Socialismo o Barbarie, periódico Nº 146, 05/03/09
 

 

 

 

 

 

Huelga general en Guadalupe y Martinica

Un ejemplo para el movimiento obrero mundial

Por Claudio Testa

El 20 de enero comenzó en la isla de Guadalupe una huelga general. En su curso se desarrollaron grandes movilizaciones de masas, barricadas, y enfrentamientos con las fuerzas represivas oficiales y “extraoficiales”, en las que fue asesinado el activista obrero Jacques Bino. La huelga se extendió también a Martinica, la otra isla de las Antillas bajo dominio francés. Al día de hoy, martes 3 de marzo, aunque se ha suscripto un acuerdo con diversas concesiones del gobierno de Sarkozy y los organismos patronales, la situación no se ha normalizado porque muchos empresarios se niegan a cumplir lo firmado.

Más allá de su desenlace final, la huelga general de las Antillas francesas ha tenido una importancia que excede su marco territorial: en primer lugar, está el impacto sobre el movimiento obrero de Francia y, por su intermedio, de toda Europa; también hay que registrar su ejemplo ante los países del Caribe y América Latina.

Guadalupe y Martinica: ¿parte de Francia?

Como señala nuestra corresponsal en París, existe allí la ficción política y jurídica de que Guadalupe y Martinica forman parte de Francia, en calidad de departamentos de ultra mar (DOMs: départements d'outre-mer), el mismo título que los departamentos que componen Francia “metropolitana”. En verdad, se trata de colonias del imperialismo francés, que se iniciaron de una manera que marcaría para siempre su historia.

En 1635 desembarcan los franceses, enviados por la Compañía de la Indias, organización mercantil monopolista creada por el Cardenal Richelieu a imitación de la British East India Company (fundada en Londres en 1600 y que luego colonizaría la India).

Los emisarios del benemérito Cardenal intentaron al principio explotar a los indígenas caribes. Como opusieron férrea resistencia, exterminaron a casi todos. Luego, importaron esclavos africanos para producir caña de azúcar. ¡Así las Antillas “francesas” se incorporaron al libre mercado, al progreso, y a la civilización occidental y cristiana!

Hoy ya no hay esclavos. Pero las diferencias entre las colonias y su metrópoli, y entre la población trabajadora de raíces africanas y la ínfima minoría de 2.000 békés (blancos inmaculados descendientes de los colonizadores) que aún constituyen la gran burguesía de las islas, no se han reducido gran cosa desde los tiempos de la monarquía absoluta. El principal cambio es, que junto a ellos, están ahora las grandes empresas de la metrópoli, explotando directamente a los antilleses.

Los békés controlan la economía de la isla, del petróleo y la gasolina a la gran distribución, y fijan los precios, mucho más altos que en la metrópoli, aunque los salarios son más bajos. Un cepillo de dientes que cuesta un euro en la metrópoli, no baja de 4,50 en Guadalupe. El costo de la vida es en promedio un tercio superior al de Francia “metropolitana”. La patronal no sólo paga bajos salarios, sino que rechaza los convenios colectivos. ¡Añora los buenos tiempos de sus bisabuelos, que tenían esclavos!

La tasa de pobreza (12,5%) dobla la de la metrópoli (6,1%), aunque el rasero con que se mide es la mitad que en Francia (3.900 euros por año y persona frente a 7.225), y aunque el costo de la vida es mucho mayor. El índice de desempleo es del 22,7%, el triple de la metrópoli (8,1%). Entre los menores de 25 años, la tasa en el 2007 era del 55,3%, más del doble que en Francia.

No es casual, entonces, que el primer estallido social provocado por la crisis haya comenzado por este eslabón más débil del “territorio francés”.

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