Socialismo o Barbarie, periódico Nº 146, 05/03/09
 

 

 

 

 

 

Cuba

Recambio de cúpula y trasfondo de crisis política

Por Roberto Ramírez

Desde arriba y entre bambalinas, sin la menor información previa ni debate democrático en las masas trabajadoras cubanas, se ha producido el cambio más amplio de un equipo de gobierno en muchas décadas. Casi desde la Revolución de 1959, no se registraba un relevo de esta magnitud.

No se trata sólo de la defenestración de dos personajes claves como Carlos Lage Dávila (secretario del Consejo de Ministros y figura central desde el “período especial” tras el derrumbe de la URSS) y Felipe Pérez Roque (ministro de Relaciones Exteriores, de gran protagonismo internacional), contra quienes luego Fidel Castro haría “acusaciones” poco claras pero no menos humillantes.

Junto con ellos caen José Luis Rodríguez García (vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Economía), Otto Rivero Torres (también vicepresidente del Consejo de Ministros y dirigente de la famosa “Batalla de las Ideas”), Raúl de la Nuez Ramírez (Ministro de Comercio Exterior), Alejandro Roca Iglesias (ministro de la Industria Alimenticia), Alfredo López Valdés (ministro de la Industria Pesquera), Georgina Barreiro Fajardo (ministra de Finanzas), Fernando Acosta Santana (ministro de la Industria Sideromecánica) y Alfredo Morales Cartaya (ministro de Trabajo y Seguridad Social). ¡Es una purga a gran escala!

Sus reemplazos no son menos significativos: se trata principalmente de una combinación de jefes militares (en primer lugar) con algunas ancianas figuras de la Revolución de 1959 (que también, por sus orígenes, son “carne y uña” con las fuerzas armadas).

Convidados de piedra: los trabajadores cubanos

El sistema burocrático de partido único en Cuba –herencia intacta del stalinismo– no sólo alimenta la propaganda imperialista (permitiéndole dar un barniz “democrático” a los regímenes capitalistas), sino que también impide a los trabajadores cubanos discutir y decidir libremente sus propios destinos. Son “convidados de piedra” en debates y decisiones que afectan profundamente sus intereses.

Eso también es un obstáculo para conocer con exactitud los términos de las notarias diferencias en el seno de la burocracia gobernante. Detrás de la pantalla de las “votaciones unánimes” en todas las instancias –desde la Asamblea Nacional Popular (donde jamás ha habido un voto en contra o una abstención) hasta el Consejo de Ministros–, hace largo tiempo que se filtraban las divergencias. No podría ser de otra manera, teniendo en cuenta las enormes dificultades que enfrentó y enfrenta Cuba, y los dilemas e intereses contrapuestos que se cruzan en las distintas ramas del aparato burocrático. Entre ellas se destacan precisamente los especialistas militares que manejan las joint ventures con el capital extranjero y otros sectores dinámicos de la economía, y que ahora evidentemente han aumentado su influencia.

Algunos analistas sostienen que todo se habría agudizado porque este año debería realizarse el VI Congreso del partido único, el PCC. Éste se viene posponiendo desde 1997, sin que jamás se informe explícitamente qué se debate en las cúpulas burocráticas. Pero ahora el retiro de Fidel Castro exige no sólo una legitimación explícita de los nuevos gobernantes, sino también la votación de un rumbo estratégico.

Sin embargo, aunque lo del Congreso tenga su importancia, aquí se están cruzando problemas más de fondo, sobre todo dos nuevos y grandes factores: la crisis mundial y el posible cambio de la política de EEUU hacia Cuba.

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