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Mafissa
Dura
derrota de una gran lucha
Por Ariel Orbuch, Chino y Marcos Ramos
Hace
unas semanas se levantó el acampe de Plaza San Martín de
La Plata frente a la Gobernación por el desprocesamiento de
los obreros de Mafissa y su reincorporación. La
extraordinaria lucha terminó en una dura derrota que liquidó
la organización en la fábrica que los trabajadores, con
sus peleas, empezaron a imponer a partir del 2005. Más de
100 compañeros quedaron afuera, entre los que se cuenta el
corazón del activismo –con la comisión interna a la
cabeza–, y 18 de ellos procesados por "coacción
agravada".
La
Santa Alianza entre el gobierno provincial –en sintonía
con el nacional–, la burocracia de la AOT, la patronal y
la Justicia consiguió derrotar a un sector de la clase
obrera que hace tres años se puso de pie en la pelea por el
salario y las condiciones de trabajo, que barrió a la
burocracia de la fábrica e impuso una comisión interna del
activismo; que recuperó la asamblea; que le puso el cuerpo
a duras y largas tomas de fábrica; que apoyó otros
conflictos de trabajadores como el del Casino; que se ligó
a la vanguardia política y social de la región a través
de la multisectorial; que enfrentó la represión como en el
Ministerio de Trabajo y después ante un descomunal
despliegue de todo tipo de fuerzas represivas cuando fueron
desalojados; que se bancó tres días de cárcel en comisarías
y que dio todo tipo de muestras de solidaridad de clase, con
el punto más alto en la actitud de algunos compañeros que
cuando empezó el desalojo no estaban en la fábrica y
eludieron a las fuerzas de seguridad para sumarse a los que
estaban adentro, cuando no existía chance alguna de
sostener con éxito la toma.
La
lucha de los obreros de Mafissa fue parte de un conjunto de
peleas de las nuevas experiencias de los trabajadores a las
que desde el fin del gobierno de Néstor Kirchner buscaron
reventar como en el Casino, Dana, el subte y FATE, por poner
algunos ejemplos. El pacto social que pregonaba la entonces
candidata Kristina mostraba su cara en el ataque conjunto a
quienes, como en Mafissa, se plantaron por un salario igual
a la canasta familiar y para acabar con las condiciones de
superexplotación.
En
ese marco, la patronal de Curi en mayo del año pasado
contestó con un lock out de 42 días al reclamo de los
trabajadores, en el comienzo de un ataque feroz.
¿Un conflicto sólo sindical?
Al
igual, que en todos los conflictos que enfrentaron a la
Santa Alianza y el intento de imponer un Pacto social contra
los trabajadores, desde el nuevo MAS planteamos la necesidad
de ubicarlo en el terreno político, ya que las peleas
trascendían el plano sindical de enfrentamiento patrón-obreros.
También, al igual que en los otros conflictos mencionados,
la posición de otras corrientes revolucionarias fue la
opuesta [1]. Fue el caso en particular del PTS, que desde
2005 se ganó un lugar de privilegio como parte de un
trabajo en la fábrica y de apoyo a la lucha que comenzaba,
que le permitió sumar al principal activista de la fábrica
y secretario general de la interna. El PTS se opuso
furiosamente a dar una pelea política con un sector del
activismo para ganar a la base en la necesidad de orientar
el conflicto haciendo centro en la responsabilidad del
gobierno. Su balance del Casino es bastante gráfico de la
ubicación que también tuvo en Mafissa: tras la dura
derrota ante la patronal –en este caso además
directamente vinculada a los K–, propuso una gran campaña...
¡contra Cristóbal López! [2]
La
tarea no era fácil en ese entonces, ya que los K se
encontraban fuertes, pero era una necesidad combinar –de
acuerdo con los ritmos de la experiencia de la propia
base– exigencias y denuncias al gobierno. Argumentos del
tipo "la base no la veía" encubren su cerrada
negativa a jugarse en esa orientación. La abierta
complicidad del gobierno con el descarado lock out patronal
volvía indispensable ayudar a hacer la experiencia política.
A la desviación sindicalista se le agregó una lectura
completamente unilateral de la fortaleza de los K y de la
situación política tras la desaparición del compañero López,
que los ubicó totalmente a la defensiva [3].
Aún
hoy el PTS ordena su política para el movimiento obrero
alrededor de la lucha por el desprocesamiento de los
luchadores, cuando la mejor manera de avanzar en las
necesarias tareas democráticas es poner en el centro, las
luchas por las reivindicaciones del conjunto de la clase
obrera contra el techo salarial y la esclavitud laboral. De
allí su propuesta de limitar a un "comité de
apoyo" la comisión de lucha y coordinación alrededor
de FATE y el SUTNA San Fernando –a la que van Pirelli, la
Emfer, Terrabusi y otras fábricas importantes– y su ridícula
pretención de subordinarla a un espacio con centro en los
desprocesamientos. Exactamente la política opuesta a la que
se debe tener para que no derroten las luchas y generar
condiciones para desprocesar a los luchadores y liberar a
los presos de Las Heras.
Por
último, el PTS, al igual que hacía en los encuentros de
Brukman y Zanón, nuevamente en Mafissa buscó en algunos
momentos cerrar el paso a la discusión política con
argumentos autonomistas y antipartidos del tipo "que
las corrientes no le hagan la cabeza a la gente” repetido
en diferentes instancias por dirigentes del PTS, incluso en
reuniones con delegados, activistas y corrientes. Desde el
nuevo MAS, pese a no contar con militantes en la fábrica,
nos jugamos con todo en el apoyo a la lucha de Mafissa y
defendimos el derecho a hacer públicas nuestras posiciones
de manera abierta y leal, cosa que no caracteriza a este
grupo cuando no está en la dirección de la lucha... [4]
Incluso cuando se largó una campaña contra la izquierda
-tras la represión en el Ministerio de Trabajo- fuimos con
un volante a la fábrica sin esconder nuestras posiciones.
Dura lucha contra la Santa Alianza
La
falta de perspectiva política en la orientación del
conflicto llevó al desgaste, sobre el que se montó la
empresa, junto a la burocracia y el gobierno, para avanzar.
La heroica toma de 42 días finalizó con un empate en el
que los obreros arrancaron un aumento salarial –una parte
a refrendar en paritaria por el convenio a ponerse en marcha
inmediatamente– pero la patronal reactivó la producción
con un sector de trabajadores, en los hechos, suspendido,
aunque con la posibilidad de concurrir a la planta. Desde el
nuevo MAS alertábamos en no bajar los brazos porque se
evidenciaba que la patronal buscaba cambiar salario por más
superexplotación y reducción del personal (activistas y
compañeros con problemas físicos asignados a tareas
adecuadas). En cambio, el PTS durante dos meses no publicó
volante alguno ni artículo en su periódico que preparara
para la nueva etapa de la lucha en Mafissa.
Los
obreros salieron a la lucha al comprobar la maniobra
patronal, pero ya un sector de la base sentía el desgaste,
lo que dio lugar a tácticas más duras pero menos masivas,
incentivadas por el PCR. El gobierno tomó nota del cierto
aislamiento de un sector de la vanguardia y reprimió una
marcha al Ministerio de Trabajo, que generó una división
en la fábrica, ya que un sector ligado a la burocracia culpó
de "llevar a la represión a los obreros" a las
corrientes de izquierda con trabajo desde adentro y afuera
de la fábrica.
En
ese clima, pasó a la ofensiva la patronal, con los 103
despidos a fines de noviembre y vacaciones forzosas a gran
parte del personal.
Un
gran sector de la base se sentía sin fuerzas para enfrentar
ese ataque. Ante la difícil situación, era correcta la
preocupación de reagrupar las fuerzas para una lucha de
conjunto. La discusión sobre si hacerlo con la fábrica
tomada por el activismo y desde allí buscar sumar a la base
o no forzar la toma no era el centro. Desde el nuevo MAS
opinábamos que la primera opción era mejor. Pero
nuevamente, lo fundamental era cómo orientar la lucha, y a
partir de allí las medidas. Ante esa situación el PTS se
quedó sin propuestas. Hacía eje contra la patronal y su
relación con la dictadura[5], pero el conflicto era contra
la Santa Alianza del "progresismo" K. El corte y
acampe frente a la fábrica, consecuencia de su ubicación sólo
antipatronal, fue vivido como una letanía sin perspectiva
por cada vez más compañeros. Con la fábrica tomada o no,
había que instalar políticamente el conflicto en el centro
de La Plata, responsabilizando al gobierno.
El
PCR peleó otra orientación, pero no desde la unidad, ya
que no lo hizo desde respetar y sostener la medida definida.
Lo que debía ser una discusión de orientación se convirtió
en una ola de intrigas contra los compañeros que dirigían
el conflicto. En ese marco, la burocracia, que había sido
derrotada en toda la línea, volvió a acercarse a la fábrica,
intentando impulsar asambleas con los de
"adentro", jugando a la división con los
despedidos y con votación con urnas para diluir al
activismo. Esa maniobra fue derrotada, pero luego comenzó a
llamar a asambleas en la sede central de la AOT en Capital.
El PCR llamó a participar, y aunque su posición perdió,
generó confusión sobre el rol de la burocracia.
Un
nuevo lock out en enero encontró a la mayoría de quienes
pasaban a ser suspendidos sin fuerzas –ni claridad– para
salir a luchar, y a los despedidos, el activismo y la
interna divididos. En esas condiciones, el sector más
luchador impuso la toma. Muchos compañeros se acercaron a
algunas asambleas los sábados, pero no se logró mostrar un
camino para sumarlos activamente. Desde un grupo de la
Comisión de Mujeres se buscó instalar la responsabilidad
del gobierno frente a la Gobernación, pero ya con el
conflicto debilitado.
Pese
a haberse conseguido la conciliación obligatoria, la
patronal y la burocracia ganaron terreno, y en una asamblea
ilegal, pero que contó con muchos trabajadores, revocó el
mandato de los delegados. Incluso la burocracia se animó a
hacer movilizaciones a la fiscalía para pedir el desalojo.
En esas condiciones fue que el gobierno dio la señal para
que la Justicia desaloje de manera brutal buscando
escarmentar a los trabajadores. El acampe en Plaza San Martín
por el desprocesamiento y la reincorporación no logró
revertir la relación de fuerzas.
El
sector de compañeros que sostuvo el acampe en Gobernación
sigue organizado y trabaja por el desprocesamiento y por la
reincorporación de los delegados. Además, se hace presente
en otros conflictos como en el festival de FATE. Pero muchos
compañeros que activaron la lucha hoy están desmoralizados
y dispersos. Es central ir a fondo en el balance de esta
pelea, llegar a la mayor cantidad de compañeros para,
juntos, sacar lecciones para futuros choques en la lucha de
clases.
Notas:
1.
Ver SoB 119: “El que está al mando es el gobierno”.
2.
La Verdad Obrera 268
3.
Ver SoB 99: “Giro reaccionario...”
4.
El PTS es una corriente “instrumentalista”: todo lo mide
arbitrariamente en función de su conveniencia, por lo cual
es capaz de pregonar algo y lo opuesto si es que le sirve
para sus propios y exclusivos intereses.
5.
En los 70, al menos 15 trabajadores de Petroquímica
Sudamericana (hoy Mafissa) fueron desaparecidos. La Triple A
mató a 8 compañeros del PST en la llamada Masacre de La
Plata en el '75 cuando hacían acciones de apoyo a la lucha
de los trabajadores de Petroquímica.
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