Socialismo o Barbarie, periódico Nº 169, 04/02/10
 

 

 

 

 

 

¿A qué le apuesta la izquierda hondureña?

Por José Kanes

“La economía, el Estado, la política de la burguesía y sus relaciones internacionales están completamente esterilizadas por una crisis social, hecho característico de un estado prerrevolucionario de la sociedad. El obstáculo principal en el camino de la transformación del estado prerrevolucionario en estado revolucionario es el carácter oportunista de la dirección proletaria: su cobardía pequeñoburguesa ante la gran burguesía y su traidora asociación con ella aun en su agonía”. León Trotsky, El Programa de Transición.

Tomar el poder o “ayudar” a que otros lo tomen

Después de haber bajado el balón al césped, es necesario levantar la cabeza, y elegir la banda que por los hechos resulte más confiable. Si bien, no es de un partido de fútbol que hablaremos, la idea sirve para caracterizar, con las variantes del caso, el momento político.

Una vez frustrada la restitución del “orden” constitucional e impuesta la dictadura, sin que esto signifique un triunfo de los golpistas, queda una situación abierta y planteada: la pelea por la toma o construcción del poder. Esta es la cuestión que pone de relieve las características esenciales de la Resistencia, es lo que define su carácter. De ella emanan preguntas estratégicas y tácticas como: ¿Quién debería tomar el poder? ¿Con qué programa? ¿Qué método emplear?

Esto toma importancia si tenemos presente que las masas no van a la revolución con un plan preconcebido de sociedad nueva, sino con un sentimiento de imposibilidad de soportar lo que están viviendo. Sólo el sector dirigente de cada clase tiene un programa político, el cual necesita ser sometido a la prueba de los acontecimientos y a la aprobación de la masa.

Lo que se complica cuando los dirigentes no presentan con claridad dicho programa, anteponiendo los aspectos meramente tácticos a los elementos estratégicos. Prueba de ello es que se definan como principios fundamentales “para que la resistencia siga”, la “tolerancia”, la diversidad y la unidad, en abstracto, como si la estrategia es resistir por resistir o esperar cuatro años para bastardear la lucha del movimiento popular. De ahí, que el proceso político fundamental de una revolución consiste precisamente en que esa clase perciba los objetivos que se desprenden de la crisis social, mediante el método de las aproximaciones sucesivas. Esa es una de las bondades de la lucha de clases, que obliga a las direcciones a “desnudarse”.

La importancia del debate como parte de la formación

Ante una clase trabajadora tan débil, carente de organización, experiencia y conocimiento, la dirección de la lucha en el mediano plazo, podría ser conducida por la juventud gracias a su formación y experiencia ganada en el presente, y, por no cargar en sus espaldas la derrota de fines del siglo XX. Pero sobretodo, en la fertilidad de la coyuntura actual marcada por el desequilibrio del sistema capitalista que ha deslegitimado el Estado burgués, al tiempo que se agudizan las desigualdades sociales, producto de la socialización de las pérdidas.

Frente a esto, la clase trabajadora vive un lento pero sostenido proceso de recomposición, lo cual no se detendrá con la falsa salida de la crisis. En este camino, es imprescindible la perspectiva de la revolución para las nuevas generaciones de trabajadores jóvenes, y la única forma de lograrlo es teorizando la experiencia actual, mediante un debate profundo y de clase. Así, una de las tareas fundamentales de la dirección actual es permitir que los jóvenes asuman su rol. La resistencia ha permitido que nuestra juventud se sienta partícipe de la política mundial, que se sienta sujeto y no objeto, por tanto, la energía y las nuevas ideas no deben en ningún  momento, ser aterradas con el decrépito discurso de la “experiencia”, ya que como lo señala Marx, “las revoluciones proletarias a diferencia de las burguesas se critican constantemente a sí mismas, vuelven sobre lo que parece ya realizado para comenzarlo de nuevo, ridiculizan despiadadamente sus torpezas, las debilidades y las miserias de sus intentos, retroceden sin cesar abrumadas por la inmensidad indefinida de sus propios fines, hasta el momento en que por fin, se crea la situación que hace imposible su retroceso”.

¿Qué debemos hacer de la Resistencia?

Si bien la Resistencia contra el golpe de Estado tiene su razón de ser en la defensa de la institucionalidad burguesa, su química y su explicación provienen de fenómenos más complejos y de mayor trascendencia política. En ese sentido no es sino, el producto de un proceso de organización y de acumulación de experiencia de lucha lograda en la última década, es el fruto de las organizaciones populares y de los espacios unitarios como la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, Bloque Popular, entre otros. También de los liberales no golpistas, quienes constituyen un sector numeroso y politizado, lo cual para los intereses de la clase trabajadora resulta vital tener presente, por las implicaciones que su confusión representa; el intento por disolver la CNRP es apenas un dato. Trotsky sostiene que, “en la escuela de la historia, de los fracasos y las derrotas crueles se elaboran los principios cuya adopción ha de determinar la victoria revolucionaria”. Advertirlo, es el objetivo del presente artículo, pero también de esbozar cuál debe ser la finalidad principal de las organizaciones políticas que nos reclamamos de izquierda revolucionaria, en esta titánica lucha.  La Resistencia debe ser para nosotros, lo que 1905 fue para la Revolución Rusa, un “laboratorio del cual deben salir los agrupamientos fundamentales del pensamiento político, donde se delineen todas las tendencias y matices de nuestro programa y nuestra dirección. Para su logro habrá que dar un paso adelante, la solución sólo puede venir de la huelga general que ponga a la cabeza al pueblo contra los golpistas. La mejor muestra es que la dictadura todavía está y lo único que no hemos hecho es preparar y usar esta infalible arma de los trabajadores.

Sobre la expresión tolerancia = unidad

Alabamos y sostenemos incólume la indiscutible necesidad de la unidad en los objetivos prácticos consecuentes, sin que esto signifique traficar con los principios y las teorías. En los espacios unitarios mencionados también hemos aprendido que la discusión política no engendra división, siempre y cuando sea franca, mientras que bajo la sombra de la tolerancia como chantaje para la unidad, no hay más que falsedad, oportunismo y prácticas antidemocráticas.  […] Es por eso que el Partido Socialista de los Trabajadores invita a todas las organizaciones, sectores e individuos a unirnos en el debate y en la acción, que nos permita perfeccionar la brújula que, influenciada por el magnetismo de la causa socialista, nos oriente.

• ¡Por un nueva y revolucionaria clase trabajadora!

• ¡Viva la heroica resistencia del pueblo hondureño!