Socialismo o Barbarie, periódico Nº 146, 05/03/09
 

 

 

 

 

 

Frente a la seguidilla de paquetes multimillonarios de los gobiernos de Obama, UE, Japón y China

¿Salvar al capitalismo desde el estado?

Por Juan José Funes

“La dinámica de la crisis se mueve tan rápido que ahora la discusión se está desplazando. Si los analistas dan por descontado que se trata de la crisis más profunda desde la posguerra, ahora se interrogan espantados si no se estará frente a la Segunda Gran Depresión de la economía capitalista contemporánea” (Roberto Sáenz, “Frente al espectro de la Gran Depresión). Esto es lo que está ocurriendo. La dinámica de la crisis es infernal: hace cuatro meses se discutía si la gráfica de la misma sería en forma de V (recuperación  en el segundo semestre del 2009) o en forma de U (recuperación a fines del 2010) ¡Qué lejos han  quedado todos esos pronósticos! Hoy la realidad es que ningún economista burgués serio sabe donde esta parado, le da pavor hablar sobre la profundidad de la crisis. El FMI (conservador en sus pronósticos) cada mes corrige a la baja sus estimaciones de crecimiento global. Hace un mes eran de 0.5 ahora de 0.00% para el año en curso ¿cuánto será el próximo mes? Hasta el mismo Obama ha declarado que es “la peor crisis desde la Gran Depresión”. También declaró -al firmar el enésimo paquete de salvataje- “este acto es el comienzo del fin de la crisis”. ¿En que quedamos? La realidad es que los datos de la economía mundial encienden cada día nuevas señales de alarma y que a pesar de multimillonarios paquetes no hay medida que alcance para parar la dinámica depresiva de la economía mundial.

La señal de alarma pega ahora en Europa oriental

En este contexto, se está –cómo ya se ha señalado desde estas páginas- en la tercera fase de la crisis que comenzó en agosto del 2007: “Los efectos de la crisis financiera y de la recesión son ya indiscernibles. Las empresas afrontan restricciones de crédito a corto plazo (problemas de tesorería) y a largo plazo (limitaciones en el financiamiento de las inversiones) y también en la baja de los pedidos, en proporciones diferentes según los sectores. El de la construcción y él del automovilismo son los primeros afectados, y el fenómeno no abarca sólo a las pequeñas y medianas empresas” (1).

La propia caída en la economía real está empujando a la vez a la bancarrota a las empresas y a los bancos. Se trata de una realimentación de la crisis financiera y real, un verdadero círculo vicioso. Una manifestación de esto es que Wall Sreet ha bajado desde el 2007 a la fecha la friolera del casi 60% acercándose muy peligrosamente a lo que bajó en los años 30 (un hasta ese momento histórico 75%). En ese contexto, los bancos “reptan” no se arrastran: la cotización bursátil del Bank of America estaba en agosto del 2007 en 50 dólares hoy vale 4,28 y cada día que pasa cae más. El Citigroup otro tanto: dos años atrás estaba en 33 dólares, hoy vale 3,1. ¡Tendrían que aumentar el 1.000% para recuperar sus valores! Son bancos zombis: parecen bancos, sus edificios tienen forma de banco, pero no funcionan como bancos: no reciben depósitos ni dan crédito. Y ahora se ha agregado otra bomba de tiempo: más allá de que Irlanda, el “paradigma chino” de Europa Occidental (crecía a tasas del 10%) está al borde del default, ha estallado la alarma por los países de Europa oriental: Polonia, Rumania, Hungría, Bulgaria, República Checa, los países Bálticos, Bielorrusia y Ucrania, todos ellos (con un más o con un menos) podrían quedar al borde de la cesación de pagos ante la dramática devaluación de sus monedas contra el euro, moneda contra la cual están endeudados. Esto está poniendo en dramáticos aprietos a sus bancos prestamistas (la banca alemana, austriaca y suiza) que podría quebrar detrás de ellos.

La verdadera historia del keynesianismo

Éramos todos neoliberales ahora, en medio de la crisis, somos todos “regulacionistas”. Sarkozy declara pomposamente: “se cometieron demasiados excesos, hay que refundar el capitalismo”. Dominique Strauss-Kahn, presidente del FMI, declara: “hay que revisar el sistema económico mundial”, subraya “el fracaso del pensamiento ultraliberal” y apuesta por “un mercado financiero mejor regulado”, aunque remarca que no se trata de decir que es “el fin del capitalismo” agregando que “el sistema bancario tiene que funcionar con una cierta ética social”(2). Dos días antes había declarado: “hay que poner fin a la distribución de dividendos”, “dinamitar los paraísos fiscales”, “despedir y en algunos casos encarcelar a los ejecutivos de las instituciones financieras que han provocado la crisis”(3).

Todas estas declaraciones nos meten de lleno en el terreno de preguntarnos: ¿se puede autorregular el capitalismo? ¿Se puede regular el mercado financiero? ¿Vuelve Obama el estado de bienestar? ¿Hay posibilidades de un nuevo compromiso keynesiano?

Hay un mito que se agiganta con la profundización de la crisis: habría un capitalismo “bueno”, “productivo” (cuya base serían las políticas keynesianas) y otro “malo”, especulativo, parasitario: el capitalismo financiero. Lo primero que hay que decir es que sin finanzas no hay capitalismo posible. Sin crédito hay interrupción del proceso de producción y del proceso de realización de los valores creados por los trabajadores: “Normalmente los bancos desempeñan un papel  de intermediario; en pocas palabras, transforman recursos a corto plazo en créditos a largo plazo. Pero su papel ha sufrido una profunda modificación y se han convertido en intervinientes activos en mercados financieros cada vez más especulativos. Lo que quedaba de reglamentación se modificó mediante la utilización de técnicas sofisticadas y difícilmente controlables”(4). Y se agrega: “normalmente el mercado accionario tiene que ser fuente de capitales del sector productivo. En 1960 la relación entre capital productivo y capital ficticio en acciones era 1:1. En 2003 era 1:3, solamente se volcaban a la producción el 5% del capital accionario que se movía en Wall Street” (5).

La pregunta que nos hacíamos comienza a contestarse. Keynes, como buen capitalista, nunca estuvo en contra de las finanzas, sino de los rentistas que se apoderaban del sector financiero poniendo bajo su mando a toda la economía en pos de optimizar sus ganancias a través de realizar punciones cada vez mas grandes a la riqueza creada por los trabajadores en la economía real (mediante el mecanismo de los dividendos). Para ello estableció toda una serie de mecanismos estrictos, de control  estatal de las finanzas, que para explicarlas merecerían un trabajo aparte. Esta visión macroeconómica es uno de los aspectos del New Deal que comenzó a implementar Roosvelt durante la década de la Gran Depresión de los 30. De paso derribamos otro gran mito: no alcanzó para superar la depresión. Solo con la 2da Guerra Mundial se entra de lleno en lo que ha dado en llamarse “Los 30 años gloriosos”, los años del Estado de bienestar. A este respecto dice Roberto Sáenz en su artículo “El retorno del viejo fantasma” refiriéndose a la Revolución Rusa: “Esta revolución, de profundo impacto mundial y que había expropiado a los capitalistas en el enorme país euroasiático, sumado a la gran depresión de los años 30, significó él cuestionamiento más profundo sufrido por el sistema capitalista internacional en toda su historia. Parecía haber sonado la hora de la crisis definitiva del capitalismo y de su relevo por otro sistema social. La guerra misma marca el final de la gran depresión luego de 12 largos años. La enorme destrucción de capital (¡y de personas!), más la reconstrucción de Europa occidental en la posguerra, fueron las condiciones materiales que dieron lugar a un período en el crecimiento capitalista pareció batir récord tras récord”(6).

También hay que mencionar -como base material de esta situación- el cambio tecnológico que había aparecido en la década del 20 y floreció en todo su esplendor en la posguerra; lo que se ha dado en llamar el fordismo (un sistema que aumentaba la productividad del trabajo y la producción en gran escala de automóviles y bienes durables de todo tipo). La tasa de ganancia se recuperó y la tasa de acumulación la acompaño como su sombra. El mercado interno fue la prioridad. El índice Dow Jones recién recuperó sus valores de la década de 1920 en 1956. Todo este escenario tuvo su costo para el orden del capital: concesiones a amplios sectores de las masas a nivel mundial, fundamentalmente en los países desarrollados.

Lo demás es historia conocida: el neoliberalismo desmontó el “Estado benefactor”. Hoy el orden neoliberal vive su peor crisis, cada vez se deslegitima más frente a las masas ¿Se podrá desandar el camino mundial de los últimos 30 años para volver a alcanzar -aunque sea en parte- esa “época dorada” que tanto anhelan las masas y que tanto agita en sus conciencias Obama cuando habla del “sueño americano”?

¿Keynesianismo o neoliberalismo light?

“El problema es que los dirigentes capitalistas no tienen ningún deseo de tomar medidas reales, o sólo desean hacerlo de manera parcial y provisional. La razón de fondo es que las finanzas están inextricablemente ligadas al capitalismo “productivo” y que no es posible distinguir el capitalismo empresarial y el capitalismo financiero como trató de hacer Sarkozy en su discurso de Toulon. Las ganancias de unos y otros tienen una base común que es el aumento tendencial del índice de explotación”(8). Precisamente, volver al susodicho “sueño americano” implicaría aumentos generales reales de salario , dar pasos concretos en reconstruir el edificio de la seguridad social, producir para el mercado interno (con todo el proteccionismo que esto conllevaría). O sea, recentralizar empresas que hoy se hallan situadas en las más diversas regiones (China y demás países emergentes). Es decir, derrumbar el pilar fundamental del maltrecho edificio de la mundialización: el planeta como campo de valorización único sin trabas de ningún tipo. De tomarse estas medidas no harían otra cosa que bajar la tasa de ganancia (sangre y  razón de ser del sistema capitalista). Todas las tímidas medidas que ha tomado Obama es sólo “gatopardismo imperial”. Pruebas al canto. Cuando se conoció el equipo económico (Geithner, Summers, Volker) un periodista agudamente le hizo notar que estos economistas eran los “artífices de la desregulación neoliberal”. Obama contestó que eso era secundario y que “el cambio lo encarnaba él”... Ha pasado un mes y medio del inicio de su gestión y que tenemos: ha aprobado directamente -o indirectamente- ingentes recursos de salvataje a los bancos que se han esfumado y que sólo han servido a estos para tapar sus cuantiosas pérdidas; tiene todo servido y no ha tomado ninguna medida para reglamentar su operatoria (¡la desregulación bancaria es producto de su asesor Summers Secretario del Tesoro en el gobierno de Bill Clinton!). Ni hablar de hacer despedir o encarcelar a los culpables de innumerables tropelías financieras.

Geithner, autor del plan de 2 billones de dólares para limpiar de activos tóxicos al sector financiero ha  declarado: “Tenemos un sistema financiero controlado por accionistas privados y administrado por instituciones privadas y nos gustaría hacer todo lo posible para preservarlo”. Y agregó junto a Summers “los gobiernos son malos gerentes bancarios”(9).

Mayor confesión imposible. Hablan claro los muchachos. “Nacionalizarán” si no tiene más remedio (pero para salvar a los capitalistas, no para liquidarlos). El plan consiste en crear una institución mixta donde el dinero lo pondría el Estado para rescatar los activos tóxicos. El problema radica en como tasar estos activos si al precio de mercado (que está por el piso) o al precio de los asientos contables de las entidades financieras (que es totalmente irreal y sería la estafa del siglo). Es como dijo Paul Krugman: “un ejercicio clásico de ‘socialismo amargo’; los contribuyentes pagan la factura si las cosas salen mal, pero los accionistas y los ejecutivos reciben los beneficios si las cosas salen bien”. Y ya que hablamos del problema de las hipotecas, Obama lanzó un plan para los deudores pero sólo para los que están al día en sus pagos. O sea para garantizar que los bancos sigan cobrando. Geithner encabeza una comisión que está discutiendo la reestructuración de la industria automotriz: “habrá ayuda económica para los que reestructuren su negocio” (reestructurar significa cerrar plantas y despedir masivamente personal) ¡Keynesianismo puro y duro no! ¡Neoliberalismo Light, por lo menos en la medida en que no comience un gran ascenso de masas!

Como decía un viejo escritor: “decir lo que no se va a hacer y hacer lo que no se va a decir”. La situación es totalmente distinta a la de posguerra, no hay cambio tecnológico a la vista (la informática ya dio todo lo que tenía que dar en cuanto a la productividad del trabajo), no existe él escenario político de posguerra. Pero atento estamos inmersos en la mayor crisis sistémica desde la gran depresión, a que él imperialismo yankee sufre una crisis de hegemonía y esta metido en dos guerras (Obama acaba de enviar15.000 soldados a Afganistán), está el hecho de que el movimiento de masas mundial recién está entrando en escena, y de hacerlo realmente masivamente podría dar vuelta toda la situación mundial y todos los planes.

La crisis es un proceso que recién comienza y puede tener vuelcos inesperados. La combinación de los factores objetivos y subjetivos pueden obligar a los distintos imperialismos a tomar acciones que hoy no tienen previstas y hasta dar concesiones a las masas, cosa que todavía no han hecho. La eterna ley de soltar algo para no perderlo todo. Esta situación totalmente posible abriría un período de intensificación de la lucha de clases, un período de alta inestabilidad política y social de imprevisibles resultados para la suerte del capitalismo.

Economía y política

Como decía Trotsky “el equilibrio capitalista es un fenómeno complicado; él régimen capitalista construye ese equilibrio, lo rompe, lo reconstruye y lo rompe otra vez”. Hoy ha roto el equilibrio, ¿como lo reconstruirá? En el caso de E.E.U.U, sus dos déficits gemelos (fiscal y comercial) se han vuelto insostenibles. En cuanto al déficit fiscal, Obama se ha propuesto reducirlo en su primer mandato de 1.3billones a la mitad. Ardua tarea si tenemos en cuenta la friolera de billones de dólares en planes de salvataje que esta lanzando al mercado. Sólo le queda un camino si quiere cumplir su plan: un terrible ajuste a las masas norteamericanas.

En el caso del déficit comercial tendría que exportar más de lo que importa. Para lograr eso tendría que 1) devaluar el dólar (hoy paradójicamente fortalecido frente a todas las monedas, cosa que dificulta un aumento considerable de sus exportaciones); 2) aumentar la tasa de explotación de sus trabajadores (vía aumento de la productividad, rebaja del salario real o seguramente una combinación de ambos factores).

Pero esto agudizaría la crisis que tiene otro de los pilares de la mundialización, China como productor de primera instancia parta E.E.U.U, consumidor de última instancia. Este esquema se mantenía con el endeudamiento vía crédito de los hogares norteamericanos. Esto se cortó producto de la crisis. No hay crédito, tal es así que después de una década él ahorro en U.S.A subió 2.6%. Este cuadro de situación está colocando ya a China en falsa escuadra: de país orientado a la exportación a país productor principalmente para su mercado interno.  China es uno de los países sobre la tierra con más desigualdades sociales. Este cambio de orientación es muy traumático: ¿cómo consumir en gran escala con salarios de 100 o a lo sumo 200 dólares de sus trabajadores y con el aumento galopante de la desocupación por la gran cantidad de de fábricas cerradas en lo que va de la crisis? También se verían afectados Japón y la U.E.

Veamos que decía Marx frente a un cuadro de situación de este tipo respecto de los capitalistas: “Cuando ya no se trata de dividir ganancias sino de dividir pérdidas, cada cual trata de reducir en lo posible su participación en las mismas y de endosársela a los demás. Pero la cantidad que de ella ha de corresponderle a cada cual, en que medida ha de participar en ella, se torna cuestión de poder y astucia, y la competencia se convierte a partir de ahí en una lucha entre hermanos enemigos. Se hace sentir entonces el antagonismo entre el interés de cada capitalista individual y el de la clase de los capitalistas, del mismo modo que antes se imponía prácticamente la identidad de estos intereses a través de la competencia”(9).

Y Trotsky agregaba hablando de la restauración del  equilibrio capitalista: “si el partido revolucionario no crece; sí el proletariado no adquiere experiencia; si el proletariado no resiste en una forma revolucionaria más audaz e irreconciliable; si no se consigue pasar en la primera oportunidad favorable de la defensiva a la ofensiva; entonces la mecánica del desarrollo capitalista, con el complemento del estado burgués, sin duda lograría cumplir su trabajo a largo plazo. Países enteros serán arrojados violentamente a la barbarie económica; decenas de millones de seres humanos perecerían de hambre, con desesperación en sus corazones, y sobre sus huesos seria restaurado algún nuevo tipo de equilibrio del mundo capitalista. Pero tal perspectiva es pura abstracción. En el camino especulativo hacia este equilibrio capitalista, hay muchos obstáculos gigantescos: el caos del mercado mundial, el desbaratamiento de los sistemas monetarios, el dominio del militarismo, la amenaza de guerra, la falta de confianza en el futuro. Las fuerzas elementales del capitalismo están buscando vías de escape entre pilas de obstáculos. Pero estas mismas fuerzas elementales fustigan a la clase trabajadora y la impulsan hacia delante. El desarrollo de la clase trabajadora no cesa, incluso cuando esta retrocede. Porque, mientras pierde posiciones, acumula experiencia y consolida su partido. Marcha hacia adelante. La clase trabajadora es una de las condiciones del desarrollo social, uno de los factores de este desarrollo y por sobre todas las cosas, su factor más importante, porque personifica el futuro” (10).


(1)Michel Husson “Lo que está en juego en la crisis”

(2) El País 18/02/09

(3)El País 16/02/09

(4)Michel Husson

(5)G.Dumenil “Crisis y salida del Neoliberalismo”

(6)SoB No22 pag 19

(7)Michel Husson

(8)El País 08/02/09

(9)C.Marx El Capital TIII pag 325

(10)L.Trotsky Flujos y reflujos 1921

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