiento del resto para su accionar. Así lo prueban los dramáticos casos de Julio López y Silvia Suppo, además de centenares de intimidaciones, aprietes y amenazas.

Son tan consecuentes en la defensa de su pasado genocida que lo reivindican desde las salas donde son juzgados y piden amnistía desde la cárcel por sus crímenes.

Que sean “otros” sus componentes y hoy no sean golpistas, no modifica su carácter de institución al servicio de la clase dominante. Por lo tanto, no están “vacunadas” contra ningún “virus” si la clase de la que depende decidiera encarar un ataque por derecha a las instituciones democráticas, como lo hicieron en Honduras.

Menos aún en Latinoamérica, que por ser países dependientes, las decisiones del amo yanky y su influencia en las clases burguesas de la región son muy fuertes.

Sin necesidad de ir a estas situaciones extremas, ¿qué papel cumplen hoy además de desfilar en el Bicentenario, que ya es todo un símbolo de su poder actual, no futuro?

Desde el 2004, están cumpliendo funciones “humanitarias” en Haití, acompañando la invasión encubierta de la ONU al servicio de la dominación imperialista. Son conocidas además las denuncias de los atropellos cometidos a la población por parte de los ocupantes.

En la represión a conflictos obreros ha actuado no sólo la Policía sino la Gendarmería y la Prefectura en la huelga del Casino, que por ser fuerzas de menor jerarquía, no significa que pegan menos.

Los sectores más reaccionarios, como Duhalde, han reclamado la actuación del Ejército para combatir la delincuencia en las calles. Combate que es fundamentalmente contra los pobres y los que protestan, como fue en el Puente Pueyrredón en el 2002.

¿Quién garantiza que el Ejército no salga a dar palos y balas si un gobierno de derecha lo manda? ¿Hubo alguna declaración de algún jefe castrense repudiando el reclamo de Duhalde?

Son la salvaguarda del orden burgués y por lo tanto, están a sus órdenes, no las del “pueblo”.

Una campaña de largo alcance

La campaña K tiene un sentido que trasciende el gobierno de Cristina. Tiene una proyección estratégica, a largo plazo.

Esta institución ha sido muy deteriorada ante los ojos de los trabajadores y el pueblo porque éstos han sufrido en carne propia los sucesivos atropellos de los gobiernos militares. Con la caída de la dictadura del 76 ha quedado dañada seriamente. Quedó desenmascarada ante la población, ganándose su legítima “bronca”.

Desde Alfonsín en adelante todos los gobiernos trataron de recomponerlas. La intención K es avanzar en esa cruzada, relegitimando su imagen y su accionar, haciendo un corte total con las odiadas FF.AA. del Proceso.

Son tiempo de crisis profundas y conmociones sociales que, aunque están estallando a kilómetros de distancia, nadie se cree que “acá está todo bien y no nos toca”. La burguesía no quiere estar desprevenida y se prepara para estar curada en salud. Necesita afianzar a su principal institución represiva mandando presos a un centenar (o algo más de un centenar) de milicos del Proceso y vivando a los cuadros actuales de las FF.AA. como la contracara de aquéllos.

A esta campaña reaccionaria disfrazada de “progre” con el discurso de unas supuestas “fuerzas armadas nacionales” debemos contraponerle una campaña obrera y revolucionaria, quitándole la careta a los embustes sobre las “renovadas” FF.AA.