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Mentiras en el Cáucaso
El doble discurso de Putin y
Bush
Por
Claudio Testa
Según
un despacho de Reuters, “Putin dijo que «es una pena que
algunos de nuestros socios [Bush] no nos ayuden, sino que
tratan de ponernos trabas. Me refiero, entre otras cosas, al
traslado en aviones estadounidenses del contingente militar
de Georgia en Irak»... Putin también arremetió contra el
cinismo de Washington y comparó las acciones del presidente
georgiano, Saakashvili, con los crímenes de guerra
perpetrados por el ex líder iraquí Saddam Hussein. «Saddam
fue ahorcado por arrasar varios pueblos chiítas. Pero el
actual líder georgiano, que en menos de una hora borró de
la faz de la Tierra decenas de localidades osetias y quemó
viva a la gente en sus casas, ¡debe ser protegido!»,
ironizó”.
Efectivamente,
Bush salió en defensa incondicional de “su hombre en el Cáucaso”.
Pero la indignación de Putin contra su ex “socio” es
también selectiva y parcial. Se olvida que si Saakashvili
“borró de la faz de la Tierra decenas de localidades... y
quemó viva a la gente en sus casas”, es lo mismo que ha
hecho el Ejército Ruso bajo su mando en Chechenia... y el
de su “socio” Bush en Iraq.
Tanto
Bush como Putin tienen un doble discurso en relación a las
nacionalidades y etnias minoritarias. Según de quién se
trate, “apoyan” sus derechos o los niegan. En un caso
hablan del “derecho a la autodeterminación”; en el
otro, de la “integridad de las fronteras nacionales”.
Los
sur-osetios, piden la autodeterminación nacional...
exactamente lo mismo que los Chechenos en Rusia. Putin apoya
a los primeros y masacra a los segundos.
Bush
hace lo mismo, aunque con algunos millones más de muertos
en su haber. Apoya la independencia de los albano-kosovares
en Serbia, pero repudia la de los osetios en Georgia. A su
vez, en Medio Oriente, para fragmentar Iraq y conseguir
mercenarios que combatan a la resistencia, Bush apoya a los
kurdos que viven en el norte de ese país... pero al mismo
tiempo aplaude a Turquía en las masacres de kurdos que
realiza sistemáticamente. Aquí el cinismo imperialista
llega al máximo: a los kurdos hay que matarlos o apoyarlos,
según de qué lado de la frontera vivan.
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