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Cobos, un nene de pecho…
Para “traidores”, no hay como los capitalistas
Por Marcelo Yunes
Después del famoso voto
“panqueque” del vicepresidente Cobos, se puso de moda en
el oficialismo hablar de “traidores” (una constante del
peronismo, movimiento que siempre se caracterizó por su
duplicidad moral). Si de eso se trata, sin embargo, estamos
en condiciones de dar dos ejemplos mucho más impactantes
que el del ex gobernador mendocino (y de los cuales el
gobierno no dice palabra).
Se trata de dos sacudones económicos para el
gobierno que golpean la supuesta robustez de las arcas
fiscales, aunque ya en el número anterior comentamos que
los superávits gemelos ya no venden salud, precisamente.
Una de las cuestiones es la monumental estafa de los
exportadores de cereales al Estado (ni siquiera a los
“pequeños productores”), que sale a la luz aunque el
gobierno siempre la conoció y apañó... hasta ahora. El
otro tema es el “affaire” de los bonos comprados por Chávez
y cuya cotización se desplomó a punto tal que el propio
gobierno tuvo que salir a recomprarlos. Los ignorantes y los
derechistas (con frecuencia ambas cosas) denuncian la
“perfidia” de Chávez, pero las cosas son más
complejas. De todos modos, veamos los dos casos en orden y
por separado.
Episodio I: El paladín de la patria sojera
“devuelve favores” a los K
Con mucho menos ruido en los medios que cuando el
“enfrentamiento con el campo”, y manejando el tema a
nivel más jurídico que político, los K están en campaña
contra algunos exportadores de cereales y oleaginosas. ¿Por
qué? Porque hicieron un fraude
escandaloso por un monto de 1.700 millones de dólares.
Sí, más que los 1.500 millones que el gobierno esperaba
recaudar con las retenciones móviles.
La trampa es sencillísima. Cuando en octubre se
rumoreaba que el gobierno iba a subir las retenciones fijas
(en ese momento, del 27,5%) al 35%, los
exportadores corrieron a declarar operaciones aunque en ese
momento no tenían un grano de soja o aceite en stock.
¿Por qué? De esa manera, se aseguraban que, cuando la
operación se hiciera, pagarían la alícuota vigente en el
momento de la declaración (y
sobre el precio de ese momento también, cuando era
sabido que estaba subiendo). Es exactamente el
mismo mecanismo especulador de los mercados a futuro, nacido
en el rubro financiero.
Y cuando el gobierno subió las retenciones del 35%
a más del 40%, otra vez la misma mula: declararon
operaciones por mercancías que no tenían para anticiparse
y pagar menos tasa que la vigente en el momento de la venta
efectiva. Este curro al Fisco tuvo lugar nada menos que con 24
millones de toneladas –casi un
tercio de la cosecha– que pagaron tasa del 27% (o del
35% después) sobre 300-400 dólares la tonelada, en vez del
35% (o del 45% promedio después) sobre una tonelada de
500-600 dólares (D. Muchnik en Clarín,
11-8).
La pregunta de los 1.700 millones de dólares es: ¿el
gobierno no se dio cuenta? Claro que sí, y lo dejó correr
hasta ahora. ¿Por qué? Bueno, porque la redistribución
y la demagogia contra los dueños del “yuyo” es puro verso: siempre habían sido los mejores amigos. A tal punto que el
presidente de la Comisión Bicameral para el Seguimiento de
las Negociaciones Agrícolas Internacionales, de la Comisión
de Economías Regionales y de la Comisión de Presupuesto y
Hacienda (todas altamente estratégicas) era el senador
cordobés del Frente para la Victoria Roberto Urquía.
¿Quién es Urquía? El capo de Aceitera General Deheza, principal exportador de aceite de soja
del país, dueño de media red de transporte ferroviario de
cargas y gran aliado del gobierno… hasta que hubo que
votar la resolución 125. Por supuesto, el zorro a cargo
del gallinero favoreció a su sector todo el tiempo, los K
lo dejaron hacer porque era “amigo”, y cuando pidieron
la devolución del favor en el Senado… Urquía los dejó,
literalmente, pagando.
Ni que decir tiene que los opositores, tan fiscales
ellos de la “transparencia republicana”, no dijeron
media palabra sobre el evidente conflicto
legal entre los “intereses generales” de la Nación
o de la provincia y el interés particular
de semejante pez gordo. Un poroto en la votación era un
poroto, y no era cuestión de fijarse en esas minucias…
Tan alevosa fue la connivencia oficialista con el curro que en las denuncias que se
hicieron están implicados funcionarios actuales de la ONCCA
y la Aduana, aunque ellos no
hacían más que servir a la política K de ese momento,
que era todo lo contrario de la “madre de todas las
batallas” que vino a partir del 11 de marzo.
El episodio deja múltiples moralejas sobre lo que valen los discursos del gobierno
contra “los grandes pulpos agrarios”, los de la oposición
sobre las “instituciones” y las promesas de los grandes
capitalistas, convertidos en legisladores de la mano de un
oficialismo que los quería convertir en paladines de la
“burguesía nacional”.
Y evoca la inolvidable frase del ex ministro de
Economía de Alfonsín al final de su mandato, Juan Carlos
Pugliese, que se quejó de la actitud de los grandes grupos
económicos diciendo “les hablé con el corazón y me
respondieron con el bolsillo”. Si los K esperaban otra
cosa de Urquía, pecaron de la misma ridícula ingenuidad
que el veterano dirigente radical.
Episodio II: La “ayuda” de los bancos
venezolanos a Argentina... y a Chávez
Como señalamos en múltiples ocasiones, la penuria
de acceso a los mercados financieros del Estado argentino lo
obliga a recurrir a los préstamos de Chávez. Sólo que la
más reciente colocación de bonos argentinos comprados por
el Estado condujo a una fuerte caída de su cotización y a
la suba del riesgo país. En esto último también influye,
por supuesto, el índice trucho del INDEK, pero eso merecería
una nota aparte.
¿Qué pasó? El Estado argentino emitió bonos
como forma de financiarse, el gobierno venezolano los compró…
y se los vendió a bancos
venezolanos privados, que a su vez los liquidaron
inmediatamente a precio de saldo en el mercado financiero
internacional. ¿Por alguna especulación política malvada
contra los K? No, por
dinero. Veamos cómo.
La trampa es, otra vez, muy simple, transparente y
apañada por el Estado: los
bancos compran los bonos argentinos a un dólar
“oficial” (inaccesible al común de los
venezolanos), pero pueden venderlo
al dólar “paralelo”, es decir, el real de mercado.
De esa manera, la ganancia
de los bancos no viene de la cotización del bono argentino,
sino de la diferencia
cambiaria entre el dólar “oficial” y el “negro”
dentro de Venezuela. Los banqueros no se proponen hacer caer
los bonos argentinos, sino sólo llenarse
los bolsillos a
expensas del fisco venezolano…
mientras el “socialista” Chávez hace la vista gorda
ante semejante curro.
En
la Argentina ya se hizo un curro parecido, no con bonos de deuda pública
extranjera sino con declaraciones de deuda privada local.
Pero el núcleo de la trampa era el mismo: la diferencia
entre el dólar “oficial” y el “negro” (es decir, el
real). ¿Quién fue el
mentor de esta estafa, que le costó al Estado argentino
asumir cerca de 20.000 millones de dólares de deuda privada
que pasó a ser pública? Domingo Felipe Cavallo, presidente del Banco Central en 1982…
Por otra parte, con la caída de los bonos de deuda
argentina pierde no sólo el Estado argentino sino los
tenedores de títulos públicos. Que no son los
superbanqueros (ya vimos cómo se los sacan de encima
enseguida), sino usted,
amigo lector, si es que está afiliado a cualquier AFJP.
Y en ese caso, tenemos malas noticias: va
a seguir perdiendo, porque el gobierno, espantado por el
resultado de la “manito venezolana”, además de salir a
recomprar bonos para evitar que se desplome su cotización,
va a tener que buscar
otro “voluntario” comprador. Y el candidato único
son las AFJPs, que hace rato funcionan como fuente de
financiamiento semiforzado. En la época de Menem, era muy fácil
conseguir compradores extranjeros de bonos argentinos
berretas, porque sobraba liquidez internacional. Ahora que
las condiciones son otras, esos bonos nada atractivos pasarán
a ser la principal inversión de… los trabajadores
argentinos afiliados al sistema de jubilación privada.
Quien se acuesta con chicos amanece mojado. ¿Y el
que se acuesta con capitalistas, cómo amanece? La solución,
el próximo número.
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