Socialismo o Barbarie, periódico Nº 147, 19/03/09
 

 

 

 

 

 

A 33 años del golpe militar (IIª Parte)

De las elecciones nacionales del 73 al
golpe militar del 76

Por Oscar Alba

El llamado a elecciones por el gobierno militar abrió grandes expectativas en el movimiento de masas e incorporó un importante debate en el seno de las organizaciones de la izquierda revolucionarias, incluidas las organizaciones armadas. Las organizaciones guerrilleras peronistas plantearán la necesidad del apoyo al peronismo bajo la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder” ya que una cláusula proscribía la presentación del general Perón como candidato. Pero en la izquierda habrá distintas posturas.

Frente al anuncio de la apertura política estaban aquéllos que llamaban a no participar de las elecciones bajo la consigna ultraizaquierdista “Ni golpe ni elección: insurrección”. El ERP tuvo una posición oscilante, ya que si bien en un principio planteó una opción obrera independiente, finalmente no la impulsó a fondo. Como decía un militante perretista de aquella época: “Es decir que el PRT, llega al 11de marzo de 1973 sin línea, por más que había un enunciado, pero de nada sirve tener un enunciado, justamente nosotros criticábamos al resto de la izquierda de tener enunciados que no podían llevar a la política y nosotros nos quedamos sin línea (...) Es decir lo que había que tener era una línea de intervención en las elecciones, que no llegamos a tener” (1). Unos meses antes de las elecciones sufrirá la ruptura de un sector que propone votar al FREJULI.

La posibilidad de que el peronismo vuelva al gobierno conducido por su líder histórico va a tener distintas interpretaciones políticas: los sectores juveniles embanderados con la organización político-militar Montoneros, “la orga”; verán el inicio de un proceso de liberación nacional camino hacia el socialismo nacional de la mano del general Perón y los sectores de la burocracia sindical peronista, por su parte, verán un apoyo decisivo para frenar el surgimiento de una dirección combativa y clasista en el movimiento obrero, capaz de poner en peligro sus sillones y privilegios. En suma, a la sombra de Perón se van a desarrollar dos proyectos opuestos que chocarán cada vez con más violencia en la arena de la lucha de clases.

La propuesta montonera significaba impulsar un proceso nacionalista burgués que incluía a sectores de la llamada ”burguesía nacional” como aliados en la lucha contra la dependencia imperialista de nuestro país. Cotidianamente en las fábricas y otros sectores de trabajo la Juventud Trabajadora Peronista (2) va a agitar este programa político que ataba los intereses obreros al carro de las ganancias capitalistas.

Por su parte, la izquierda no peronista, en su mayoría coincidía con Montoneros en que el camino hacia el socialismo debía ser por etapas. Lo cual también dejaba a la clase trabajadora en un callejón sin salida. Tanto los maoístas del Partido Comunista Revolucionario que se llenaban la boca hablando de “insurrección”, como los reformistas del Partido Comunista, que siempre andaban buscando un “militar patriota”, levantaban este planteo. De ahí que la pelea central era por una estrategia revolucionaria que se asentara en la movilización obrera independiente que impusiera la transición al socialismo. En este sentido, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) planteó la necesidad de formar un polo obrero y socialista, independiente de patrones y burócratas para intervenir en las elecciones. A tal fin abrió sus listas a los luchadores obreros y puso su legalidad al servicio de esta política, pero el resto de a izquierda desestimó este llamado.

Entre el 21 y 27 de junio del 72 un estallido político social conmueve nuevamente al país. En la provincia de Tucumán, a partir de un conflicto estudiantil se produce un enfrentamiento entre sectores populares y la policía. El 24 de junio es asesinado Víctor Villalba, estudiante salteño de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de Tucumán. El Tucumanazo alimenta así la cantera de activistas estudiantiles y populares que surge en todo el país.  En noviembre de ese año, Juan D. Perón regresa a la Argentina después de 18 años de exilio y pone en marcha el Frente Cívico de Liberación Nacional que será la base del Frente Justicialista de Liberación. El FREJULI será entonces la expresión electoral para las elecciones nacionales de 1973.

Elecciones y movilización

El 11 de marzo del 73 la fórmula Cámpora-Solano Lima triunfará ampliamente en los comicios nacionales abriendo una nueva situación política en el país. La concurrencia masiva a las urnas demostró que era fundamental aprovechar la apertura legal para propagandizar la necesidad de la movilización obrera y el socialismo, a partir de la denuncia del régimen democrático burgués y la trampa electoral. Con peronismo en el gobierno, las movilizaciones continuaron. La primera gran movilización fue el mismo día de la asunción del nuevo gobierno, el 25 de mayo y que se conoció como “el Devotazo”: miles de manifestantes junto a organizaciones políticas rodearon la cárcel de Devoto exigiendo la libertad de los presos políticos, lo que se consiguió durante el transcurso de esa noche.

El 20 de junio Perón regresa definitivamente al país. Una multitud se organizó para recibirlo en las inmediaciones de Puente 12 en cercanías del aeropuerto de Ezeiza. Pero la burocracia sindical y la derecha peronista van a disparar sobre las columnas de Montoneros que eran ampliamente mayoritarias y provocarán lo que se conoció como la masacre de Ezeiza. Ese mismo día Perón habla por cadena de radio y televisión y sus palabras avalan el ataque a los sectores populares en Ezeiza abriendo un nuevo capítulo reaccionario en la historia del peronismo. Cámpora sólo ocupará el sillón presidencial durante 49 días y será obligado a renunciar junto a Solano Lima poniéndose en marcha el mecanismo para llevar a Perón nuevamente a la Casa Rosada.

La lucha de clases continuaba candente y los conflictos obreros seguirán a la orden del día, aunque ya no apuntarán directamente al gobierno sino al problema salarial y las condiciones de trabajo. Mientras Raúl Lastiri, presidente interino de la Nación, llama a nuevas elecciones. El 25 de setiembre la fórmula Juan D. Perón-Isabel Perón ganará la Presidencia. Perón pone en marcha el llamado Pacto Social que significa el congelamiento de los salarios por dos años y la suspensión de las convenciones colectivas de trabajo. Para esto se vale de la represión a los conflictos y pone en marcha la siniestra Triple A, destinada a eliminar físicamente a los activistas y dirigentes combativos obreros y populares. La guerrilla, tanto peronista como el ERP, con sus acciones no logran más que alejar al movimiento de masas de la construcción de una organización obrera revolucionaria y sirven de excusa al gobierno para atacar a la vanguardia que desde las fábricas, oficinas, escuelas y universidades estaban luchando contra el Pacto Social. Se intervienen sindicatos combativos y la derecha ocupa puestos claves en el gobierno nacional y en las provincias como en Córdoba, donde un golpe policial derriba al gobernador Obregón Cano y su vice, Atilio López. El 1º de mayo el General Perón, desde los balcones de la Casa de Gobierno echa de la Plaza de Mayo a los Montoneros acusándolos de “imberbes” y de “infiltrados” y respalda a los burócratas de la CGT y los sindicatos.

Coordinadoras fabriles y golpe

El 1º de julio de 1974 muere Perón y asume su esposa Isabel quien junto al Ministro de Bienestar Social, José López Rega, va a profundizar el rumbo fascista del gobierno.

En marzo de 1975 se reabren las paritarias obrero-patronales y hay un repunte fundamental en las luchas. Este proceso y la crisis económica llevarán a que en junio del 75, el ministro Celestino Rodrigo anule los buenos convenios logrados por los trabajadores. Se inicia así el “Rodrigazo”, una movilización obrera en defensa de las convenciones colectivas de trabajo, que culminará en una huelga general que hará retroceder al gobierno de Isabel. Durante esta movilización surgen las Coordinadoras Fabriles que organizaban a fábricas de una misma zona y eran independientes de la burocracia sindical peronista. Estas coordinadoras fueron las que impulsaron el paro y la movilización que finalmente decretará la CGT. El ministro López Rega tendrá que salir del país y los sectores burgueses y el imperialismo, con la complicidad de la burocracia sindical comienzan a ver que el peronismo ya no les sirve para contener al ascenso obrero y la inestabilidad política y económica del país y pondrán en marcha la alternativa del golpe militar. Un nuevo intento de liquidar los convenios del nuevo ministro de Economía, Emilio Mondelli, en marzo de 1976 va a ser derrotado por los trabajadores, jugando nuevamente las coordinadoras, un papel de dirección fundamental en las fábricas más importantes y terminará de afirmar la convicción de los capitalistas de la necesidad de una nueva dictadura.


Notas:

(1) Citado por Pablo Pozzi en "El PRT-ERP y la cuestión de la democracia”.

(2) Montoneros tenía los llamados frentes de masas que se nucleaban en distintas organizaciones. Estaban la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), Juventud Universitaria Peronista (JUP), Unión Estudiantes Secundarios (UES) y Movimiento Villero Peronista (MVP)