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Frente
a la seguidilla de paquetes multimillonarios de los
gobiernos de Obama, UE, Japón y China
¿Salvar al
capitalismo desde el estado?
Por Juan José Funes
“La
dinámica de la crisis se mueve tan rápido que ahora la
discusión se está desplazando. Si los analistas dan por
descontado que se trata de la crisis más profunda desde la
posguerra, ahora se interrogan espantados si no se estará
frente a la Segunda Gran Depresión de la economía
capitalista contemporánea” (Roberto Sáenz, “Frente al
espectro de la Gran Depresión).
Esto es lo que está ocurriendo. La dinámica de la
crisis es infernal:
hace cuatro meses se discutía si la gráfica de la misma
sería en forma de V (recuperación
en el segundo semestre del 2009) o en forma de U
(recuperación a fines del 2010) ¡Qué lejos han
quedado todos esos pronósticos! Hoy la realidad es
que ningún economista burgués serio sabe donde esta
parado, le da pavor
hablar sobre la profundidad de la crisis. El FMI
(conservador en sus pronósticos) cada mes corrige a la baja
sus estimaciones de crecimiento global. Hace un mes eran de
0.5 ahora de 0.00% para el año en curso ¿cuánto será el
próximo mes? Hasta el mismo Obama ha declarado que es “la
peor crisis desde la Gran Depresión”. También declaró
-al firmar el enésimo paquete de salvataje- “este acto es
el comienzo del fin de la crisis”. ¿En que quedamos? La
realidad es que los datos de la economía mundial encienden
cada día nuevas señales de alarma y que a
pesar de multimillonarios paquetes no hay medida que alcance
para parar la dinámica depresiva de la economía mundial.
La señal de alarma
pega ahora en Europa oriental
En
este contexto, se está –cómo ya se ha señalado desde
estas páginas- en la
tercera fase de la crisis que comenzó en agosto del
2007: “Los efectos de la crisis financiera y de la recesión
son ya indiscernibles. Las empresas afrontan restricciones de crédito a
corto plazo (problemas de tesorería) y a largo plazo
(limitaciones en el financiamiento de las inversiones) y
también en la baja de los pedidos, en proporciones
diferentes según los sectores. El de la construcción y él
del automovilismo son los primeros afectados, y el fenómeno
no abarca sólo a las pequeñas y medianas empresas” (1).
La
propia caída en la economía real está empujando a la vez
a la bancarrota a las empresas y a los bancos. Se trata de
una realimentación
de la crisis financiera y real, un verdadero
círculo vicioso. Una manifestación de esto es que Wall
Sreet ha bajado desde el 2007 a la fecha la friolera del
casi 60% acercándose muy peligrosamente a lo que bajó en
los años 30 (un hasta ese momento histórico 75%). En ese
contexto, los bancos “reptan” no se arrastran: la
cotización bursátil del Bank of America estaba en agosto
del 2007 en 50 dólares hoy vale 4,28 y cada día que pasa
cae más. El Citigroup otro tanto: dos años atrás estaba
en 33 dólares, hoy vale 3,1. ¡Tendrían que aumentar el
1.000% para recuperar sus valores! Son bancos zombis:
parecen bancos, sus edificios tienen forma de banco, pero no
funcionan como bancos: no reciben depósitos ni dan crédito. Y ahora se ha agregado otra
bomba de tiempo: más allá de que Irlanda, el “paradigma
chino” de Europa Occidental (crecía a tasas del 10%) está
al borde del default, ha estallado la alarma por los países
de Europa oriental: Polonia, Rumania, Hungría, Bulgaria,
República Checa, los países Bálticos, Bielorrusia y
Ucrania, todos ellos (con un más o con un menos) podrían
quedar al borde de la cesación de pagos ante la dramática
devaluación de sus monedas contra el euro, moneda contra la
cual están endeudados. Esto está poniendo en dramáticos
aprietos a sus bancos prestamistas (la banca alemana,
austriaca y suiza) que podría quebrar detrás de ellos.
La verdadera historia
del keynesianismo
Éramos
todos neoliberales ahora, en medio de la crisis, somos todos
“regulacionistas”. Sarkozy declara pomposamente: “se
cometieron demasiados excesos, hay que refundar el
capitalismo”. Dominique Strauss-Kahn, presidente del FMI,
declara: “hay que revisar el sistema económico
mundial”, subraya “el fracaso del pensamiento
ultraliberal” y apuesta por “un mercado financiero mejor
regulado”, aunque remarca que no se trata de decir que es
“el fin del capitalismo” agregando que “el sistema
bancario tiene que funcionar con una cierta ética
social”(2). Dos días antes había declarado: “hay que
poner fin a la distribución de dividendos”, “dinamitar
los paraísos fiscales”, “despedir y en algunos casos
encarcelar a los ejecutivos de las instituciones financieras
que han provocado la crisis”(3).
Todas
estas declaraciones nos meten de lleno en el terreno de
preguntarnos: ¿se puede autorregular el capitalismo? ¿Se
puede regular el mercado financiero? ¿Vuelve Obama el
estado de bienestar? ¿Hay posibilidades de un nuevo
compromiso keynesiano?
Hay
un mito que se agiganta con la profundización de la crisis:
habría un capitalismo “bueno”, “productivo” (cuya
base serían las políticas keynesianas) y otro “malo”,
especulativo, parasitario: el capitalismo financiero. Lo
primero que hay que decir es que sin finanzas no hay
capitalismo posible. Sin crédito hay interrupción del
proceso de producción y del proceso de realización de los valores creados por los trabajadores: “Normalmente los
bancos desempeñan un papel
de intermediario; en pocas palabras, transforman
recursos a corto plazo en créditos a largo plazo. Pero
su papel ha sufrido una profunda modificación y se han
convertido en intervinientes activos en mercados financieros
cada vez más especulativos. Lo que quedaba de reglamentación
se modificó mediante la utilización de técnicas
sofisticadas y difícilmente controlables”(4). Y se
agrega: “normalmente el mercado accionario tiene que ser
fuente de capitales del sector productivo. En 1960 la relación
entre capital productivo y capital ficticio en acciones era
1:1. En 2003 era 1:3, solamente se volcaban a la producción
el 5% del capital accionario que se movía en Wall Street”
(5).
La
pregunta que nos hacíamos comienza a contestarse. Keynes,
como buen capitalista, nunca estuvo en contra de las
finanzas, sino de los rentistas que se apoderaban del sector
financiero poniendo bajo su mando a toda la economía en pos
de optimizar sus ganancias a través de realizar punciones
cada vez mas grandes a la riqueza creada por los
trabajadores en la economía real (mediante el mecanismo de
los dividendos). Para ello estableció toda una serie de
mecanismos estrictos, de control
estatal de las finanzas, que para explicarlas merecerían
un trabajo aparte. Esta visión macroeconómica es uno de
los aspectos del New Deal que comenzó a implementar
Roosvelt durante la década de la Gran Depresión de los 30.
De paso derribamos otro gran mito: no alcanzó para superar
la depresión. Solo con la 2da Guerra Mundial se entra de
lleno en lo que ha dado en llamarse “Los 30 años
gloriosos”, los años del Estado de bienestar. A este
respecto dice Roberto Sáenz en su artículo “El retorno
del viejo fantasma” refiriéndose a la Revolución Rusa:
“Esta revolución, de profundo impacto mundial y que había
expropiado a los capitalistas en el enorme país euroasiático,
sumado a la gran depresión de los años 30, significó él
cuestionamiento más profundo sufrido por el sistema
capitalista internacional en toda su historia. Parecía
haber sonado la hora de la crisis definitiva del capitalismo
y de su relevo por otro sistema social. La guerra misma
marca el final de la gran depresión luego de 12 largos años.
La enorme destrucción de capital (¡y de personas!), más
la reconstrucción de Europa occidental en la posguerra, fueron
las condiciones materiales que dieron lugar a un período en
el crecimiento capitalista pareció batir récord tras récord”(6).
También
hay que mencionar -como base material de esta situación- el
cambio tecnológico que había aparecido en la década del
20 y floreció en todo su esplendor en la posguerra; lo que
se ha dado en llamar el fordismo (un sistema que aumentaba
la productividad del trabajo y la producción en gran escala
de automóviles y bienes durables de todo tipo). La tasa de
ganancia se recuperó y la tasa de acumulación la acompaño
como su sombra. El mercado interno fue la prioridad. El índice
Dow Jones recién recuperó sus valores de la década de
1920 en 1956. Todo este escenario tuvo su costo para el
orden del capital: concesiones
a amplios sectores de las masas a nivel mundial,
fundamentalmente en los países desarrollados.
Lo
demás es historia conocida: el neoliberalismo desmontó el
“Estado benefactor”. Hoy el orden neoliberal vive su
peor crisis, cada vez se deslegitima más frente a las masas
¿Se podrá desandar el camino mundial de los últimos 30 años
para volver a alcanzar -aunque sea en parte- esa “época
dorada” que tanto anhelan las masas y que tanto agita en
sus conciencias Obama cuando habla del “sueño
americano”?
¿Keynesianismo o
neoliberalismo light?
“El
problema es que los dirigentes capitalistas no tienen ningún
deseo de tomar medidas reales,
o sólo desean hacerlo de manera parcial y provisional. La
razón de fondo es que las finanzas están inextricablemente
ligadas al capitalismo “productivo” y que no es posible
distinguir el capitalismo empresarial y el capitalismo
financiero como trató de hacer Sarkozy en su discurso de
Toulon. Las ganancias de unos y otros tienen una base común que es el aumento
tendencial del índice de explotación”(8).
Precisamente, volver al susodicho “sueño americano”
implicaría aumentos
generales reales de salario , dar pasos concretos en
reconstruir el edificio de la seguridad social, producir
para el mercado interno (con todo el proteccionismo que esto
conllevaría). O sea, recentralizar empresas que hoy se hallan situadas en las más
diversas regiones (China y demás países emergentes). Es
decir, derrumbar el
pilar fundamental del maltrecho edificio de la mundialización:
el planeta como campo de valorización único sin trabas de
ningún tipo. De tomarse estas medidas no harían otra
cosa que bajar la
tasa de ganancia (sangre y
razón de ser del sistema capitalista). Todas las tímidas
medidas que ha tomado Obama es sólo “gatopardismo
imperial”. Pruebas al canto. Cuando se conoció el equipo
económico (Geithner, Summers, Volker) un periodista
agudamente le hizo notar que estos economistas eran los
“artífices de la desregulación neoliberal”. Obama
contestó que eso era secundario y que “el cambio lo
encarnaba él”... Ha pasado un mes y medio del inicio de
su gestión y que tenemos: ha aprobado directamente -o
indirectamente- ingentes recursos de salvataje a los bancos
que se han esfumado y que sólo han servido a estos para
tapar sus cuantiosas pérdidas; tiene todo servido y no ha
tomado ninguna medida para reglamentar su operatoria (¡la
desregulación bancaria es producto de su asesor Summers
Secretario del Tesoro en el gobierno de Bill Clinton!). Ni
hablar de hacer despedir o encarcelar a los culpables de
innumerables tropelías financieras.
Geithner,
autor del plan de 2 billones de dólares para limpiar de
activos tóxicos al sector financiero ha
declarado: “Tenemos un sistema financiero
controlado por accionistas privados y administrado por
instituciones privadas y nos gustaría hacer todo lo posible
para preservarlo”.
Y agregó junto a Summers “los gobiernos son malos
gerentes bancarios”(9).
Mayor
confesión imposible. Hablan claro los muchachos.
“Nacionalizarán” si no tiene más remedio (pero para
salvar a los capitalistas, no para liquidarlos). El plan
consiste en crear una institución mixta donde el dinero lo
pondría el Estado para rescatar los activos tóxicos. El
problema radica en como
tasar estos activos si al precio de mercado (que está
por el piso) o al precio de los asientos contables de las
entidades financieras (que es totalmente irreal y sería la
estafa del siglo). Es como dijo Paul Krugman: “un
ejercicio clásico de ‘socialismo amargo’; los
contribuyentes pagan la factura si las cosas salen mal, pero
los accionistas y los ejecutivos reciben los beneficios si
las cosas salen bien”. Y ya que hablamos del problema de
las hipotecas, Obama lanzó un plan para los deudores pero sólo
para los que están al día en sus pagos. O sea para
garantizar que los bancos sigan cobrando. Geithner encabeza
una comisión que está discutiendo la reestructuración de
la industria automotriz: “habrá ayuda económica para los
que reestructuren su negocio” (reestructurar significa
cerrar plantas y despedir masivamente personal) ¡Keynesianismo
puro y duro no! ¡Neoliberalismo
Light, por lo menos en la medida en que no comience un gran
ascenso de masas!
Como
decía un viejo escritor: “decir lo que no se va a hacer y
hacer lo que no se va a decir”. La situación es
totalmente distinta a la de posguerra, no hay cambio tecnológico
a la vista (la informática ya dio todo lo que tenía que
dar en cuanto a la productividad del trabajo), no existe él
escenario político de posguerra. Pero atento estamos
inmersos en la mayor crisis sistémica desde la gran depresión,
a que él imperialismo yankee sufre una crisis de hegemonía
y esta metido en dos guerras (Obama acaba de enviar15.000
soldados a Afganistán), está el hecho de que el movimiento
de masas mundial recién está entrando en escena, y de
hacerlo realmente masivamente podría
dar vuelta toda la situación mundial y todos los planes.
La
crisis es un proceso que recién comienza y puede tener
vuelcos inesperados. La combinación de los factores
objetivos y subjetivos pueden
obligar a los distintos imperialismos a tomar acciones que
hoy no tienen previstas y hasta dar concesiones a las masas,
cosa que todavía no han hecho. La eterna ley de soltar
algo para no perderlo todo. Esta situación totalmente
posible abriría un período de intensificación de la lucha
de clases, un período de alta inestabilidad política y social de imprevisibles
resultados para la suerte del capitalismo.
Economía y política
Como
decía Trotsky “el equilibrio capitalista es un fenómeno
complicado; él régimen capitalista construye ese
equilibrio, lo rompe, lo reconstruye y lo rompe otra vez”.
Hoy ha roto el equilibrio, ¿como lo reconstruirá? En el
caso de E.E.U.U, sus dos déficits gemelos (fiscal y
comercial) se han vuelto insostenibles. En cuanto al déficit
fiscal, Obama se ha propuesto reducirlo
en su primer mandato de 1.3billones a la mitad. Ardua
tarea si tenemos en cuenta la friolera de billones de dólares
en planes de salvataje que esta lanzando al mercado. Sólo
le queda un camino si quiere cumplir su plan: un terrible ajuste a las masas norteamericanas.
En el caso del déficit
comercial tendría que exportar más de lo que importa. Para
lograr eso tendría que 1) devaluar el dólar (hoy paradójicamente
fortalecido frente a todas las monedas, cosa que dificulta
un aumento considerable de sus exportaciones); 2) aumentar
la tasa de explotación de sus trabajadores (vía aumento de
la productividad, rebaja del salario real o seguramente una
combinación de ambos factores).
Pero esto agudizaría la
crisis que tiene otro de los pilares de la mundialización,
China como productor de primera instancia parta E.E.U.U,
consumidor de última instancia. Este esquema se mantenía
con el endeudamiento vía crédito de los hogares
norteamericanos. Esto se cortó producto de la crisis. No
hay crédito, tal es así que después de una década él
ahorro en U.S.A subió 2.6%. Este cuadro de situación está
colocando ya a China en falsa escuadra: de país orientado a
la exportación a país productor principalmente para su
mercado interno. China
es uno de los países sobre la tierra con más desigualdades
sociales. Este cambio de orientación es muy traumático: ¿cómo
consumir en gran escala con salarios de 100 o a lo sumo 200
dólares de sus trabajadores y con el aumento galopante de
la desocupación por la gran cantidad de de fábricas
cerradas en lo que va de la crisis? También se verían
afectados Japón y la U.E.
Veamos
que decía Marx frente a un cuadro de situación de este
tipo respecto de los capitalistas: “Cuando ya no se trata
de dividir ganancias sino de dividir pérdidas, cada cual
trata de reducir en lo posible su participación en las
mismas y de endosársela a los demás. Pero la cantidad que
de ella ha de corresponderle a cada cual, en que medida ha
de participar en ella, se torna cuestión
de poder y astucia, y la competencia se convierte a partir
de ahí en una lucha entre hermanos enemigos. Se hace
sentir entonces el antagonismo entre el interés de cada
capitalista individual y el de la clase de los capitalistas,
del mismo modo que antes se imponía prácticamente la
identidad de estos intereses a través de la
competencia”(9).
Y
Trotsky agregaba hablando de la restauración del
equilibrio capitalista: “si el partido
revolucionario no crece; sí el proletariado no adquiere
experiencia; si el proletariado no resiste en una forma
revolucionaria más audaz e irreconciliable; si no se
consigue pasar en la primera oportunidad favorable de la
defensiva a la ofensiva; entonces la mecánica del
desarrollo capitalista, con el complemento del estado burgués,
sin duda lograría cumplir su trabajo a largo plazo. Países
enteros serán arrojados violentamente a la barbarie económica;
decenas de millones de seres humanos perecerían de hambre,
con desesperación en sus corazones, y sobre sus huesos
seria restaurado algún nuevo tipo de equilibrio del mundo
capitalista. Pero tal perspectiva es pura abstracción. En
el camino especulativo hacia este equilibrio capitalista,
hay muchos obstáculos gigantescos: el caos del mercado
mundial, el desbaratamiento de los sistemas monetarios, el
dominio del militarismo, la amenaza de guerra, la falta de
confianza en el futuro. Las fuerzas elementales del
capitalismo están buscando vías de escape entre pilas de
obstáculos. Pero estas mismas fuerzas elementales fustigan a la clase trabajadora y
la impulsan hacia delante. El desarrollo de la clase
trabajadora no cesa, incluso cuando esta retrocede. Porque,
mientras pierde posiciones, acumula experiencia y consolida
su partido. Marcha hacia adelante. La clase trabajadora es
una de las condiciones del desarrollo social, uno de los
factores de este desarrollo y por sobre todas las cosas, su
factor más importante, porque
personifica el futuro” (10).
(1)Michel
Husson “Lo que está en juego en la crisis”
(2)
El País 18/02/09
(3)El
País 16/02/09
(4)Michel
Husson
(5)G.Dumenil
“Crisis y salida del Neoliberalismo”
(6)SoB
No22 pag 19
(7)Michel
Husson
(8)El
País 08/02/09
(9)C.Marx
El Capital TIII pag 325
(10)L.Trotsky
Flujos y reflujos 1921
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