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Córdoba
Organizar la bronca hasta
derrotar el ajuste
Corresponsal
Después de la gran movilización
en contra de los ajustes que implementó el gobernador
estrella de los sojeros, Juan Schiaretti, la burocracia
sindical demostró que nunca le interesó movilizar, y que
las movilizaciones fueron el producto de la bronca de los
trabajadores.
En el gremio más combativo de
la provincia, Luz y Fuerza, el mismo día de la represión
hubo reuniones en la que los activistas le reprochaban a los
dirigentes haberlos dejado solos. Al mismo tiempo, los
docentes nucleados en la lista Fucsia también criticaban a
la UEPC por haberse retirado del centro al momento de la
votación de la ley de jubilaciones.
Al día siguiente de la aprobación,
los medios de comunicación hicieron hincapié en la
destrucción de la ciudad. No les importaba otra cosa que
mostrar los daños causados por los “incidentes”, y en
ese contexto los dirigentes de Luz y Fuerza salieron por
todos los medios provinciales a decir que fueron los
trabajadores los que estaban al frente de las
manifestaciones, desmintiendo la versión del gobierno de
que había infiltrados.
Ahora, si hablamos de parar las
movilizaciones tenemos que hablar de la gran colaboradora de
Schiaretti, justamente la burocracia sindical.
En SoB 132 dábamos cuenta de cómo
llamaron a la marcha horas antes de la votación, que no habían
dado un punto de encuentro, que las columnas estaban
separadas más de 100 metros una de otra y que mientras se
reprimía a los sectores más combativos, con los
trabajadores de Luz y Fuerza a la cabeza, la burocracia llamó
a ir de vuelta a los sindicatos y volver más tarde.
Si eso de por sí ya no es
traición, agreguemos la continuidad del plan de lucha de
los sindicatos: piquetes en los lugares donde había
reclamado el campo, que se llevó a cabo por dirigentes
sindicales y algunos activistas (vale destacar que ninguno
de ellos fue en Córdoba capital). Caravana de autos con los
delegados por la ciudad, apenas entrando al centro de la
ciudad. Y en el caso de las escuelas, se empezó a llamar a
asambleas de una hora por escuela.
Ese es el “plan de lucha”
que presenta la burocracia. Un
verdadero llamado a la desmovilización. Recién al
cierre de esta edición se está anunciando una nueva
movilización para el miércoles 20 de agosto y se está
hablando de la posibilidad de un nuevo paro. Todo muy
diluido como para que quienes queremos luchar en serio
contra el ajuste confiemos en estas direcciones sindicales.
Entre las bases docentes también
hay malestar, aunque la bronca no estalle en las calles. La
primera contradicción es que frente a los paros casi
totales que se dan en las escuelas cordobesas, los
docentes no participaron en forma masivas de las
movilizaciones, ni había sectores de docentes
independientes en las marchas. Esta contradicción puede
explicarse en parte por la desconfianza que existe sobre la
dirección del gremio.
Al mismo tiempo, vale destacar
que a la burocracia docente en estos momentos le interesa
mostrarse un poco en las calles, producto de la cercanía de
las elecciones del gremio, y mostrarse como “luchadores”
en este contexto para la burocracia nunca está de más, más
allá de lo poco creíble que resulta.
En las escuelas, la gente de
Nebreda (Celeste) y Sergio Cornatosky (dirigente de Córdoba
capital, por la lista Naranja) sacan volantes explicando la
ley pero a la hora de luchar hacen todo para que nadie salga.
Por eso es necesario en estos
momentos profundizar en la necesidad de
realizar asambleas por escuela, por repartición y en
cada lugar de trabajo, para tratar de
organizar la bronca que hay en todos los trabajadores
estatales de la provincia y empezar a ver la forma de
organizar una huelga
general en toda la provincia hasta derrotar el ajuste
que el defensor de la soja hace sobre los trabajadores
cordobeses, con la complicidad del gobierno nacional.
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