Socialismo o Barbarie, periódico Nº 133, 14/08/08
 

 

 

 

 

 

Mafissa

Dura derrota de una gran lucha

Por Ariel Orbuch, Chino y Marcos Ramos

Hace unas semanas se levantó el acampe de Plaza San Martín de La Plata frente a la Gobernación por el desprocesamiento de los obreros de Mafissa y su reincorporación. La extraordinaria lucha terminó en una dura derrota que liquidó la organización en la fábrica que los trabajadores, con sus peleas, empezaron a imponer a partir del 2005. Más de 100 compañeros quedaron afuera, entre los que se cuenta el corazón del activismo –con la comisión interna a la cabeza–, y 18 de ellos procesados por "coacción agravada".

La Santa Alianza entre el gobierno provincial –en sintonía con el nacional–, la burocracia de la AOT, la patronal y la Justicia consiguió derrotar a un sector de la clase obrera que hace tres años se puso de pie en la pelea por el salario y las condiciones de trabajo, que barrió a la burocracia de la fábrica e impuso una comisión interna del activismo; que recuperó la asamblea; que le puso el cuerpo a duras y largas tomas de fábrica; que apoyó otros conflictos de trabajadores como el del Casino; que se ligó a la vanguardia política y social de la región a través de la multisectorial; que enfrentó la represión como en el Ministerio de Trabajo y después ante un descomunal despliegue de todo tipo de fuerzas represivas cuando fueron desalojados; que se bancó tres días de cárcel en comisarías y que dio todo tipo de muestras de solidaridad de clase, con el punto más alto en la actitud de algunos compañeros que cuando empezó el desalojo no estaban en la fábrica y eludieron a las fuerzas de seguridad para sumarse a los que estaban adentro, cuando no existía chance alguna de sostener con éxito la toma.

La lucha de los obreros de Mafissa fue parte de un conjunto de peleas de las nuevas experiencias de los trabajadores a las que desde el fin del gobierno de Néstor Kirchner buscaron reventar como en el Casino, Dana, el subte y FATE, por poner algunos ejemplos. El pacto social que pregonaba la entonces candidata Kristina mostraba su cara en el ataque conjunto a quienes, como en Mafissa, se plantaron por un salario igual a la canasta familiar y para acabar con las condiciones de superexplotación.

En ese marco, la patronal de Curi en mayo del año pasado contestó con un lock out de 42 días al reclamo de los trabajadores, en el comienzo de un ataque feroz.

¿Un conflicto sólo sindical?

Al igual, que en todos los conflictos que enfrentaron a la Santa Alianza y el intento de imponer un Pacto social contra los trabajadores, desde el nuevo MAS planteamos la necesidad de ubicarlo en el terreno político, ya que las peleas trascendían el plano sindical de enfrentamiento patrón-obreros. También, al igual que en los otros conflictos mencionados, la posición de otras corrientes revolucionarias fue la opuesta [1]. Fue el caso en particular del PTS, que desde 2005 se ganó un lugar de privilegio como parte de un trabajo en la fábrica y de apoyo a la lucha que comenzaba, que le permitió sumar al principal activista de la fábrica y secretario general de la interna. El PTS se opuso furiosamente a dar una pelea política con un sector del activismo para ganar a la base en la necesidad de orientar el conflicto haciendo centro en la responsabilidad del gobierno. Su balance del Casino es bastante gráfico de la ubicación que también tuvo en Mafissa: tras la dura derrota ante la patronal –en este caso además directamente vinculada a los K–, propuso una gran campaña... ¡contra Cristóbal López! [2]

La tarea no era fácil en ese entonces, ya que los K se encontraban fuertes, pero era una necesidad combinar –de acuerdo con los ritmos de la experiencia de la propia base– exigencias y denuncias al gobierno. Argumentos del tipo "la base no la veía" encubren su cerrada negativa a jugarse en esa orientación. La abierta complicidad del gobierno con el descarado lock out patronal volvía indispensable ayudar a hacer la experiencia política. A la desviación sindicalista se le agregó una lectura completamente unilateral de la fortaleza de los K y de la situación política tras la desaparición del compañero López, que los ubicó totalmente a la defensiva [3].

Aún hoy el PTS ordena su política para el movimiento obrero alrededor de la lucha por el desprocesamiento de los luchadores, cuando la mejor manera de avanzar en las necesarias tareas democráticas es poner en el centro, las luchas por las reivindicaciones del conjunto de la clase obrera contra el techo salarial y la esclavitud laboral. De allí su propuesta de limitar a un "comité de apoyo" la comisión de lucha y coordinación alrededor de FATE y el SUTNA San Fernando –a la que van Pirelli, la Emfer, Terrabusi y otras fábricas importantes– y su ridícula pretención de subordinarla a un espacio con centro en los desprocesamientos. Exactamente la política opuesta a la que se debe tener para que no derroten las luchas y generar condiciones para desprocesar a los luchadores y liberar a los presos de Las Heras.

Por último, el PTS, al igual que hacía en los encuentros de Brukman y Zanón, nuevamente en Mafissa buscó en algunos momentos cerrar el paso a la discusión política con argumentos autonomistas y antipartidos del tipo "que las corrientes no le hagan la cabeza a la gente” repetido en diferentes instancias por dirigentes del PTS, incluso en reuniones con delegados, activistas y corrientes. Desde el nuevo MAS, pese a no contar con militantes en la fábrica, nos jugamos con todo en el apoyo a la lucha de Mafissa y defendimos el derecho a hacer públicas nuestras posiciones de manera abierta y leal, cosa que no caracteriza a este grupo cuando no está en la dirección de la lucha... [4] Incluso cuando se largó una campaña contra la izquierda -tras la represión en el Ministerio de Trabajo- fuimos con un volante a la fábrica sin esconder nuestras posiciones.

Dura lucha contra la Santa Alianza

La falta de perspectiva política en la orientación del conflicto llevó al desgaste, sobre el que se montó la empresa, junto a la burocracia y el gobierno, para avanzar. La heroica toma de 42 días finalizó con un empate en el que los obreros arrancaron un aumento salarial –una parte a refrendar en paritaria por el convenio a ponerse en marcha inmediatamente– pero la patronal reactivó la producción con un sector de trabajadores, en los hechos, suspendido, aunque con la posibilidad de concurrir a la planta. Desde el nuevo MAS alertábamos en no bajar los brazos porque se evidenciaba que la patronal buscaba cambiar salario por más superexplotación y reducción del personal (activistas y compañeros con problemas físicos asignados a tareas adecuadas). En cambio, el PTS durante dos meses no publicó volante alguno ni artículo en su periódico que preparara para la nueva etapa de la lucha en Mafissa.

Los obreros salieron a la lucha al comprobar la maniobra patronal, pero ya un sector de la base sentía el desgaste, lo que dio lugar a tácticas más duras pero menos masivas, incentivadas por el PCR. El gobierno tomó nota del cierto aislamiento de un sector de la vanguardia y reprimió una marcha al Ministerio de Trabajo, que generó una división en la fábrica, ya que un sector ligado a la burocracia culpó de "llevar a la represión a los obreros" a las corrientes de izquierda con trabajo desde adentro y afuera de la fábrica.

En ese clima, pasó a la ofensiva la patronal, con los 103 despidos a fines de noviembre y vacaciones forzosas a gran parte del personal.

Un gran sector de la base se sentía sin fuerzas para enfrentar ese ataque. Ante la difícil situación, era correcta la preocupación de reagrupar las fuerzas para una lucha de conjunto. La discusión sobre si hacerlo con la fábrica tomada por el activismo y desde allí buscar sumar a la base o no forzar la toma no era el centro. Desde el nuevo MAS opinábamos que la primera opción era mejor. Pero nuevamente, lo fundamental era cómo orientar la lucha, y a partir de allí las medidas. Ante esa situación el PTS se quedó sin propuestas. Hacía eje contra la patronal y su relación con la dictadura[5], pero el conflicto era contra la Santa Alianza del "progresismo" K. El corte y acampe frente a la fábrica, consecuencia de su ubicación sólo antipatronal, fue vivido como una letanía sin perspectiva por cada vez más compañeros. Con la fábrica tomada o no, había que instalar políticamente el conflicto en el centro de La Plata, responsabilizando al gobierno.

El PCR peleó otra orientación, pero no desde la unidad, ya que no lo hizo desde respetar y sostener la medida definida. Lo que debía ser una discusión de orientación se convirtió en una ola de intrigas contra los compañeros que dirigían el conflicto. En ese marco, la burocracia, que había sido derrotada en toda la línea, volvió a acercarse a la fábrica, intentando impulsar asambleas con los de "adentro", jugando a la división con los despedidos y con votación con urnas para diluir al activismo. Esa maniobra fue derrotada, pero luego comenzó a llamar a asambleas en la sede central de la AOT en Capital. El PCR llamó a participar, y aunque su posición perdió, generó confusión sobre el rol de la burocracia.

Un nuevo lock out en enero encontró a la mayoría de quienes pasaban a ser suspendidos sin fuerzas –ni claridad– para salir a luchar, y a los despedidos, el activismo y la interna divididos. En esas condiciones, el sector más luchador impuso la toma. Muchos compañeros se acercaron a algunas asambleas los sábados, pero no se logró mostrar un camino para sumarlos activamente. Desde un grupo de la Comisión de Mujeres se buscó instalar la responsabilidad del gobierno frente a la Gobernación, pero ya con el conflicto debilitado.

Pese a haberse conseguido la conciliación obligatoria, la patronal y la burocracia ganaron terreno, y en una asamblea ilegal, pero que contó con muchos trabajadores, revocó el mandato de los delegados. Incluso la burocracia se animó a hacer movilizaciones a la fiscalía para pedir el desalojo. En esas condiciones fue que el gobierno dio la señal para que la Justicia desaloje de manera brutal buscando escarmentar a los trabajadores. El acampe en Plaza San Martín por el desprocesamiento y la reincorporación no logró revertir la relación de fuerzas.

El sector de compañeros que sostuvo el acampe en Gobernación sigue organizado y trabaja por el desprocesamiento y por la reincorporación de los delegados. Además, se hace presente en otros conflictos como en el festival de FATE. Pero muchos compañeros que activaron la lucha hoy están desmoralizados y dispersos. Es central ir a fondo en el balance de esta pelea, llegar a la mayor cantidad de compañeros para, juntos, sacar lecciones para futuros choques en la lucha de clases.


Notas:

1. Ver SoB 119: “El que está al mando es el gobierno”.

2. La Verdad Obrera 268

3. Ver SoB 99: “Giro reaccionario...”

4. El PTS es una corriente “instrumentalista”: todo lo mide arbitrariamente en función de su conveniencia, por lo cual es capaz de pregonar algo y lo opuesto si es que le sirve para sus propios y exclusivos intereses.

5. En los 70, al menos 15 trabajadores de Petroquímica Sudamericana (hoy Mafissa) fueron desaparecidos. La Triple A mató a 8 compañeros del PST en la llamada Masacre de La Plata en el '75 cuando hacían acciones de apoyo a la lucha de los trabajadores de Petroquímica.