Por nuevo movimiento obrero
clasista y revolucionario
Presentamos partes del informe nacional dado por el compañero Rodolfo Torres al V Congreso del nuevo MAS
(…)
Nosotros venimos analizando, ya hace un tiempo, que en la Argentina vivimos una coyuntura con elementos reaccionarios o una coyuntura reaccionaria. No nos podemos olvidar que todo el año pasado y buena parte de éste estuvo cruzado política y socialmente por la disputa entre dos sectores burgueses: por la disputa de los “sojeros” con el gobierno K. Tampoco nos podemos olvidar que las elecciones del 28 de junio mostraron un voto conservador, inclusive el ataque que da inicio al conflicto de
Kraft, tiene un claro sesgo reaccionario (…)
Hoy lo que presenciamos es que esa coyuntura reaccionaria se ha ido destiñendo. Empezó con la gran repercusión y simpatía que despertó
Kraft, pero siguió con la lucha del Subte que puso y colocó a la recomposición y a la lucha de vanguardia independiente en la agenda pública, es decir, como hecho político nacional.
Después de muchos años el cuestionamiento al gobierno vino por izquierda, se impuso una agenda política y social, la agenda de los trabajadores, con otro sujeto: la clase obrera, el proletariado industrial y los sectores más concentrados de los trabajadores. (…)
Tanto se destiñó la coyuntura que la lucha del Subte estuvo a punto de ganar y se podía ir a una coyuntura totalmente distinta (…)
Lo que queremos remarcar es que no está definida la tendencia definitiva, no está claro si la coyuntura va para acá o va para allá. Como cuestión más general hay que tener en cuenta, que actúa en esta coyuntura la relación de fuerzas más general que abrió el Argentinazo, sin desconocer que como tal se fue reabsorbiendo por varios mecanismos, pero esa misma reabsorción creó contradicciones (…)
La división de los de arriba
La profunda división en la burguesía es también la pelea por qué tipo de normalización se aplica en el país, porque no hay una sola normalización. Está a la vista la normalización al estilo
Biolcatti, al estilo más neoliberal puro y duro y una normalización más al estilo K, más engañosa, más con idas y vueltas, con más intervencionismo, el ejemplo de la vuelta a los mercados financieros, que sí, que no, pero van; el ejemplo de los
tarifazos, que sí, que no, pero termina aplicándolos.
Esta pelea interburguesa, obviamente, abre contradicciones, abre fisuras, grietas, el ejemplo más claro fue durante el conflicto de
Kraft, en realidad los medios quisieron pasarle la factura al gobierno, transmitiendo en vivo la represión, pero en la población tuvo el efecto contrario. La gente salió a repudiar la represión y a movilizarse contra ella.
Esas fisuras que se abren, abren potencialidades que hay explotarlas, por ejemplo las fisuras, en relación a la libertad sindical, “el modelo sindical”. La Corte Suprema de Justicia representa a un sector patronal, que va para otro lado que el sector patronal que defiende el kirchnerismo y que defiende a
Moyano, los fallos de la Corte Suprema hablan de esta división, estas fisuras, y estas grietas en las alturas, eventualmente pueden ser usadas por el movimiento de masas, porque el sector patronal que dice “libertad sindical” está diciendo: vamos por la atomización del movimiento obrero, la mejor manera de reventarla a la clase trabajadora es atomizarla social y
organizativamente.
La patronal, la Corte, cuando habla de “libertad” piensan en hacer sindicatos amarillos y cómo atomizar al movimiento obrero (…)
Esas fisuras pueden ser usadas, porque hay procesos vivos, y que no hay que ser sectarios porque por esas contradicciones los procesos se pueden expresar contradictoriamente.
Un gobierno en minoría
Los K comenzaron siendo un gobierno del 22%, después fue un gobierno mayoritario, ahora volvió a ser gobierno, no sé si del 22%, pero sí un gobierno minoritario. Minoritario en la burguesía (tanto económica como política) y también minoritario en la consideración popular. Esto plantea también desafíos y eventualidades porque en la coyuntura donde hay luchas obreras hay emergencia en la vanguardia, hay mucha división en las alturas, etc., puede estar planteado que en alguna vuelta de camino ocurran consecuencias no deseadas.(…)
Inclusive se ventilaron públicamente las diferencias entre la burguesía opositora, un sector con un tono abiertamente
destituyente, y otros –que es el que está primando– que no quiere alterar la continuidad institucional pero le marca la cancha en el Congreso, e intenta condicionarlo. Estas situaciones en nuestro país no terminaron bien para esos gobiernos, porque el régimen político es muy presidencialista y cuando la institución presidencial está cuestionada es probable que no lleguen al fin del mandato. No queremos decir que el gobierno va a caer, pero sí que hay muchas contradicciones. (…)
En relación a los problemas del régimen no podemos dejar de señalar –y es un claro elemento reaccionario– la reforma política, que fue votada y después vetada, casi se ha dejado de lado un plumazo y por decreto a la izquierda política, a la izquierda roja, fuera de la contienda electoral, se la quiere
invisibilizar.
La ley de reforma política tiene la intención de volver hacer fuerte el bipartidismo en el país, de recomponer el sistema político de forma reaccionaria.
Prepararse para un año de luchas
¿Cómo vemos el 2010? Por varios motivos prevemos un año de luchas, de luchas reivindicativas, porque las tensiones sociales y la puja distributiva se van a acrecentar.(…)
En los últimos meses se vio esta tendencia sobre todo en el sector público, los paros docentes en Capital y en Provincia de Buenos Aires, o los paros de la Salud en Tucumán y Río Negro. Esto está directamente relacionado con la crisis económica que le horadó una pata fundamental del plan económico al
kirchnerismo: el superávit fiscal. (…)
No sólo vemos lucha en estatales, sino también entre los trabajadores privados, y sobre todo del proletariado industrial. Hay dos antecedentes muy importantes de este año que pueden estar preanunciando conflictos. Fueron los acuerdos salariales en la UOM y en el
SMATA.
En la UOM después de más de 15 años se realizó una huelga, y se consiguió el 22% de aumento en cuotas, pero el balance de la base era que “daba para más”, la burocracia levantó con el 22%, pero la gente quería bastante más que eso, y como el salario real se deterioró por la inflación y los aumentos en cuotas no alcanzaron para nada, es previsible que veamos fuertes luchas.
En el SMATA hubo una resistencia pasiva al acuerdo que firmó la burocracia, en realidad los compañeros opinan que la burocracia perdió las asambleas en las grandes fábricas, por lo menos en
Ford, Wolkswagen, y seguro en General Motors; no así en la
Toyota, los compañeros decían que la burocracia decía: “gané, gané”, pero habían perdido, como no hay desborde, pasó, pero había mucho descontento.
También en el Neumático y en la Alimentación es muy probable que se vaya a conflictos por salario, etc.
En todo este contexto de divisiones burguesas, de inestabilidad política, de inestabilidad económica, macroeconómica, de una crisis mundial larvada pero presente, si empieza a tallar la clase obrera, podemos tener un año bastante movido y en ese sentido no está descartado ningún desarrollo de la crisis, que el gobierno termine en una crisis fuerte. Para esto, para intervenir en los procesos de lucha es que el partido tiene que estar preparado y armado.
El proceso de la recomposición abre una posibilidad histórica
Lo primero que hay que decir es que hay un proceso recontra profundo de recomposición y que está planteado un cambio de dimensiones históricas.
Muy de vez en cuando se plantea la posibilidad de “barajar y dar de nuevo”, no es algo que pase todo los días. Para decirlo de otra manera: la clase obrera argentina tiene un ADN, que viene de fines de la década del 20 del siglo pasado, que terminó de cristalizar con el peronismo. Este ADN tiene algunas características: una clase obrera muy luchadora, muy determinada por el reformismo peronista, un movimiento obrero muy ligado al Estado, etc. Esa configuración histórica está en cuestión y está abierta la pelea por otro movimiento obrero, es decir, la recomposición de la clase obrera. Para nosotros, es una pelea estratégica por un nuevo movimiento obrero fundado en la independencia política, en el clasismo y revolucionario, eso es lo que discutimos cuando discutimos recomposición. Discutimos una estrategia, no es que el proceso objetivo de recomposición por sí solo va sobre unos rieles que van al clasismo. No, la recomposición es un proceso abierto que puede ir en un sentido o en otro.
Nosotros actuamos en la recomposición con el norte estratégico de pelear por un nuevo movimiento obrero y el rol del partido y el rol de los revolucionarios es cualitativo, y puede ser cualitativo (…)
La nueva generación obrera
Lo más objetivo de la recomposición es la nueva generación obrera. Ésta no tiene nada que ver con la vieja clase obrera, no vivió en un Estado benefactor, no conoce lo que es repartir la renta nacional 50 y 50, no conoce lo que es el pleno empleo, no conoce lo que son las vacaciones, no conoce lo que es efectividad laboral, es decir, tener muchos años el mismo trabajo. La clase obrera va, viene, entra, sale, la fragmentación laboral que hay ahora, hace 20 años no existía, y también, esa nueva clase obrera tiene determinaciones políticas que son totalmente nuevas, la nueva generación obrera no conoció lo que era la Guerra Fría, tenía otras coordenadas políticas, el mundo bipolar no lo conoció, algunos nacieron después de la caída del Muro. No conocieron el aparato stalinista en su plenitud, no conocieron la fortaleza de la burocracia en su plenitud. Lo más objetivo de la recomposición es la nueva generación obrera que no tiene identidad política, no se identifica en el peronismo y en nada por el estilo, es decir, en ese sentido es virgen, después hay un montón de confusiones. (…)
¿Hay recomposición o no?
Todo el debate de si hay recomposición o no, es un debate de estrategias. Cuando la CTA dice que no hay recomposición, lo que está diciendo, en realidad, es otra cosa, mi estrategia no es un nuevo movimiento obrero clasista, de independencia de clase y revolucionario. Está diciendo: mi estrategia es reformista, de conciliación de clases, es ser el recambio a la CGT. (…)
La CTA descalifica la recomposición, la degrada, según ellos es una vanguardia más, una de tantas, hace esto porque políticamente son enemigos de la recomposición, son enemigos de que el movimiento obrero se saque de encima a la burocracia sindical, sea del color que sea.
Aclarado esto y aclarado que de alguna manera, la razón de ser de un partido es involucrarse y ayudar y colaborar con la recomposición, y que esta recomposición termine de ir en un sentido clasista, de independencia de clase y revolucionario, están los debates más específicos, por ejemplo el debate sobre el modelo sindical.(…)
La forma no importa, importa el contenido, es decir, no hay para nosotros un modelo puro, el movimiento obrero debe tener tal o cual forma (sindicatos rojos, centrales rojas, CGT,
CTA, etc). Lo que nosotros defendemos es un contenido que se puede manifestar de mil formas diferentes. El contenido es la lucha y la autodeterminación de los trabajadores, eso es lo determinante para nosotros. Si este contenido de lucha, de autodeterminación, se expresa en la CTA estaremos ahí; si se da por fuera estaremos ahí. Estaremos en los procesos genuinos de la clase obrera, en los procesos genuinos de lucha y de autodeterminación de los trabajadores, sean de la forma que sean.
Pero una cosa muy distinta es llevar experiencias independientes como la del Subte o de Zanón al seno de la CTA. No hay ninguna justificación objetiva, ningún proceso objetivo, eso es puro oportunismo. Ahora supongamos que hay un proceso objetivo de afiliación masiva de trabajadores desorganizados del gremio metalúrgico y se afilian a la
CTA, si no nos afiliamos, sino participamos de ese proceso sos una secta irrecuperable. Aclaro, remarco, subrayo, que no está descartado nada de esto, es una posibilidad y tenemos que estar preparados para esa posibilidad, y estar preparados no por la forma sino por los contenidos.
Contra el economicismo reformista
En la vanguardia la pelea por la recomposición es una pelea durísima, es decir, la pelea hacia dónde orientar el proceso (…). En los últimos días en relación al acta que firmó el Subte se dio todo un debate con una corriente que podríamos llamarla sindicalista. Que centra su accionar en conseguir reivindicaciones económicas, y efectivamente, el Subte consiguió algo, el problema es lo que se dejó de conseguir. (…)
Es un mecanismo muy perverso que tiene la burguesía y en el que es muy fácil caer, te cambia conquistas económicas por triunfos políticos. El gobierno le concedió a los trabajadores del Subte muchas conquistas económicas pero le negó el triunfo político: la inscripción. La inscripción iba al corazón del movimiento sindical, iba al corazón de la burocracia, iba al corazón de la posibilidad de organizar a miles de miles. La inscripción planteaba que la recomposición diese un salto, un salto político, un salto organizativo, es decir, que deje de ser de vanguardia para pasar a ser experiencia de masas, en sectores muchos más amplios, toda la UTA, los colectiveros, etc., etc. (…)
Aparte de sindicalista es profundamente corporativa, porque consiguen cosas para ellos y lo que consiguieron no fue producto de ellos, fue producto del conjunto de la situación política y la simpatía que habían despertado en el conjunto de los trabajadores. El corporativismo es otra gran trampa, nosotros tenemos que estar preparados para combatir ese corporativismo. (…)
La frutilla del postre de toda esta concepción oportunista, es la ubicación con respecto a la CTA.
¿Cuál es el argumento? Hay que saber aprovechar las divisiones en las alturas, hay que saber aprovechar las grietas, las fisuras. ¿Quién va a estar en contra de aprovechar las contradicciones del enemigo? Nadie.
El problema es cómo se utilizan esas divisiones. Ellos las utilizan de una manera muy sencilla, recostándose en la burocracia, menos desprestigiada pero que es tan burocracia como la otra. Todo su accionar político va, quieran o no, hacia eso, porque toda concepción sindicalista, corporativista y reformista termina en eso, comparten una visión posibilista de las cosas, no revolucionaria, una visión reformista de la realidad. Es un competidor importante pero no es el único, hay varios más competidores en la recomposición y por la estrategia de un nuevo movimiento obrero clasista. (…)