Socialismo o Barbarie, periódico Nº 133, 14/08/08
 

 

 

 

 

 

Cobos, un nene de pecho…

Para “traidores”, no hay como los capitalistas

Por Marcelo Yunes

Después del famoso voto “panqueque” del vicepresidente Cobos, se puso de moda en el oficialismo hablar de “traidores” (una constante del peronismo, movimiento que siempre se caracterizó por su duplicidad moral). Si de eso se trata, sin embargo, estamos en condiciones de dar dos ejemplos mucho más impactantes que el del ex gobernador mendocino (y de los cuales el gobierno no dice palabra).

Se trata de dos sacudones económicos para el gobierno que golpean la supuesta robustez de las arcas fiscales, aunque ya en el número anterior comentamos que los superávits gemelos ya no venden salud, precisamente. Una de las cuestiones es la monumental estafa de los exportadores de cereales al Estado (ni siquiera a los “pequeños productores”), que sale a la luz aunque el gobierno siempre la conoció y apañó... hasta ahora. El otro tema es el “affaire” de los bonos comprados por Chávez y cuya cotización se desplomó a punto tal que el propio gobierno tuvo que salir a recomprarlos. Los ignorantes y los derechistas (con frecuencia ambas cosas) denuncian la “perfidia” de Chávez, pero las cosas son más complejas. De todos modos, veamos los dos casos en orden y por separado.

Episodio I: El paladín de la patria sojera “devuelve favores” a los K

Con mucho menos ruido en los medios que cuando el “enfrentamiento con el campo”, y manejando el tema a nivel más jurídico que político, los K están en campaña contra algunos exportadores de cereales y oleaginosas. ¿Por qué? Porque hicieron un fraude escandaloso por un monto de 1.700 millones de dólares. Sí, más que los 1.500 millones que el gobierno esperaba recaudar con las retenciones móviles.

La trampa es sencillísima. Cuando en octubre se rumoreaba que el gobierno iba a subir las retenciones fijas (en ese momento, del 27,5%) al 35%, los exportadores corrieron a declarar operaciones aunque en ese momento no tenían un grano de soja o aceite en stock. ¿Por qué? De esa manera, se aseguraban que, cuando la operación se hiciera, pagarían la alícuota vigente en el momento de la declaración (y  sobre el precio de ese momento también, cuando era sabido que estaba subiendo). Es exactamente el mismo mecanismo especulador de los mercados a futuro, nacido en el rubro financiero.

Y cuando el gobierno subió las retenciones del 35% a más del 40%, otra vez la misma mula: declararon operaciones por mercancías que no tenían para anticiparse y pagar menos tasa que la vigente en el momento de la venta efectiva. Este curro al Fisco tuvo lugar nada menos que con 24 millones de toneladas –casi un tercio de la cosecha– que pagaron tasa del 27% (o del 35% después) sobre 300-400 dólares la tonelada, en vez del 35% (o del 45% promedio después) sobre una tonelada de 500-600 dólares (D. Muchnik en Clarín, 11-8).

La pregunta de los 1.700 millones de dólares es: ¿el gobierno no se dio cuenta? Claro que sí, y lo dejó correr hasta ahora. ¿Por qué? Bueno, porque la redistribución y la demagogia contra los dueños del “yuyo” es puro verso: siempre habían sido los mejores amigos. A tal punto que el presidente de la Comisión Bicameral para el Seguimiento de las Negociaciones Agrícolas Internacionales, de la Comisión de Economías Regionales y de la Comisión de Presupuesto y Hacienda (todas altamente estratégicas) era el senador cordobés del Frente para la Victoria Roberto Urquía.

¿Quién es Urquía? El capo de Aceitera General Deheza, principal exportador de aceite de soja del país, dueño de media red de transporte ferroviario de cargas y gran aliado del gobierno… hasta que hubo que votar la resolución 125. Por supuesto, el zorro a cargo del gallinero favoreció a su sector todo el tiempo, los K lo dejaron hacer porque era “amigo”, y cuando pidieron la devolución del favor en el Senado… Urquía los dejó, literalmente, pagando.

Ni que decir tiene que los opositores, tan fiscales ellos de la “transparencia republicana”, no dijeron media palabra sobre el evidente conflicto legal entre los “intereses generales” de la Nación o de la provincia y el interés particular de semejante pez gordo. Un poroto en la votación era un poroto, y no era cuestión de fijarse en esas minucias…

Tan alevosa fue la connivencia oficialista con el curro que en las denuncias que se hicieron están implicados funcionarios actuales de la ONCCA y la Aduana, aunque ellos no hacían más que servir a la política K de ese momento, que era todo lo contrario de la “madre de todas las batallas” que vino a partir del 11 de marzo.

El episodio deja múltiples moralejas sobre lo que valen los discursos del gobierno contra “los grandes pulpos agrarios”, los de la oposición sobre las “instituciones” y las promesas de los grandes capitalistas, convertidos en legisladores de la mano de un oficialismo que los quería convertir en paladines de la “burguesía nacional”.  Y evoca la inolvidable frase del ex ministro de Economía de Alfonsín al final de su mandato, Juan Carlos Pugliese, que se quejó de la actitud de los grandes grupos económicos diciendo “les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”. Si los K esperaban otra cosa de Urquía, pecaron de la misma ridícula ingenuidad que el veterano dirigente radical.

Episodio II: La “ayuda” de los bancos venezolanos a Argentina... y a Chávez

Como señalamos en múltiples ocasiones, la penuria de acceso a los mercados financieros del Estado argentino lo obliga a recurrir a los préstamos de Chávez. Sólo que la más reciente colocación de bonos argentinos comprados por el Estado condujo a una fuerte caída de su cotización y a la suba del riesgo país. En esto último también influye, por supuesto, el índice trucho del INDEK, pero eso merecería una nota aparte.

¿Qué pasó? El Estado argentino emitió bonos como forma de financiarse, el gobierno venezolano los compró… y se los vendió a bancos venezolanos privados, que a su vez los liquidaron inmediatamente a precio de saldo en el mercado financiero internacional. ¿Por alguna especulación política malvada contra los K? No, por dinero. Veamos cómo.

La trampa es, otra vez, muy simple, transparente y apañada por el Estado: los bancos compran los bonos argentinos a un dólar “oficial” (inaccesible al común de los venezolanos), pero pueden venderlo al dólar “paralelo”, es decir, el real de mercado. De esa manera, la ganancia de los bancos no viene de la cotización del bono argentino, sino de la diferencia cambiaria entre el dólar “oficial” y el “negro” dentro de Venezuela. Los banqueros no se proponen hacer caer los bonos argentinos, sino sólo llenarse los bolsillos a expensas del fisco venezolano… mientras el “socialista” Chávez hace la vista gorda ante semejante curro.

En la Argentina ya se hizo un curro parecido, no con bonos de deuda pública extranjera sino con declaraciones de deuda privada local. Pero el núcleo de la trampa era el mismo: la diferencia entre el dólar “oficial” y el “negro” (es decir, el real). ¿Quién fue el mentor de esta estafa, que le costó al Estado argentino asumir cerca de 20.000 millones de dólares de deuda privada que pasó a ser pública? Domingo Felipe Cavallo, presidente del Banco Central en 1982…

Por otra parte, con la caída de los bonos de deuda argentina pierde no sólo el Estado argentino sino los tenedores de títulos públicos. Que no son los superbanqueros (ya vimos cómo se los sacan de encima enseguida), sino usted, amigo lector, si es que está afiliado a cualquier AFJP.

Y en ese caso, tenemos malas noticias: va a seguir perdiendo, porque el gobierno, espantado por el resultado de la “manito venezolana”, además de salir a recomprar bonos para evitar que se desplome su cotización, va a tener que buscar otro “voluntario” comprador. Y el candidato único son las AFJPs, que hace rato funcionan como fuente de financiamiento semiforzado. En la época de Menem, era muy fácil conseguir compradores extranjeros de bonos argentinos berretas, porque sobraba liquidez internacional. Ahora que las condiciones son otras, esos bonos nada atractivos pasarán a ser la principal inversión de… los trabajadores argentinos afiliados al sistema de jubilación privada.

Quien se acuesta con chicos amanece mojado. ¿Y el que se acuesta con capitalistas, cómo amanece? La solución, el próximo número.