Socialismo o Barbarie, periódico Nº 168, 22/01/10
 

 

 

 

 

 

El caso Redrado y el Fondo del Bicentenario

Ni gobierno K, ni oposición reaccionaria

La autonomía del central

La supuesta “autonomía” del Banco Central es un invento del neoliberal Consenso de Washington (1989) para asegurarse que las autoridades monetarias siempre estuvieran en manos de “Chicago boys” –y sus mandaderos que son los grandes capitalistas de las finanzas y la industria como el propio Redrado. En Argentina esa “autonomía” recién se aprobó en 1992, bajo Menem, y en otros países de Latinoamérica ocurrió lo mismo en fecha parecida. De más está decir que en ninguno de los países desarrollados la autoridad monetaria tiene ni por asomo la “independencia” del gobierno que tienen los países que adoptaron ese esquema. La autonomía del banco central es la forma cómo se manifiesta la dependencia económica y política al imperialismo en un tema tan delicado como lo es la política monetaria y da una idea clara del grado de sometimiento al mismo.

No pasaron diez días del año nuevo que se desató una fuerte crisis política, institucional que incluso amenaza con ser financiera. La crisis ha sido disparada por el “atrincheramiento” de Martín Redrado en el Banco Central resistiendo su remoción. O, dicho de otro modo, por su pase con armas y bagajes a la oposición con la excusa de “la defensa de las reservas de divisas del país”…

Más allá de cómo termine este episodio, es el primer acto de un año que va a estar plagado –seguramente– de crisis entre los de arriba. Y por donde se podrán colar –hay que trabajar para ello las luchas y reivindicaciones de los trabajadores. Esto en la perspectiva de una irrupción independiente de la clase obrera, objetivo por el que tiene que trabajar la izquierda que se considera realmente revolucionaria.

Los hechos

Repasemos los hechos de este verdadero sainete. El gobierno crea por decreto el Fondo del Bicentenario, con 6.500 millones de dólares de las reservas del BCRA destinados al pago de deuda externa. Redrado se opone a girar el dinero aduciendo que debía “cuidar el dinero de los argentinos” y que el Central tiene “autonomía”, ganándose el aplauso de la oposición de derecha (y parte de la de “izquierda”, ver en esta edición pág. 4). Cristina responde echándolo por decreto. Redrado presenta una medida de amparo, que una jueza anti-K le concede en tiempo relámpago. La oposición de derecha brama contra la remoción de Redrado y contra el Fondo del Bicentenario, y pide que todo se trate en el Parlamento, en sesiones extraordinarias, para voltear ambos decretos.

A todo esto, aparecen los fondos buitres en los tribunales de Nueva York: argumentan que todo esto demuestra que el Banco Central no es más que una extensión (“alter ego”) del Tesoro nacional, y por lo tanto sus reservas pueden ser embargadas. El juez Griesa les da la razón… por unos días. En el medio se mete Cobos, a quien la oposición le pide que convoque al Parlamento si la presidenta no lo hace. Cobos duda. Mientras tanto, Redrado está cada vez más agarrado del pincel porque hasta a la oposición se le hace difícil sostenerlo.

Cristina pide que se reúnan comisiones parlamentarias (pero sin abrir sesiones extraordinarias) para cumplir los pasos legales de la remoción de Redrado. Lilita Carrió se digna interrumpir sus sesiones de bronceado en Punta del Este y se suma al coro opositor. Cristina cancela un viaje de Estado a China porque teme que en su ausencia Cobos haga quién sabe qué cosa…

Todos quieren pagar la deuda

¿Cómo se entiende todo esto? El Fondo del Bicentenario es parte de la política general del gobierno de “desendeudarse”, que lo ha convertido en el gobierno más y mejor pagador de la deuda externa de las ultimas décadas y el más cínico e hipócrita. El “Fondo del Bicentenario de la Independencia”… remacha la dependencia con el capital financiero internacional y con el imperialismo. El objetivo confeso es cumplir con los acreedores (tenedores de bonos, los holdouts que quedaron afuera del primer canje, el Club de París) para poder volver a emitir deuda con tasas “normales”, no como las que se le pagaba a Chávez.

Al cerrar esos pagos con plata de las reservas, y no del Presupuesto, como estaba contemplado, el gobierno pretende evitar un súper-ajuste más duro que el actual y, además, le quedarían unos buenos millones en la caja fiscal para intentar una supervivencia política digna durante 2010 y continuar con su intervención en los mercados. Esto es, tener recursos para obras públicas, subsidios, intendentes, gobernadores y todo eso. Ése es el juego de los Kirchner.

El juego de la oposición de derecha es otro. No le causa ninguna gracia que los Kirchner “distorsionen los mercados” vía subsidios y encima tendrán plata con que hacer política, en vez de tener que ajustar a lo bruto y quemarse definitivamente. Por eso se quejan: quieren que el gobierno pague la deuda, pero con plata del Presupuesto, que como todo el mundo sabe no alcanza y por lo tanto debería hacer un ajuste fiscal clásico congelando y bajando salarios. Pero también, como le gusta decir al oposición reaccionaria, “sincerando la variables económicas”. Es decir, dejar de subsidiar el transporte, la luz, el gas, y un largo etc. y que no le sobre un centavo para hacer “populismo electoral”. Así, mientras los Kirchner se incineran, la oposición deshojaría tranquila la margarita de a quién le toca la sucesión, con las reservas del Central intactas para el que venga.

¿A qué juega Redrado? Simple: otra rata que abandona el zozobrante barco kirchnerista. Sus argumentos daban vergüenza ajena: si no tuvo problemas en girarle al Tesoro 10.000 millones de dólares en 2005 (cuando las reservas eran en total de 28.000 millones, y lo que quedaba apenas alcanzaba para respaldar el dinero circulante), menos debía tenerlos para remitir 6.500 sobre 48.000 millones. Pero al ponerse como “guardián del dinero de los argentinos” y “defensor de la autonomía de la autoridad monetaria”, sumaba puntos como futuro ministro de Economía del opositor que gane.

Como se ve, está a kilómetros de “preservar los fondos del Estado argentino”, “salvaguardar el funcionamiento de las instituciones” o “reafirmar la soberanía”, las paparruchas habituales de oficialistas y opositores para consumo de los medios y de la clase media bobalicona que les cree.

Pino se “planta” en el congreso

El “centroizquierda” volvió a cumplir un papel lastimoso. Al principio sus figurones defendieron por omisión a Redrado: el reflejo anti K para hacer política es más fuerte que todo. Luego coquetearon con la oposición por la convocatoria a extraordinarias, después se dieron cuenta de que no sería para discutir la “deuda ilegítima” sino la agenda de la oposición, y ahora están casi de laderos del gobierno. Jamás fueron consecuentes con su reclamo de “investigar la deuda ilegítima” (algo que en su momento defendía hasta Carrió…). Además, esa investigación no sólo ya se hizo, sino que hasta tiene un fallo judicial: en el año 2000, el juez Jorge Ballestero, hoy camarista, declaró que buena parte de la deuda externa es “ilegítima y fraudulenta”.

La propuesta –ahora– definitiva de “una comisión bicameral para que investigue” ya suena a chiste de mal gusto. Este parlamento es el que votó el uno a uno, es el que voto y aplaudió la mega devaluación del 2001/2002, es el que permitió pagarle 10.000 millones de dólares al FMI en el 2005 y también el que avaló el cambio de todos los bonos defaulteados. Pretender que este parlamento con tantos pro-hombres de los mercados investigue la deuda externa… es poner al zorro en el gallinero para que investigue quien se comió los huevos…

La deuda y la gobernabilidad

El debate entre gobierno y oposición de derecha es muy acotado. Los dos están de acuerdo en pagar la deuda, y sin cuestionar nada. Cristina lo dijo con todas las letras: cualquier medida con respecto a la ilegitimidad de la deuda debió haberla tomado algún gobierno anterior. Ahora es caso cerrado y hay “continuidad del Estado”: a pagar todo sin chistar. Curiosamente, una referente de la oposición, Margarita Stolbizer, le dio implícitamente la razón.

Lo que están discutiendo no es, por supuesto, si hay que pagar o no, sino cómo: el gobierno quiere hacerlo negociando de manera que le quede margen fiscal y político; la oposición quiere que los Kirchner hagan el trabajo sucio del ajuste sin comprometer las reservas que después les tocará administrar a ellos. Y si el ajuste es demasiado brutal y los Kirchner no llegan a octubre de 2011, siempre queda la carta de que asuma Cobos. Por eso, a pesar de que la continuidad de Cobos en la vicepresidencia es un vodevil digno de país bananero, la burguesía en su conjunto no se decide a exigirle que renuncie de una vez y arme su quiosco electoral fuera del gobierno. Macri y otros sí, ya están hartos de verlo en la misa y en la procesión a la vez, pero el establishment por ahora prefiere tener de fusible a ese falluto si el gobierno de Cristina se desbarranca demasiado rápido.

A esto se reduce, por el momento, el “esquema institucional” que proponen la mayoría de la burguesía y la oposición: si el kirchnerismo no hace el trabajo sucio del ajuste, chantajearlo en el Parlamento con no dejarlo gobernar; si la cosa pasa de castaño a oscuro, retroceder, o ir improvisando algún “plan B”…

En síntesis: ningún interés de los trabajadores está en juego en esta pelea entre los de arriba: solo se están “matando” para ver cómo pagar mejor la deuda, qué tipo de ajuste administrar y quién lo debe llevar a cabo. Esto es lo que la izquierda verdaderamente revolucionaria debería clarificar y no salir corriendo detrás de uno u otro sector patronal como vergonzosamente volvió a ocurrir en las últimas semanas.

No al pago de la deuda
Hay que poner en pie un polo de clase independiente de todo sector patronal

Si a los Kirchner les preocupara la “soberanía”, y a la oposición de derecha “el dinero de los argentinos”, al centroizquierda los “intereses populares” y a todos juntos el “futuro del país”, no tendrían más que dejar de pagar la deuda, apoyándose, en primer lugar en el fallo Ballesteros. Que no lo hagan demuestra que es todo Realpolitik, o sea, es todo especulación electoral de baja estofa, es todo demagogia, es todo defensa furiosa de la “continuidad” de la dependencia y de la propiedad privada, que es sagrada.

En esta pelea entre los que están de acuerdo en pagar la deuda, sólo la izquierda roja, incluido el nuevo MAS, propone la única salida viable para el interés general: el rechazo al pago de la totalidad de la deuda, sea con reservas o sea con plata del Presupuesto. Porque es ese dinero “de los argentinos” el que en vez de engordar a los acreedores, los grandes bancos que quebraron Wall Street y los gobiernos imperialistas que quemaron cientos de miles de millones de dólares en rescatarlos, junto con la “patria financiera” argentina, debería ir a cubrir las necesidades populares más urgentes: salarios, jubilaciones, salud, educación y obras públicas para dar infraestructura y trabajo. No más sumisión al imperialismo, y reparto clientelar a punteros y empresarios amigos.

Pero para dejar de pagar la deuda, no se necesita ninguna investigación parlamentaria sino un movimiento masivo de los trabajadores y el pueblo que apoyado en las luchas cotidianas de los mismos, imponga el no pago y la ruptura con el imperialismo.

Y se necesita algo más: también, y sobre todo, que la izquierda no sea “lamebotas” de ningún sector patronal, sino verdaderamente independiente: sólo fiel a los intereses de la clase obrera y la lucha por el socialismo.