Socialismo o Barbarie, periódico Nº 177, 27/05/10
 

 

 

 

 

 

Intervención en la sesión simbólica en la Legislatura porteña

Día internacional de lucha contra
la homo/lesbo/trans fobia

Por César Rojas
Carne Clasista - Contra la opresión sexual y social
carneclasista@yahoo.com.ar
http://carne-clasista.blogspot.com/

17/05/10. “Compañeras/os: saludamos la iniciativa y agradecemos la invitación. Quería dedicar estas palabras a la lucha de nuestras/os 400 compañeras/os LGBT detenidos desaparecidos para que se sepa, ya que este dato se conocía a la hora de elaborar el informe de la CONADEP pero por presiones de la Iglesia, nunca figuró. Desde hace un tiempo como una suerte de campaña permanente lo mencionamos en cada intervención pública. También lo dedico a mis compañeras de Las Rojas presentes en la sala, y muy especialmente al pueblo griego que está luchando en las calles para resistir el feroz ajuste que su gobierno quiere imponer para hacerle pagar los costos de la crisis, descargándola sobre sus espaldas. Ajuste que cuenta con todo el aval de la UE y los EEUU, incluso de los gobiernos supuestamente ‘progres’ como el de Rodríguez Zapatero.

Para comenzar, una consideración de carácter general que hace a la honestidad política y al contenido de nuestra intervención y es que para quienes venimos de la tradición del marxismo revolucionario, la sociedad no se cambia desde el parlamento sino con la lucha en las calles. De todas maneras, gustosamente aceptamos toda ocasión que se nos presenta para transformarla en una tribuna pública donde dar a conocer nuestras ideas, debates y propuestas. Es con ese sentido que estamos presentes hoy aquí.

Compañeras/os: la agrupación de minorías sexuales Carne Clasista junto a otras organizaciones hemos recorrido un largo camino desde el Argentinazo, nos asumimos como feministas militantes en la lucha por la libertad de Romina Tejerina luchando codo a codo con las compañeras de las Las Rojas en cada  Encuentro Nacional de Mujeres, en la pelea contra los Códigos Contravencionales represivos denunciando al Estado y al gobierno local y nacional, en la lucha por la libertad de los/as presos/as en la puerta de esta misma Legislatura y, en la pelea por trabajo genuino para nuestras compañeras travestis en situación de prostitución. En las luchas obreras y populares lo hicimos junto a nuestros compañeras/os del Nuevo MAS.

Hoy los ecos de esa rebelión popular de 2001 que nos vio nacer, resuenan en otra parte del mundo con el pueblo griego en las calles. Hoy que la sociedad capitalista y patriarcal vive una crisis de magnitudes históricas, los trabajadores de Grecia se han levantado para resistir al brutal ajuste que el gobierno capitalista quiere aplicar para descargar sobre sus espaldas el costo de la crisis. Hoy nos toca a nosotros en esta tarde, preguntarnos y tratar de responder por qué luego de décadas de lucha, pese a los avances obtenidos, sigue existiendo la homo/lesbo/trans/bi fobia en nuestra sociedad. Por qué la lesbofobia sigue cobrándose vidas como la de Natalia Gaitán y fundamentalmente qué tenemos que hacer para terminar con esto, y cómo debemos luchar para conseguirlo.

Habitualmente el ‘progresismo nos dice que existe la homofobia porque todavía hay ‘ignorancia’ y ‘prejuicio’, y que con más acceso a los derechos ciudadanos y con más información, ésta se erradicaría como si fuera una infección extraña al cuerpo social que con una ‘pastilla de conocimiento’ se curaría. Llama a esto ‘batalla cultural’ e ‘inclusión ciudadana’.

Pero quienes venimos del marxismo revolucionario, aun cuando el debate cultural o la adquisición de derechos civiles son importantes, sostenemos que hay bases materiales e históricas para que esta opresión se mantenga, y hasta que esas bases no sean removidas no puede haber solución de fondo. Y esas bases tienen que ver con el sostenimiento de la familia patriarcal, monogámica y la imposición de la heterosexualidad obligatoria y meramente reproductiva. La familia es uno de los pilares imprescindibles para sostener la sociedad dividida en clases. Y esto tiene consecuencias directas para las minorías sexuales, puesto que para perpetuar la institución familiar y la opresión sobre las mujeres con el trabajo doméstico, también se debe reprimir, discriminar, estigmatizar y criminalizar a las personas lgtbi.

Pero crisis y descomposición del capitalismo mediante, la familia  y el ‘hogar dulce hogar’ se ha convertido en el lugar más inseguro para las mujeres por la violencia de género, el lugar donde se producen abusos de niños/as generalmente a manos de familiares adultos heterosexuales, y el lugar por excelencia donde se discrimina y violenta a gays, lesbianas y trans y desde donde son expulsadas tempranamente las niñas travestis.

Para reforzar esta opresión, el Estado burgués y sus gobiernos cuentan con una siniestra e imprescindible aliada: la Iglesia, institución que se encarga de quebrar subjetivamente a las personas reprimiendo y culpabilizando la sexualidad.

En nuestro país, desde hace un tiempo venimos enfrentando una ofensiva de la Iglesia y los sectores más reaccionarios en contra de los derechos de las minorías sexuales y las mujeres. Ante esta situación nuestro movimiento viene dando una dura batalla para conquistar el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, ejercer libremente nuestra sexualidad y expresar nuestras identidades de género y conseguir la equiparación de derechos. Y aquí también entre las distintas agrupaciones del movimiento lgtb tenemos diferencias y debates: muchos creen que a través del ‘lobby parlamentario’ y la ‘lucha por arriba’ por los derechos civiles se puede terminar con la homofobia y la opresión a las minorías. Para eso lamentablemente buscan el apoyo de los partidos patronales afines al gobierno, o de la oposición patronal del campo.

Nosotros hoy aquí queremos denunciar al gobierno de los Kirchner que pretende cubrirse de ‘progresismo’ con la sanción de la Ley  de matrimonio no heterosexual, mientras es responsable por las 800 muertes por abortos clandestinos. Al tiempo que dice defender los derechos humanos,  tiene procesados a más de 4.000 luchadores populares, ha reprimido en Las Heras, en el Casino, en Kraft-Terrabusi, y mantiene en las fuerzas armadas a más de 9.000 conocidos ex represores. Es responsable además de la desaparición de Julio López y garante de la impunidad del asesinato del compañero Carlos Fuentealba. Y aunque Cristina Kirchner se pelee con monseñor Bergoglio para las cámaras de TV, sigue sosteniendo económica y políticamente a la Iglesia represora y genocida de los curas abusadores, y sigue respondiendo a las órdenes del Vaticano. Del mismo modo que Macri, subvenciona las escuelas católicas con el presupuesto de la educación pública y se ampara en el Código Contravencional para reprimir la protesta social, sacar a las travestis en situación de prostitución de las calles y esconder las consecuencias sociales que su política privatizadora de  los espacios públicos, la educación, la salud y la cultura han generado. Macri, que escandalosamente espía a los maestros porteños y arma a la Policía Metropolitana con pistolas Taser, prohibidas por organismos internacionales. Macri, que ha convertido la ciudad en un conjunto de negociados para su grupo empresarial amigo.

Categóricamente, ninguno de estos dos bandos patronales pueden ser nuestros aliados a la hora de pelear por nuestros derechos como minorías. Que comprendamos la importancia del enfrentamiento con el Estado burgués patriarcal y sus gobiernos es central, so pena de quedar planteando la lucha contra el patriarcado como una abstracción, y convertir al patriarcado mismo una ‘entelequia’. Es en las políticas de estos estados donde se materializa la opresión patriarcal, y el control y las decisiones políticas de esos estados son de los gobiernos patronales de los Macri y los Kirchner. Por todo esto, no debemos depositar ninguna confianza en ellos y tomar la lucha en nuestras manos, salir a las calles mediante la movilización a conseguir nuestros derechos. En la revuelta de Stonewall  del 69 la consigna fue ‘salir del closet y tomar las calles’, y el tomar las calles no es una frase vacía sino que entraña un contenido muy profundo: es una apelación al movimiento al sujeto político de cambio, no a supuestos ‘representantes’ del movimiento, e implica que en caso de golpes reaccionarios, el movimiento estará allí para defender ese derecho que se logró arrancar con la lucha. Y esto parte también de la comprensión de que en el capitalismo, toda conquista está amenazada: lo que hoy la burguesía se vio obligada a dar, mañana nos lo puede quitar, si no pensemos en los derechos democráticos en Honduras. Por eso es imprescindible discutir el cómo luchar, porque si hay movimiento de lucha en las calles podremos, no sólo defendernos si no ir por más, y eventualmente ir por todo. En esta lucha debemos construir alianzas con el movimiento  de mujeres y otros explotados y oprimidos.

Todo esto no quiere decir que no sea importante el debate cultural o la adquisición de derechos civiles, ni que haya que esperar a la revolución para reclamar por los derechos de trans, gays y lesbianas, sino que la primera discusión que tenemos que hacer es quién lleva adelante esa pelea, quién es el sujeto, y para qué y con qué métodos. Es decir, si luchamos contra la homofobia o por el derecho al aborto para lavarle la cara al capitalismo patriarcal, o si concebimos esa conquista como un paso más de su destrucción para instaurar una sociedad radicalmente distinta, sin explotación ni opresión. Por otra parte una sociedad que sería la única garantía de que no haya más Natalias Gaitán porque decidieron ser lesbianas, no exista ninguna muerta más por aborto clandestino, ninguna Romina Tejerina presa, un mundo en el que la decisión de ser travesti no sea sinónimo de situación de prostitución, ni en el que ser gay, bisexual o intersex tengan que ser lo mismo que ser objeto de burla o rechazo.

Para ir terminando, recordemos dos hechos que por varias razones se nos juntan en nuestra memoria: uno es que a fines del siglo XIX se hablaba del amor entre hombres como ‘el amor que no se atreve a decir su nombre’, y otro que en el mismo siglo uno de los primeros luchadores mártires de la clase trabajadora, uno de los anarcosindicalistas de Chicago que peleaban por las 8 horas, al momento de ser condenados a la horca desafió a sus propios verdugos capitalistas diciendo: ‘llegará un tiempo en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que hoy estranguláis’. Desde entonces la potencia de la ‘enorme mayoría silenciosa’ y las minorías silenciadas creció, y gracias a la lucha hemos logrado romper ese silencio y ese silenciamiento muchas veces: una y otra vez a través de rebeliones y revoluciones la voz de la clase trabajadora se levantó. En la revuelta de Stonewall, las minorías nos atrevimos a gritar no sólo nuestro nombre sino también nuestro amor por la revolución. En los 90 nuestra voz se alzó para hace saber que gays, lesbianas, trans, no éramos enfermos; en el Argentinazo gritamos ‘que se vayan todos’ y en Honduras el movimiento lgbt y las feministas en resistencia se alzaron contra el golpe. Hoy el pueblo griego está gritando su verdad en las calles a Europa y a todo el mundo, preparando la huelga general para el jueves.

Para nosotros ambas luchas, la de la clase trabajadora y las minorías son una, puesto que cuanto más lejos han ido los trabajadores en sus conquistas, más lejos han ido las mujeres y las minorías.

Pararnos sobre la conciencia de nuestros propios deseos nos lleva a comprender que tenemos que ir no sólo contra el prejuicio y la ignorancia , sino contra toda una sociedad para transformarla de raíz y crear las condiciones materiales que permiten ejercer nuestra libertad. Libertad para decidir sobre nuestra sexualidad y nuestras identidades de género, libertad para decidir con quién y cómo queremos relacionarnos, libertad para decidir con quiénes tener nuestros hijos y nuestros proyectos de vida.

Quizá antes de los que esperábamos, estemos llegando a las puertas de un nuevo tiempo en que la crisis del putrefacto capitalismo patriarcal nos esté abriendo nuevas  posibilidades, no sólo de guerras y crisis sino de cambios revolucionarios.

De nosotros depende, compañeras/os aprovecharlo: nos vemos en la lucha, nos vemos en las calles!!”